Terminé mi jornada laboral antes de lo planeado, era día de paga, así que fui al cajero automático para revisar si mi salario, con el que vivía feliz y seguro, estaba ahí. Pues aún no, supongo que hasta ese momento era la mala noticia del día.
No me preocupó, aún tenía un poco de dinero ahí, así que lo retiré y lo junté con lo que llevaba en mis bolsillos, entré a la estación de metro, llegué al andén, realmente me sentía aburrido, y yo siempre he sido una persona así de aburrida por eso me sorprendía, miré mi cartera, hice algunas cuentas mentales rápidas. Después de eso me senté en el andén recargando mi espalda contra el muro, siempre con el miedo de que alguna cucaracha o rata se me acercara entre los espacios del piso y muro.
Observé alrededor de 4 o 5 trenes que pasaron, era la “hora pico” todo estaba repleto, saqué mis audífonos de la mochila, los conecté al teléfono y comencé a buscar algo que escuchar, siempre me gustaba buscar cosas nuevas-conocidas, no sé si podría definir eso como un “escuchar cosas que parezcan algo que ya escuchaste y te guste”. Llamo mucho mi atención una lista de 100 canciones que al instante reproduje, me gustó en verdad.
Miré mi celular y mandé un mensaje, la respuesta fue casi inmediata, -Si quieres nos vemos en el mismo lugar de siempre, en 20 minutos-, respondí asertivamente y abordé el siguiente tren que me llevaría algunas estaciones adelante. Bajé al andén de la estación para encontrarme con un sujeto al que siempre consideré como un amigo, aunque ciertamente yo era un estadístico más para él, una ganancia, un cliente le dicen en la economía. Ahí estaba, siempre puntual, nunca llego en el tiempo o después, siempre antes 5 o 10 minutos antes dependiendo sus cálculos y que tan lejos estuviera yo de él. Odio cuando escucho “lo de siempre?”, me hace sentir como si todo fuera tan programado, todo tan igual.
-Esta vez quiero de lo que ya hace tiempo no compro, tienes?- pregunté, a lo que rápidamente asintió con la cabeza y buscó dentro de su chaqueta, me abrazo y en ese momento, con esa habilidad que siempre me sorprendía, colocó lo que yo necesitaba dentro del bolsillo de mi chamarra, me dio un beso en la mejilla y agradablemente me dijo –cómo siempre o traes?-. Lo miré y metí mi mano en un bolsillo de la chamarra, era la seña para saber que contaba con efectivo, así que abordamos el siguiente tren, ya dentro el metió su mano en el bolsillo que yo anteriormente le había señalado, ya no le preocupó tanto la imagen, sacó unos billetes, los contó, guardó en el bolsillo trasero de su pantalón y del bolsillo delantero sacó uno de menor denominación y lo depositó de nueva cuenta en el bolsillo de mi chamarra.
Me agradaba que antes de despedirse decía cosas que me hacían sentir familiar con él, está vez antes de bajar del tren dijo “Nos vemos al rato, te dejo la llave donde siempre, con mucho cuidado” y me besó la mejilla nuevamente, después sólo bajó en una estación y se fue caminando sin siquiera esperar a que las puertas del tren volvieran a cerrar. De inmediato fui a por un lugar dentro del tren para seguir mi camino, continué escuchando música. Así durante todo el trayecto hasta casa.
De nueva cuenta recordé sus palabras mientras buscaba mi llave para abrir la puerta, abrí la primera puerta, un portón grande y que seguramente antes era muy blanco ahora es color café muy claro, pero yo pago una renta no tendría por qué pagar o pintar yo mismo eso, siempre pensaba. La casera estaba jugando con su hijo en el patío, ella era muy amable, muy joven, su esposo murió a una calle de ahí a una cuadra de nuestro hogar, dicen que alguien lo intentó robar, todos sabemos que él era el que robaba y esa historia era tan ilógica que hacía parecer real lo ilógico, me saludó como siempre lo hacía, supongo yo era porque no soy un vecino molesto, pago a tiempo y no me le he insinuado sexualmente, como la mayoría de aquí. Pasé de largo después de saludar hasta que llegué a mi departamento.
Entré, sólo con un paso y me detuve miré el interior, como si buscara algo, después de unos segundos lo dejé, arrojé mis cosas en algún lugar, fui directamente a recostarme, bajé las cortinas, apagué las luces, saqué de mi bolsillo el mini paquete que había comprado, tuve cuidado en abrirlo, me levanté de nuevo y encendí las luces, miré por un momento lo que había comprado, me dio tanta tristeza pensar en que siempre es el final cuando tengo que esperar, sé que todos se cae cuando tengo que esperar, pero a decir verdad soy muy paciente.
Cuando la sustancia entró a mis venas recordé que sería de las cosas que dejaría de hacer por alguna razón estúpida, nunca por mi salud, pero demonios en ese instante me di cuenta que me faltaban millones de playlist por escuchar a tu lado…