hay algo en la postura de jules que atrae por completo la atención de vesper. es quizás por los días en los que simplemente lo observó en silencio mientras lo escuchaba leer, teniendo el tiempo para estudiar cada gesto, cada movimiento. se grabó de memoria la caída de su cabello oscuro que insistía en peinar aunque a ella le parecía encantador al natural; el timbre apacible de su voz al recitar las palabras del papel ( cada pausa entre comas y puntos ); aprendió a distinguir los lunares que veía en su rostro a la distancia y de hecho, la colonia que dejaba rastro también se sentía capaz de reconocerla en otro sitio. fue eso lo que la hizo voltear en su dirección en primer lugar ese día, asumiendo su presencia antes de mirarlo. no se animaba a admitir en voz alta que jules bernardi se hizo espacio entre los nombres que significaban algo ; que movían. no es que le sorprenda enteramente, pero cuando azabache cuestiona su confesión, algo se remueve en su pecho. es ternura, quizás. el color en mejillas ajenas usualmente se lo tomaría como un logro, haría un chiste para amplificarlo, para regocijarse. esta vez su estado anímico lo declara producto del frío. “lo hiciste,” corrobora inmediatamente, incluso si su timbre permanece medio plano, se nota que enfatiza un poco para dejarlo en claro. su presencia sin duda cambió todo para ella. seguro, sus mejores amigas estuvieron allí, su familia estuvo allí, pero las visitas de jules le sembraron sentimientos que no sabía cómo interpretar y simplemente los dejó estar. había culpa, una voz que le recordaba que no se merecía ese trato, pero también consiguió que una especie de alivio se asentara en su tórax al menos por una hora. cuando le ofrece una explicación, inglesa asiente despacio, dispuesta a cualquier cosa que él se anime a ofrecer, pues la idea de la deshonra sigue presente. comisuras se alzan apenas un segundo, cuando paz va a querer abrirse camino en su pecho, y entonces accionar contrario la toma por sorpresa. la mano masculina, más grande que la propia, se coloca encima. baja la mirada y la observa, semblante permanece neutro, su presencia aparenta tranquilidad, pero todo su interior se revoluciona. inspira despacio, silenciosa, apenas se alcanza a ver que su pecho se infla ligeramente, y luego exhala ; intento por aplacar sensaciones desconocidas bajo su armadura. para sorpresa, quizás de ambos, retira la mano. y no porque lo quiera lejos, sino porque se toma un minuto para retirar el guante de tela delgada que la protegía, y una vez que piel se ve expuesta y envuelta por el frío, vuelve a buscar la mano de jules. busca su calidez, busca el contacto como quien quiere familiarizarse, y finalmente lo mira. "soy todo oídos para cuando quieras hablarlo," ofrece, porque no quiere presionarlo. no quiere exigirle nada. "¿quizás con un té de por medio?" agrega propuesta mientras lo mira a los ojos, y apenas se alcanza a vislumbrar el inicio de una sonrisa que no le cuesta nacer, pero lo hace bajo las penumbras. el movimiento es prácticamente instintivo cuando acaricia ligeramente el dorso de su mano en lo que vuelve a hablar: "mi madre me dijo que fuiste a presentarte con ella, mi mamá y su esposa," menciona aquello que se le grabó entre muchas cosas sobre él, y entonces la media luna es mucho más notoria, como quien se ve fascinada por la anécdota. "dijo que eras encantador," no se distingue bien qué se esconde detrás de esas palabras, pero parece ser algo positivo. luego, baja la mirada, observa sus manos y sabe que lo correcto sería liberarlo, pero no se anima del todo. encuentra cierto confort allí. "—— parece que eres más valiente que muchas otras personas," agrega un poco más bajo, sin saber muy bien a qué quiere llegar con eso. quizás se refiere al hecho de encarar a su familia sin previa interacción, o quizás lo que quiere decir es que no todos tendrían el estómago para plantarse frente a ella después de su confesión, mucho menos para ayudarla.