Un buen día, tan bueno que queríamos hacer muchas cosas malas, me llamaste… “10… en Plaza… Di que volverás el día siguiente” acordamos de una manera tan rápida que pareció absurdo. ¿Qué ropa me pondría? Algo como, que no de calor, porque soy de sudar y casi nunca siento frío. El permiso se pidió, el dinero se guardó y la ropa se acomodó a mi cuerpo, todo listo solo esperando la hora…
La “relación” que teníamos en ese entonces era… cuanto poco “de amigos” pero era algo más, tú lo sabias, yo lo sabía… Y se había vuelto un acto que tenía algo de vicio, pasar largas noches juntos, ya sea en algún bar del centro hasta una hora tan tarde, que ya era “temprano”; ya sea viajando toda la noche de norte a sur, ya sea quedándonos dormidos al brillo de las luces de neón de una ciudad salvaje y dispersa. Esos días que me regresaba un sábado o un domingo en la mañana, muy cansado a mi casa y solo tenía ánimos para dormir hasta las 5 de la tarde, sacrificando así ese día, por tener un rato contigo.
Salí de mi casa, llegué al paradero y tomé una combi, la cual tenía algo de gente con cara de mucho cansancio y de pocos amigos, seguro debido a su trajín personal. Te llamé para ver qué tan cerca estabas y encontrarnos. El recorrido del auto era algo largo y aproveche para dormir un poco y así estar listo para la noche que me esperaba…
Luego de bajar del transporte, caminé hasta el lugar del encuentro; llegué a la plaza y a lo lejos te vi apoyada en una columna de uno de los tantos locales matizados con estilo colonial que resguardaban las inmediaciones de este sitio, tus pantis negros, tus zapatillas del mismo color, un short jean muy corto para hacer juego y una blusa manga larga que era bastante voluminosa y parecía más un vestido…
¿Cómo puedo saber que estaba en el centro? Fácil, el olor combinado de orina, cerveza, humo de cigarro (de los normales o de los de marihuana) y a veces algo de vómito, me daban la bienvenida casi siempre…
Te vi con cigarro en mano dirigiéndolo a tu boca pintada de un rojo muy muy sutil, que solo yo podía captar; tu perfume me embriagó desde antes que me pudieras ver, y solo me hacía pensar ¿Por qué es que me fascinas? Me viste y me saludaste de una manera bastante seca, como distante, pero luego de que camináramos por un momento te lanzaste a mis brazos y me diste un largo beso en la mejilla… Reímos a carcajadas, tan ruidosas que sentía que nos ensordecían y hacían vibrar mi cabeza, pero aun así el ruido de esa zona ahogaba toda posibilidad de que alguien más nos escuche.
Entramos a uno de los bares, cualquiera, daba igual porque ya habíamos visitado todos para ese entonces. En ese lugar nos pusimos a tomar un poco en la barra, entre risas, comentarios extraños y miradas perdidas la noche empezó a caer más y más… Me gustaba hablar contigo, me hacía sentir cómodo, casi nadie me podía hacer sentir así de cómodo, era como si vieras enteramente lo que soy, y no te asustaba o te asqueaba lo que era, para mí siempre has sido especial y diferente a todas las demás personas, que tanto me aburren en estos días…
Mi debilidad es el ron con cocacola y tú lo sabes, es más, disfrutas saberlo ya que te gusta aprovecharte de mí fácil forma de embriagarme, ¡Ya te jodiste jajá! me dijiste mientras me alcanzabas el cuarto vaso con el brebaje, esbozando con una sonrisa pícara y casi endiablada, pero a la vez lasciva y coqueta ¡Vamos a bailar! sugeriste luego de una forma muy animada. Bailar era bueno para mí, ya que la ebriedad se me pasaba más rápido y así podría estar con mis 5 sentidos de nuevo funcionando.
En el bar donde estábamos se percibían muchas personas, en general, era una rara mezcla de gente de todos los “estilos” que estaban de moda: Punks, Rockeros, metaleros, hipsters, pitucos, cumbieros, salseros y reguetoneros incluso. Muy extraña fusión de gente que casi no compartían cosas en común, pero la posibilidad de quedarse toda la noche tomando y contorneándose al ritmo de la música de los 80s y 90s, hacían de ese bar un atractivo lugar…
Ya no recuerdo cuando tiempo estuvimos bailando en realidad, nunca calcule la hora exacta, ni cuando llegamos ni cuando nos fuimos, solo recuerdo que casi al final de la noche, me jalaste hacia una esquina de la pista de baila tan abarrotada de gente y me diste un beso muy rápido, un “pico” como se le suele decir… ¿Qué te pasaba corazón? O mejor dicho ¿Qué nos pasaba? No eras mi novia… No estábamos saliendo… No “éramos” … Pero sí…
Salimos luego de un rato del bar para caminar, daba igual caminar a tales horas de la noche, calculo 2 o 3 de la mañana por el centro, que se sabe es un tanto peligroso…
Te recordé, al llegar a ese paradero… Debido a que yo vivo relativamente lejos, me era imposible irme a mi casa, así que solo atinaste a decir y repetir “te vienes conmigo, pero no hagas bulla, no quiero que mi mamá se despierte ¿ok?” Entendí tus intenciones al instante, tu forma tan coqueta de mirarme, de perturbar mi paz, esa forma que tenías de cautivarme, de hacerme sentir el hombre más deseado de la tierra, es forma tan única de ser tú…
-25 hasta allá flaco –Dijo el taxista.
-Ya normal tío, vamos –le respondí.
Y empezamos el viaje hasta tu hogar, nuestro escondite más obvio… En el taxi me acerqué, busqué tu boca, te besé desenfrenadamente, como un sediento al beber otra vez, como alguien que se aferra a la vida. Nos acercamos aún más, nos abrazamos besándonos, nos veíamos a los ojos con la pasión a la cual estábamos acostumbrados.
Espera aún no, ponemos nervioso al taxista- te susurré y te sonreí a la vez.
Sabía que estos momentos te encantaban, que esta provocación la cual no tendría frutos en ese momento, te incitaba a más… Pero no era el tiempo exacto para poder completar nuestro ritual…
Ya en la puerta de tu casa, metiste la llave, girando la cerradura tan despacio que solo pude escuchar un susurro, la puerta no nos traicionó y giraron sus bisagras como si estuvieran hechas de algodón, tomaste mi mano y me guiaste a través de la oscuridad ágil y silenciosa, casi felina, casi inhumana, un alma intranquila buscando algo… ¿Placer?
Nos escabullimos hasta tu habitación, y empezamos con el juego pasional que cada ser humano, aun siendo inexperto, sabe perfectamente como hacer. Cerramos la puerta con suavidad, mientras nos aferrábamos a nuestros labios y pasábamos nuestras manos por todas partes… Parece que el silencio del mundo estaba de nuestra parte, porque apenas pude escuchar el mecanismo de la chapa de la puerta… Me empujaste a la cama y caí sentado, rodeaste con tus brazos mi cuello y con las piernas abiertas te sentaste en mi regazo; los besos volaron fugaces y nuestras manos se descubrían entre sí una vez más y redescubrían también el resto de nuestro cuerpo. Las ropas empezaron a zafarse, tu blusa enorme y desordenada cayó, luego de que te la sacara, en el piso y pude ver tu torso semidesnudo, solo protegido por tu brasier de color negro; me quitaste el polo que tenía puesto y al juntarnos aún más, el contacto de piel con piel fue revitalizante… Si, revitalizante y enloquecedor. Quité el seguro de tu ropa interior y quedaste expuesta hacia mí, tus pechos pequeños y redondos se mostraron hacia mi como dos frutas vivas, hermosas, deliciosas…
Adiós pantalones, adiós short, adiós pantis, adiós medias, adiós todo. Bienvenida desnudez, libertad de saber que estas junto a mí, hundiéndome en ti cada vez más, sintiendo cada centímetro de tu cuerpo cerca al mío, muy cerca. Bajaba por tus labios, tu cuello, tus senos, tu abdomen… Tu abdomen maravilloso, angosto, con un ombligo tan inusual como provocador. Quizá la parte de tu cuerpo que más sentía de manera erótica era tu abdomen, muchas veces he fantaseado con él, muchas veces me he complacido con él y ahora estaba allí una vez más, siendo devorado por este servidor hambriento de ti…
Bajé más, mucho más y me encontré con un origen más de mi locura, de mis ansias de poseerte más, una vez más como muchas otras veces. Te besé y no deje de hacerlo, me fundí en ti, escuché tu respiración entrecortada mientras lo hacía, baja en volumen, para no despertar a nadie, sentía tu cuerpo vibrar, tus piernas temblando de placer y me sentí poderoso, me sentí único, me sentí completamente tuyo.
Llegó tu turno, y volviste a verme con esos ojos, tan malditos y sedientos, atacaste mi cuello, y fuiste bajando por mi pecho y más más abajo… La sensación indescriptible de sentirme bajo tu control, ser manejado y manipulado por ti, por tu embrujo; era mantequilla en tus manos, como espuma, como arena que se escapa si no tienes cuidado, mientras veía el techo buscando algo en el firmamento, que me pudiera hacer entender el éxtasis en el que me encontraba.
Nos miramos fijamente, enlazados, viéndonos directamente, y poco a poco, sintiendo cada parte, cada micra de nuestros cuerpos, empezamos este acto propiamente dicho, este acto tan monótono y a la vez tan único, tan laborioso como fácil, donde el ser humano puede llegar a usar todo o nada de su imaginación, y aun así tener la experiencia más perfecta. Un gemido ahogado, la fundición de nuestros cuerpos en uno, una distancia mínima, una mirada con ojos entrecerrados, movimientos cíclicos, repetitivos, una complicidad entre ambos, una forma más de disfrutarnos…
La mañana llegó con los rayos de luz entrando por la ventana de tu cuarto, abrí los ojos y veía como estabas dormida, apoyada en mi pecho, me pareció cruel despertarte. Recordé algo que me dijiste vagamente: Mi mamá se va a las 6 así, no creo que toque la puerta o intente entrar, relájate. Vi la hora en el celular, 8:00 am. di un profundo respiro al comprender que ya no corría peligro de ser descubierto, y te volví a abrazar para acercarte a mi…
No había nada más que hubiera querido en ese momento, nada más, solo estar a tu lado, solo sentir tu piel junto a la mía, sentir tu perfume, ver tu rostro apacible, verme en tus ojos… Pero ahora, ahora esto solo es un recuerdo trágico que tiene mi memoria, tu estando ya tan alejada, yo estando tan separado, nada podrá igualar a lo que sentía contigo, ni siquiera saber que podría enamorarme, ¿De nuevo? Quién sabe… ¿Qué nos pasó? No, en serio ¿Qué pudo haber pasado? Aun no asimilo que tantas cosas hayan podido hacerme llegar a este momento… Ahora solo espero que estés bien y que tu nueva vida, en aquel país, sea tan buena como quizá pudo ser mi vida contigo.