Four months later
Tanto había ocurrido en los últimos cuatro meses que nada le parecía real. Sentado frente a ella se encontraba Travis Soffer, el chico que había sido elegido el nuevo secretario de Nicole. Ella no sólo quería que la imagen de la OCEU cambiara en exceso, pero también los problemas que tenía un pequeño sector en cuanto a los trabajos que podían hacer, o no, ambos géneros. Y, por ello, Nicole decidió darle ese puesto a alguien del sexo contrario; para dar ejemplo.
Pero aquél fue, realmente, el menor de sus problemas. Cuatro meses antes, después de reunirse con la ONU y las demás Organizaciones de Cazadores mundiales, que todo había cambiado. Las Organizaciones de Cazadores ahora compartían una alianza común que era prácticamente inquebrantable. Trabajaban juntas para mantener la seguridad y mejorar el bienestar de la humanidad. Ambos eran retos muy difíciles que todas las organizaciones habían acatado sin oponerse, pues el castigo para una organización que se negara a cumplir dichas reglas o leyes sería ser automáticamente expulsada de la Alianza y se le cortarían suministros del tipo B, que generalmente eran suministros de armas y objetos variados de protección, mientras que los suministros básicos se irían retirando de forma gradual hasta que dicha organización fuera capaz de sostenerse por ella misma. Esa había sido una medida que sólo Las Cinco habían aprobado. Estados Unidos, Irlanda, España, Italia y Holanda eran los miembros permanentes que tenían más voz y voto que ningún otro en la Alianza de Cazadores, y fue por ello que dichas reglas se hicieron, automáticamente, irrefutables.
Después de sellar la Alianza, la OCEU y Nicole se habían visto comprometidas con el que había sido elegido nuevo presidente, Robert Graham. Él había sido víctima de lo sobrenatural antes de ser elegido, con lo cual, una gran parte de su campaña se basó en el descubrimiento de lo sobrenatural y la protección tanto de él como la de los demás. Y fue mediante Alan Foster, el nuevo Embajador Estadounidense de la ONU que Robert y Nicole se conocieron. Y fue tras varias reuniones y debates secretos que la OCEU y el Gobierno central cerraron una alianza de forma igual. La OCEU se comprometía a proteger, así como a enseñar a los civiles cómo exorcizar demonios y como expulsar a cualquier otro ser sobrenatural que los molestara (haciendo punible el hecho de matarlo) a cambio de que el Gobierno lavara su imagen, haciéndolos así “especiales” a los ojos de los civiles -ya que era importante que estos se sintieran cómodos con su presencia-, así como entregarle dos bases (más pequeñas que la OCEU) en otros dos estados para poder, así, hacer que el trabajo de los cazadores de la OCEU fuera más fácil. Y como último añadido, el Gob. también se comprometió con la entrega mensual de armamento y otros materiales que harían posible la mejora de la seguridad nacional.
Mirara por donde lo mirara Nicole, la OCEU había ganado bastante con esa alianza. En un principio no quiso hacerlo, ya que pensó que no haría más que besarle el trasero al nuevo presidente, pero Robert era distinto. Él parecía estar al tanto y de haberse informado de absolutamente de todo, y su deseo por no volver a caer en las redes del Mal era lo que había terminado de convencer a la cazadora.
Volviendo a su despacho, la General charlaba con Travis. Éste le había informado, así como Campbell ya había hecho el día anterior, de que los documentos que ella necesitaba ya habían sido entregados. Además, le informaba de una reunión que tendría con los miembros de Las Cinco en dos semanas, así como de un meeting con el presidente que seguramente terminaría siendo emitido por televisión, algo que no agradaba demasiado a Nicole. Ella había sido feliz con el anonimato y el cambio actual le desagradaba de forma notable. Estaba entusiasmada por la cooperación que tan bien había sido llevada a cabo tanto por el Gob. como por la misma OCEU, pero Robert Graham era un hombre moderno; era un hombre que se tornaba tremendamente fastidioso en cuanto a lo de “lavar la imagen de la OCEU” se refería. Nicole lo había querido, pero habían acordado que Graham la guiaría y ella no rechistaría. Y así se encontraba ahora, haciendo muecas de asco y poniendo los ojos en blanco después de que Travis le enseñara el último fax proveniente de la Casa Blanca.
- Tiene tal fijación con la prensa que creo que es algo que no llegaré a entender nunca, -dijo la cazadora. Apoyó la espalda contra el espaldar de su silla de escritorio y se llevó ambas manos a la cara, lo que claramente mostraba su exasperación. Prosiguió hablando mientras se tapaba su ojo izquierdo y miraba a Travis con el derecho por entre sus dedos índice y anular.- ¿No podemos decirle que tengo la gripe o algo así? Su gabinete me obliga a ponerme vestidos cursis con faldas largas que son incómodos, y maquillaje todavía más cursi, y… las cámaras me distraen. Me distraigo, y mis discursos terminan siendo horribles. Di que declino la oferta.
Travis no hizo más que reír, puesto que aquella queja y esos mismos elementos habían sido objeto de burla, conversación y súplica en más de una, dos e incluso tres y cuatro ocasiones.
- Ya hemos debatido sobre esto unas cuantas veces, Señora. –dijo Travis mientras se aseguraba de que Nicole tenía el fax, un bolígrafo y una libreta bien a mano.-
El amargo suspiro de Nicole fue prolongado por la misma durante casi diez segundos. Nicole terminó por toser, ya que se había quedado con la boca seca y todo aquél dramatismo ya había dejado de ser divertido. - Está bien, Travis. -concluyó. Y es que, a pesar de querer estar preparada, no lo estaba. Le asqueaba que la OCEU hubiera sido expuesta por unas informaciones salidas de la boca del Presidente, pero aquello ya había quedado en el pasado y ahora debía trabajarlo de la mejor manera posible.











