Perdí la orientación de mis deseos...
... no la habrán visto por ahí?
Así como cuando vas perdidx por la calle caminando sin destino, y te dejas llevar por los aires que recorren todo tu cuerpo, cerrás los ojos y comenzás a sentir las nubes moverse con toda furia, y el caer de las hojas de los árboles cerca tuyo, sin que siquiera alguna te roce.
Sensaciones que te llevan a percibir la lejania de tu alma con tu cuerpo. Distancia que te despega de la tierra y te produce vertigo; un vertigo tan horroroso que agrada, que no te deja abrir los ojos. Esos ojos que apuntan hacia arriba pero captan todo alrededor, protegiéndote de todo peligro.
No todo es igual en todos los envases. Ni tampoco lo es en el aquí y el allá.
Esa distancia que te separa de mi plano y el tuyo es la misma que te aleja de tu propio deseo, ese en el que nos desencontramos.
Aunque realmente nos esperemos del otro lado, tenemos la certeza de que nos vamos a encontrar pronto.
Hasta que comprendí que no es cuestión de terner tal orientación, mientras el deseo persista el camino está asegurado.
Y quizás, cuando nos reencontremos, entenderé si lo que realmente siento cuando te pienso sigue siendo parte de mi deseo, o solo capricho de sentir algo diferente cada vez.