Hard Times Come Again No More. P2.
Agachada entre la maleza congelada y todavía bajo la nieve, Nicole se alegró de alegró de haber añadido capas de tejido anticongelante en el traje enterizo que ahora vestía, así como se alegraba de haber traído botas de montaña. Zane y Kahlan no le habían dicho dónde exactamente dónde se encontraba Rhian, con lo que el frío, la nieve e incluso el hielo habían sido sorpresas non-gratas para la cazadora.
Miró hacia su derecha, donde a menos de dos metros se encontraba Kahlan. La estudió durante un par de minutos ya hasta de analizar el castillo que tenían a unos cien metros, así como el bosque que las rodeaba. Kahlan parecía querer ayudar de verdad; de corazón. Y aquél fue un hecho de conmovió y preocupó a la vez a Nicole.
¿Por qué había cambiado tanto Kahlan? ¿Tando efecto había tenido el engaño de Elanor hacia ella? Pero entonces, la cazadora se dijo que sí, porque a ella misma le ocurriría lo mismo.
Luego miró a Zane, quién charlaba con Caireen, aunque en realidad parecía que estaban debatiendo la ejecución de un plan del que nadie había informado ni a Kahlan, ni a ella misma. Y por eso, mientras Caireen y Zane terminaban de charlar, que la cazadora puso ambas rodillas en la nieve y se colocó un gorro de lana bien gorda en la cabeza. No cubría toda su melena pero aquello era lo de menos.
Mientras, pensaba en Caireen. Parecía ser una persona realmente poderosa y tenía muy claro que la gente, así como otros seres mágicos, la respetaban tan sólo con mirarla. Pero aquél efecto, y ya siendo algo normal, no lo había tenido en Nicole quién ya antes de que Elanor las traicionara, dijo que no confiaba en ella. ¿Debía sentirse o pensar igual en lo referente a Caireen, o resultaría Caireen ser alguien que ayudaba sin motivación oculta alguna? Entonces pensó que la tendría, porque siendo honestos, ni la vida de Nicole ni la de Rhian eran importantes para nadie. Eran dos brujas; dos cazadoras más. No eran nadie importante. Pero entonces… ¿por qué estaba Caireen con ellas?
- Rhian es afortunada por tenerte –le dijo Kahlan a Nik, su mirada en cambio estaba incada en lo que se extendía frente a la maleza tras la que se ocultaban. No había movimiento alrededor de la edificación de aquella propiedad, probablemente ni si quiera los inmortales andaban con ganas de soportar el gélido ambiente de afuera. Entonces, la rubia miró a Nicole –Se alegrará de verte.
-¿La sientes? –inquirió Zane a Caireen, una vez llegaron a un acuerdo en cuanto al plan. Caireen tenía razón, si aparecían todos como una manada de perros rabiosos perderían cualquier factor sorpresa, era importante que Eleanor pensase que venían solas, que se regozijase, lo importante no solía ser quién reía primero, sino quién reía último.
-Sí. Puedo distingirla entre todas las demás –Caireen arrugó apenas el ceño –Pero está débil. Y asustada. Sigue viva, eso significa que Eleanor aún no tiene el libro. Es una buena señal.
-Ya. Díselo a ella –murmuró Zane, y ante la mirada confundida de Caireen se movió hacia Nicole y Kahlan, agazapándose junto a la primera –Nos acercaremos ahora. ¿Estás preparada? Quédate siempre detrás de Caireen, ese traje puede ser útil contra las balas, pero no van a dispararte. Son malditos, inmortales, brujos y druidas. No necesitan pistolas.
Nicole no había terminado de sonreírle y agradecerle el gesto a Kahlan cuando tuvo bien cerca a Zane. Entonces escuchó las palabras de la morena de forma atenta, aunque nada de lo que le dijera sería una sorpresa. Asintió, porque no era la primera vez que Nicole participaba en una misión como esta. Había sido soldado y entendía las órdenes y las tácticas, y puesto que Zane parecía tener el cargo de líder, la General de la OCEU decidió que no la desobedecería... todavía.
- Sí, claro. -respondió- Aunque no son balas normales. No te preocupes por mí, sé protegerme.
Sanders frunció los labios. En algún momento se había dicho que no se preocuparía por nadie, se había convencido de que era lo mejor, después de todo solo había hecho que fastidiarla siempre. Pero acababa de descubrir que era una misión perdida de antemano, preocuparse era inevitable. Asintió a Kahlan cuando ésta le devolvió la mirada, su hija le preocupaba menos que ella misma, después de todo era tan inmortal como ella y tenía el plus de conservar su magia, ella en cambio solo contaba con sus puños y piernas. Y no es que se le diese mal, pero se había acomodado tiempo atrás, siempre refugiándose en su magia.
Kahlan y Zane se incorporaron cuando Caireen lo hizo, avanzando campo a través hasta la cerca que separaba el bosque de la propiedad privada. Estaba empezando a nevar.
- ymosodiadau –murmuró Caireen.
Pudo oírse un rugido desde el cielo. Y aunque solo se distiguió una enorme ala negra y con contados toques rojizos, no fue difícil imaginar de qué se trataba. El dragón descendió desde lo más alto, por fin mostrándose y no dirigió su vuelo hacia otra parte que la gran mansión. ¿Puertas? No necesitaba puertas, a la velocidad en la que descendía bastó para que se precipitase contra el muro del segundo piso, la dura y fría roca que guardaba las paredes rompiéndose.
Para ese entonces, las cuatro que iban por su cuenta ya corrían campo a través, y el ceño de Kahlan se frunció cuando algo en todo aquél verde que empezaba a helarse y a cubrirse de blanco distinguió unos barrotes. Era una jaula.
Nicole corría junto a las demás como si la vida le fuera en ello porque, en realidad, se le iba. Al igual que Kahlan, la cazadora también vio la jaula pero entonces, vislumbró una melena rubia. Y entonces, lo supo. Lo supo porque desde que conoció a Rhian que ambas habían tenido una conexión especial y podían percibir la presencia de la otra, pero era obvio que después de tanto tiempo aquella conexión ya no fuera tan fuerte.
- Creo que es Rhian. -susurró la cazadora meintras seguía con su carrera. Registró las caras de sorpresa de las otras dos mujeres, mientras que Caireen actuó como si ella la supiese.
Dentro de la mansión, acababa de desencadenarse el caos. Los inmortales que servían a Caireen y su propósito habían aparecido como huéspedes sin invitación, la sangre empezaba a manchar las paredes. La de unos dejaría una muerte, la de los recipientes que ocupaban los demonios a las órdenes de Eleanor y Salomon, y otros volverían a alzarse pues la muerte no les llegaría nunca.
Eleanor seguía en su aposento, junto a la ventana, observando tras la fina cortina como más hombres y mujeres penetraban en su territorio, por ahora siendo aletargados por los suyos, pero no duraría mucho. Caireen había estado ya antes en batalla, no era una sacerdotisa de sentarse y mirar, era una guerrera. Todo parecía estar en su contra, pero Eleanor sonrió.
-Rhian –Zane incó las rodillas en el suelo, envolviendo los helados barrotes con las dos manos –Rhian. Despierta, estamos aquí.
-Awen –Caireen le pidió que se apartase, y cuando nadie estuvo interponiéndose volvió a murmurar unas palabras en gales antiguo, un conjuro que hizo estallar el candado que encerraba a la bruja.
Nicole deseó como nunca ser la primera en llegar hasta su amiga, pero decidió que Zane y Caireen podrían hacer mucho más por Rhian de lo que ella podía en un principio. Por eso les dio la espalda a ambas y se quedó de pie, quieta, como desafiando al enemigo. PEro entonces alzó un arma muy pequeña y la empuñó a la altura de su pecho. La sujetó de forma firme esperando a que las atacaran y cuando vislumbró dos sombras provinientes por entre la niebla y la nieve, disparó.
Ni siquiera parpadeó, ya que quería ver si las balas en las que habían estado trabajando durante casi tres meses llegaban a alcanzar la misión que tenían. No tardó mucho en ver que los efectos habían sido, exactamente, los esperados. Era posible que aquellos fueran demonios o inmortales, pero aquellas balas tenían efecto en todo el mundo. Estaban rellans de hielo y un hechizo de paralización inscrito en el interior, lo que se traslabdaba en que cualquier persona que fuera alcanzada por dicha bala se quedaría traspuesto; tieso... y congelado. Puede que no los matara, pero aquello les daría cierta ventaja.
Kahlan se acercó a Nicole y con el ceño fruncido estudió la pistola, y el resultado de los dos disparos.
-Creo que voy a pedirte una de esas.
-Te tengo –murmuraba Zane una y otra vez a la rubia que aún no reaccionaba, sacándola de la jaula y abrazándola contra si. Estaba helada, completamente helada. Alzó la mirada y vio que Caireen parecía ver más arriba, así que ella siguió la trayectoría hasta divisar los ojos claros de Eleanor en aquél ventanal. Frunció el ceño. ¿Eso era todo? ¿Iba a dejar que se llevaran a Rhian sin más?
Pero cuando parpadeó, Eleanor se esfumó de su rango visual. Atacada por la repentina ansiedad Zane miró a su alrededor, y alcanzó a dislumbrar una figura tras Nik y Kahlan.
Eleanor parecía saber cual debía ser su objetivo, lo más sensato, ir a por la mortal. Herir a alguien que podía regenerarse no tenía tanta gracia después de todo. No obstante la advertencia de Zane fue suficiente para que Kahlan se alertase, y dándose la vuelta moviese a Nik justo antes de que la druida enterrase la daga en su espalda.
-Kahlan... –Eleanor sonrió, ladeando la cabeza a un lado –¿Con esa fiereza recibes a tu abuela? Antes estábamos en sintonía.
-Me he pasado de emisora –murmuró la rubia, sus ojos destellando en un dorado fulgente.
Nicole apenas tuvo tiempo de reaccionar, ya que lo primero que vio fue a Kahlan empujándola, y luego toda aquella nieve sobre la que acabaBa de caer. Se dio la vuelta rápidamente, ya acostumbrada a este tipo de ataques sorpresa. Y entonces, escuchó. ¿Elanor era... abuelas de Kahlan? ¿Elanor era la madre de Zane...? Por algún motivo, todas aquellas ideas que ella misma había tenido sobre quién podía ser Elanor para conseguir cambiar tanto a Kahlan, habían sido olvidadas y ahora, todo parecía ser una sorpresa todavía más grande e inusual.
Pero la General no se dio tiempo a más, ya que mientras Kahlan le respondía a Elanor, Nicole se había acercado corriendo, con puñal en mano y le había cortado una mano a Elanor.
Algo que no pasó desapercibido por nadie, aunque se hubiese esperado grito de calvario alguno por parte de Eleanor, ésta solo arrugó el ceño y vio la sangre gotear. Clavó la mirada en quién acababa de enfadarla notablemente y más arrugas poblaron su frente.
Bastó con que sus ojos centellearan para que Nicole saliese despedida, empotrándose contra uno de los muros de la mansión, y fue un buen golpe, algunas piedras se agrietaron y el polvo se alzó mezclándose con los incesantes copos de nieve que caían desde las nubes grises, ocultando la luna llena.
Zane llamó a Caireen y le pidió que se quedase con Rhian, sacó su daga, la única arma que llevaba consigo y por primera vez en meses, plantó cara a su madre.
-Admítelo. Sin Merlin no eres nadie. Te siguen porque te tienen miedo, aunque me cueste admitirlo, a mi padre le seguían porque tenía una reputación. Tu solo eres la furcia druida a la que se tiró más veces que a otras... Estás perdiendo y ni si quiera hemos atacado con todo.
Eleanor enarcó las cejas.
-¿Perdido? –inquisitiva a qué se refería, Eleanor vio su mano volver a regenerarse, dedo a dedo, aunque aún hubiese sangre que le recordase lo que había pasado –¿Me hablas a mi sobre perder? Awen... Como puedes ser tan patética. ¿A quién pretendes convencer? No tienes tus poderes, has recurrido a una sucia sacerdotisa para que haga el trabajo sucio por ti, y lo peor es que en esa cabecita tuya –se señaló la sien –Prevalece la idea de que si esa bruja llega sana y salvo a casa es gracias a ti. Por favor –rió, y cerró la mano derecha en un puño. Acto seguido, Zane parecía asfixiarse, llevándose la mano al cuello –Esos quinientos sesenta años en la nada te han convertido en un chiste. Solo eres útil porque solo tu sabes dónde está el libro de las sombras.
La misma sensación que dejaba sin aire a Zane la sintió ella, teniendo que actuar del mismo modo, llevándose la mano al cuello como si pudiese sacarse lo que oprimía su tráquea. Kahlan dio un paso con el brazo extendido.
-Entonces preocúpate por mi.
*-Nik.. –ajena a todo lo que sucedía, temblorosa y presa de la hipotermia, Rhian intentó despegar los párpados y reconocer a quién veía, pero no era Nik.
Gran parte del golpe lo había recibido en la cabeza, con lo que la cazadora despertó después de haber estado u par de minutos inconsciente. Hacía tanto que no la lanzaban como si fuera una muñeca de trapo que había olvidado lo que era que te doliera hasta el alma. Se levantó como pudo, quedándose sentada en la fría nieve mientras la misma caída de forma rápida sobre su propio cuerpo. a apenas unos centímetros tenía el puñal con el que le había cortado la mano a Elanor. Pero entonces escuchó la vocecilla de Rhian. Calculó que estaba relativamente lejos de donde estaba ella, pero no conseguía verla.
- ¿Rhian? ¡RHIAN! -gritó desesperada con la esperanza de encontrarla. Pero no lo hizo. Sin embargo, vio cómo una sombra se aproximaba a ella, corriendo. Nicole pensó que sería Kahlan con lo que extendió los brazos dispuesta a detenerla para que supiera que estaba ahí, pero... no era Kahlan.
Una mujer que de apariencia parecía tener dos años más que la cazadora, pero que seguramente tendría cientos más de ellos, la volvió a lanzar contra los cimientos contra los que había sido lanzada con anterioridad. La diferencia fue que esa vez no tuvo tiempo de levantarse, sacuridse o incluso orientarse. La mujer había saltado sobre ella y sujetaba lo que parecía un puñal pequeño, probablemente centenario, y lo acercaba cada vez con más peligrosidad hasta su garganta.
La cazadora hizo fuerza con sus brazos, intentando que la mujer soltara el cuchillo, pero lo único que consiguió fue cogerle con la mani bien abierta la barbilla, y aquella fue su oportunidad. Apretó y apretó, pensando que sería necesario para matar a su atacante. Sin embargo, y segundos después del toque inicial, la piel de la mujer se volvía color gris ceniza y terminaba por deshacerse en cuestión de segundos haciendo que, la bruja, muriera.
*Ahora Nicole sólo veía la ceniza y la piedra que una vez habían formado a una persona. Se sorprendió, ya que su habilidad de matar nunca se había presentado de esa forma. Y se alegró, porque... esa mujer había resultado ser una mortal y no alguien como Elanor, quién le habría podido degollar antes de que ella misma hubiera tenido la oportunidad de defenderse.
Los músculos y articulaciones de Rhian reaccionaron solamente cuando aquella criatura enorme aterrizó tan cerca de ella. Uno de los tres dragones de Caireen se inmiscuyó en la batalla entre Kahlan y la druida que servía a Morrigan, su rugido con aliento infernal alertó lo suficiente a Eleanor para que su ataque hacia Zane cesase.
Ésta no cayó, pero si trastabillo hacia atrás y pasando la mirada por Caireen y su hija, acabó arrodillándose con la primera.
-Hay que sacarla de aquí.
-Podemos derrotarla. Encerrarla –siseó la sacerdotisa –Dejará de ser un problema.
-Tal vez mañana –negó Zane, tragando saliva, y le dolió –Pero no hoy. Ya tenemos a por quién vinimos.
Eleanor retrocedió, su cuello hacia atrás para poder mirar los ojos profundos y peligrosos de aquella criatura ancestral. Pero ella no se quedó atrás, le desafió, el dorado en sus ojos demostró que no se acobardaría, pero si tuvo que desmaterializarse y desvanecerse para evitar que las llamas que escupió el ánimal como si fuese un cañón ardiente la alcanzasen y la friesen.
-Nik –Kahlan recogió a Nicole, apartándole el cuerpo de la bruja de encima y ayudándola a levantarse. Tendría alguna que otra costilla rota, pero se pondría bien. Con los días.
Caireen sentía la mirada de Zane clavada en ella, recordándole la promesa que había hecho, no era momento de derrotar a Eleanor. No estaban preparados, no sabían cuantos más de los suyos llegarían, y esas batallas nunca tendrían sentido alguno, nadie ganaba, nadie perdía, solo era un derrame de sangre a raudales y sin consecuencias.
-Rhian necesita ayuda –añadió para acabar de convencerla. Esa chica moriría si no recibía atención, necesitaba agua caliente, subir la temperatura de sus órganos.
Con bastante dificultad se levantó la cazadora. Miró a Kahlan y luego a su alrededor. No conseguía ver nada, ya que tanto la nieve como una espesa nube de humo negro las engullía. Asintió respecto a lo de Rhian, así que se ayudó de Kahlan para acercarse donde su amiga. Pero antes se agachó para poder buscar su mochila, ya que estaba segura de que había caído cerca. Palpó con las manos congelándolas en apenas unos segundos, pero aquello no le importó.
Una vez que hubo encontrado la mochila, la abrió a toda prisa y alcanzó a sacar un suéter de color beige que ella había echado por si debía cambiarse de ropa. Se lo tendió a Kahñan para que ayudara a su amiga, mientras que ella se llevaba las manos a las costillas. No estaba segura de cuánto daño había sufrido, pero las costillas y la contusión en la cabeza indicaban que el daño había sido bastante, aunque moderado. Por lo menos no había muerto.
-Nos vamos –anunció Caireen, después de mucho debate consigo misma.
-¿Y los demás? –Zane arrugó el ceño –¿No ordenas retirada?
-No voy a negarles estirar un poco las piernas y romper unos cuantos cuellos. Volverán al castillo por si solos –Caireen echó una mirada a Kahlan.
Ésta asintió, y sin permiso tomó del brazo a Nicole. Hora de irse. Caireen desapareció con Rhian, y Zane se puso en pie para acercarse a Kahlan y la cazadora, rozando la mano de su hija, quién en cuanto notó el tacto de su madre hizo lo mismo que la sacerdotisa, desvanecerse.
En el aposento principal de aquél viejo pero conservado castillo, la inmensa sala del trono, Caireen habló en su idioma a uno de sus hombres, alguien se había quedado por supuesto a guardar el fuerte, no podían lanzarse todos a la ofensiva sin cuidar lo que una vez ganaron con sangre y sudor.
Le había pedido una manta, y era lo que el muchacho traía con prisa.
Se la puso por encima a Rhian, además del súeter que ya tenía encima de Nicole, envolviéndola y frotándole los brazos para que entrase en calor.
Kahlan soltó entonces a la cazadora y a su madre, necesitando un momento para respirar. Hacía mucho tiempo que no usaba sus poderes, y para atacar a Eleanor había necesitado usar gran parte de su potencial, por lo que ahora se sentía agotada.
Hacía mucho, demasiado, que no la teletransportaban, con lo que al tocar suelo firme Nicole tuvo que omitir una arcada que de seguro no iba a terminar bien. Todavía con la mano en las costillas, se acercó a Rhian, quién temblaba de forma frenética y le fregó los brazos para que entrara en calor, aunque también terminó por bajarse la cremallera de su traje especial, quedándose en una camiseta de manga larga. Luego abrazó a Rhian, haciendo su pecho contacto con el de la rubia. Si ésta entraba en calor de forma muy rápida y no gradual como intentaba hacer, rhian entraría en shock y todo se complicaría en exceso.
Por eso, la abrazó fuerte y la atrajo contra su cuerpo. Rodeó el pequeño cuerpo de su amiga con un brazo, mientras que con el otro le acariciaba la nuca.
- Estás a salvo, ya está, Rhian. Estás a salvo. -susurró.
-N.Ni.Nik –tartamudeó a causa de los constantes temblores y espasmos la joven Burgnam, siendo capaz de ladear una sonrisa, aunque corresponder el abrazo ya era algo más complicado, no sentía las piernas, no sentía los brazos, no sentía nada, de hecho a pesar de estar helada tenía la sensación de que se quemaba –Sa.. Sabía que.que ven. vendrías.. A por. Por mi.
Caireen se puso en pie y se dirigió a su súbdito.
-Preparad un baño. El agua templada, si está caliente te arrancaré los ojos.
Zane puso los ojos en blanco y miró al pobre muchacho.
-Lo que intenta decir es que si el agua está demasiado caliente la bruja entrará en shock, y que si serías tan amable de templarla.
La sacerdotisa arrugó el ceño. ¿No era eso lo que había dicho?
Nicole dejó ir una risilla. Dejó de acariciarle la nuca para poder mirarla a la cara. La miró directamente a los ojos y le besó en la frente, porque Rhian, aunque necesitara muchas otras cosas más en ese momento, necesitaba sentirse querida y protegida. Y ella era querida por muchos.
- Siempre terminamos salvándote ese trasero huesudo tuyo. Empieza a ser una costumbre. -bromeó-
Zane se acercó a Nicole y Rhian, dejando la mano sobre la espalda de la primera y sonriendo a la segunda, aunque acabó mirando a la cazadora que mimaba a su amiga.
-Deja que se la lleven. Se pondrá bien.
Kahlan había acabado sentándose en el suelo, la espalda contra el fuerte e imponente muro, solo se sentía humana cuando se agotaba, era entonces cuando sentía que necesitaba respirar. Sonrió al ver a la cria de dragón que se acercaba, y le acarició la cabeza. Caireen se plantó cerca, era difícil decir si en su mirada había rechazo o aceptación, pocas veces decían algo esos ojos.
-La redención te sienta bien –aunque extraña, esa era su forma de felicitarla.
Nicole se giró al escuchar a Zane. Dudó, porque no quería dejar a solas a Rhian nunca más, y todavía menos ahora que la habían encontrado. Pero la morena tenía razón, y Rhian necesitaba de otros cuidados de los que no podía hacerse cargo ella. Por eso, se separó lentamente, quejándose, mientras ayudaban a Rhian a levantarse para llevársela, y ese mismo momento lo aprovechó Nicole para mirar tanto a Zane, como a Kahlan, como a Caireen.
- Gracias, chicas. -dijo.- Gracias, de verdad.