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@niktatorship

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Blackest Night.
“En la sala se encuentran el forense, James Olinski, su asistente DavidJ ones, los agentes Jackson Deveraux y Daniel Pope, de FBI y CIA respectivamente. También presentes en la sala está Nicole Williams, directora de la OCEU y su escolta, Adam Jameson”.
La voz del forense, James, fue la Ăşnica que se oyĂł durante unos segundos mientras Ă©ste le hablaba a su grabadora y grababa la primera autopsia de las siete que tendrĂa que realizar. Tan sĂłlo cuarenta horas antes, a primera hora de la mañana, Nicole habĂa recibido una llamada urgente de las autoridades de Portland, OregĂłn. Media hora antes de dicha llamada, siete personas habĂan sido quemadas vivas en una misma fogata a las seis de la mañana, y a pesar de que habĂa ocurrido en una de las plazas más cĂ©ntricas y conocidas de Portland, y de que habĂa cientos de testigos a esa hora de la mañana, nadie habĂa visto quiĂ©n lo habĂa hecho. Tan sĂłlo los siete cadáveres, la fogata y la palabra “OCEU” grabada en sangre en el suelo era todo con lo que contaban. HabĂa sido un golpe duro para Nicole, sabiendo que siete personas inocentes habĂan sido asesinadas por alguien que tenĂa algo contra la OCEU. No viajĂł a Portland con un equipo de más de cinco personas, pero terminaron quedando ella y Adam,su escolta. Las autoridades de Portland portaron los cadáveres a la morgue de la comisarĂa central de Portland y el FBI, con un equipo oficial, se habĂa ocupado de acordonar el lugar de la matanza. La CIA se habĂa sumado a ellos apeticiĂłn expresa del Presidente de los Estados Unidos, Robert Graham. Lamatanza de, aparentemente, siete civiles en una plaza pĂşblica no era bueno para nadie.
Nicole cruzĂł los brazos a laaltura de su pecho, aquella sala era tan frĂa. James, el forense del caso,habĂa procedido a la autopsia del primer cadáver. TodavĂa no sabĂan demasiado sobre las personas fallecidas. HabĂan encontrado sus identificaciones pero estaban chamuscadas y no les llevaban a ningĂşn lado. Por eso mismo, les extrajeron una muestra de sangre a cada uno y las tres agencias, la OCEU, el FBI y la CIA, las estaban buscando y comparando en sus bases de datos. Las tres primeras muestras hubieron sorprendido a Nicole: Los tres eran residentes de Fort Hood. Luego vino una cuarta, y más tarde una quinta… hasta que fueron un total de siete. Siete coincidencias. Siete muestras que confirmaban que las siete personas fallecidas habĂan sido residentes de Fort Hood. Siete personas a las que se habĂa identificado como residentes con habilidades especiales. Siete personas que, por orden expresa de Nicole, se habĂan separado en dos equipos y trabajaban en dos casos relacionados a lo largo de OregĂłn. Pero, ÂżquĂ© hacĂan en Portland? Y más importante, ÂżquiĂ©n los habĂa asesinado de esta forma tan brutal?
TodavĂa con el corazĂłn en la garganta, Nicole observaba los movimientos del forense y escuchaba todo lo que decĂa, mientras Adam lo grababa. Conforme iban pasando las horas, descubrieron que a  Emma Thompson, vĂctima #1 identificada, le habĂan arrancado lascuerdas vocales post-mortem. A Stuart Holtz, vĂctima #2, le habĂan extraĂdo el cerebro. A Clara Lewis, vĂctima #3, le habĂan arrancado los ojos. A John Tittle, vĂctima #4, le habĂan amputado las manos. A Suzanne Raymond, vĂctima #5, la habĂan cortado en dos y se habĂan llevado sus tripas. A Phillip Towsend, vĂctima #6, le habĂan aplastado y ni un solo hueso de su estructura Ăłsea era ahora compacto ni consistence. Y a Thomas Tarabay, vĂctima #7, le habĂan abierto la cabeza y le habĂan electrocutado el cerebro directamente. Todo aquello era tan horrible.Â
Sin embargo, Nicole no podĂa dejarque sus emociones la superaran con lo que se centrĂł en el caso y no tardĂł demasiado en hacer las conexiones correctas: A Emma le habĂan extraĂdo las cuerdas vocales porque era muy buena recitando hechizos. A Stuart le habĂan extraĂdo elcerebro porque era telequinĂ©tico. A Clara le habĂan arrancado los ojos porque era clarividente. A John le habĂan amputado las manos porque poseĂa el don de la regeneraciĂłn. A Suzanne la habĂan cortado en dos porque tenĂa el don de la transformaciĂłn. A Phillip no le habĂan dejado un solo hueso compacto en su cuerpoporque tenĂa el don de la manipulaciĂłn Ăłsea. Y a Thomas le habĂan electrocutado el cerebro porque era un tecnĂłpata. Eventualmente, y paseando por entre las mesas con los cadáveres de los que hasta dos dĂas antes habĂan sido amigos y empleados, Nicole les explicaba a los demás agentes lo que dichas amputaciones representaban en su mundo. El forense James y el nuevo agente del FBI  Jackson Deveraux parecĂan no tener problemas en comprender lo que la morena les explicaba. HabĂan visto tanto durante la guerra… Sin embargo, Daniel Pope, veterano ya en la CIA, diferĂa de las explicacionesde la directora de la OCEU. “¿CĂłmo puedessaber que eran freaks de la naturaleza? ¡Es como el debate sobre la LeyAnti-Superhumanos otra vez! Seamos realistas, ningĂşn freak de estos harĂa colapara dejar que lo analizaran y guardaran sus datos en una puta base de datos”, argumentaba Ă©l sin ningĂşn Ă©xito. Nicole le habĂa explicado una y otra vez quela OCEU se habĂa hecho cargo de todas esas personas con habilidades mientras, durante y despuĂ©s de la guerra. HabĂa argumentado que toda esa gente que poseĂa dones mágicos o sobrenaturales, como uno quisiera llamarlos, tenĂa la necesidad de conocer sus poderes y de controlarlos. ÂżMiles de personas con habilidades sin ninguna figura que les guiara en tiempos de guerra? HabrĂa sido un caos descomunal. ÂżQuĂ© por quĂ© se habĂan dejado “marcar y analizar”? Porque la OCEUles habĂa proporcionado una opciĂłn, y la mayorĂa de esas personas querĂa ayudara los demás. Por eso se unieron a la OCEU, y por eso se convirtieron en agentes. Ese habĂa sido, mayormente, el discurso de la morena durante las más de veinte horas que habĂan durado todas las autopsias.
Pero ahora ya estaba cansada y habĂa dejado hablar a Jackson y a Daniel mientras ella observaba los cadáveres calcinados. Una de las lámparas más lejanas al grupo parpadeĂł un par de veces; tiempo suficiente como para que Adam y Nicole sacaran sus armas y se miraran de forma indicativa: ÂżDemonios?Â
Jackson, Daniel y James se miraron entre sĂ tras hacer lo propio con la mujer y el cazador. Pero entonces, una segunda luz parpadeĂł. Y luego una tercera. Y luego una cuarta, y luego todas parpadearon a la vez hasta que terminaron por apagarse. Ahora tan sĂłlo la luz de emergencia de color azulĂłn alumbraba sus caras.
- ¿Pero qué…? –preguntó Jackson Deveraux sacando su arma y apuntando la nada.
Nicole negĂł con la cabeza,sabiendo que Deveraux no durarĂa dos segundos si fueran demonios los queestaban haciendo esto. Pero entonces ocurriĂł algo todavĂa más extraño.
- La temperatura ha bajado doce grados, Señora. –dijo Adam, mostrándole a la morena un termĂłmetro de la OCEU.- ¿Fantasmas? –preguntĂł nuevamente en voz alta, ignorando completamente a los otros tres hombres, quienes no hacĂan más que voltear sobre sĂ mismos en busca, seguramente, de algo tangible y normal a lo que disparar. Cosa que no ocurriĂł.
El forense, James, se habĂa acercado al telĂ©fono de la sala y estaba llamando por refuerzos. HabĂa algo enel ambiente que no le gustaba y habĂa trabajado lo suficiente con muertos como para saber cuando algo no era ordinario.
Pero entonces, los siete cuerpos se sentaron a la vez en sus mesas, ante la mirada estupefacta de las personas vivientes que estaban en esa sala. Las sábanas que anteriormente habĂan cubiertosus caras ahora caĂan de forma despacio hasta sus piernas. Esas mismas sábanas que, ahora, descubrĂan una mano negra en las cabezas de los siete cadáveres. Ella ya habĂa visto aquella huella.
Los ojos de los siete eran blancos, y habĂan abierto sus bocas para murmurar algo que sĂłlo una persona parecĂa poder captar: Nicole. “Death will come for you”, decĂan. Ésta dio un paso hacia atrás, quedando atrapada entre dos mesas. Apuntaba simultáneamente a los dos cadáveres que le quedaban más cerca, pero no tuvo tiempo de disparar cuando ya uno le hubo cogido de la muñeca derecha.TenĂa una fuerza extraordinaria, y estaba claro que no era algo normal. GolpeĂłla mano del cadáver #5, de Suzanne, repetidamente con la empuñadura de su arma pero no consiguiĂł zafarse de ella. TirĂł y tirĂł mientras veĂa a Adam disparar alcadáver #6, a quiĂ©n parecĂa importante más bien poco que le disparasen. EscuchĂł los gritos de Deveraux, Pope y Olinski; escuchĂł varios disparos. EscuchĂł cĂłmo el portĂłn de la sala se abrĂa y varias personas gritaban asustadas, pero ella seguĂa allĂ, de pie y con un cadáver cogiĂ©ndole la muñeca. Estaba todavĂa intentando soltarse del que la cogĂa cuando el cadáver que quedaba a su izquierda le cogiĂł la mano que tenĂa libre e imitĂł al cadáver que la habĂa sujetado primero. Ambos la miraban a los ojos, aunque no parecĂa haber nada detrás de los mismos. Sus pulgares apretaban con mucha fuerza las muñecas de la morena, quiĂ©n ahora gritaba debido al dolor y la desesperaciĂłn. MirĂł sus muñecas que ahora tenĂan un tono morado, y entonces vio cĂłmo sus venas, a travĂ©s del contacto con los pulgares de los muertos, se tornaban negras. Estaba ocurriendo todo tan rápido que no se cerciorĂł de que Adam le habĂa atravesado la cabeza entera con su arma al cadáver que la morena tenĂa a su izquierda.
Y de repente, como minutos antes, todo quedĂł en silencio. Nicole ya no escuchaba voces ni veĂa a Adam, y mucho menos veĂa los cadáveres. La luz azul de emergencia parpadeaba de tanto en tanto,pero todo estaba tranquilo. Y no habĂa mesas, ni cadáveres. Nicole pensĂł que se habĂa desmayado, pero si se habĂa desmayado… ÂżcĂłmo era que podĂa pensar y hacerse preguntas? CerrĂł los ojos intentando situarse, y para cuando los abriĂł ya no estaba en la sala. Estaba en las afueras, en un paisaje verde y muy frĂo. LevantĂł una mano, dejándola a la altura de su torso. Con la palma de la mano mirando hacia arriba, observĂł cĂłmo la nieve comenzaba a caer de forma más precipitada sobre ella.
- ÂżEstáis viendo esto?, preguntĂł. Luego esperĂł unos segundos mientras esperaba una respuesta que nunca vendrĂa. Dio un par de pasos hacia adelante, observando una vieja casa que parecĂa realmente antigua. Entonces, Nicole entendiĂł que aquello era una visiĂłn. O algo parecido, porque sentĂa elfrĂo, olĂa los olores del lugar. Y luego se dio cuenta de que no habĂan antenas, ni coches, y que el aire era mucho más puro. Sin duda, era una visiĂłndel pasado.
DejĂł sus pensamientos de lado cuando escuchĂł dos voces: Una era, sin duda, de una mujer. La otra debĂa ser de un niño de no más de doce años. La mujer estaba yacĂa de rodillas al lado de alguien que parecĂa estar muriendo, mientras que el crĂo estaba de pie a su lado. Él hablaba.
- Pero madre, Osegood y Gunnora no poseen tanto poder como vos o como yo. Padre nos enseñó desde nuestro nacimiento. La magia del señor oscuro podrĂa ayudarnos a sobrevivir en estos tiempos de guerra y oscuridad. Roisia no puede perecer, madre. Es la Ăşnica que conoce de nuestros dones, madre. Podemos ayudarle. Roisia no puede perecer, -repitiĂł.Â
Nicole se acercĂł despacio hastaellos intentando averiguar si podĂa ser vista, pero no fue asĂ. ObservĂł aaquella chiquilla moribunda que no parecĂa tener más de quince años. Su tez erade color azul y sus labios estaban morados. Estaba bien claro que le quedabanapenas minutos de vida. AquĂ©l pequeño parlanchĂn, como Nicole lo habĂa apodadoen su mente, se girĂł hacia ella pero no pareciĂł verla. Luego volviĂł a su madre,quiĂ©n lloraba desconsolada sobre el cuerpo de la chiquilla, Roisia.
- Solomon. –dijo la mujer. El chiquillo cerró su boca al escucharsu nombre. La mujer, quién Nicole supuso que era la madre de ambos chiquillos, alzó una mano y tiró de la pechera vieja y sucia de Solomon. Éste se agachó junto a ella, con Nicole siguiéndoles. Llegó a tiempo para ver a la chiquilla morena respirar por última vez. Luego su corazón y su respiración se detuvieron, y la madre de Solomon y éste mismo, lloraron sobre su cuerpo.
Ahora hacĂa viento y Nicole sellevĂł una mano sobre los ojos para poder ver mejor el cielo. La nieve seguĂa cayendo sobre ella sin cesar. Cuando bajĂł la vista, se llevĂł la sorpresa de noestar más sobre el cadáver de la tal Roisia. Ahora estaba en el salĂłn de una casa antigua, Nicole adivinando que era una casa del siglo XIII, aproximadamente. Al final de aquĂ©l salĂłn habĂa un pequeño fuego que calentaba con creces aquella frĂa habitaciĂłn.
El cadáver de Roisia se encontraba ahora sobre una vieja y robusta mesa de madera y vestĂa un trapo de color blanco sobre ella. Un niño y una niña pequeños, más o menos de la misma edad y quiĂ©n Nicole supuso que eran Osegood y Gunnora, estaban a sus pies. La madre estaba a la derecha del cadáver, y Solomon estaba estaba en el extremo de la mesa dondese encontraba la cabeza de su hermana. Osegood y Gunnora bajaron sus cabezas y colocaron ambos una mano sobre los pies de Roisia. La madre lanzĂł una mirada a Solomon que Ă©ste comprendiĂł al instante. Entonces se agachĂł sobre la cabeza de su hermana, colocĂł una mano sobre su barbilla y otra sobre la frente, y le susurrĂł. Nicole se acercĂł a Ă©l para poder escuchar lo que decĂa, pero no consiguiĂł escuchar nada. Lo primero que vio Nicole moverse fue un dedo. Luego un pie, luego el otro… hasta que todo el cuerpo de Roisia se estirĂł y terminĂł por sentarse en la mesa mientras Roisia gritaba. TenĂa la boca y los ojos bien abiertos, y mantuvo el grito por más de un minuto. Luego mirĂł a su alrededor, desorientada. Su respiraciĂłn era costosa debido al grito y no parecĂa comprender lo que estaba ocurriendo.
- Nos alegramos de tenerla de vuelta, hermana. –dijo Solomon.
Éste mirĂł a su madre, y su madre asintiĂł. Luego abrazĂł a Roisia, e invitĂł a Osegood y a Gunnora a unĂrsele a ese abrazo. Aquella era una estampa familiar que le habĂa gustado observar a Nicole. No habĂa tenido demasiadas oportunidades como para ver a una familia de hechiceros de siglos atrás disfrutando de la magia como lo estaban haciendo estos que ella estaba observando.
Mientras la familia se abrazaba, Nicole los rodeaba mientras observaba a Roisia. Estaba segura de que habĂa muerto y por los gritos, seguramente habĂa sido arrancada del infierno por su hermano pequeño, Solomon. HabĂa algo en la espalda de la chiquilla que Nicole no logrĂł ver hasta que no se acercĂł lo suficiente a la mesa como para poder tocarla. Su madre tapaba la mitad con un brazo, pero no habĂa ninguna duda de que era una mano negra, como la que ella habĂa visto ahora ya tantas veces en su lĂnea temporal. Entonces se apartĂł de la familia, algo asustada. ÂżEran esos los inicios deaquĂ©l ser sobrenatural que la habĂa atacado meses atrás y al que habĂa apodado “Black Hand”? ÂżEra el pequeño Solomon dicho ser? Ella lo habĂa apodado asĂ por la huella de la mano negra, pero comprendiĂł que aquella huella habĂa sido minuciosamente creada por Solomon, quiĂ©n en ese momento, leyendo una carta, Nicole descubrĂa que se apellidaba “Hand”. Solomon Hand. De la familia Hand.
Por más que buscaba en su memoria, no parecĂa encontrar nada sobre ellos.
Pero Solomon, todavĂa joven,habĂa podido resucitar a su hermana y su familia era cĂłmplice de aquĂ©l don. D ehecho, lo celebraban.
Nicole dio dos pasos hacia atrás, acercándose a la puerta dispuesta a huir. NegĂł con la cabeza, como si aquella idea fuera sumamente estĂşpida, aunque en realidad… lo era. ÂżHuir? ÂżDe dĂłnde ibaa huir? Estaba en una visiĂłn. Se quedĂł de espaldas a la puerta observando a Solomon, quiĂ©n ahora miraba directamente hacia su posiciĂłn. ÂżPodĂa verla? Pero entonces, el pequeño Solomon mirĂł a la izquierda de la morena. Nicole, asustada, se girĂł hacia su izquierda de forma muy, muy lenta… hasta que vio aquella toga de color negro que tanto habĂa visto en sus pesadillas desde que ese ser intentĂł matarla meses atrás. TenĂa la cara cubierta por el gorro de la toga, pero no tardĂł demasiado en bajarla para que Nicole pudiera verle la cara. Ella se llevĂł ambas manos a la boca, tras ver a aquĂ©l ser de apariencia humana pero con aspecto de constante putrefacciĂłn que la miraba sonriendo cĂnicamente.
Luego Ă©ste se acercĂł a ella rápidamente y la cogiĂł por ambas muñecas, imitando asĂ a los cadáveres que hubieron hecho lo mismo con ella minutos -Âżo eran horas?- atrás. Él, quiĂ©n Nicole habĂa adivinado que era el pequeño Solomon, acercĂł su boca al rostro de la morena. Y olĂa tan mal… olĂa a muerte y putrefacciĂłn. La poca piel quetodavĂa cubrĂa el cráneo de aquĂ©l ser caĂa mientras Ă©ste reĂa mirándola.
- Espero que le haya gustado mi regalo. Vendrán más…Vendrán tantos como permita, hasta que lo comprenda. –dijo Solomon. ¿Comprender quĂ©?, se dijo Nicole.Â
Solomon dejĂł ir una larga carcajada, y finalmente le soltĂł las muñecas para terminar lanzándola a travĂ©s de la puerta. Nicole, estupefacta, tan sĂłlo intentaba no morir dentro de aquella visiĂłn, lo que, nuevamente, era una estupidez: nadie podĂa morir dentro de una visiĂłn. Para cuando su espalda y su cabeza hubieron chocado contra algo, la morena ya volvĂa a estar en su lĂnea temporal. CerrĂł los ojos por el dolor del impacto. Las venas le quemaban por dentro, y comenzaba a preguntarse si Solomon Hand la habĂa envenenado, o la habĂa marcado para siempre.
- ¡Nikki, Nicole!, escuchĂł ella de lejos. AbriĂł un poco los ojos como para ver a Adam corriendo en su direcciĂłn. Él no parecĂa estar herido, lo que habĂa alegrado, en cierto grado, a la directora de la OCEU. - ÂżEstás bien?, -preguntĂł Adam. Le pasĂł una mano por la espalda y la sentĂł sobre lo que parecĂa ser un portĂłn de metal bastante pesado. Nicole adivinĂł que era la puerta de la morgue.
ObservĂł cĂłmo dos cadáveres estaban a lo lejos en el suelo, quietos y callados. ObservĂł como la mayorĂa de los agentes de aquella comisarĂa de Portland la miraban como si fuera algo raro, aunque en realidad lo fuese. Se centrĂł en Adam, sabiendo que Ă©l la comprenderĂa. Sin embargo, fue Ă©l quien precisamente le hizo un corto resumen sobre lo ocurrido.
- Comenzó a hablar sola, Señora. –dijo, ayudándola a levantarse.- Anduvo por la sala haciendo preguntas ymoviéndose por ella, pero era como si no…
- Como si no estuviera en la sala. –concluyĂł la morena. Porque eraasĂ como ella lo habĂa vivido.- Creo quefue una visiĂłn, o... o algo asĂ. Debemosvolver a la base cuanto antes. ÂżDĂłnde están Miss Agente Especial del FBI y MissCarrie Mathison de la CIA, Adam?
Adam asintiĂł a lo que dijo Nicolesobre la base, aunque todavĂa no muy convencido. HabĂa visto siete cadávereslevantándose simultáneamente, a dos de ellos los habĂa visto coger a sudirectora y luego habĂa visto a la misma moverse por la sala como si estuvierahasta las cejas de marihuana. Todo era muy raro. 2008-raro.
Luego señalĂł hacia atrás,señalando asĂ a Deveraux y a Pope. Ambos estaban sentados en el suelo, con lasmanos en el torso y en la cabeza respectivamente. ParecĂan asustados.Tremendamente asustados. El forense, en cambio, yacĂa de pie a su lado mientrascomĂa una manzana como si lo que habĂa ocurrido fuera la cosa más normal delmundo. Los tres la miraron, y aunque ella los mirĂł de igual manera, no lesprestĂł demasiada atenciĂłn. SĂ que lo hizo para mirar sus muñecas, que ahora volvĂan a tener un colorrosado bastante normal. Por lo menos seguĂa viva y no tenĂa esa horrenda huellade la mano negra. RespirĂł profundamente, y luego se levantĂł. Se limpiĂł ambasmanos en la parte trasera de sus tejanos, y mirĂł al resto de agentes que lamiraban todavĂa estupefactos. Entonces ella les hablĂł.
- Un dĂa normal en la oficina, Âżeh? –dijo. Luego mirĂł a Adam,señalando con la mirada al forense. QuerĂa volver a Fort Hood cuanto antes.Ahora debĂa encontrar a Solomon y acabar con Ă©l, fuera o no el culpable de lamuerte de esos siete inocentes.
"When the fires, when the fires are consuming you, Â And your sacred stars won't be guiding you.
I've got blood, I've got blood, blood on my name."
 [Blood on my name - The Brothers Bright]
The Selfie (x)
Can we just take a moment to appreciate Within Temptation’s cover of Radioactive?Â
o.o dear GOD what is this musical gift from the GODS?!
I legit CACKLED at this post. I love you all, people. I love you all.
Directed by Michael Bay
OMGGG. I’M DYING! HAHAHAHHAHAAHAHAHAHAHAHAHAHAHA!!

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You gotta love dialogues in porn.
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Hard Times Come Again No More. P3 - End.
HabĂa despertado en la habitaciĂłn más acogedora en la que habĂa estado jamás. Era un tanto clásica, si, medieval incluso, pero el olor.. Las sabanas de seda, el fuego a tierra.
Alguien la habĂa vestido y la habĂa bañado, algunas cosas estaban borrosas en su mente, pero recordaba lo suficiente. No se habĂa dado un baño en semanas, y curiosamente eso la preocupaba más que el saber dĂłnde estaba. HabĂa visto a Nik, por lo tanto Nik la habĂa visto a ella, en consecuencia la habĂa olido. QuĂ© vergĂĽenza.
Tras deambular por unos diez minutos por aquellos infinitos pasadizos de lo que le parecĂa un castillo, topĂł con alguien que no era ni de fiar, ni de desconfianza. Pero le dijo que la estaban esperando, y si algo destacaba de Rhian Burgnam, era su curiosidad.
La llevaron hasta una enorme sala, divisando en cuanto se abrieron los portones una larga mesa de madera. Una cena, porque era de noche segĂşn parecĂa. ReconociĂł a Nicole, a Zane, a Kahlan... Y no conocĂa a la otra mujer.
 -Rhian -Caireen se levantó -Por favor. Únete a nosotras. Debes de estar famélica.
 Al ver a Rhian, Nicole tuvo el claro impulso de levantarse pero no habĂa podido hacerlo por lo que le hizo una señal lamentando el no acercarse. Al igual que Rhian, y seguramente tambiĂ©n las demás, estaba hambrienta. TambiĂ©n se habĂa duchado y lo habĂa agradecido de buena gana. Su cabello, ahora suelto en una melena rojiza, caĂa ondulado por su espalda y olĂa a jazmĂn. Unos tejanos y un suĂ©ter que seguramente era dos tallas más grande que la suya era todo lo que tenĂa la cazadora. Eso, claro, sin contar con los tonos morados que tenĂa en una mejilla debido al golpe del ataque de Elanor; asĂ como un corte profundo que habĂa sido esterilizado pero que todavĂa era visible en la frente.
 - Riri. -susurrĂł a tiempo que sonreĂa. La habĂa echado tanto de menos... y el tener tres costillas rotas y varios golpes y cortes por todo el cuerpo habĂa valido la pena, porque ahora la volvĂa a tener a su lado.
 Rhian correspondiĂł a la sonrisa de Nicole arrugando el ceño, y aunque dubitativa se acercĂł a la mesa, sentándose dĂłnde Caireen le indicaba. Junto a Kahlan. TensĂł la mandĂbula.
-ÂżCelebramos algo?
-Tu regreso, por supuesto -Caireen volvió a acomodarse, recogiendo su cáliz con vino -¿Como te encuentras?
Zane miró de reojo a Nik, a Rhian y después se llevó el tenedor a la boca, tras haber pinchado de la carne en su plato.
Nicole notĂł la mirada de Zane con lo que respondiĂł mirándola e imitando su gesto. Pero luego mirĂł a Caireen. Aquella mujer, su forma de actuar... todo aquello le daba mal rollo a la cazadora. Sin embargo, no habĂa dicho nada porque... Âżde quĂ© servirĂa? Desde bien pequeña que habĂa desconfiado mucho de los demás, y por eso le habĂa costado -y todavĂa le costaba- tener un grupo de amigos amplio.
 -¿Dónde estoy?
-Escocia -contestĂł Caireen -Supongo que no te sorprende, eres una bruja, sabes.. Que el espacio no es una limitaciĂłn para nosotras.
-ÂżY dĂłnde estaba? -Rhian pasaba la mirada por la mesa, lo cierto es que si, estaba famĂ©lica, pero no querĂa probar bocado.
-Montana. Pero olvidemos eso, ahora estás lejos de Eleanor. A salvo.
-DeberĂas comer -sugiriĂł Zane, aunque con cuidado -Te dará fuerzas.
 Nicole buscĂł con la mirada a Rhian para invitarla a seguir el consejo de Zane. Comer le sentarĂa igual de bien que el baño y el descanso de los que ya habĂa gozado horas antes.
- SĂ, Rhian. -dijo con un tono suave.- Luego ya hablaremos de lo demás.. si quieres.
 -¿Por qué no me haces la pregunta? -Rhian ignoró el consejo y miró a Caireen -Adelante.
La sacerdotisa frunciĂł el ceño, y negĂł encogiĂ©ndose de hombros. La bruja sonriĂł, habĂa tanto desprecio en su mirada. Era igual que Eleanor, era de los de la antigua religiĂłn, esa ropa, esas costumbres, maldiciĂłn, estaba en un jodido castillo en escocia, como si tuviese que ser muy lista para sacar conclusiones.
-Quieres saber dĂłnde tengo el Llyfr.
-Asumo... Que si has estado cautiva durante cuatro meses y sigues con vida es porque supiste ponerlo en lugar seguro y sabĂas no debĂas ceder a los interrogatorios.
-¿Sabes qué creo? Creo que ni a ti, ni a Eleanor ni a nadie le importan una mierda esas brujas. Las buscáis, las convencéis de que vuestro bando es el correcto y c’est fini.
 La cazadora sostuvo el tenedor y el cuchillo, uno en cada mano, a escasos milĂmetros de su plato. Los dejĂł en el aire mientras tragaba de forma lenta y miraba tanto a Rhian como a Caireen. Lo cierto era que ella misma se habĂa preguntado por quĂ© Caireen no le habĂa preguntado a Rhian antes, pero lo habĂa preferido de esta forma. O, al menos, hasta que Rhian sacĂł el tema a relucir. Rhian y ella habĂan vivido muchas cosas juntas en muy pocos meses, y coincidĂan en la mayorĂa de opiniones. Y esta no era diferente.
 Por eso, Nicole mirĂł a Zane y a Kahlan dándoles, asĂ, una advertencia. Si Caireen preguntaba a la fuerza, se levantaba o hacĂa cualquier gesto que la cazadora no viera conveniente, la atacarĂa sin piedad. Por muy inmortal que fuera.
 -¿A ti te parece esto un interrogatorio forzado? -Caireen señaló el banquete -Carne. Pan. Vino. Fruta.. ¿Es la clase de comportamiento que tuvieron en Montana contigo?
-Solo eres un pelo más dulce -ironizó Burgnam -El mal tiene muchas caras. Pero todas las caras tienen el mismo patrón, poder. Y tu no eres diferente -susurró aquello último, bajando la mirada y suspirando profundamente -Quiero irme.
-Puedes irte -asegurĂł Caireen -No eres una prisionera.
Zane cerrĂł un instante los ojos. EntendĂa a Rhian, pero no podĂa seguir ocultando el libro. Nimue estaba directamente protegida por la diosa, era su enlace, la suma y suprema sacerdotisa de la luz, no habrĂa lugar en el que el Llyfr estuviese más seguro que con ella.
-No todos somos como Eleanor, Rhian -asegurĂł la de ojos azules y grandotes -No queremos el libro. Lo que queremos, es que te liberes de la responsabilidad que conlleva.
-¿Ah si? -Rhian miró a Zane -Porque yo creo que Eleanor seguirá creyendo que yo tengo el libro, y si no lo tengo me matará. Para mi ahora es una cláusula de supervivencia, un plan B, C, D, y puedo seguir con todo el maldito abecedario.
 Al igual que Zane, Nicole tambiĂ©n entendĂa a Rhian pero hiciera lo que hiciera, nada terminarĂa bien. PodĂa darle el libro a Caireen, pero Caireen, tal y como ya habĂa dicho Rhian, era como todos los demás. Viejos seres sedientos de poder. O podĂa dárselo a Zane, pero Zane no querĂa responsabilidad alguna. Y si lo mantenĂa para ella misma, Elanor vendrĂa a por Rhian, y si Rhian estaba en la OCEU... Elanor las matarĂa a ambas, asĂ como a todos los demás.
 Mirase por donde lo mirase, la cazadora no le encontraba un buen final.
 - Da igual quién sepa dónde está el libro o quién lo tenga. Elanor irá a por todas nosotras. Primero caeremos Rhian y yo por razones obvias porque si esa zorra piensa que puede acercarse a alguien que quiero otra vez voy a ir a por ella y no será bonito, y entonces irá a por vosotras pero vosotras no podéis morir con lo que... bueno, es la misma cantinela de siempre. Los mortales perdemos y los inmortales os pasáis unos cuantos cuentos de años peleando entre vosotros.
 Zane volvió a cerrar los ojos y dejó la servilleta sobre la mesa, levantándose al retirarse hacia atrás con la silla.
-Disculpadme.
Kahlan, que no habĂa mediado palabra en toda la cena ni habĂa opinado siguiĂł a su madre con la mirada hasta que la vio salir de la sala, al balcĂłn.
-El libro debe estar dónde estaba. Nimue, aunque sea una falta de respeto imperdonable decirlo, cometió un error al dártelo.
-QuerĂa salvar a las brujas que servĂan a la luz -contratacĂł la rubia -Porque a Nimue parece importarle, por las razones que sea, que sigan estando de su bando.
 Nicole observĂł como Zane y Kahlan se levantaban ambas de la mesa, y las siguiĂł con la mirada hasta que las vio salir de la sala. Luego mirĂł al suelo, avergonzada. Era obvio que Zane aborrecĂa la inmortalidad y su Ăşltimo comentario no habĂa tenido tacto alguno, pero era la verdad. Los inmortales, a pesar de cargar con responsabilidades durante toda una eternidad, no morĂan y eran lo suficientemente poderosos como para modificar las cosas a su antojo. En cambio, Rhian y ella eran mortales, y los mortales siempre, SIEMPRE... salĂan perdiendo.
- Dejando de lado a Nimue y a Elanor, nosotras... -dijo señalando a la rubia y a ella misma- nos estábamos encargando de las brujas. Yo no... yo no quiero que tengan que escoger un bando. Yo quiero que esas brujas sean libres y que, si tienen curiosidad y quieren aprender, vengan a nosotras. Forzar a alguien; decirle que no hay tonos grises no hace más que enfadar a la gente, y no sirve de nada. Es algo que he aprendido por experiencia.
-No se trata de bandos -explicĂł la sacerdotisa -Vuestro Dios creĂł a los ángeles, nuestras diosas crearon a las brujas. La magia, la sintonĂa con la naturaleza, las criaturas que habĂ©is visto hoy.. Son obra de una diosa que quizá haya sido olvidada con el avance de vuestra religiĂłn, pero sigue siendo importante, y omnipresente. Poderosa. Tan poderosa como para maldecir con la vida eterna a toda.. Una dinastĂa de brujas, magos y druidas. No os confundáis, vuestra magia no viene del cristianismo ni de vuestro dios, vuestra magia viene de la antigua religiĂłn y sin quererlo, el alma toma una decisiĂłn. Luz, o oscuridad. Duna o Morrigan. Los actos de una bruja, como decide usar su don, determinan a quiĂ©n sirven y para quĂ© viven. Pero no es una decisiĂłn permanente, y todas las brujas que por sus hazañas han servido a la luz, podrĂan verse envueltas en las sombras y acabar atadas a la Morrigan.
Kahlan se apoyĂł en el borde del balcĂłn, junto a su madre. IntentĂł callarse, pero tuvo que preguntar.
-¿Qué sucede?
-Pensaba en Thunder.
-Estará bien. El marido de Nik..
-No quiero que sea como yo. No quiero que... Viva para siempre.
-Desgraciadamente, eso no es algo que tu puedas cambiar.
 Aquello, pensĂł Nicole, se parecĂa cada vez más a un partido de tennis. Nicole sabĂa que todo el discurso que les habĂa dado Caireen hacĂa pocos segundos era cierto, porque lo era. Por lo que entonces mirĂł a Rhian preguntándose si estaba bien para ella misma el preguntarse si Rhian debĂa de ser responsable de o bien darle el libro o revelárselo a Caireen, o no. ÂżPodrĂa Rhian soportarlo? ÂżQuĂ© harĂa? Lo cierto era que ni ella misma sabĂa quĂ© era lo correcto. DespuĂ©s del batacazo que se dieron con Elanor, ÂżquiĂ©n les decĂa que Caireen no lo querĂa tambiĂ©n por razones equivocadas?
 -SĂ© que desconfĂas de mi. No te culpo, despuĂ©s de lo que has pasado estos meses -Caireen se humedeciĂł los labios -Y no puedo obligarte a darme el libro, de hecho, no lo quiero. Nimue tiene miedo, un miedo que le ha transferido Duna al creer que Morrigan está ganándole la partida. Quiero morir -confesĂł -Quiero.. Descansar. Y la Ăşnica forma de hacerlo es comportarnos como jamás hicimos. Respetar... a los humanos, respetar la mortalidad, y usar nuestros dones para protegeros, no para sentenciaros. El libro debe regresar a Nimue, dĂłnde debe estar. Ya encontraremos a las brujas de otra forma.. Pero si cae en manos de Eleanor, creeme cuando te digo que ella no tiene ni un ápice de interĂ©s en acabar con nuestra maldiciĂłn -mirĂł a Nicole -Puedo ofreceros protecciĂłn hasta Avalon. Pero cuantos más de nosotros nos movamos, más fácil será rastrearnos.
-No hace falta -murmuró Rhian -Conozco a alguien más capacitado para llevar el libro, capaz de pasar desapercibido. Ha estado con él todo este tiempo.
 Nicole se encogió de hombros antes el comentario sobre su protección.
- Podemos ocultarnos de ellos. -admitiĂł.-
 -No, no puedes. Eres bruja.
-No.. hace falta -insistió Rhian entre dientes -El libro estará en Avalon pronto. Espero que volvamos pronto a casa, Nik -dijo cuando se levantó.
 Al escuchar su nombre y ver cĂłmo su rubia compañera se levantaba, ella hizo lo mismo. Al fin y al cabo, ella querĂa irse a casa lo antes posible tambiĂ©n. ApoyĂł sus manos en los brazos de la silla para ayudarse. Una vez de pie, se quedĂł a su lado, aunque mirando a Caireen.
- Gracias por prestarme tu ayuda para encontrar a Rhian. -dijo de forma muy sincera, pues asĂ lo sentĂa.- Por pelear, por protegerla y por acogernos en tu... morada y vendarnos las heridas. Estamos muy agradecidas.
-Y yo creĂa que Zane me caĂa bien -comentĂł cuando salieron de la sala, avanzando por el pasillo -Cojeas. Tengo que curarte.
 Antes de salir de la sala, Nicole se despidiĂł con un gesto de cabeza. PodĂa no confiar plenamente en Caireen, pero eso no significaba que debira ser una maleducada.
Ya una vez fuera, caminĂł al lado de Rhian mientras la escuchaba hablar. Era todo un alivio que lo hiciera, y estaba segura de que no iba a estropearlo para hacerle preguntas de ningĂşn tipo.
- Nah. -dijo negando con la cabeza- Prefiero que esta vez se curen... solas. Que sea un recuerdo que me ayude a no olvidar lo que Elanor nos ha estado haciendo. SĂ© que parece una estupidez, pero..Â
-Esta ropa me da alergia. Me pican las tetas. Justo debajo ÂżSabes? -hablĂł casi en un siseo por la rabia, rascándose -Pillo todo eso de que sean de la edad media, pero podrĂan al menos vestirse a la moda. No les costarĂa tanto, y darĂan menos yuyu. No necesitas las heridas para recordar lo que Eleanor hace, ya te lo recordarĂ© yo cuando necesites un chute de adrenalina. Te haces la machota pero por dentro estás "au, ay, au, ouch".
Ante aquello, Nicole no pudo evitar largas una risilla que terminĂł por confirmar lo que acababa de decir Rhian: se morĂa de dolor.
- SĂ, bueno, es posible. Pero si las curas, quiero que dejes el corte en la frente. Me hace parecer una tĂa dura, ÂżVerdad?
-Que va, te estropea la cara. Más -añadiĂł, ladeando una sonrisa -ÂżVamos a coger un aviĂłn o..? FĂjate -se detuvo en el pasillo, admirando un cuadro. Se veĂa de Ă©poca -ÂżCuánta pasta valdrá esto? No contestes -lo descolgĂł, pesaba más que un muerto -Nos lo llevamos. Descarta el aviĂłn.
Nicole negĂł con la cabeza y terminĂł por darle unos toques en la espalda a la rubia.
- Vamos, deja eso. -dijo.- Busquemos primero a Zane y Kahlan para darles las gracias también. Han luchado por ti. -añadió cuidadosamente.- Y luego recogeré mi mochila, que está en la entrada.
Hard Times Come Again No More. P2.
Agachada entre la maleza congelada y todavĂa bajo la nieve, Nicole se alegrĂł de alegrĂł de haber añadido capas de tejido anticongelante en el traje enterizo que ahora vestĂa, asĂ como se alegraba de haber traĂdo botas de montaña. Zane y Kahlan no le habĂan dicho dĂłnde exactamente dĂłnde se encontraba Rhian, con lo que el frĂo, la nieve e incluso el hielo habĂan sido sorpresas non-gratas para la cazadora.
MirĂł hacia su derecha, donde a menos de dos metros se encontraba Kahlan. La estudiĂł durante un par de minutos ya hasta de analizar el castillo que tenĂan a unos cien metros, asĂ como el bosque que las rodeaba. Kahlan parecĂa querer ayudar de verdad; de corazĂłn. Y aquĂ©l fue un hecho de conmoviĂł y preocupĂł a la vez a Nicole.
ÂżPor quĂ© habĂa cambiado tanto Kahlan? ÂżTando efecto habĂa tenido el engaño de Elanor hacia ella? Pero entonces, la cazadora se dijo que sĂ, porque a ella misma le ocurrirĂa lo mismo.
Luego mirĂł a Zane, quiĂ©n charlaba con Caireen, aunque en realidad parecĂa que estaban debatiendo la ejecuciĂłn de un plan del que nadie habĂa informado ni a Kahlan, ni a ella misma. Y por eso, mientras Caireen y Zane terminaban de charlar, que la cazadora puso ambas rodillas en la nieve y se colocĂł un gorro de lana bien gorda en la cabeza. No cubrĂa toda su melena pero aquello era lo de menos.
Mientras, pensaba en Caireen. ParecĂa ser una persona realmente poderosa y tenĂa muy claro que la gente, asĂ como otros seres mágicos, la respetaban tan sĂłlo con mirarla. Pero aquĂ©l efecto, y ya siendo algo normal, no lo habĂa tenido en Nicole quiĂ©n ya antes de que Elanor las traicionara, dijo que no confiaba en ella. ÂżDebĂa sentirse o pensar igual en lo referente a Caireen, o resultarĂa Caireen ser alguien que ayudaba sin motivaciĂłn oculta alguna? Entonces pensĂł que la tendrĂa, porque siendo honestos, ni la vida de Nicole ni la de Rhian eran importantes para nadie. Eran dos brujas; dos cazadoras más. No eran nadie importante. Pero entonces… Âżpor quĂ© estaba Caireen con ellas?
- Rhian es afortunada por tenerte –le dijo Kahlan a Nik, su mirada en cambio estaba incada en lo que se extendĂa frente a la maleza tras la que se ocultaban. No habĂa movimiento alrededor de la edificaciĂłn de aquella propiedad, probablemente ni si quiera los inmortales andaban con ganas de soportar el gĂ©lido ambiente de afuera. Entonces, la rubia mirĂł a Nicole –Se alegrará de verte.
-ÂżLa sientes? –inquiriĂł Zane a Caireen, una vez llegaron a un acuerdo en cuanto al plan. Caireen tenĂa razĂłn, si aparecĂan todos como una manada de perros rabiosos perderĂan cualquier factor sorpresa, era importante que Eleanor pensase que venĂan solas, que se regozijase, lo importante no solĂa ser quiĂ©n reĂa primero, sino quiĂ©n reĂa Ăşltimo.
-SĂ. Puedo distingirla entre todas las demás –Caireen arrugĂł apenas el ceño –Pero está dĂ©bil. Y asustada. Sigue viva, eso significa que Eleanor aĂşn no tiene el libro. Es una buena señal.
-Ya. DĂselo a ella –murmurĂł Zane, y ante la mirada confundida de Caireen se moviĂł hacia Nicole y Kahlan, agazapándose junto a la primera –Nos acercaremos ahora. ÂżEstás preparada? QuĂ©date siempre detrás de Caireen, ese traje puede ser Ăştil contra las balas, pero no van a dispararte. Son malditos, inmortales, brujos y druidas. No necesitan pistolas.
Nicole no habĂa terminado de sonreĂrle y agradecerle el gesto a Kahlan cuando tuvo bien cerca a Zane. Entonces escuchĂł las palabras de la morena de forma atenta, aunque nada de lo que le dijera serĂa una sorpresa. AsintiĂł, porque no era la primera vez que Nicole participaba en una misiĂłn como esta. HabĂa sido soldado y entendĂa las Ăłrdenes y las tácticas, y puesto que Zane parecĂa tener el cargo de lĂder, la General de la OCEU decidiĂł que no la desobedecerĂa... todavĂa.
- SĂ, claro. -respondiĂł- Aunque no son balas normales. No te preocupes por mĂ, sĂ© protegerme.
Sanders frunciĂł los labios. En algĂşn momento se habĂa dicho que no se preocuparĂa por nadie, se habĂa convencido de que era lo mejor, despuĂ©s de todo solo habĂa hecho que fastidiarla siempre. Pero acababa de descubrir que era una misiĂłn perdida de antemano, preocuparse era inevitable. AsintiĂł a Kahlan cuando Ă©sta le devolviĂł la mirada, su hija le preocupaba menos que ella misma, despuĂ©s de todo era tan inmortal como ella y tenĂa el plus de conservar su magia, ella en cambio solo contaba con sus puños y piernas. Y no es que se le diese mal, pero se habĂa acomodado tiempo atrás, siempre refugiándose en su magia.
Kahlan y Zane se incorporaron cuando Caireen lo hizo, avanzando campo a través hasta la cerca que separaba el bosque de la propiedad privada. Estaba empezando a nevar.
-   ymosodiadau    –murmuró Caireen.
Pudo oĂrse un rugido desde el cielo. Y aunque solo se distiguiĂł una enorme ala negra y con contados toques rojizos, no fue difĂcil imaginar de quĂ© se trataba. El dragĂłn descendiĂł desde lo más alto, por fin mostrándose y no dirigiĂł su vuelo hacia otra parte que la gran mansiĂłn. ÂżPuertas? No necesitaba puertas, a la velocidad en la que descendĂa bastĂł para que se precipitase contra el muro del segundo piso, la dura y frĂa roca que guardaba las paredes rompiĂ©ndose.
Para ese entonces, las cuatro que iban por su cuenta ya corrĂan campo a travĂ©s, y el ceño de Kahlan se frunciĂł cuando algo en todo aquĂ©l verde que empezaba a helarse y a cubrirse de blanco distinguiĂł unos barrotes. Era una jaula.
Nicole corrĂa junto a las demás como si la vida le fuera en ello porque, en realidad, se le iba. Al igual que Kahlan, la cazadora tambiĂ©n vio la jaula pero entonces, vislumbrĂł una melena rubia. Y entonces, lo supo. Lo supo porque desde que conociĂł a Rhian que ambas habĂan tenido una conexiĂłn especial y podĂan percibir la presencia de la otra, pero era obvio que despuĂ©s de tanto tiempo aquella conexiĂłn ya no fuera tan fuerte.
- Creo que es Rhian. -susurrĂł la cazadora meintras seguĂa con su carrera. RegistrĂł las caras de sorpresa de las otras dos mujeres, mientras que Caireen actuĂł como si ella la supiese.
Dentro de la mansiĂłn, acababa de desencadenarse el caos. Los inmortales que servĂan a Caireen y su propĂłsito habĂan aparecido como huĂ©spedes sin invitaciĂłn, la sangre empezaba a manchar las paredes. La de unos dejarĂa una muerte, la de los recipientes que ocupaban los demonios a las Ăłrdenes de Eleanor y Salomon, y otros volverĂan a alzarse pues la muerte no les llegarĂa nunca.
Eleanor seguĂa en su aposento, junto a la ventana, observando tras la fina cortina como más hombres y mujeres penetraban en su territorio, por ahora siendo aletargados por los suyos, pero no durarĂa mucho. Caireen habĂa estado ya antes en batalla, no era una sacerdotisa de sentarse y mirar, era una guerrera. Todo parecĂa estar en su contra, pero Eleanor sonriĂł.
-Rhian –Zane incĂł las rodillas en el suelo, envolviendo los helados barrotes con las dos manos –Rhian. Despierta, estamos aquĂ.
-Awen –Caireen le pidió que se apartase, y cuando nadie estuvo interponiéndose volvió a murmurar unas palabras en gales antiguo, un conjuro que hizo estallar el candado que encerraba a la bruja.
Nicole deseĂł como nunca ser la primera en llegar hasta su amiga, pero decidiĂł que Zane y Caireen podrĂan hacer mucho más por Rhian de lo que ella podĂa en un principio. Por eso les dio la espalda a ambas y se quedĂł de pie, quieta, como desafiando al enemigo. PEro entonces alzĂł un arma muy pequeña y la empuñó a la altura de su pecho. La sujetĂł de forma firme esperando a que las atacaran y cuando vislumbrĂł dos sombras provinientes por entre la niebla y la nieve, disparĂł.
Ni siquiera parpadeĂł, ya que querĂa ver si las balas en las que habĂan estado trabajando durante casi tres meses llegaban a alcanzar la misiĂłn que tenĂan. No tardĂł mucho en ver que los efectos habĂan sido, exactamente, los esperados. Era posible que aquellos fueran demonios o inmortales, pero aquellas balas tenĂan efecto en todo el mundo. Estaban rellans de hielo y un hechizo de paralizaciĂłn inscrito en el interior, lo que se traslabdaba en que cualquier persona que fuera alcanzada por dicha bala se quedarĂa traspuesto; tieso... y congelado. Puede que no los matara, pero aquello les darĂa cierta ventaja.
Kahlan se acercó a Nicole y con el ceño fruncido estudió la pistola, y el resultado de los dos disparos.
-Creo que voy a pedirte una de esas.
-Te tengo –murmuraba Zane una y otra vez a la rubia que aĂşn no reaccionaba, sacándola de la jaula y abrazándola contra si. Estaba helada, completamente helada. AlzĂł la mirada y vio que Caireen parecĂa ver más arriba, asĂ que ella siguiĂł la trayectorĂa hasta divisar los ojos claros de Eleanor en aquĂ©l ventanal. FrunciĂł el ceño. ÂżEso era todo? ÂżIba a dejar que se llevaran a Rhian sin más?
Pero cuando parpadeĂł, Eleanor se esfumĂł de su rango visual. Atacada por la repentina ansiedad Zane mirĂł a su alrededor, y alcanzĂł a dislumbrar una figura tras Nik y Kahlan.
-¡Cuidado!
Eleanor parecĂa saber cual debĂa ser su objetivo, lo más sensato, ir a por la mortal. Herir a alguien que podĂa regenerarse no tenĂa tanta gracia despuĂ©s de todo. No obstante la advertencia de Zane fue suficiente para que Kahlan se alertase, y dándose la vuelta moviese a Nik justo antes de que la druida enterrase la daga en su espalda.
-Kahlan... –Eleanor sonriĂł, ladeando la cabeza a un lado –¿Con esa fiereza recibes a tu abuela? Antes estábamos en sintonĂa.
-Me he pasado de emisora –murmuró la rubia, sus ojos destellando en un dorado fulgente.
Nicole apenas tuvo tiempo de reaccionar, ya que lo primero que vio fue a Kahlan empujándola, y luego toda aquella nieve sobre la que acabaBa de caer. Se dio la vuelta rápidamente, ya acostumbrada a este tipo de ataques sorpresa. Y entonces, escuchĂł. ÂżElanor era... abuelas de Kahlan? ÂżElanor era la madre de Zane...? Por algĂşn motivo, todas aquellas ideas que ella misma habĂa tenido sobre quiĂ©n podĂa ser Elanor para conseguir cambiar tanto a Kahlan, habĂan sido olvidadas y ahora, todo parecĂa ser una sorpresa todavĂa más grande e inusual.
Pero la General no se dio tiempo a más, ya que mientras Kahlan le respondĂa a Elanor, Nicole se habĂa acercado corriendo, con puñal en mano y le habĂa cortado una mano a Elanor.
Algo que no pasó desapercibido por nadie, aunque se hubiese esperado grito de calvario alguno por parte de Eleanor, ésta solo arrugó el ceño y vio la sangre gotear. Clavó la mirada en quién acababa de enfadarla notablemente y más arrugas poblaron su frente.
-Seriously?
BastĂł con que sus ojos centellearan para que Nicole saliese despedida, empotrándose contra uno de los muros de la mansiĂłn, y fue un buen golpe, algunas piedras se agrietaron y el polvo se alzĂł mezclándose con los incesantes copos de nieve que caĂan desde las nubes grises, ocultando la luna llena.
Zane llamĂł a Caireen y le pidiĂł que se quedase con Rhian, sacĂł su daga, la Ăşnica arma que llevaba consigo y por primera vez en meses, plantĂł cara a su madre.
-AdmĂtelo. Sin Merlin no eres nadie. Te siguen porque te tienen miedo, aunque me cueste admitirlo, a mi padre le seguĂan porque tenĂa una reputaciĂłn. Tu solo eres la furcia druida a la que se tirĂł más veces que a otras... Estás perdiendo y ni si quiera hemos atacado con todo.
Eleanor enarcĂł las cejas.
-ÂżPerdido? –inquisitiva a quĂ© se referĂa, Eleanor vio su mano volver a regenerarse, dedo a dedo, aunque aĂşn hubiese sangre que le recordase lo que habĂa pasado –¿Me hablas a mi sobre perder? Awen... Como puedes ser tan patĂ©tica. ÂżA quiĂ©n pretendes convencer? No tienes tus poderes, has recurrido a una sucia sacerdotisa para que haga el trabajo sucio por ti, y lo peor es que en esa cabecita tuya –se señalĂł la sien –Prevalece la idea de que si esa bruja llega sana y salvo a casa es gracias a ti. Por favor –riĂł, y cerrĂł la mano derecha en un puño. Acto seguido, Zane parecĂa asfixiarse, llevándose la mano al cuello –Esos quinientos sesenta años en la nada te han convertido en un chiste. Solo eres Ăştil porque solo tu sabes dĂłnde está el libro de las sombras.
La misma sensaciĂłn que dejaba sin aire a Zane la sintiĂł ella, teniendo que actuar del mismo modo, llevándose la mano al cuello como si pudiese sacarse lo que oprimĂa su tráquea. Kahlan dio un paso con el brazo extendido.
-Entonces preocĂşpate por mi.
*-Nik.. –ajena a todo lo que sucedĂa, temblorosa y presa de la hipotermia, Rhian intentĂł despegar los párpados y reconocer a quiĂ©n veĂa, pero no era Nik.
Gran parte del golpe lo habĂa recibido en la cabeza, con lo que la cazadora despertĂł despuĂ©s de haber estado u par de minutos inconsciente. HacĂa tanto que no la lanzaban como si fuera una muñeca de trapo que habĂa olvidado lo que era que te doliera hasta el alma. Se levantĂł como pudo, quedándose sentada en la frĂa nieve mientras la misma caĂda de forma rápida sobre su propio cuerpo. a apenas unos centĂmetros tenĂa el puñal con el que le habĂa cortado la mano a Elanor. Pero entonces escuchĂł la vocecilla de Rhian. CalculĂł que estaba relativamente lejos de donde estaba ella, pero no conseguĂa verla.
- ÂżRhian? ¡RHIAN! -gritĂł desesperada con la esperanza de encontrarla. Pero no lo hizo. Sin embargo, vio cĂłmo una sombra se aproximaba a ella, corriendo. Nicole pensĂł que serĂa Kahlan con lo que extendiĂł los brazos dispuesta a detenerla para que supiera que estaba ahĂ, pero... no era Kahlan.
Una mujer que de apariencia parecĂa tener dos años más que la cazadora, pero que seguramente tendrĂa cientos más de ellos, la volviĂł a lanzar contra los cimientos contra los que habĂa sido lanzada con anterioridad. La diferencia fue que esa vez no tuvo tiempo de levantarse, sacuridse o incluso orientarse. La mujer habĂa saltado sobre ella y sujetaba lo que parecĂa un puñal pequeño, probablemente centenario, y lo acercaba cada vez con más peligrosidad hasta su garganta.
La cazadora hizo fuerza con sus brazos, intentando que la mujer soltara el cuchillo, pero lo Ăşnico que consiguiĂł fue cogerle con la mani bien abierta la barbilla, y aquella fue su oportunidad. ApretĂł y apretĂł, pensando que serĂa necesario para matar a su atacante. Sin embargo, y segundos despuĂ©s del toque inicial, la piel de la mujer se volvĂa color gris ceniza y terminaba por deshacerse en cuestiĂłn de segundos haciendo que, la bruja, muriera.
*Ahora Nicole sĂłlo veĂa la ceniza y la piedra que una vez habĂan formado a una persona. Se sorprendiĂł, ya que su habilidad de matar nunca se habĂa presentado de esa forma. Y se alegrĂł, porque... esa mujer habĂa resultado ser una mortal y no alguien como Elanor, quiĂ©n le habrĂa podido degollar antes de que ella misma hubiera tenido la oportunidad de defenderse.
Los mĂşsculos y articulaciones de Rhian reaccionaron solamente cuando aquella criatura enorme aterrizĂł tan cerca de ella. Uno de los tres dragones de Caireen se inmiscuyĂł en la batalla entre Kahlan y la druida que servĂa a Morrigan, su rugido con aliento infernal alertĂł lo suficiente a Eleanor para que su ataque hacia Zane cesase.
Ésta no cayó, pero si trastabillo hacia atrás y pasando la mirada por Caireen y su hija, acabó arrodillándose con la primera.
-Hay que sacarla de aquĂ.
-Podemos derrotarla. Encerrarla –siseó la sacerdotisa –Dejará de ser un problema.
-Tal vez mañana –negó Zane, tragando saliva, y le dolió –Pero no hoy. Ya tenemos a por quién vinimos.
Eleanor retrocediĂł, su cuello hacia atrás para poder mirar los ojos profundos y peligrosos de aquella criatura ancestral. Pero ella no se quedĂł atrás, le desafiĂł, el dorado en sus ojos demostrĂł que no se acobardarĂa, pero si tuvo que desmaterializarse y desvanecerse para evitar que las llamas que escupiĂł el ánimal como si fuese un cañón ardiente la alcanzasen y la friesen.
-Nik –Kahlan recogiĂł a Nicole, apartándole el cuerpo de la bruja de encima y ayudándola a levantarse. TendrĂa alguna que otra costilla rota, pero se pondrĂa bien. Con los dĂas.
Caireen sentĂa la mirada de Zane clavada en ella, recordándole la promesa que habĂa hecho, no era momento de derrotar a Eleanor. No estaban preparados, no sabĂan cuantos más de los suyos llegarĂan, y esas batallas nunca tendrĂan sentido alguno, nadie ganaba, nadie perdĂa, solo era un derrame de sangre a raudales y sin consecuencias.
-Rhian necesita ayuda –añadiĂł para acabar de convencerla. Esa chica morirĂa si no recibĂa atenciĂłn, necesitaba agua caliente, subir la temperatura de sus Ăłrganos.
Con bastante dificultad se levantĂł la cazadora. MirĂł a Kahlan y luego a su alrededor. No conseguĂa ver nada, ya que tanto la nieve como una espesa nube de humo negro las engullĂa. AsintiĂł respecto a lo de Rhian, asĂ que se ayudĂł de Kahlan para acercarse donde su amiga. Pero antes se agachĂł para poder buscar su mochila, ya que estaba segura de que habĂa caĂdo cerca. PalpĂł con las manos congelándolas en apenas unos segundos, pero aquello no le importĂł.
Una vez que hubo encontrado la mochila, la abriĂł a toda prisa y alcanzĂł a sacar un suĂ©ter de color beige que ella habĂa echado por si debĂa cambiarse de ropa. Se lo tendiĂł a Kahñan para que ayudara a su amiga, mientras que ella se llevaba las manos a las costillas. No estaba segura de cuánto daño habĂa sufrido, pero las costillas y la contusiĂłn en la cabeza indicaban que el daño habĂa sido bastante, aunque moderado. Por lo menos no habĂa muerto.
-Nos vamos –anunció Caireen, después de mucho debate consigo misma.
-¿Y los demás? –Zane arrugó el ceño –¿No ordenas retirada?
-No voy a negarles estirar un poco las piernas y romper unos cuantos cuellos. Volverán al castillo por si solos –Caireen echó una mirada a Kahlan.
Ésta asintió, y sin permiso tomó del brazo a Nicole. Hora de irse. Caireen desapareció con Rhian, y Zane se puso en pie para acercarse a Kahlan y la cazadora, rozando la mano de su hija, quién en cuanto notó el tacto de su madre hizo lo mismo que la sacerdotisa, desvanecerse.
 En el aposento principal de aquĂ©l viejo pero conservado castillo, la inmensa sala del trono, Caireen hablĂł en su idioma a uno de sus hombres, alguien se habĂa quedado por supuesto a guardar el fuerte, no podĂan lanzarse todos a la ofensiva sin cuidar lo que una vez ganaron con sangre y sudor.
Le habĂa pedido una manta, y era lo que el muchacho traĂa con prisa.
Se la puso por encima a Rhian, además del sĂşeter que ya tenĂa encima de Nicole, envolviĂ©ndola y frotándole los brazos para que entrase en calor.
Kahlan soltĂł entonces a la cazadora y a su madre, necesitando un momento para respirar. HacĂa mucho tiempo que no usaba sus poderes, y para atacar a Eleanor habĂa necesitado usar gran parte de su potencial, por lo que ahora se sentĂa agotada.
HacĂa mucho, demasiado, que no la teletransportaban, con lo que al tocar suelo firme Nicole tuvo que omitir una arcada que de seguro no iba a terminar bien. TodavĂa con la mano en las costillas, se acercĂł a Rhian, quiĂ©n temblaba de forma frenĂ©tica y le fregĂł los brazos para que entrara en calor, aunque tambiĂ©n terminĂł por bajarse la cremallera de su traje especial, quedándose en una camiseta de manga larga. Luego abrazĂł a Rhian, haciendo su pecho contacto con el de la rubia. Si Ă©sta entraba en calor de forma muy rápida y no gradual como intentaba hacer, rhian entrarĂa en shock y todo se complicarĂa en exceso.
Por eso, la abrazó fuerte y la atrajo contra su cuerpo. Rodeó el pequeño cuerpo de su amiga con un brazo, mientras que con el otro le acariciaba la nuca.
- Estás a salvo, ya está, Rhian. Estás a salvo. -susurró.
-N.Ni.Nik –tartamudeĂł a causa de los constantes temblores y espasmos la joven Burgnam, siendo capaz de ladear una sonrisa, aunque corresponder el abrazo ya era algo más complicado, no sentĂa las piernas, no sentĂa los brazos, no sentĂa nada, de hecho a pesar de estar helada tenĂa la sensaciĂłn de que se quemaba –Sa.. SabĂa que.que ven. vendrĂas.. A por. Por mi.
Caireen se puso en pie y se dirigiĂł a su sĂşbdito.
-Preparad un baño. El agua templada, si está caliente te arrancaré los ojos.
Zane puso los ojos en blanco y mirĂł al pobre muchacho.
-Lo que intenta decir es que si el agua está demasiado caliente la bruja entrará en shock, y que si serĂas tan amable de templarla.
La sacerdotisa arrugĂł el ceño. ÂżNo era eso lo que habĂa dicho?
Nicole dejó ir una risilla. Dejó de acariciarle la nuca para poder mirarla a la cara. La miró directamente a los ojos y le besó en la frente, porque Rhian, aunque necesitara muchas otras cosas más en ese momento, necesitaba sentirse querida y protegida. Y ella era querida por muchos.
- Siempre terminamos salvándote ese trasero huesudo tuyo. Empieza a ser una costumbre. -bromeó-
Zane se acercĂł a Nicole y Rhian, dejando la mano sobre la espalda de la primera y sonriendo a la segunda, aunque acabĂł mirando a la cazadora que mimaba a su amiga.
-Deja que se la lleven. Se pondrá bien.
Kahlan habĂa acabado sentándose en el suelo, la espalda contra el fuerte e imponente muro, solo se sentĂa humana cuando se agotaba, era entonces cuando sentĂa que necesitaba respirar. SonriĂł al ver a la cria de dragĂłn que se acercaba, y le acariciĂł la cabeza. Caireen se plantĂł cerca, era difĂcil decir si en su mirada habĂa rechazo o aceptaciĂłn, pocas veces decĂan algo esos ojos.
-La redención te sienta bien –aunque extraña, esa era su forma de felicitarla.
Nicole se girĂł al escuchar a Zane. DudĂł, porque no querĂa dejar a solas a Rhian nunca más, y todavĂa menos ahora que la habĂan encontrado. Pero la morena tenĂa razĂłn, y Rhian necesitaba de otros cuidados de los que no podĂa hacerse cargo ella. Por eso, se separĂł lentamente, quejándose, mientras ayudaban a Rhian a levantarse para llevársela, y ese mismo momento lo aprovechĂł Nicole para mirar tanto a Zane, como a Kahlan, como a Caireen.
- Gracias, chicas. -dijo.- Gracias, de verdad.

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Hard Times Come Again No More. P1.
Todo habĂa cambiado. No tenĂa quejas al respecto, y aunque a razĂłn de cĂłmo habĂa llegado hasta Fort Hood -mágicamente, sin medios humanos- no habĂa podido apreciar bien dichos cambios, si habĂa visto las notĂcias casi a diario.
Ahora Nicole estaba al mando de la OCEU, la nueva general. No la sorprendĂa, Josh hacĂa mucho tiempo que no estaba por la “labor”, no le culpaba, simplemente apoyaba la decisiĂłn que habĂa tomado, cuando no estás centrado para cuidar de ti mismo, es imposible que seas capaz de cuidar a miles, o incluso millones.
De alguna forma, aquellos cuatro meses de giros organizativos y el cese de la guerra en si habĂan ablandado a la gente de aquella pequeña ciudadela que era la base militar, asĂ lo sentĂa Kahlan, la Ăşltima vez que estuvo allĂ tuvo que irse más pronto que temprano para evitar acabar en una celda como muchos otros. Era justo, habĂa cometido muchos errores en el pasado, y ya cuando decidiĂł redimirse sabĂa que no serĂa fácil, ni para ella misma, ni ganarse la confianza del resto.
Thunder estaba ocupado con el pequeño Rex de plástico, gruñĂa fingiendo los rugidos del animal prehistĂłrico mientras Zane se orientaba en el edificio central. HabĂa tenido que preguntar por el despacho de Nicole, y en consecuencia, habĂa tenido que convencer a la seguridad de que conocĂa a la general, que no era una amenaza y rebuscar en su billetera su pase de residente. Era el antiguo, pero de todas formas sirviĂł.
-Creo que es hacia la derecha –comentó cuando salieron del ascensor Zane, bajando la mirada para dejar la mano sobre la cabeza de Thunder –Ahora tienes que portarte bien, mamá tiene que hablar de asuntos importantes.
-Si –contestó sencillamente el pequeño.
-Todo saldrá bien –asegurĂł Kahlan a su madre, una vez frente a la puerta del despacho que tenĂan como destino.
Zane solamente arrugó el ceño y tocó a la puerta, en un principio quiso esperar respuesta para abrirse camino, pero segundos después decidió que no y abrió, adentrándose.
Nicole yacĂa sentada con los pies en su mesa y la espalda apoyada en el espaldar de su silla mientras mantenĂa una conversaciĂłn con alquien a quiĂ©n no parecĂa tenerle amor alguno, ya que si tono era más que brusco. AĂşn asĂ, y despuĂ©s de dejar ir un gritito debido a que no sĂłlo alguien habĂa abierto la puerta, sino que además lo habĂa hecho Zane y venĂa acompañada de Kahlan y Thunder, prosiguiĂł la llamada para colgar.
- Mire, Sra. Collins. Lo entiendo y sĂ© que hay un precedente, pero es la Ăşnica apariciĂłn pĂşblica que voy a hacer. No doy entrevistas a prensa y no mantengo contacto alguno. Me han invitado a una entrevista en televisiĂłn con el Presidente y todavĂa tengo que aceptar o declinar la oferta, por lo tanto... creo que está usted esforzándose para no conseguir nada al final. SĂ... sĂ. Claro. Si cambio de opiniĂłn se lo harĂ© saber, dijo la cazadora mientras ponĂa los ojos en blanco.
- Claro, un placer. -dijo con la boca pequeña. Luego se despidió de la persona que la hubo llamado y colgó el teléfono, aunque éste volvió a sonar y para cuando Nicole iba a descolgar una vocecilla le anunciaba la llegada de Zane, Thunder y Kahlan. De nuevo, volvió a poner los ojos en blanco, negó con la cabeza y colgó.
BajĂł primero los pies de su mesa, ya que no era la imagen que querĂa dar ante nadie. No querĂa que creyeran que no hacĂa nada. Luego se sentĂł bien en la silla, pero terminĂł por empujarla hacia atrás, darse impulso y levantarse. ParecĂa nerviosa, y con razĂłn. HacĂan más de cuatro meses que no veĂa a Zane y el hecho de que ella estuviera ahora allĂ... ÂżpodĂa ser un mal augurio?
Mientras Zane parecĂa ocupada en fruncir cada vez más el ceño, Thunder se despegĂł de su hermana mayor para pasearse libremente por el despacho, admirando los cuadros, las estanterĂas, y acabĂł frente al escritorio mirando las pequeñas fotos enmarcadas. La mujer que tenĂa delante, tres niños, un hombre.. Una estampa bastante familiar. Puso el dinosaurio sobre la mesa y siguiĂł a lo suyo.
-Siento interrumpir –Sanders se humedeció los labios –Pero es importante.
-Se alegra de verte –su hija la corrigió entre dientes, dándole un codazo en las costillas a Zane.
-Si –asintió rápidamente la aludida –Me.. Alegro de verte. Ha pasado mucho tiempo.
La General sonriĂł mientras terminaba de rodear la mesa y se acercaba a ambas.
- Hola Thunder... -susurrĂł. Luego le acariciĂł su corta melena rubia.- ÂżImportante? -les preguntĂł esta vez a las dos mujeres. No sabĂa muy bien si acercarse y abrazar a Zane, o si darles la mano con lo que decidiĂł hacer lo segundo.- Y... sĂ, mucho tiempo. Perdonad la llamada. Secretarias y estilistas del Presidente.
Tal y como dijo esass palabras, la mueca de asco y los ojos en blanco fueron elementos añadidos que terminaron por evidenciar el asco que todo aquello le daba.
Kahlan alzĂł las cejas en ese arqueamiento de sorpresa.
-Se trata de Rhian –Zane fue al grano, cruzando las manos a la altura de su vientre –¿Has sabido de ella?
La rubia puso los ojos en blanco. No iba a seguir intentándolo, desconocĂa a su propia madre. En fin, no era la misma, saltaba a la vista y si ella no querĂa esforzarse -aunque quizá si lo hacĂa- no lo harĂa ella. Fue tras Thunder, agachándose con Ă©l y hablándole en voz baja.
Nicole mirĂł a Kahlan en busca de respuestas a la actitud de Zane, pero al ver la mirada y los gestos de Kahlan que la cazadora intuyĂł que ni ella misma tenĂa las respuestas del por quĂ© Zane se comportaba de semejante manera. MirĂł a la morena no sĂłlo por la sorpresa de tenerla aquĂ, sino por ecuchar el nombre de Rhian de sus labios. ÂżLa habĂan buscado? Claro que la habĂan buscado pero cada vez que se acercaban a una pista sĂłlida, alguien de su equipo terminaba por salir malherido. No habĂan dejado de buscarla pero la tarea se habĂa tornado más y más dificultosa con el paso de los dĂas.
- Bueno, hola tambiĂ©n a tĂ, Zane. He estado bien pero podrĂa haber estado peor, Âżsabes? Y no has respondido a nuestras llamadas ni mensajes, y no sĂ© donde has estado, asĂ que...
La General dejĂł el comentario en el aire mientras se calmaba, ya que ni era justo, ni podĂa ser bueno que Thunder las escuchara discutir. Lo cierto era que tal vez, muy posiblemente, lo que la alterara fuera el hecho de que Zane mencionara a su amiga. Era un tema realmente frustrante.
 - No, no lo sĂ©. -respondiĂł. MirĂł a Thunder y a Kahlan, para luego pasar a mirar sus propias botas, y terminar por mirar a Zane. Ese mismo hecho; el hecho de no saber quiĂ©n o si alguien tenĂa a Rhian, el por quĂ© o el cuándo... la avergonzaba.
-DeberĂamos hablar a solas -concluyĂł la inmortal, desviando la mirada hacia su hija quiĂ©n ya se la devolvĂa.
Kahlan lo entendiĂł, y le sugiriĂł a Thunder ir a dar una vuelta por el edificio, quizá buscar algo para comer. Si algo le gustaba a ese niño era comer, y era razonable, el hambre no solĂa saciar a los inmortales. SaludĂł a Nicole con un respetuoso asentimiento y saliĂł del despacho con el niño.
En cuanto estuvieron a solas, Zane se movió por fin, paseándose por la amplia oficina.
-Nimue contactĂł conmigo no hace mucho. Yo no sabĂa nada, pero aparentemente Rhian se presentĂł ante ella solicitando el Llyfr. El Llyfr es el libro de la luz, Nimue es la suma sacerdotisa de Duna, su enlace con la humanidad, en ese libro están todos los nombres y linajes de las brujas que sirven a la diosa de la luz. Por lo poco que sĂ©, Rhian querĂa el libro para facilitar la tarea de encontrarlas, no todas las brujas de la antigua religiĂłn están malditas como yo o Kahlan, algunos linajes se salvaron. Pero Rhian ahora está en manos de Elanor –se girĂł, mirándola –Por lo que sĂ©, desde hace meses.
ÂżQue Rhian...? ÂżLlyfr? ÂżNimue? ÂżDIOSA DE LA LUZ? Demasiadas preguntas pero a la vez demasiadas respuestas para todo aquello que le acababa de soltar Zane. Nicole se llevĂł una mano a la frente y se la rascĂł mientras contemplaba el panorama. AsĂ que cuando ella viajĂł meses atrás a Ginebra sin saber de Rhian, Ă©sta, en realidad, Âżya habĂa ido en busca de Llyfr? ÂżQuĂ© demonios era Llyfr y cĂłmo habĂa contactado Rhian con Nimue? No tardĂł mucho en caer en la cuenta, porque muy pocos sabĂan sobre Llyfr, Nimue y todo aquĂ©l asunto. La primera persona que le vino a la cabeza fue Althea, por razones obvias, Âżpero por quĂ© habrĂa acudido Althea a Rhian, cuando la primera hubo inculpado a la segunda? ÂżY porquĂ© Rhian habrĂa decidido seguirla?
- Oh. -respondiĂł sin elaborar mucho más la General. ÂżElanor? No iba a decirle nada a Zane pero ella siempre habĂa dicho que desconfiaba de Elanor y por si no habĂan pocos precedentes, ahora sumaban uno más. AsĂ que eso era, pensĂł. Por eso cada vez que encontraban un lugar donde se habĂa practicado magia a grande escala, su equipo terminaba siendo atacado.
-Elanor ya no sirve a la luz -informĂł Zane –Se ha desentendido de su castigo y ahora sirve a la Morrigan, estamos en un momento delicado, aunque haya estado alejada no me he desentendido completamente, Salomon puede haber perdido una batalla pero sigue siendo fuerte, tan fuerte que hasta Dioses le temen. Morrigan no se habĂa doblegado jamás ante nadie, y ahora parece que prefiere seguir al Rey que oponerse a sus planes. Sabe que las seguidoras de Duna son las Ăşnicas que pueden enfrentar a las seguidoras de Morrigan, y que sus poderes serĂan Ăştiles. Por eso Elanor quiere el libro, para encontrarlas antes y convertirlas. O no, al menos eso es lo que harĂa yo –tragĂł saliva –He hablado con Caireen. Ha aceptado ayudarme a sacar a Rhian de allĂ, si sigue con vida es porque no ha hablado, pero es cuestiĂłn de tiempo que se cansen de intentar doblegarla y se deshagan de ella.
Nicole asintiĂł.
- Bien, ¿y dónde está? -preguntó mientras decolgaba el teléfono. Era obvio que iba a dar parte de que iba a dejar la base de forma inminente.-
-Al norte. Caireen se reunirá con nosotras en las montañas que separan Montana de Canadá –suspirĂł –SĂ© que no tengo ningĂşn derecho a pedĂrtelo, pero Kahlan no va a querer quedarse atrás y alguien tiene que cuidar de Thunder mientras estamos fuera.
Nicole presionĂł el botĂłn de cortar la llamada al escuchar el comentario de Kahlan.
- ¿Quieres que me quede cuidando de Thunder? -preguntó con el ceño claramente fruncido.-
Y la inmortal puso los ojos en blanco.
-No. Si estoy aquĂ es porque sĂ© que Rhian te importa y te gustarĂa ayudar en su rescate. Te pido que me ayudes a dejar a Thunder con alguien de confianza.
- Oh. -respondiĂł- Bueno, estoy segura de que Richard... podrĂa. Deja que lo llame primero.
La cazadora volvió a coger el teléfono y marcó el de su esposo.
Sanders asintiĂł y se cruzĂł de brazos paseándose por el despacho para esta vez si echar un vistazo a lo que habĂa en las estanterĂas. EsperarĂa.
En cuanto a Richard, en ese momento se encontraba en la central de robótica y desarrollo, en una mesa de trabajo intentando cambiar la pieza de un hardware de seguridad. Cuando oyó su teléfono se sacó las gafas de protección y contestó.
-¿Ya me echas de menos? –sonrió sabiendo que se trataba de Nicole –Si vas a preguntarme otra vez por la entrevista empezaremos a tener problemas –bromeó.
- Je...jejejeje. respondiĂł Nicole ante el primer comentario de su esposo. Aunque luego detuvo la risa nerviosa por una mueca de asco. La palabra "entrevista" podĂa con ella.- No, no es por la entrevista -dijo a modo de burla- Es sobre... Zane, está aquĂ. Sabe donde está Rhian y Thunder está tambiĂ©n aquĂ, y debe quedarse con... alguien.
-¿Me llamas para hacer de canguro? –Richard dejó el destornillador sobre la mesa y se revolvió el pelo –Bueno. Es Zane, supongo que se lo debo. Llenaré la nevera antes de volver a casa –sonrió –¿Has dicho Rhian? ¿Está bien? ¿Dónde ha estado? ¿Has hablado con ella?
- Es una historia muy... corta, en realidad. -respondiĂł todavĂa sonriendo. SabĂa que habĂa hecho bien al casarse con ese hombre.- Rhian pidiĂł audiencia con una tal Meneo sobre algo de un libro mágico que quiere encontrar Salomon para matarnos a todas y la ha tenido retenida durante todos estos meses. Por eso no... la encontrábamos, y por eso no nos dejaban encontrarla. -terminĂł por explicar- Eres un cielo. Te lo compensarĂ©.
-Esa rubia nunca dejará de meterse en problemas. Es peor que tu cuando eras una adolescente –opinĂł Rick libremente, mientras le indicaba a uno de los jovenes del taller que acabase su trabajo, Ă©l tenĂa que hacer algo menos laborioso ahora, pero no por eso menos complicado. Los niños eran una ciencia aparte –SĂ© que lo harás –dijo refiriĂ©ndose a su compensaciĂłn por el favor –No se me olvidará, te lo recordarĂ© en cuanto.. Vuelvas. ÂżVas a ir a buscarla sola? ÂżZane irá contigo? ÂżLe ha salido pene y por eso no ha aparecido en meses? –hizo una mueca –Eso... no querĂa preguntarlo en voz alta.
Nicole largĂł otra risotada, aunque al ver la cara de Zane en cuanto a los comentarios de su marido se aclarĂł la garganta y asintiĂł.
- Will do. Y... no. Zane y.. Kahlan... -dijo este Ăşltimo nombre de forma cuidadosa- y yo. Creo que podemos manejarnos. ÂżDos inmortales y alguien que puede causar la muerte? Team Badass.
Luego hizo un silencio, tal vez pensando en "el por si acaso".
- Diles a los niños que vendré pronto, ya sabes que no se han terminado de acostumbrar a todo el asuntos de mis viajes. -informó- Te llamaré al llegar. Te quiero.
-Y yo a ti. Se lo diré –Rick colgó entonces, mirando el teléfono con el ceño ligeramente fruncido. Si, Team badass, pero no iban a enfrentarse a simples humanos precisamente.
-¿Ha aceptado? –preguntó Zane, mirando a Nicole expectativa.
La General colgó el teléfono y miró a Zane cuando ésta le preguntó.
- Es Rick, nunca va a decir que no. -admitiĂł- He's a keeper.
-Right -murmuró ella. Tragó saliva –Entonces creo que es momento de irse. Acompañaré a Kahlan a dejar a Thunder en tu apartamento y nos veremos en la entrada norte dentro de media hora. ¿Tienes tiempo suficiente para prepararte?
La General asintiĂł. Por suerte habĂa aprendido de situaciones anteriores y ya tenĂa siempre una mochila repleta de ropa, armas y recambios por si alguna vez los necesitaba. Se acercĂł a un amario pequeño que habĂa a un lateral de la puerta, lo abriĂł y le mostrĂł dicha mochila a la morena.
- Yep. Iré a dar órdenes abajo y nos veremos en la entrada.
Media hora más tarde, Nicole se encontraba ya cerca del portĂłn donde habĂa quedado con Zane y, en consecuencia, con Kahlan tambiĂ©n. VestĂa un traje enterizo negro de un material extraño, de manga larga, una chaqueta de cuero negra y unas botas del mismo color. Pero, además, tambiĂ©n colgaba de sus hombros una mochila pequeña que habĂa cargado con armas y respuestos varios por si les era necesario.
HabĂa visto a su esposo para despedirse hacĂa un rato y, luego de eso, reuniĂł a Richard, Roland y Edge para darles instrucciones de cĂłmo actuar en su ausencia, porque aunque supieran seguir adelante sin ella, las llamadas incesantes de gente del exterior al buscarla se hacĂan muy pesadas. Y siendo honestos, debĂan estar preparados para defenderse cuando no tuvieran a una bruja como Nicole que podĂa causar la muerte mediante el tacto y el pensamiento, a su lado.
 Ahora miraba el reloj, arrepentida de no haberse despedido de sus hijos. Quizás saldrĂa sĂłlo unas horas, pero tambiĂ©n podĂan ser dĂas. QuerĂa despedirse, pero al mismo tiempo no lo hacĂa. TerminĂł por pensar que era mejor no interrumpirles ahora que habĂan vuelto a clase.Â
Four months later
Tanto habĂa ocurrido en los Ăşltimos cuatro meses que nada le parecĂa real. Sentado frente a ella se encontraba Travis Soffer, el chico que habĂa sido elegido el nuevo secretario de Nicole. Ella no sĂłlo querĂa que la imagen de la OCEU cambiara en exceso, pero tambiĂ©n los problemas que tenĂa un pequeño sector en cuanto a los trabajos que podĂan hacer, o no, ambos gĂ©neros. Y, por ello, Nicole decidiĂł darle ese puesto a alguien del sexo contrario; para dar ejemplo.
Pero aquĂ©l fue, realmente, el menor de sus problemas. Cuatro meses antes, despuĂ©s de reunirse con la ONU y las demás Organizaciones de Cazadores mundiales, que todo habĂa cambiado. Las Organizaciones de Cazadores ahora compartĂan una alianza comĂşn que era prácticamente inquebrantable. Trabajaban juntas para mantener la seguridad y mejorar el bienestar de la humanidad. Ambos eran retos muy difĂciles que todas las organizaciones habĂan acatado sin oponerse, pues el castigo para una organizaciĂłn que se negara a cumplir dichas reglas o leyes serĂa ser automáticamente expulsada de la Alianza y se le cortarĂan suministros del tipo B, que generalmente eran suministros de armas y objetos variados de protecciĂłn, mientras que los suministros básicos se irĂan retirando de forma gradual hasta que dicha organizaciĂłn fuera capaz de sostenerse por ella misma. Esa habĂa sido una medida que sĂłlo Las Cinco habĂan aprobado. Estados Unidos, Irlanda, España, Italia y Holanda eran los miembros permanentes que tenĂan más voz y voto que ningĂşn otro en la Alianza de Cazadores, y fue por ello que dichas reglas se hicieron, automáticamente, irrefutables.
DespuĂ©s de sellar la Alianza, la OCEU y Nicole se habĂan visto comprometidas con el que habĂa sido elegido nuevo presidente, Robert Graham. Él habĂa sido vĂctima de lo sobrenatural antes de ser elegido, con lo cual, una gran parte de su campaña se basĂł en el descubrimiento de lo sobrenatural y la protecciĂłn tanto de Ă©l como la de los demás. Y fue mediante Alan Foster, el nuevo Embajador Estadounidense de la ONU que Robert y Nicole se conocieron. Y fue tras varias reuniones y debates secretos que la OCEU y el Gobierno central cerraron una alianza de forma igual. La OCEU se comprometĂa a proteger, asĂ como a enseñar a los civiles cĂłmo exorcizar demonios y como expulsar a cualquier otro ser sobrenatural que los molestara (haciendo punible el hecho de matarlo) a cambio de que el Gobierno lavara su imagen, haciĂ©ndolos asà “especiales” a los ojos de los civiles -ya que era importante que estos se sintieran cĂłmodos con su presencia-, asĂ como entregarle dos bases (más pequeñas que la OCEU) en otros dos estados para poder, asĂ, hacer que el trabajo de los cazadores de la OCEU fuera más fácil. Y como Ăşltimo añadido, el Gob. tambiĂ©n se comprometiĂł con la entrega mensual de armamento y otros materiales que harĂan posible la mejora de la seguridad nacional.
Mirara por donde lo mirara Nicole, la OCEU habĂa ganado bastante con esa alianza. En un principio no quiso hacerlo, ya que pensĂł que no harĂa más que besarle el trasero al nuevo presidente, pero Robert era distinto. Él parecĂa estar al tanto y de haberse informado de absolutamente de todo, y su deseo por no volver a caer en las redes del Mal era lo que habĂa terminado de convencer a la cazadora.
Volviendo a su despacho, la General charlaba con Travis. Éste le habĂa informado, asĂ como Campbell ya habĂa hecho el dĂa anterior, de que los documentos que ella necesitaba ya habĂan sido entregados. Además, le informaba de una reuniĂłn que tendrĂa con los miembros de Las Cinco en dos semanas, asĂ como de un meeting con el presidente que seguramente terminarĂa siendo emitido por televisiĂłn, algo que no agradaba demasiado a Nicole. Ella habĂa sido feliz con el anonimato y el cambio actual le desagradaba de forma notable. Estaba entusiasmada por la cooperaciĂłn que tan bien habĂa sido llevada a cabo tanto por el Gob. como por la misma OCEU, pero Robert Graham era un hombre moderno; era un hombre que se tornaba tremendamente fastidioso en cuanto a lo de “lavar la imagen de la OCEU” se referĂa. Nicole lo habĂa querido, pero habĂan acordado que Graham la guiarĂa y ella no rechistarĂa. Y asĂ se encontraba ahora, haciendo muecas de asco y poniendo los ojos en blanco despuĂ©s de que Travis le enseñara el Ăşltimo fax proveniente de la Casa Blanca.
- Tiene tal fijaciĂłn con la prensa que creo que es algo que no llegarĂ© a entender nunca, -dijo la cazadora. ApoyĂł la espalda contra el espaldar de su silla de escritorio y se llevĂł ambas manos a la cara, lo que claramente mostraba su exasperaciĂłn. ProsiguiĂł hablando mientras se tapaba su ojo izquierdo y miraba a Travis con el derecho por entre sus dedos Ăndice y anular.- ÂżNo podemos decirle que tengo la gripe o algo asĂ? Su gabinete me obliga a ponerme vestidos cursis con faldas largas que son incĂłmodos, y maquillaje todavĂa más cursi, y… las cámaras me distraen. Me distraigo, y mis discursos terminan siendo horribles. Di que declino la oferta.
Travis no hizo más que reĂr, puesto que aquella queja y esos mismos elementos habĂan sido objeto de burla, conversaciĂłn y sĂşplica en más de una, dos e incluso tres y cuatro ocasiones.
- Ya hemos debatido sobre esto unas cuantas veces, Señora. –dijo Travis mientras se aseguraba de que Nicole tenĂa el fax, un bolĂgrafo y una libreta bien a mano.-
El amargo suspiro de Nicole fue prolongado por la misma durante casi diez segundos. Nicole terminĂł por toser, ya que se habĂa quedado con la boca seca y todo aquĂ©l dramatismo ya habĂa dejado de ser divertido. - Está bien, Travis. -concluyĂł. Y es que, a pesar de querer estar preparada, no lo estaba. Le asqueaba que la OCEU hubiera sido expuesta por unas informaciones salidas de la boca del Presidente, pero aquello ya habĂa quedado en el pasado y ahora debĂa trabajarlo de la mejor manera posible.
The Circle of The Five.
Sentada en aquĂ©l aviĂłn de carga con el logo de la ONU, y atrapada por un arnĂ©s de un color rojo vivo, la nueva General de la OCEU se preguntaba cĂłmo demonios habĂa llegado hasta ahĂ y cĂłmo habĂa terminado siendo rodeada por dos hombres vestidos exquisitamente de negro como si ese fuera un requisito indispensable para realizar fuera cual fuere su tarea.
Sentada entre ambos, alzĂł el cuello y observĂł a la otra persona que yacĂa sentada a varios asientos a distancia de ella situada en la fila que tenĂa en frente, tambiĂ©n acompañada por otros dos hombres.
Ella habĂa reconocido a ese hombre canoso, de cierta edad y bien entrado en carnes como Alan Foster, el hombre que habĂa sido durante más de una dĂ©cada el candidato “quiero y no puedo” al puesto de Embajador Americano de la ONU. Nicole habĂa esperado encontrarse cara a cara con Samantha Power, la actual Embajadora Estadounidense, pero en el breve saludo que Foster y ella intercambiaron mientras ambos eran dirigidos hasta los interiores del aviĂłn le fue dicho que Samantha Power habĂa sido asesinada en Octubre.
Dos dĂas atrás habĂa recibido un mensaje del Secretario General de la ONU que la invitaba a unirse a una cumbre que con o sin ella tendrĂa lugar en Ginebra, Suiza, el lunes 30 de Diciembre. Nicole meditĂł de forma larga y tendida el si acudir a dicha cumbre o si no hacerlo, pero terminĂł por decidir que lo harĂa. Era la ONU. PodĂan utilizar sus recursos y ella podrĂa conseguir mejorar el bienestar y la calidad de vida de todos esos que ahora estaban a su cargo.
Su mirada se cruzĂł con la de Alan Foster, quiĂ©n miraba a Nicole como si Ă©sta fuera un enemigo más. La cazadora pensĂł que, en cierto modo, ambos eran enemigos del otro. Y eso mismo era lo que hacĂa su invitaciĂłn a la cumbre internacional algo mucho más divertido e interesante. ÂżPor quĂ© querrĂa la ONU invitar a todos sus paĂses afiliados… y a las propias ramificaciones de la resistencia?
                        ***
Jardines de la U.N. Headquarters. Ginebra, Suiza.
Cinco personas rodeaban el pequeño estanque del jardĂn más grande de la sede internacional de la ONU. En el centro del mismo se posaba religiosamente una dorada escultura con la forma de la Tierra, y sobre ella colgaban las iniciales de la ONU. Nicole pensĂł que esas siglas tal vez no habĂan sido necesarias, estando dicha escultura en los jardines de la propia sede, pero decidiĂł no darle mucha más importancia.
Por vez primera desde que hubo salido de Texas, que la cazadora habĂa conseguido despistar a sus dos guardaespaldas; asĂ como tambiĂ©n lo habĂan hecho las otras cuatro personas que ahora la acompañaban.
- Lo que no se puede permitir es que los lĂderes de las resistencias internacionales tan importantes como lo somos nosotros seamos perseguidos, vigilados, controlados y monitorizados por un grupo de personas que creen ser superiores al resto. ¡Es indignante!
Los gritos de Huxley Talbot habĂan sido demasiado altos, con lo que el hombre situado a su derecha decidiĂł el empujarlo para que callara. Ese hombre era Alejandro Freire, General de la OrganizaciĂłn de Cazadores de España. Alejandro habĂa tomado el cargo de General nueve meses antes; cinco antes de que Talbot tomara las riendas de la OCIR.
- Si seguimos con las indiscreciones seguramente nos fusilarán y todos nuestros planes, asà como nuestras bases de la resistencia caerán. Asà que, por favor, cierra la maldita boca, Talbot.
Dijo el español. Mientras, Nicole observaba aquella conversaciĂłn (o monĂłlogo como ella lo habĂa calificado), mientras intentaba mantener el equilibrio en el borde que separaba la hierba del estanque, y guardaba sus manos en los bolsillos de su parca color caqui. No decĂa nada, pero sĂ escuchaba y vigilaba.
MirĂł a Talbot cuando este gruñó algo parecido a un insulto. Por suerte para todos, Freire habĂa decidido ignorarlo por completo.
- Lo que yo creo es que nos han traĂdo aquĂ porque saben que somos indispensables para tanto su seguridad como para la seguridad mundial. Acabamos de salir de una guerra sobrenatural. Sin nosotros limpiándoles los trapos sucios esta gente no serĂa nada.
InquiriĂł Tiziano Tulissi, lĂder de la resistencia italiana. Tanto su acento en inglĂ©s como el de Alejandro le causaban cierta gracia a Nicole, aunque bien se habĂa cuidado de no reĂr delante de ellos. Lo cierto era que su propio acento hablando español era más que terrible, y ella tendrĂa mucho que perder si la escuchaban. HabĂa dado muchas veces las gracias porque todos los lĂderes que la habĂan rodeado en más de una ocasiĂłn pudieran hablar inglĂ©s.
El Ăşltimo hombre, el Ăşnico que no habĂa mediado palabra, al fin hablĂł. MirĂł sobre sus hombros en ambas direcciones, cerciorándose de que no eran vistos ni escuchados, aunque estaba bien seguro de que a ninguno de ellos cinco les importaban dichos hechos.
- Estáis peleándoos entre vosotros para decir lo mismo. ¡¿Es que no veis que no tiene sentido alguno?! TodavĂa me pregunto por quĂ© diablos ha sido Holanda invitada a este innecesario y cutre paripĂ©.
ExclamĂł Sylvester Rompaij, lĂder de la resistencia holandesa. Al contrario que Talbot, que era bajito y pelirrojo, Freire, que era moreno y alto, y Tiziano, que era rubio y de complexiĂłn atlĂ©tica, al igual que los otros dos, Sylvester tenĂa el pelo gris, recogido en una coleta y ya habĂa entrado en los cincuenta. Era obvio que habĂa decidido no preocuparse más por su fĂsico y tenĂa una buena panza. A Nicole le dio la impresiĂłn de que Sylvester llevaba en la cacerĂa toda su vida y que no le importaba mucho si morĂa antes de llegar a los sesenta.
Huxley, Alejandro y Tiziano intercambiaron una mirada nerviosa. La voz de Sylvester era grave, ronca y su forma de caminar, asĂ como de actuar, eran bastante bruscas. Al holandĂ©s parecieron no importarle demasiado esas miradas, ya que decidiĂł fijarse en la morena que actuaba como si era reuniĂłn ya-no-tan-secreta no fuera con ella. Sin embargo, le ofreciĂł su brazo para que Ă©sta bajara, seguramente a sabiendas de que Nicole los habrĂa hecho callar a todos antes de llegar a las teorĂas conspiratorias de sus compañeros de oficio.
- Estáis tan decididos a seguir argumentando tonterĂas para que sepamos quiĂ©n de los tres tiene el pene más grande que os habĂ©is olvidado de la chica.
VociferĂł Sylvester. Nicole ya se habĂa cogido a su mano para bajar, con lo que realmente no tuvo tiempo para sorprenderse ni asustarse al escuchar el bufido del holandĂ©s. Una vez con los pies nuevamente en el suelo, Nicole le dio las gracias a Sylvester y compartiĂł con Ă©l una sonrisilla cĂłmplice. Con seguridad, ninguno de los dos habrĂa acudido a esa reuniĂłn para nada secreta de no haber sido arrastrados por el irlandĂ©s pelirrojo.
Talbot, quiĂ©n ya habĂa conocido a la cazadora el pasado verano, la imitĂł y metiĂł sus manos en los bolsillos de su propia chaqueta. Cuando la rescatĂł la OCIR por allá Junio, Nicole habĂa sembrado, sin querer, la duda hacia el que una vez fue el sustituto de O’Connelly. Muchos de los irlandeses que se encontraban en la OCIR habĂan jurado alguna vez lealtad por la morena, asĂ que no fue una sorpresa que Talbot, que habĂa sido claro defensor de la misma durante la Ă©poca del Ser MĂstico, fuera elegido como nuevo General.
- Ya puedes hablar, muchacha.
Inquirió nuevamente Sylvester. Al igual que él, la cazadora miró a su alrededor para luego terminar mirándoles a los otros cuatro.
- Estáis hablando de por quĂ© estamos aquĂ, os preguntáis quiĂ©n o quienes nos han traĂdo, para quĂ©, o cuándo volveremos a casa. Sin embargo, yo me pregunto por quĂ© estamos nosotros aquĂ solos comportándonos como si esta reuniĂłn fuera secreta. Me habĂ©is interrumpido una videoconferencia con mi familia para hacerme bajar aquĂ, congelarme de frĂo mientras me cae aguanieve en la cabeza y os escucho llorar. Yo no tenĂa idea alguna de que la ONU os habĂa invitado por igual, sino yo misma habrĂa contactado con vosotros para reunirnos. ÂżQuerĂ©is seguir debatiendo sobre los motivos de nuestra asistencia aquĂ? De acuerdo, seguid. Pero yo voy a seguir preguntándome quĂ© diablos estamos haciendo que no estamos arreglando los problemas pasados que han tenido nuestras organizaciones. Casi todos somos nuevos en el cargo, pero nos conocemos. Hace una dĂ©cada que le jurĂ© lealtad a mi predecesor y buen amigo Joshiel Stevens. Y esa lealtad sigue intacta. DespuĂ©s de que la OCIR hiciera sus jugarretas y Alemania dejara tirado a Joshiel, no hemos vuelto a contactar con los demás, y eso es lo más importante, imprescindible y al 100% seguro de algo que debemos hacer. Yo tambiĂ©n quiero saber por quĂ© nos han traĂdo aquĂ junto con los Embajadores del Consejo de Seguridad de cada uno de nuestros paĂses, pero prefiero que antes unamos nuestras cinco organizaciones. Si no estamos unidos, nos vencerán y terminaremos muertos, y yo prefiero seguir viva.
El silencio invadiĂł aquĂ©l cĂrculo de lĂderes de la resistencia por varios minutos, hasta que Sylvester fue el primero en hablar y gesticular.
- Estoy de acuerdo, muchacha.
Por otro lado, Tiziano y Alejandro mantenĂan la cabeza baja, seguramente porque sus organizaciones habĂan reconocido que Joshiel Stevens y su organizaciĂłn estadounidense estaban perdidos y se habĂan hundido a ellos mismos, pero tambiĂ©n a los demás, y habĂan terminado abandonándoles a su suerte. Talbot, por el contrario y a pesar de ser el que los hubo llamado a todos, dio un paso adelante. Lo prĂłximo que hizo fue estirar una mano y la dejĂł con la palma abierta justo en el medio del cĂrculo que formaban.
- Quiero que la OCIR forme parte de esta alianza. Con o sin detalles, lo quiero.
Tiziano y Alejandro, que por fin dejaron de mirarse, también dieron un paso al frente. Alejandro posó su mano sobre la de Huxley y repitió las mismas palabras que el irlandés, aunque lo hizo mencionando su propia organización. Tulissi tardó un poco más, pero terminó por hacerlo también.
Luego vino el turno de Sylvester, quién posó la mano sobre las de los demás e hizo un juramento algo distinto.
- Yo y mi organización nos unimos a esta alianza de niños de patio de colegio si nos prometemos que no vamos a grabarnos ni a traicionarnos, ni blah, blah, blah. Me parece un juramento justo.
AñadiĂł y terminĂł por concluir el holandĂ©s. Luego todos miraron a la cazadora, quiĂ©n observaba aquellas manos pero no decĂa nada. Todos habĂan jurado algo que no habĂa sido pedido con demasiada prisa; casi como si estuvieran deseando formar alianza con otras organizaciones internacionales. Pero eso no le fue ninguna sorpresa para la cazadora, ya que ella misma habĂa estado pensando en la forma de reconectar y contactar con sus antiguos aliados para asĂ poder protegerse mutuamente.
La cazadora terminĂł por tender su mano sobre la arrugada y peluda mano de Sylvester. Luego los mirĂł a todos mientras hacĂa su propio juramento. QuerĂa asegurarse de que con la mirada y su voz conseguĂa que la respetaran y la temieran, aunque no demasiado.
- Quiero que mi organizaciĂłn mantenga la alianza y sea capaz de proteger y velar por la seguridad de sus hermanas. No quiero peleas, no quiero traiciones, no quiero sabotajes. Quiero a Alemania fuera y cuando sea el momento propicio, compartirĂ© mis planes para con dicha organizaciĂłn y su posible, o no, futuro inmediato. Quiero que ningĂşn cazador o soldado ataque a otros diferentes a Ă©l. Tengo brujas y super humanos en mi organizaciĂłn que un dĂa podrĂan cubrir las espaldas de los demás. Quiero comunicaciĂłn, y quiero verdad.
Uno a uno, los hombres fueron asintiendo. Tulissi mantuvo la cabeza más baja que los demás, y asĂ fue como Nicole supo que a Ă©l lo habĂa intimidado un poco más que al resto. Ella posĂł su mirada en las de sus ahora colegas, y asintiĂł con la cabeza, satisfecha.
- No sĂ© quĂ© ocurrirá mañana en la reuniĂłn del Consejo de Seguridad, pero hemos de estar unidos. La polĂtica es para los polĂticos. AsegurĂ©monos que nosotros luchamos por nuestros derechos y por los derechos de todos aquellos que están bajo nuestro cargo y protecciĂłn, sean del rango que sean, asĂ como por su seguridad y bienestar.
El CĂrculo de las Cinco, como asĂ hubo Nicole llamado a esa uniĂłn, se mirĂł, y asintieron todos a la vez. ÂżPodrĂa ser esa una nueva era para las relaciones internacionales de distintas organizaciones de cazadores? Nicole habĂa decidido que asĂ era. Y por eso sonriĂł orgullosa.
Ahora ya no estaban tan solos.
Sins of The Fathers. P3, Final.
Termino de secarme las manos con una toalla que he traje hace dos dĂas, y luego miro detrás de mĂ donde se encuentra el cadáver de mi padre. Liol no volverá a la vida esta vez, o nunca en realidad. Le he disparado cinco flechas modificadas con hechizos y dibujos varios que puedan impedir su resurrecciĂłn. Lo miro durante un par de minutos. Noto cĂłmo me cuesta tragar; como en realidad tengo la boca seca y mi pulso se acelera. Me duelen los ojos por todo lo que he llorado esta madrugada delante de Ă©l. Me duelen incluso más cuando un tĂmido rayo de sol consigue meterse dentro de la cabaña gracias a una pequeña esquina de la ventana de en frente de mĂ que no he tapado. Entonces miro el reloj y veo que son las seis de la mañana. Resulta que Liol y yo hemos tenido nuestra Ăşnica conversaciĂłn real de nuestras vidas.
Cuatro horas antes.
- Asà que tú estabas detrás de todo el plan fallido de los clones.
- SĂ.
- Pues resultĂł ser un plan un tanto chapuza, pero no me quejo de cĂłmo terminĂł.
- El plan inicial era coger a tu marido, conseguirle un clon, que Ă©ste conviviera contigo y te matara lo antes posible. Pero luego pensĂ© en lo mucho que disfrutarĂa si te lo hiciese a ti, asĂ que lo hice.
- Buen intento, aunque terminaste con todos los clones muertos. Oops.
- SĂ, sĂ. No lo esperaba en absoluto, asĂ que felicidades. Supongo.
- SĂ, bien. Tema zanjado. Hablemos ahora de los por quĂ©s.
- ¿De los por qués?
- De los “por quĂ© querĂas hacerlo”, de los “por quĂ© no nos puedes dejar”. De todos esos por quĂ©s.
- Porque disfruto haciéndolo.
- Bueno, supongo que lo mismo que estoy disfrutando yo esta sesiĂłn de tortura.
- Más o menos.
- Por qué mataste a mamá.
- Era un estorbo.
- ¿Para qué?
- Lloraba y trataba de protegerte a sabiendas de todo lo que hacĂa yo y dĂłnde debĂas terminar. TenĂas un legado que llevar a cabo y ella consiguiĂł que no lo hicieras.
- Kuddos to her.
- ¿Cómo está?
- No creo que te interese.
- Me interesa.
- Está feliz, casada, ha tenido otro hijo, y tiene un cutis maravilloso.
- Parece ser feliz.
- Lo está. Pero dejemos de hablar de ella.
- SĂ, hablemos de por quĂ© tienes las habilidades de la psicometrĂa y la resurrecciĂłn.
- Supongo que tengo suerte.
- Eso parece, pero no. EscuchĂ© que una tal Elanor, mentora de Sanders, os habĂa engañado.
- Y lo hizo. Pero no fue importante.
- Lo es. Si bien tengo entendido, todo lo que querĂa Elanor era que buscarais otras brujas… y que descubrierais vuestro pasado.
- Hemos… vivido nuestro pasado, asà que…
- No el vuestro sino el de vuestros antepasados.
- De acuerdo. Antes tenĂas mi curiosidad, pero ahora tienes mi atenciĂłn. Prosigue.
- Elanor no sĂłlo te querĂa para buscar otras brujas, porque eso es algo que cualquier persona podrĂa hacer. EscuchĂ© rumores… sobre Elanor diciĂ©ndote que volvĂas a ser bruja. No hay que ser muy inteligente como para saber que tu eres bruja porque la familia de tu madre lo ha sido siempre. Lo que no entendĂ de Elanor fue… Si quieres mangonear a varias personas para que hagan algo que tu quieres y de algo del que sĂłlo tu sabes el final y Ă©ste irĂa en tu contra, Âżpor quĂ© confiarlo en el enemigo? Pero entonces pensĂ© que Elanor podrĂa no ser más que una villana de poca monta. Es decir, que quisiera que vosotras cinco –perdĂłn, cuatro, descubrierais que habĂ©is estado unidas desde hace más que unos pocos años –o semanas.
- ¿Qué cuatro?
- Eso no puedo decĂrtelo, cariño. “Papá” ha hablado ya demasiado.
- Si no fuera porque me estás sirviendo de algo, te habrĂa cortado la lengua, asĂ que en eso estamos de acuerdo.
- Tu humor es algo que no entenderé jamás. Aunque bueno, yo tengo una vis cómica bastante única.
- Claro, porque es inexistente.
- ÂżVes lo que digo? Pero en fin. A lo que Ăbamos. SĂ© que no te gusta que me ande por las ramas…
- Me gustarĂa que lo hicieras y te cayeras de una rama en sĂ y te partieras el cuello, pero yo no puedo hacer mucho más que eso.
- Y luego pensé… que Elanor habĂa olvidado una parte tambiĂ©n importante. Tus hijos. Puede que tĂş ya no seas el Ser MĂstico, lo que me parte el corazĂłn, pero ellos han heredado, sin duda alguna, ciertas habilidades que tuviste tu. Lo que significa que cuando tus hijos crezcan, podrĂan ser una seria amenaza para todos los que estĂ©n en vuestra contra. Y no son pocos.
- No vuelvas a mencionarlos.
- ¿Por qué? Son mis nietos.
- No te importaron demasiado cuando los secuestraste por segunda vez y forzaste a mis hijos a matar a otras personas.
- Eso fue un malentendido.
- Un malentendido que pienso acabar yo hoy.
- Y lo harás.
- Bien, pues prosigamos.
- Supongo que lo que quiero decir es: puede que todos se hayan olvidado de ti porque ahora das más risa que miedo, pero hay muchos que no han olvidado la figura del Ser MĂstico. Saben que es una figura que aparece cada dos siglos, pero si el Ăşltimo ha tenido tres hijos… las probabilidades de que un Ser MĂstico aparezca mucho antes son infinitas. Hay toda una religiĂłn alrededor del Ser MĂstico que tu nunca supiste ver y que, si miras por el bienestar futuro de tus hijos, no querrás que ellos vean tampoco. Luego está el hecho de que Elanor y todos sus… “amiguitos” conozcan tu don, porque si puedes revivir a un humano… ÂżquĂ© nos hace pensar que no puede funcionar con otros seres? Y por Ăşltimo, igual de claro, está el hecho de que, en realidad, no sabes mucho de dĂłnde vienes. Creo que estás cerca porque encontraste el diario de Wilmot Redd y es importante, asĂ que confĂo en que en unos meses sabrás la verdad. “¿Es mala?”, te preguntarás. Pero no, no lo es. No te conozco como para saber si te gustará pero creo que eres curiosa y que, por lo tanto, disfrutarás investigando esto.
- Ahora veo la vis cómica de la que hablabas antes. Hablando como un padre ahora y demás. Me causa gracia.
- Que nos odiemos mutuamente no dejará nunca de decir que yo soy tu padre y tu eres mi hija. Obviamente, si me hubieras escuchado ahora estarĂas en otro lugar, siendo poderosa, dominando el mundo y todo eso. El sueño americano.
- Más como tu sueño.
- Pues sĂ, la verdad. Pero mi punto es: me impresionĂł que eligieras a los humanos cuando todos te habĂan tratado mal.
- Es lo mismo que ahora que confĂo en amigos que no son del todo humanos.
- Me impresionĂł que te casaras y tuvieras una familia.
- Shit happens.
- Por un tiempo pensé que estabas hasta demasiado ida como para poder liderar a todo el Infierno, pero entonces te casaste. Dos veces, claro.
- Fun times.
- Por supuesto. Y entonces, te enfrentaste a Pilares y Guardianes sin tener poder alguno.
- Soy una fuera de serie.
- En eso estamos de acuerdo.
- Bien.
- AsĂ acaba esto, Âżeh? ÂżTu haciendo como que estás orgulloso de mĂ, yo intentando hacerte creer que no me importa?
- ÂżNo es lo que querĂas?
- No. QuerĂa que sufrieras, que lloraras, que me suplicaras por tu miserable vida. QuerĂa que me pidieras disculpas por todas las cosas que me has hecho.
- Que sea lo que soy no quiere decir que no te quiera.
- Ahórrate las mentiras, papá.
- Bueno, eso ha sido interesante.
- Mi cerebro se ha tirado un pedo. IgnĂłralo.
- Yo os quise. A tu madre, a Claire y a ti. Pero siempre he tenido un propĂłsito que debĂa llevarse a cabo.
- Claro, porque eso era lo importante. Felicidades, Liol. Buenas y acertadas prioridades.
- Mi misiĂłn ha estado escrita desde el dĂa de mi creaciĂłn. No podĂa permitir que dos humanas y un Ser MĂstico me hicieran cambiar de opiniĂłn.
- Es lo que yo hice.
- SĂ, y mira quĂ© bien te ha ido.
- Tengo una familia, tengo amigos, tengo un buen equipo. No puedo quejarme.
- Pero no tienes un padre.
- Nunca lo he tenido.
- Auch.
- Pusiste el esperma y la maldad, pero ahĂ acabĂł todo.
- Tu sĂłlo querĂas que te quisiera. ÂżPor quĂ©?
- ¿Por qué? ¿De verdad me preguntas eso? Porque es necesario. Porque lo necesitaba y lo he necesitado hasta hace bien poco. La fastidiaste pero no me he permitido cometer los mismos errores. Encontré a Richard cuando era una adolescente. Él me da estabilidad y antepone a su familia por delante de todo. Eso es un hombre, eso es un padre.
- Muy bonito.
- ¿¡Es que no lo comprendes?! ¡¿Sabes lo difĂcil que ha sido crecer para mĂ?! Mi padre y mi gemela siendo asesinos, mi madre siendo asesinada por ambos, yo quedándome huĂ©rfana y rodando de casa en casa de los amigos de mamá… viendo cĂłmo los mataban a todos porque me querĂan a mĂ. ¡¿Sabes lo que es eso?! CrecĂ… sola, sintiendo que no era suficiente para nadie. Jamás me permitĂ el lujo de querer a nadie porque todos terminaban muertos, Âży sabes quĂ©? Me… me centrĂ© tanto en hacerme la fuerte, la independiente, una asesina… pero tanto, que comencĂ© a pensar que nadie me querĂa y que nadie deberĂa quererme nunca. Y todavĂa hoy, cuando miro a Richard, a mis hijos… TUS NIETOS, a mis amigos. TodavĂa hoy me pregunto cĂłmo y por quĂ© me quieren tanto que darĂan su vida por mĂ. TodavĂa me pregunto si soy suficiente, si soy buena para alguien, si soy buena en algo. Y siempre termino apuntándome a misiones kamikaze porque tengo miedo de decepcionar a los que me rodean. Tengo miedo de que me abandonen. Tengo miedo a no saber si lo que siento por los demás es amor o no lo es. Me… me corrompiste. Corrompiste todo lo puro que habĂa en mĂ.
En ese momento, Ă©l me mira y parece estar roto. No comprendo por quĂ©, pero entonces se me cruza por la mente que, tal vez, Ă©l parezca estar roto porque yo estoy rompiĂ©ndome delante de sus ojos. Me dejo caer de rodillas al suelo quedando delante de Ă©l. No quiero llorar, pero lo hago al mirarle a los ojos. De repente, ya no me parece tan malo. Lo es, porque lo sĂ© y porque lo siento, pero al final de dĂa, Liol McAllister es mi padre. Entrelazo mis manos haciendo con ambas un puño enorme. Las pego a mi pecho y comienzo a llorar, y es entonces cuando sĂ© que me he roto completamente. ÂżPor quĂ© y cĂłmo hemos llegado a esto? SĂ© cĂłmo hemos llegado hasta aquĂ, porque Ă©l ha sido siempre un ser horrible que merece la muerte, Âżpero cĂłmo puedo estar yo llorándole a Ă©l?
Él tuerce el gesto y noto cómo le tiemblan los labios. Se me forma un nudo en la garganta y decido que ya no quiero retener más los gimoteos y los lagrimones. Y entonces le grito y le golpeo, porque es lo que siento.
Pero entonces me mira y señala la ballesta. Yo me seco las lágrimas con mi dedo pulgar, me levanto, la cojo y se la muestro. Él estira su cuello en mi dirección hasta que con un gesto, implica que la ballesta está en la dirección justa del dentro de su frente. Yo enarco una ceja porque creo que me está suplicando que lo ejecute. Pero entonces él habla.
- No voy a pedirte disculpas porque todo lo hice por una razĂłn. No voy a mentir, disfruto y he disfrutado siempre causándote daño. Christopher es más parecido a ti que Melissa, por eso le obliguĂ© a matar. ÂżY sabes quĂ©? Que le gustĂł. Le gustĂł tanto como a ti te gusta torturar. Porque a mĂ no me engañas, pero lo adoras. Te lo niegas a ti misma porque sabes que Richard te dejarĂa si supiera lo mucho que te gusta causar daño a todo aquĂ©l que sea ajeno. QuerĂa matar a Robyn porque esa mocosa no debĂa existir.
Ahora la ballesta está más cerca de su frente que de mi cuerpo. Lo estoy haciendo de forma consciente, igual que sé que él me dice todo esto para forzar su asesinato. Y lo peor es que todo lo que dice es cierto, y que lo acepto, porque es asà como le he conocido durante toda mi vida.
- QuerĂa secuestrar a tu amiga rubia, la brujita. Es atractiva y tenĂa grandes planes para ella. Pero no pudo ser, porque nunca la dejabas sola. QuerĂa haber matado a Richard de forma lenta y dolorosa, pero pensĂ© que la mejor forma de hacerte daño serĂa si le borráramos la memoria y no te recordara. PlaneĂ© que juguetearan contigo en el infierno hace años, pero resultĂł ser que habĂan ciertos compañeros a los que les gustabas en exceso, y de forma indirecta terminĂ© participando en todas aquellas violaciones. Las disfrutĂ©, la verdad. No es que te viera porque serĂa algo asqueroso, PERO… digamos que sentir todo lo que tu sentĂas fue interesante.
Disfruté haciendo todo lo que te hice de pequeña y ahora, siempre lo haré. Incluso aunque me mates para siempre.
 Decido que esto serĂa lo Ăşltimo que Liol dirá en su miserable vida. Apunto justo en el centro de su enorme y cuadrada cabeza, y entonces aprieto el gatillo de mi ballesta. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.
Cinco son las flechas que he disparado. Una en la cabeza, otra en el cuello, otra en su torso, otra en su entrepierna, y otra en su corazĂłn. Observo su cadáver durante unos diez minutos y metido lo mucho quĂ© me ha dolito esto. No lo esperaba, pero aquĂ está el sentimiento de culpa. No es algo que deba sorprenderme porque suelo sentirme culpable a menudo, pero matar a Liol siempre habĂa sido una meta y ahora que la he cumplido, me siento vacĂa. VacĂa porque, en parte y al matarlo, me he convertido en Ă©l durante unas horas. VacĂa porque sĂ© que jamás quiso ser mi padre, que no me amĂł y que yo sĂłlo fui una herramienta importante que pudiera utilizar para sus malĂ©volos planes. Me siento vacĂa y triste porque mamá amĂł a este hombre hace mucho. Me siento vacĂa porque todo lo que he sufrido por culpa de este ser no tiene nombre.
Vuelvo a secarme las dos lágrimas tĂmidas que recorren mis mejillas porque me niego a llorarle. Luego me giro y me acerco hasta el mueble donde he depositado todas las armas y herramientas, ahora ensangrentadas, en el estuche de piel. Lo pliego sin miramiento, ya que tengo prisa por salir de este lugar y olvidar estos tres dĂas de finales de Noviembre.
Me encargo de meter todas mis cosas en la mochila. Batallo un poco con ellas porque, de forma ya habitual, meter algo en una bolsa cuando ha sido utilizado cuesta siempre más. Es como cuando enrollas bien unos auriculares y acaban con nudos por todos lados dentro de tus bolsillos. Es un rito por el que todos hemos de pasar.
Cierro la mochila, me cuelgo la ballesta en un hombro y me ocupo de encender una cerilla utilizando la fricciĂłn del mueble que tanto ha sostenido por mĂ esta noche. Rápidamente aparece una tĂmida llama que se extiende de forma peligrosa hacia mis dedos. Le hecho un Ăşltimo vistazo al cadáver de mi padre y le lanzo la cerilla porque sĂ© que es irĂłnico que Ă©l haya vivido tanto en el Infierno y que su vida termine por mĂ quemándole a Ă©l.Â
Las llamas prenden rápidamente el cadáver, pero se extienden de igual forma hacia las cortinas y todo mueble y sofá de madera que hay en esta cabaña. Mientras observo cómo el fuego destroza el cuerpo de Liol doy pasitos hacia atrás, guiándome hasta la puerta. Una vez que estoy fuera veo cómo ya las llamas comienzan a esparcirse y salen por todos los lados de la cabaña. Me alejo por mi propia seguridad mientras durante varios minutos observo el fuego. No necesito quedarme hasta el final, pero lo hago de igual forma.
Cuando sĂ© que el fuego ya ha cumplido su parte, miro hacia arriba y veo cĂłmo el sol está ya en su máximo esplendor.  Son las ocho de la mañana. SonrĂo porque el sol me hace sentirme no tan vacĂa, pero sĂ cálida. SonrĂo porque sĂ© que con el dĂa de hoy empiezo un nuevo capĂtulo de mi vida.
Y por primera vez en mucho tiempo, me siento en paz conmigo misma.
chapter: Sins of The Fathers. P2.
Han pasado ya más de cuarenta minutos desde la hora que Liol habĂa acordado y no he visto a nadie. El frĂo, el viento y la lluvia me han calado hasta los huesos y noto cĂłmo los dedos de mis pies, a pesar de llevar dos calcetines de invierno y unas botas de montaña, se están helando. He hecho tres barridos a la zona pero tampoco he visto nadie. ÂżMe ha dado calabazas mi propio “padre”? Niego con la cabeza y sonrĂo de forma sarcástica porque, hasta hace muy poco, no le habĂa llamado asĂ. Puede que me estĂ© ablandando.
Escucho el crujir de unas hojas a mis seis, asĂ que me doy la vuelta rápidamente empuñando mi ballesta. Hecho un brazo hacia atrás para coger una flecha del carcaj y la coloco en el lugar correspondiente de mi arma. Estoy a punto de disparar cuando veo una figura negra, alta y fuerte a unos treinta metros de mĂ. Espero por si alguien más le acompaña pero las alarmas del perĂmetro no han sonado, asĂ que nadie más viene ni por aire, ni por tierra. Comienzo a andar en direcciĂłn a la figura. Primero apoyo un pie y luego otro, con las rodillas dobladas por si debo agacharme o lanzarme al suelo en caso de estar en peligro. La figura no se mueve con lo que intuyo que o bien está esperando que ataque yo, o que está herido.
Me he acercado lo suficiente a la figura como para asegurar que se trata de mi padre, Liol. Está de pie y parece cansado. Su traje de corbata y chaqueta tiene varias manchas de sangre seca; su barba larga y gris ha desaparecido y ahora es calvo, las bolsas de sus ojos me indican de que hace mucho que no descansa, “¿pero para quĂ©? Es un pilar y esos bastardos no descansan nunca”, me digo. Me detengo y mantengo una posiciĂłn de ataque, todavĂa apuntándole con mi ballesta. Él no hace amago alguno de moverse, pero sonrĂe.
- Nicole, dice.
Por vez primera en un par o tres de años, Liol me ha llamado por mi nombre. Sé que quiere provocar pero no voy a dejar que me engañe. Asiento con la cabeza para darle confirmación de que le escucho, pero que no quiero saber nada de él.
- Llegas tarde, le digo. Porque sĂ. Porque llega tarde y porque no lo aguanto. Mi tono de voz está lejos de ser amenazante, y sĂ© que es porque la emociĂłn y la adrenalina ya corren por mis venas. Me noto realmente activa; parezco más rápida. Más de todo, en realidad.
Detengo mis pensamientos cuando Liol da un paso adelante. Instintivamente disparo con mi ballesta y le alcanzo el muslo superior derecho de una pierna. Él grita y maldice, pero yo desconecto la audiciĂłn y lo miro. Lo miro con disfrute pero tambiĂ©n con cierta perplejidad, ya que con anterioridad, herirle habĂa sido toda una Odisea.
- ¡¿Te has vuelto loca?!, exclama.
- Viene de familia, creo.
Él gruñe nuevamente e intenta levantarse, pero no puede. Extiende una mano en mi direcciĂłn y por acto reflejo, le vuelto a disparar una flecha. Esta vez alcanzándole en la palma de la mano que habĂa extendido. Vuelve a gritar y vuelve a maldecir, pero para mĂ, su voz y sus gritos no son más que ecos del pasado que continĂşan repitiĂ©ndose cada vez que cruzamos nuestros caminos. Entonces le miro, todavĂa debatiendo conmigo misma. Todo esto está yendo demasiado rápido y está siendo demasiado fácil. Puede que no me equivoque cuando digo que Liol parece estar… dĂ©bil. Es algo muy raro. Es entonces cuando me agacho mientras le miro y Ă©l continĂşa hablándome, pero a estas alturas, “el censor de la voz de Liol McAllister” está funcionando a toda mecha. SonrĂo porque, en el fondo, sĂ© que siempre le ha tenido que molestar que tanto Claire como yo lleváramos el apellido de mamá primero. Y que, en consecuencia, despuĂ©s de que muriera Claire en 2003, yo cambiara  el Williams por el McLaughlin que mi madre ha adoptado desde que naciĂł mi hermano Finneus en 2006. Eventualmente,  mantuve el “Williams” por no confundir más a todos aquellos que me conocĂan. LlegĂł un momento en el que tenĂa tantos apellidos como nombres tienen los protagonistas de una telenovela mexicana.
Ya me he agachado hace un par de minutos, asĂ que cojo la manguera con mi mano derecha mientras con la izquierda sigo cogiendo la ballesta. Estilo el dedo pulgar unos centĂmetros más debajo de la cabecilla de la manguera y doy paso al agua. Cuando he llegado esta tarde, he mezclado agua bendita con la poca que ya habĂa en la bomba de agua. Espero a que la presiĂłn sea suficiente y cuando lo es, alzo la manguera y dirijo el chorro de agua hacia la figura de Liol. Éste alza los brazos, como dándose por vencido. Admito que Ă©sta sea, posiblemente, la peor táctica que he hecho en mucho tiempo (supera incluso a aquella vez en la que matĂ© a un demonio con la punta de un paraguas), pero deberĂa haber funcionado. Confundida, me acerco todavĂa más a su posiciĂłn hasta que me quedo apenas a una distancia de tres pies mĂos, lo que es una distancia bastante corta. “Es lo que tiene ser menudita”, me digo.
- No soy un demonio. Ni un Guardián.
Now, now. Esta revelación no la esperaba en absoluto. Por eso, cuando Liol abre la boca para seguir explicándome por qué no está lleno de ampollas en su piel, dirijo el chorro de agua a su boca para que se calle. Mi rostro es impasible.
Noto cĂłmo la presiĂłn del agua mengua de forma considerable, por lo que dejo caer sin miramiento alguno la manguera, lo que hace que en pocos segundos todos mi alrededor termine siendo un barro espeso y que yo maldiga y me queje por no haber pensado en las consecuencias mucho antes. Pero entonces, me digo que no estoy aquĂ para batallar conmigo misma sobre cĂłmo voy a quitarle el barro a estas botas, con lo que, sin pensarlo demasiado, le sonrĂo a Liol y le atizo en la cabeza con el mango de mi ballesta. Observo cĂłmo sus pupilas se dilatan y cĂłmo cae lentamente en el barrizal. Luego miro a mi alrededor porque no las tengo todas conmigo sobre lo de estar sola. Suspiro de alivio porque sĂ©, que una vez que entre en la cabaña que he elegĂ hace un par de dĂas, nadie ni nada más podrá entrar para impedir que termine con la vida del hombre que, en parte, me dio la vida.
                          ***
Creo que he subestimado mi propia fuerza porque he conseguido arrastrar el pesado cuerpo de Liol dentro de la cabaña en menos de cinco minutos. Puede que sea la adrenalina que me hace convertirme en Hulk, y eso es algo que no me disgusta del todo.
Me he asegurado de atar bien a Liol en una vieja silla de madera que habĂa en la cabaña. Igual que me he ocupado de reforzar varios puntos dĂ©biles que podrĂa tener la casa, aunque, por una vez, creo que Liol dice la verdad… y que está solo. AsĂ como ese pequeño asunto de no ser más un Guardián. Quiero decir, para alguien que gritaba a los cuatro vientos que era inmortal y que nadie podrĂa quitarle jamás sus poderes, ni sus privilegios… Awkward.
Miro el reloj y veo que han pasado quince minutos desde que le he dejado K.O. Me giro a mi derecha y cojo una frĂa jarra con agua. Me coloco delante de Liol, alzo el brazo con el que he cogido la jarra, y dejo que el agua que hay en Ă©sta caiga de forma abundante sobre su cabeza. Él despierta casi al momento. Y de nuevo, todo lo que sale de su boca vuelve a ser censurado por mi mente y mi audiciĂłn. Ambas hacen un buen equipo.
- Bien, Bastardo Durmiente. –digo mientras dejo la jarra en la mesa de madera donde ha estado antes. Luego me giro y le miro, orgullosa de mĂ misma. Su lenguaje no verbal me advierte de que su cuerpo está tenso y que se muere por matarme (jejeje), pero que psĂquicamente, está dĂ©bil. Pues bien, nos centraremos en eso.- Hablemos de eso que dices sobre lo de no ser ya ni un Pilar, ni un demonio.
- Es como estar en la consulta de un psicĂłlogo. Si hubiera estado en uno, claro.
Y ahà está. La arrogancia de Liol McAllister en estado puro. Frunzo el ceño porque, tal vez, y lo digo como una posibilidad, haya heredado esa arrogancia suya. Pero decido que no y me convenzo de que mi arrogancia es mucho mejor, because of reasons.
Para mi sorpresa, él responde a mi pregunta y su respuesta me deja atónita.
- Harrison, Stephen y yo peleábamos por un ascenso. Resulta que Harrison y Stephen son ahora cercanos, asà que me arrebataron mis poderes y mis privilegios para dejar de ser la competencia. -admite.
SĂ© que pierdo la oportunidad de preguntarle "por quĂ©" y "cĂłmo", pero es que Ă©l ha comenzado a estirar su cuello como para ver lo que hay detrás de mĂ y eso me ha desconcentrado. Él se sorprende, sonrĂe y alza ambos pulgares, a pesar de estar maniatado. "Ya habrá tiempo para seguir con el interrigatorio", me digo.
- AsĂ que vas a torturarme. Slow clap.
 Yo asiento y entonces disfruto de la ironĂa que hay en toda esta situaciĂłn. Me aparto para que vea todo el arsenal que he traĂdo, que no es poco.
- Lo más divertido e irĂłnico de esto es que todas aquellas aberraciones que me enseñaste cuando tenĂa ocho años, van a terminar mordiĂ©ndote el trasero. Puede incluso que para cuando acabe, no tengas uno.
Ésta vez me sorprendo, porque su respuesta pasa a ser una larga y sonora carcajada. Le miro no comprendiendo lo que quiere decirme con eso, pero él niega con la cabeza.
- Muy valiente. –responde- Vas a torturar a un hombre indefenso al que has atado para que no pueda alzarte la mano. Es… muy valiente.
 Ah no, eso sà que no. Me giro a mi estuche de piel donde he depositado todo el material y cojo un pequeño cuchillo para empezar. Luego me acerco a él y le hago un tajo en un antebrazo. Él grita pero para sorpresa de ambos, me veo quitándole las ataduras de los pies.
- Ahora puedes ponerte en pie y tratar de pegarme una patada. –le digo. Vuelvo a colocarme delante suyo y le miro desde una posiciĂłn de poderĂo. Quiero que se sienta menos de lo que es; quiero que sea sumiso. De hecho, quiero obligarle a que se sienta asĂ.- Pero no eres un hombre inocente. De hecho, jamás has sido solamente un hombre. Has sido un bastardo sin corazĂłn que se ha aprovechado de la inocencia de sus hijas durante toda su vida. Me enseñaste a torturar cuando tenĂa cinco años porque, si no lo hacĂa, me obligabas a vivir en el infierno durante dĂas. Me obligabas a bajar allĂ, a conocer a todos tus amigos para meterme miedo porque, si no os ayudaba, terminarĂais matándome. Por eso engañaste a Claire y conseguiste llevártela contigo. Ella no era tan poderosa como yo, y tu querĂas forzarme a sufrir todas tus torturas y castigos porque sabĂas que harĂa cualquier cosa para tener a mi gemela de vuelta. ÂżY sabes quĂ©, “papá”? –le digo, entonando la Ăşltima palabra y mostrándole el desprecio y el resentimiento que todavĂa le tengo.- Que tu, Harrison, Stephen y todos los demás vais a pagar por todo lo que hicisteis. Tu pagarás hoy, puede que Harrison pague mañana o que lo haga Stephen, pero por ahora… voy a disfrutar de que alguien como tu, que se ha pasado su vida diciĂ©ndome cuán importante, poderoso y temible eras, estĂ© sentado ante mĂ, maniatado a sabiendas de todo lo que voy a hacerte. Y debo advertir de que he mejorado la tĂ©cnica, “papá”. –repito- Y por suerte para ti, vas a ser el primero en probarlo.
Sin pensarlo dos veces, le clavo el fino puñal en uno de sus costados. Lo debilitará pero no lo matará de forma inminente. Él exhala aire y echa la cabeza hacia atrás mientras se muerde el labio inferior. Su respiración es cada vez más rápida y casi puedo sentir su miedo. Bien.
- No tuviste el… valor de... matarme cuando eras el ser mĂstico. Y no… no lo harás ahora que no eres más que una bruja cazadora. No eres fuerte. No eres suficiente.
Le miro, ésta vez sorprendida. Su afirmación no es más que algo que me he repetido yo durante años, pero se me ha hecho extraño el escucharlo de sus propios labios y voz. Noto cómo me tiemblan los labios, pero impido que él pueda verlo. No, no voy a ser débil. Y no, no voy a sentir pena por él.
- Ese es el punto importante. –confirmo- Siempre tuve miedo de perder el norte porque era realmente poderosa siendo el ser mĂstico, Âży sabes quĂ©? Que aprendĂ de todo aquello. Ser fuerte es luchar. Es duro, y es doloroso, y es algo que hago todos los dĂas. Es lo que tengo hacer, y como tengo que ser.
 Mantengo mi mirada y la clavo en la suya. Él entonces hace una mueca de dolor que me confirma que mis habilidades están en pleno rendimiento. No puede llevarse la mano al pecho porque está maniatado, pero sà baja su mirada hacia mi mano, que se encuentra ahora en el interior de su torso. Sin pestañear y muy a mi pesar de estar tocando algo de consistencia gelatinosa, saco la mano sosteniendo su corazón negro y pútrido. Se lo enseño antes de que muera.
- Esto confirma mi teorĂa de que nunca tuviste uno. –murmuro.
Al segundo, veo cĂłmo la vida desaparece de sus ojos. Como ahora su mirada está vacĂa, asĂ como su ser lo ha estado durante cientos de años. Abro la mano, que todavĂa gotea con toda esa sangre roja y espesa, y dejo que su corazĂłn caiga al suelo sin hacer demasiado ruido. Me acerco al cuerpo de Liol, le coloco ambas manos en su frente y a los pocos segundos comienzo a notar ese ardor; ese dolor en el pecho que ha sentido Liol. Porque asĂ funciona mi poder de resurrecciĂłn. Siento todo lo que la persona muerta ha sentido antes de morir. Noto cĂłmo me cuesta respirar, pero sĂ© que no corro peligro alguno. Su dolor y su muerte no tienen efecto en mĂ cuando los resucito.
Observo minuciosamente cómo sus ojos vuelven a tener vida, cómo su torso vuelve a cerrarse, cómo sus pulmones vuelven a funcionar, y cómo me mira. Ésta vez parece estar asustado.
- Lección número uno: tu hija es ahora más poderosa y está más cabreada que tu. – le digo. Entonces me giro y cojo una guadaña cuya hoja tiene forma de “C”. La cojo con ambas manos mientras se la enseño.- ¿La recuerdas? La utilizaste para torturar a mamá durante seis eternidades. Pues bien, puede que haya aprendido un truco o dos…
Le clavo la guadaña en el abdomen, haciendo que al momento, chorros de sangre caliente salgan de un tajo bastante lago. Flexiono las piernas, al igual que los codos, para sacar la guadaña de la herida. Pesa. Una vez que está fuera, la alzo por encima de mis hombros, calculo la fuerza, y ésta vuelve a hacer el mismo recorrido que minutos antes. Se la vuelto a clavar en la herida, haciéndola ahora más grande.
Odio hacer esto. PrometĂ hace mucho que no dedicarĂa un minuto más a la tortura, pero nadie sabe (ni Richard), realmente, la totalidad de todo lo que Liol nos hizo a Claire, a mamá y a mĂ. Puede que pierda la cabeza despuĂ©s de esto, o puede que no, pero es matarle o esperar a que nos maten. Y no voy a darle otra oportunidad de acercarse a mi familia.

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Sins of the Fathers. P1.
Vuelvo a mirar la nota por dĂ©cima vez ya que todavĂa no puedo creer el mensaje que hay escrito en ella. Dos gotas de sangre manchan la Ăşltima frase del mensaje. Es entonces cuando me giro y observo el cadáver de Francis Doyle, el traidor de Fort Hood que se habĂa infiltrado meses atrás para poder entregarme a mi padre, Liol. No me siento cĂłmoda con el asesinato pero era algo que debĂa ocurrir. Matar a Liol habĂa dejado de ser un deseo para pasar a ser una realidad. Por fin, esta noche, darĂ© carpetazo a mi pasado y podrĂ© olvidarme de su estĂşpida, inevitable y bastante problemática existencia.
SĂ© que no las tengo conmigo para quitarle la vida y que posiblemente acabe malherida, y hasta puede que muera, pero necesito hacer esto. Y necesito hacerlo sola. Arrugo la nota con la clara idea de hacerla añicos pero termino por doblarla y guardarla en mi bolsillo. Liol me ha citado en un par de horas y yo todavĂa me encuentro a pocos kilĂłmetros de Fort Hood. Cojo mi mochila, me la coloco bien en la espalda porque hace tanto que no llevo una mochila que me pone nerviosa. O tal vez sea el hecho de que he matado a una persona y estoy dispuesta a matar a otra en unas horas, pero quiĂ©n sabe. Decido que la primera opciĂłn es la mejor y me escudo en ella. Luego miro al frente para ver la puesta de Sol que se extiende a mi izquierda, y luego miro el reloj. Son las cinco y veinte de la tarde y la temperatura actual es de 0ÂşC. Pienso en abrazarme a mĂ misma porque hace frĂo pero algo ha cambiado en mĂ. Hace tiempo que lo he notado pero no he querido pensar demasiado en ello. El frĂo me quema, y no es algo muy normal. He vivido bajo el mismo techo con mi familia durante dos semanas y les he podido engañar. No me siento orgullosa de eso, pero no quiero que sepan que Kane no ha sido jamás mi hermano; sino que era un pobre chico al que Liol habĂa engañado, amenazado y matado hacĂa mucho. SĂ© que cuando vuelva tendrĂ© que explicárselo a Ricky, y sĂ© que se enfadará. Y tendrá todo el derecho: ÂżquiĂ©n no se enfadarĂa cuando su esposa le ha engañado tantas veces? Casi ocho años despuĂ©s todavĂa no entiendo por quĂ© o cĂłmo Ricky me ha aguantado tanto. No es que no me alegre, porque le amo tanto que hasta me duele, pero no soy una buena persona. No tanto como lo es Ă©l.
Decido apartar a Richard y a mi familia en lo más profundo de mi mente y entonces me concentro en Liol. Él siempre ha sabido que mi familia es mi debilidad, pero lo que no sabe es que ahora ya no lo es. Son mi fortaleza.
Me abro camino por el frĂo bosque a medida que va anocheciendo. DeberĂa encontrar una vieja casa a unos veinte kilĂłmetros, y es ahĂ donde planeo terminar con todo. Traigo conmigo todo tipo de utensilios que pueden ayudarme a llevar a cabo mi plan, pero tambiĂ©n debo ser inteligente y utilizar mi ingenio. Liol es un ex-pilar, y seguramente traerá consigo una buena escolta. Al igual que Harrison, Liol farda siempre de ser poderoso y de estar rodeado por gente que lo idolatra, y eso, eso precisamente… es su debilidad. Y yo ahora sĂ© cĂłmo quitármelos de encima.
SonrĂo y niego con la cabeza porque, por vez primera, estoy segura de mĂ y de mis habilidades.Â
I’d sit this one out, Cap. I don’t see how I can. These guys come from legend. They’re basically gods. There’s only one god, ma’am, and I’m pretty sure he doesn’t dress like that.