Entonces nos besamos, y fue allí cuando todo cobró vida y todo dejó de existir.
— Microrrelato || @jorgema
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Entonces nos besamos, y fue allí cuando todo cobró vida y todo dejó de existir.
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Escribí y escribí sobre ti hasta que ya no hubo más qué escribir...
Diciembre
Recuerdo esa calurosa noche de diciembre. Las calles parecían derretirse y las personas también, todas apuradas preparándose para recibir la Navidad.
Era un ritual casi sagrado reunirse en casa de mi tía o en la mía para cenar juntas y esperar que el reloj marque las doce.
El día anterior resolvimos el tema del banquete. Mi mamá llevó un lechón a la panadería para que lo cocinen y servirlo en Nochebuena.
Mi tía era la encargada del chimichurri. Recuerdo que me preguntó cómo prepararlo y le dije que hidrate las hierbas con agua hirviendo y luego incorpore el aceite, pero una falla en la comunicación hizo estragos... con el lechón.
Al otro día retiramos el lechón con el adobo que ya había elaborado mi tía. Pusimos la mesa: mantel, platos, servilletas, cubiertos y vasos. Y en el centro, la estrella de la cena: el lechón.
Sin embargo, nadie contó con el hecho de que mi tía no había entendido que debía hervir las hierbas sin el aceite.
Cuando el lechón estaba servido en los platos y los comensales estábamos listos para saciar nuestro apetito, una sorpresa nos invitaba a no poder saborearlo: el lechón en cuestión quemaba más que la propia noche: no por estar caliente, sino por estar picante.
El deleite se volvió sacrificio y el calor en una hoguera que incendió la Navidad.
Natalia Igarzabal
🇺🇸 Raqui the witch // 🇲🇽 Raqui la bruja
Las Afueras" was the most marginalized neighborhood in the already marginalized town of Monura. Raqui had been banished there after being branded a witch. She wasn't one when she was exiled, but if there was anywhere in Monura to learn magic, it was there.
For her first week in the new neighborhood, Raqui took shelter under some old pieces of cardboard. Then one day, she saw a pair of spoons float past, carrying a few stale loaves of bread. When she asked for one, the spoons took pity on the young girl with the freckled face and told her she could follow them. Perhaps Madam Grilma would take mercy on her.
Obedece a Mamá.
Una noche, de ésas en las que sueles encontrarte, de repente, con cosas absurdas y muy difíciles de creer, estando conversando con un amigo en las afueras de mi residencia. Pasaba ya de la madrugada. De hecho, era demasiado tarde para seguir conversando en la calle, pero, la verdad, cuando nos perdemos en temas por demás trascendentales y filosóficos, no hay nadie ni nada que nos detenga. En realidad, no había habido nada que nos detuviera sino hasta esa noche. Mientras tomábamos un par de cervezas y fumábamos un porro, él me platicaba sobre la relación que había comenzado a tener con una mujer que había conocido hace poco. Estaba algo inquieto por lo que sentía por ella, podía adivinar, sin que él me lo dijera, que había encontrado a la mujer de su vida, pero no quería hablar de más, no sin que antes él me lo dijera. Lo escuchaba atento, aunque, de repente, volteaba a mirar a las estrellas o a la calle, la cual estaba desierta. Podían escucharse nuestras voces y risas en el silencio. Seguro estaba que mi madre no podía dormir por lo mismo. Ya me había llamado la atención anteriormente por desvelarme y pasarme las horas con este amigo, y yo, como siempre, rebelde y desobediente, me pasaba sus regaños por el orto. Una vez, ya harta, me gritó: "¡Hasta que les salga el demonio van a aprender a dormir temprano, cabrones!". Me hice el sordo y salí, otra vez, a pasarla con mi amigo. Precisamente, en eso estaba pensando, cuando, de pronto mi amigo, quien yacía de pie ante mí, recargado en su coche, se puso tenso. Vi que tragó saliva y tembló un poco. "¿Qué pasa, wey? ¿Qué traes?", le pregunté un tanto preocupado. Verlo así me hizo llenarme de un escalofrío que me erizó los pelos de la nuca. Él lo más que hizo fue elevar la mano hacia su derecha, que era mi izquierda, mientras dijo: "¿Qué hace esa niña sola, en la calle, a estas horas? ¿La ves?". Sin dudarlo, me asomé y miré. Era una pequeña como de unos ocho años, vestía de blanco, parecía que traía una pijama. Sus cabellos eran largos, negros, lacios y podía verla andar hacia nosotros, se acercaba lentamente. Sin embargo, había algo raro en su andar. No sabía si era el efecto de la mariguana, pero, no le pude ver los pies. "¡No tiene pies, cabrón!", salieron de mi boca esas palabras, pero no sólo de la mía. Mi amigo dijo, exactamente, las mismas palabras al tiempo que las dije yo. Miramos con los ojos bien abiertos a esa niña que se nos acercaba, cada vez, más... y no... no tenía piernas. Ella flotaba... y sus ojos... su boca... sus manos... su rostro... no eran de una niña... no era una niña. Desde esa noche, resta decir, duermo temprano y ya no fumo ni tomo. Le obedecí, al fin, a mi mamá.
Obey Mum.
One night, one of those when you suddenly come across absurd things that are hard to believe, I was talking to a friend outside my flat. It was long after dawn. In fact, it was too late to continue talking on the street, but in truth, when we lose ourselves in such transcendental and philosophical subjects, there is no one and nothing to stop us. In fact, until that night, there had been nothing to stop us. As we drank a few beers and smoked a joint, he told me about the relationship he had begun with a woman he had recently met. I was a little uneasy about how he felt about her, I could guess without him telling me that he had found the woman of his life, but I didn't want to talk about anything else, not without him telling me first. I listened to him attentively, although I would suddenly turn to look at the stars or at the deserted street. Our voices and laughter could be heard in the silence. I was sure my mother couldn't sleep for the same reason. She had scolded me before for staying up all night and spending hours with this friend, and I, as always, rebellious and disobedient, passed on her scoldings. Once, when she had had enough, she shouted at me: 'You bastards will learn to go to bed early until the devil comes out!'. I turned a deaf ear and went out again to hang out with my friend. That's what I was thinking when suddenly my friend, who was standing in front of me leaning against his car, started to tense up. I saw him swallowing saliva and shaking a little. 'What's the matter? What's wrong?' I asked him, a little worried. Seeing him like that gave me a chill that made the hairs on the back of my neck stand up. All he did was raise his hand to his right, which was my left, while he said: 'What's that girl doing alone in the street at this hour? Can you see her?'. Without hesitation I looked out and saw. She was a little girl, about eight years old, dressed in white, it looked like she was wearing pyjamas. Her hair was long, black and straight, and I could see her walking towards us, approaching us slowly. But there was something strange about the way she was walking. I didn't know if it was the effect of the marijuana, but I couldn't see her feet. 'She doesn't have feet, dude!', were the words that came out of my mouth, and not just mine. My friend said the exact same words. We looked with wide eyes at this girl who was coming closer and closer to us… and no… she had no legs. She was floating… and her eyes… her mouth… her hands… her face… were not those of a child… she was not a child. Since that night, it remains to say, I sleep early and I no longer smoke or drink. I finally obeyed my mother.

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Barrer
Mi trabajo es de los más infravalorados y hasta el más burlado, pero soy quien tiene el poder. Soy una figura invisible pero al mismo tiempo saben que debo estar presente, es más, se preocupan cuando no saben dónde estoy. Pero no se inquieten, yo siempre estaré por ahí barriendo, barriendo, barriendo. Soy la primera en llegar a las oficinas, cuando las luces frías bostezan y la máquina de café aún no despierta. Soy la última en irse, cuando la fatiga pesa en los hombros, los ventiladores zumban y la noche nos envuelve en su cínico silencio. No me siento explotada porque no tengo nada mejor que hacer, este trabajo tan sencillo me alcanza para hacer que pasen los días. Nunca me aburro, siempre ocurren cosas que me mantienen entretenida mientras hago la limpieza. Por ejemplo, ver cómo el nuevo se las ingenia para modificar los números de los pedidos antes de pasar las planillas al contador para hacer un dinerito extra, o cómo las chicas de administración se montan un gran teatro de zalamería frente a los directivos para luego esconderse en el baño a susurrar como víboras. Eso ya es común.
Buscar en la basura se volvió mi nuevo juego, pues todos arrojan fragmentos de sus secretos y me entretengo descifrando los enigmas. Una prueba de embarazo, los resultados de los exámenes clínicos del jefe de piso… me pregunto si su mujer sabrá lo de la sífilis; cartas documentos con nombres de empleados que no conozco, qué raro, debe ser gente que los tienen en negro. A veces juego con esos secretitos, como cuando a la recepcionista le dije al oído “Felicitaciones” mientras limpiaba su escritorio, así sin contexto ni nada; fue divertido ver su cara ponerse pálida. O también aquel día que llamé al secretario del gerente por el nombre de su amante hombre, nadie más lo sabe, pues nadie debería saberlo, sería muy difícil sostener la imagen de hombre conservador de ideales rancios para contentar al jefe y mantener el puesto. De todas formas, esos son entremeses para pasar el rato, fuera de eso debo cumplir con mis labores de barrer, limpiar, pulir.
Estamos en la última semana del mes y es cuando suelo tener más trabajo de lo habitual. Debo dejar todo limpio y ordenado, dejar fuera de la vista todo lo que no debe tocar la luz, pues las oficinas, a veces, se usan para otro tipo de trabajos. Hay que limpiar bien en profundidad y baldear los tintes de carmín que no deberían derramarse. Pasar la mopa nueva para borrar manchas y nombres que deben desaparecer. Lustrar las mesas donde se suelen firmar acuerdos dudosos. Y barrer huellas… muchas huellas. Los trapos son los únicos testigos silenciosos que guardan los secretos que sostienen la pulcritud de la empresa, y como todo testigo, hay que eliminarlos. Todo lo que no sirva o moleste se desecha. Los papeles se queman, los anillos se venden, las balas se esconden, la carne y los huesos se trituran. Los elementos de limpieza siempre se pueden cambiar, con la misma facilidad con la que nos lavamos las manos. Procuro dejar los espejos completamente pulidos, para así asegurarme que el reflejo solo devuelva rostros y nunca culpas.
Solo soy una simple empleada de limpieza que disfruta de su labor. Mientras los empleados matutinos intentan parecer buenas personas con su ridícula condescendencia por no verme tan “culta” como ellos y su falsa modestia, los empleados de la noche me respetan y muchas veces me hacen participar de sus “juegos”. Al final de cada jornada solo quedan polvo y cenizas, y yo lo barro, lo barro, y lo barro… pero el polvo siempre vuelve, nada queda absolutamente limpio. Ellos deben asegurarse de recompensarme bien, pues nadie va a barrer mejor que yo.
Trazos tenues y olvidados
El rumor de la ciudad entraba a la alcoba pequeña, blanca y con una sola ventana al mundo, su única inspiración, su portal a otras vidas que visita y quisiera tener.