Yo soy Jules Bernardi. 26 años. Originario de Boston, viviendo entre Dover y Chicago. Dueño de la revista 'Headquarters' sobre lĂderes modernos ( Cupo e3 / Testigo Diverso )
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Yo soy Jules Bernardi. 26 años. Originario de Boston, viviendo entre Dover y Chicago. Dueño de la revista 'Headquarters' sobre lĂderes modernos ( Cupo e3 / Testigo Diverso )
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siente una especie de alivio que parece irreal cuando celestes se cruzan con semejantes y en ellos no detecta desprecio o irritaciĂłn ante su presencia. ni siquiera se aventura a mirar a las personas que lo acompañaban previamente, sospecha que no va a recibir lo mismo que recibe de Ă©l, y ciertamente prefiere aferrarse al atisbo de tranquilidad y estabilidad que le otorgan ojos azules. su propio nombre suena distinto en labios masculinos, la invitan a la calma y eso lo agradece en silencio ; no hay disgusto en las sĂlabas y eso es nuevo ese dĂa. en un gesto inusual y completamente impropio ( incluso si bernardi ya la conociĂł en su peor momento ), vesper juega con las mangas de su abrigo en un gesto que denota algo de ansiedad. una exhalaciĂłn quedita abandona rosados ante la afirmativa, ni siquiera podrĂa adivinar el impulso que cruza por psique ajena, aunque ojalĂĄ fuese asĂ, porque entonces sabrĂa que es mutuo. se echa a andar junto al mĂĄs alto, intenta mantener cierta distancia para no importunar y cuando sus hombros se rozan, rubia siente un escalofrĂo incluso con las capas de ropa encima. ni siquiera el aire gĂ©lido del exterior provoca dicha sensaciĂłn aunque le tiñe las mejillas de rosado despuĂ©s de un rato. âÂżcĂłmo estĂĄs?â pregunta primero, porque no quiere emponzoñar el ambiente, empujar demasiado fuerte. no propone directamente sino que busca tomar asiento en una banca cercana, esperando que azabache se apropie del espacio a su lado, aunque tambiĂ©n entenderĂa si no la quiere asĂ de cerca. entonces, lo mira. "no te veo desde..." alarga ligeramente la Ășltima sĂlaba, esta evaporĂĄndose en el aire frĂo. desde que salĂ del hospital, completa en su cabeza. suspira, inclina la cabeza ligeramente y le aparta la mirada. "estuve pensando en ti estos dĂas," confiesa sin mĂĄs cuando mira al frente, y si bien son palabras simples, para vesper cargan bastante peso. "creo que nunca te agradecĂ directamente por... todo," se ve que hay algo costĂĄndole, y no es precisamente el verbalizar lo que pasa por su cabeza. "Âżhas estado bien?" se aferra un minuto mĂĄs antes de los verdaderos motivos, como si temiera que lo que estĂĄ por hacer sea demasiado ridĂculo.
Claro que Jules nota el movimiento nervioso de Vesper jalĂĄndose las mangas del abrigo. Se pregunta, por una fracciĂłn muy pequeña de segundo, cĂłmo se verĂĄn las cicatrices seguramente rojizas en sus brazos. La imagen de Ă©stas vendadas cruza su mente: siempre ha pensado que si su vocaciĂłn fuese ligeramente mĂĄs inclinada al bien comĂșn individual en vez de en masas, Ă©l pudo haber sido un buen enfermero. Al cruzar las puertas el viento helado cruza sus mejillas y se envuelve bien la bufanda alrededor del cuello, eternamente friolento, tal vez sea el poco mĂșsculo el que no cree el calor necesario para aguantar una nevada en Nueva York. Sigue a Vesper hasta que se sienta a su lado, cruza las piernas con las rodillas volteando hacia ella. Cuando ambas miradas vuelven a conectar, sonrĂe solo un poco. Aclara la garganta: â SĂ. â Le dice, dĂĄndole a comprender que no es necesario que termine la oraciĂłn, estĂĄn en la misma pĂĄgina. Durante el tiempo en el que Jules y Vesper estuvieron separados, se vio tentado varias veces a mandarle un mensaje a Dylan o Herae preguntando por ella, pero temĂa que ambas pensaran que Ă©l estaba acosĂĄndola, y dejĂł que se recuperara por la paz. El hecho de que ella lo haya buscado despuĂ©s de todo es un indicativo silencioso de que no piensa eso de Ă©l, y lo alivia por dentro. Por razones que su consciente no logra diferenciar detiene el aliento cuando ella admite que ha sido un tema en su mente: tal vez es porque ella tambiĂ©n lo habĂa sido en la suya. Mas su respuesta sale un poco ambigua, con temor, armĂĄndose de valor para enfrentarse a una realidad penosa. â ÂżDe verdad? â Inquiere casi como queriendo descartar que se estĂĄ burlando de Ă©l. Vesper tiene otras diez mil cosas mĂĄs en quĂ© pensar antes que Jules. Baja la mirada y trata de evitar ponerse colorado, aunque no logra aligerar la reacciĂłn natural de sus mejillas. â Vesper, no tienes nada que agradecer. â Dice en una voz baja, avergonzada, no se cree merecedor. Cuando sube la mirada, descubre en los ojos ajenos sinceridad, y no puede mas que empatizar. â Espero te haya hecho sentir menos sola. â Frunce los labios. Era fĂĄcil en ese momento ignorar las voces que lo juzgan a la distancia, las que gritaban que no era justo para la memoria de Otis. Ăl habĂa decidido enaltecer la que decĂa que ella y Ă©l podrĂan ser muy distintos, pero un lazo de vivencias similares los ataba, y una reacciĂłn al trauma los vincula. â SĂ©... que mi presencia no tiene mucha explicaciĂłn. â Se justifica. No quiso tocar este tema mientras ella estaba en el hospital porque la sensibilidad del tema era obvia y empujarla de nuevo al vacĂo pudo haber sido contraproducente. â Tal vez pueda explicĂĄrtela alguna vez. â Abre una rendija de las persianas que desvelan lo oculto en su interior, solo si ella estaba dispuesta a escuchar. â âHe estado bien. â No es todo mentira, pero tampoco es todo verdad. Un acto impulsivo toma control de sus dedos: se acerca y pone la mano sobre la ajena, un tacto gĂ©lido y al mismo tiempo con la calidez que solo Ă©l sabe proyectar. â Gracias por preguntar. â
sus ojos viajan a distintos rincones del estudio, analiza su alrededor pero no llega a ninguna conclusiĂłn, se siente desconectada, fuera de lugar, lo cual lo relaciona al cansancio de su mente, ese dĂa se siente fatigoso ser parte del cĂrculo ateniense. meses atrĂĄs pensaba que al menos algo bueno estaba sacando de toda la experiencia, pero lo Ășnico bueno ya lo habĂa perdido ese dĂa en edimburgo, ahora solo se siente una rehĂ©n de las circunstancias. se da la media vuelta para ver mĂĄs del lugar y se queda congelada, una cosa era ver al jules de sus recuerdos, el que habĂa tomado un lugar permanente en su mente, a tener que verlo en carne y hueso, habĂa sido una ilusa al creer que volver a cruzarse con Ă©l serĂa tarea fĂĄcil. por un segundo baraja la idea de distanciarse, pero sus pies la acercan de forma casi inconsciente. como toda situaciĂłn en la que se siente desprevenida, lo primero que hace es sonreĂr, sĂ lucĂa tranquila serĂa mĂĄs fĂĄcil estarlo de verdad, aunque estĂĄ casi segura de que su sonrisa no luce natural en ese momento. âÂżpreparado para tener una molesta cĂĄmara encima tuyo?â se siente incorrecto ser tan informal, como si estuviera hablando con cualquier persona, no con la persona que seguĂa teniendo una parte de su corazĂłn hasta el dĂa de hoy. âaunque tĂș eres periodista, de seguro estĂĄs mĂĄs preparado que yoâ le da el crĂ©dito correspondiente, todo lo sucedido no le quita el respeto que le tiene.
Aquellos ojos se postran en Ă©l y retiene la respiraciĂłn. Siente que ese instante en el que se admiraron el uno al otro a la distancia fue eterno. TambiĂ©n siente que la ve dudar, preguntĂĄndose si debĂa dar un paso atrĂĄs, y Ă©l admite que tal vez esa hubiera sido la idea mĂĄs inteligente despuĂ©s de las cosas horribles que se dijeron la Ășltima vez que hablaron. Ha pasado tiempo y Jules se arrepiente de la mayorĂa de lo que dijo, habĂa sido un tonto, cruel con ella y cruel con Ă©l mismo. Pero en ese corazĂłn cohibido tambiĂ©n alberga una señal de orgullo, y sobre todo de temor a alejarla una vez mĂĄs, especialmente ahora que ella estĂĄ tomando pasos hacia Ă©l. Cuando estĂĄ lo suficientemente cerca relaja los mĂșsculos, una reacciĂłn involuntaria y un poco vergonzosa, su cuerpo reaccionando a lo que consideraba conocido. Se le dilatan los ojos, una manera silenciosa de admitir lo que no querĂa: que la echaba de menos. Como esperaba, ella comienza a charlar de todo menos del elefante en la habitaciĂłn. Su voz causa una sensaciĂłn indescriptible en su pecho. Ella lanza una pregunta y Jules se queda estupefacto, tiene que carraspear la garganta para disimular los segundos en que se ha quedado en silencio. â No realmente. â Admite en una voz que finge ser indiferente. â Me tiene mucho mĂĄs tranquilo ser yo el que hace las preguntas y no ser yo el que estĂĄ frente a la cĂĄmara. â En Headquarters solĂa procurar nunca estar a cuadro. AdemĂĄs el tema del CĂrculo lo tiene inquieto, no quisiera decir algo para arruinarlo. â ... ÂżY tĂș? ÂżCĂłmo te sientes? â Pero la pregunta no era sĂłlo referente a la entrevista.
âââ    privado (1) â vesper & jules.
estĂĄ completamente entregada a la posibilidad de atormentar a todas las personas de ese sitio si comienzan a hacer su dĂa complicado, y le cuesta bastante no arremeter cuando escucha comentarios a sus espaldas. lo divisa entre los asistentes, y se lo piensa una, dos, tres veces. quĂ© va, terminan siendo muchas mĂĄs que esas. tiene que recordarse que no es una cobarde ( aunque ha actuado como tal muchas mĂĄs veces de las que quisiera admitir ), y con eso obliga a sus piernas a dirigirla en su direcciĂłn. no quiere interrumpir lo que estĂĄ haciendo, y tampoco quiere tomarlo por sorpresa, asĂ que es cuidadosa cuando anuncia su llegada: "hola, jules," el nombre le hormiguea en la lengua como lo hizo el jugo de manzana en el hospital, ya hace mĂĄs de un mes. la suavidad con la que habla podrĂa asemejarse a timidez, si no fuera porque vesper luce como el mismĂsimo diablo que alguna vez fue en pomona. no obstante, la expresiĂłn no es dura como con el resto, la mirada es suave. "Âżtienes un minuto?" le aterra la idea de una negativa, porque si ojiazul decide rechazarla, probablemente provoque fractura en cimientos que aĂșn intenta levantar. "âââ podemos, huh... movernos de aquĂ," añade como propuesta, porque sabe que son pocos los que realmente quisieran verse en su compañĂa.
@julesbernardi
Su voz lo alerta como un timbre de campanilla en una cafeterĂa, cuando volteas a la puerta sin realmente esperar a nadie, pero con la esperanza de que reconozcas su rostro. Se gira sobre sĂ mismo, y ambos pares de ojos azules se cruzan. Tal vez, si Vesper ha puesto la suficiente atenciĂłn en la mirada de Jules todo este tiempo, pudiera comenzar a detectar cuando un signo de regocijo se cruza. No hace mucho para esconderlo, con ella se siente transparente, el agua de un rĂo que fluye sin esfuerzo. La gente con la que compartĂa plĂĄtica hacĂa un segundo cesĂł de existir. â Hola Vesper. â Intenta ocultar una sonrisa, siempre con el temor de parecer soso, la ansiedad social colĂĄndose hasta con la gente en la que mĂĄs confĂa cuando estĂĄ rodeado de rostros que cree que lo juzgan. Por su cabeza por supuesto que pasa el fugaz pensamiento sobre que todos los voltean a ver âla voltean a ver a ella, en realidad. Y su amistad creciente no hacĂa mĂĄs que comprometerlo en pĂșblico, pero no era esa la razĂłn por la cual actuaba con compasiĂłn, emociones iban mucho mĂĄs detrĂĄs. A lo mejor inclusive mĂĄs atrĂĄs de lo que Ă©l mismo llega a comprender. â Por supuesto. â Contesta con la misma suavidad con la que recibe su pregunta, y su mano tiene el impulso de acercarse y evocar el contacto fĂsico, pero la idea le causa pena y simplemente estira los dedos de la mano en frustraciĂłn. â Vamos afuera. â Sugiere, y toma la iniciativa de caminar a su lado, hombro con hombro. La mira de reojo mientras se dirigen a la salida, lejos del barullo y la presiĂłn de la gente.
ConversaciĂłn privada â 03 / 03.
â Bueno, quizĂĄ si mentimos y decimos que lo mĂĄs interesante que nos pasĂł en Edimburgo fueron las conferencias, podrĂamos salir limpios de Ă©sta. â Una sonrisa irĂłnica se asoma. â Y evadimos todo el tema de la Fiesta de las Fieras. â De repente recuerda que podrĂa ser un tema sensible entre los dos, y separa la mirada. â âY sobre Aura Pizarro, por supuesto. â @breecxx

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ConversaciĂłn privada â 02 / 03.
MentirĂa si dijera que no estuvo buscando su rostro desde el momento en que pisĂł el estudio y vio a la multitud. ActuĂł ligero, desinteresado, tratando de convencerse de que no estaba allĂ por ella y que no la necesitaba, que no la extrañaba. Era inĂștil. Cuando sus ojos se posaron en su silueta se quedĂł cautivado. HabĂa subestimado el impacto que podĂa tener sobre Ă©l. Recuerda momentĂĄneamente la primera vez en que la vio, en la biblioteca de Pomona, y la manera en que su carisma lo habĂa dejado perplejo. La primera vez en que probĂł sus labios, en la obscuridad y el jugueteo, sus palabras abarcaban toda la habitaciĂłn. La primera vez en que lo habĂa dejado sin palabras, afuera de la estaciĂłn de policĂa, cuando la vio a los ojos y sintiĂł que eran un lugar perfecto para perderse. Sacude la cabeza, esos eran pensamientos prohibidos ahora, Ă©l mismo lo habĂa decidido asĂ. Pero uno mĂĄs cruza de forma intrusiva su cabeza: Ă©l, recostado en su cama de Boston, en medio de la obscuridad a un paso de llamarla. Una punzada de calor le recorre los hombros. Voltea. Le ruega al universo sin moverse ni un centĂmetro. Estoy aquĂ. @danisugi
( @helly-stoke ) ( 003 ). una azotea en Brooklyn, rodeados de luces y una reuniĂłn de fondo.
â Si, bueno, es que no pensĂ© que te fueras a acercar. â Admite. â DespuĂ©s de la Ășltima vez que me dirigiste la palabra pensĂ© que no querrĂas verme nunca mĂĄs. â Una risa medio irĂłnica sale de sus labios, con crudeza, aunque el ceño que carga estĂ© lejano a una dicha. â âÂżCĂłmo has estado? â Es cortĂ©s. â ÂżQuĂ© ha sido de tu vida? â Se acomoda sobre su propio eje, recargado en la barda que daba a la vista mĂĄs maravillosa de Nueva York, y contempla el privilegio que tienen de coincidir en un lugar como ese. â ÂżHaz... oĂdo de Morgan? ÂżHablas con Ă©l? â Tamborilea los dedos sobre su bebida.
TASK O4 (@losavntos) (post original) -- HICIERON SU MALETA COMO QUIEN HUYE, NO COMO QUIEN VUELVE.
Octubre 19, 2025. Dover, Massachusetts.Â
EscogĂ con mucho detalle la lectura. El primer libro que leĂ escuchĂ© cuando yo estaba internado en Boston fue por tercera vez El Fantasma de la Ăpera; claro que la señorita Pierce, la enfermera que me hacĂa compañĂa y a quien recuerdo con profundo cariño, no sabĂa que yo prĂĄcticamente me habĂa memorizado el clĂmax. Nunca se lo dije, tal vez porque ni siquiera me permitĂan hablar o porque no tenĂa las fuerzas, asĂ que simplemente me resignĂ© a escuchar, y por alguna razĂłn, el viaje de Christine comenzĂł a vibrar de manera distinta conmigo.
No sĂ© si Vesper lo ha leĂdo antes. Si no, me alegra dar en el blanco; si sĂ, cabe la esperanza de que vibre distinto con ella tambiĂ©n. Algo que aprendĂ despuĂ©s de haberme querido quitar la vida es que todo lo que sucediĂł antes en tu vida puede simplemente⊠reiniciarse. Volver a pasar como si no hubiese sucedido antes, y tener una perspectiva fresca y limpia de tu alrededor, como si estuvieras disfrutando una segunda vida. Supongo que sĂ, de hecho, eso es lo que estĂĄs haciendo, disfrutando una segunda oportunidad. Las lecturas se vuelven mĂĄs vĂvidas, las anĂ©cdotas mĂĄs sabrosas, las noches mĂĄs profundas.Â
No pretendo proyectarme sobre ella. Su historia no se asemeja a la mĂa en lo mĂĄs mĂnimo. Pensar en el video de su declaraciĂłn hace que me arda el estĂłmago y me truene la cabeza en la memoria de Otis. No solo eso, pero todo a lo que nos hemos tenido que someter en meses, recayendo sobre sus hombros. Yo no soy como ella, estĂĄ clarĂsimo, ni en un millĂłn de años podrĂa llegar a compararme. La razĂłn por la que he adquirido el libro de Leroux en fĂsico es poco clara, porque ya en Chicago tengo una copia de Ă©ste, y sĂłlo compro libros cuando significan algo para mĂ. Cuando estaba en la caja me di cuenta que estaba comprando algo mĂĄs que solo la prĂłxima lectura de Vesper, pero un pasaje a justificarla. Algo tengo muy claro: yo no soy Dios, y si por alguna estĂșpida razĂłn alguien me fuera a dar el poder de enjuiciarla, no podrĂa hacerlo. Mucho menos al pensar que estĂĄ en el ala psiquiĂĄtrica de un hospital, es como si estuviera viĂ©ndome a mi mismo de lejos, aunque he intentado no verlo de esa forma. Mis entrañas me prohiben odiarla, un sentimiento que nunca ha ido conmigo, y todo lo que me revuelve el estĂłmago se vuelve confuso, lo que quiero es ayudar (Aunque no tengo claro en quĂ©).
AsĂ que aquĂ estoy en mi auto, escribiendo quince minutos antes de que empiecen la hora de visitas, esperando postrarme allĂ adentro sin ningĂșn sentido y leer. Es lo que mejor sĂ© hacer. No sĂ© si es alguna clase de tĂșnel de redenciĂłn, no pretendo que lo sea por ahora. Solo quiero⊠sentarme a leer. Ella lo necesita, nadie merece querer suicidarse, ni el ser mĂĄs despreciable que pueda imaginar. La niña que me he imaginado cuando ha descrito su infancia con su hermana, ella no se lo merece, aĂșn cuando le haya arrebatado sus posibilidades a otro inocente. Es irĂłnico, estĂșpido, hipĂłcrita de mi parte, Âżpero cuando he sido yo ejemplo de sandez o de inteligencia? Hoy solo quiero ser la persona que yo necesitĂ© cuando estuve tres meses metido en la clĂnica y nadie dio la cara por mĂ. Espero y en este caso ella tenga mucho mĂĄs apoyo, porque no sĂ© si yo pretendo dĂĄrselo. SĂłlo es una lectura: hoy, del capĂtulo uno. Mañana, ya veremos.
_____
La mamĂĄ de Vesper, incluso con el aspecto destruido que tendrĂa alguien en su lugar, era exactamente como la imaginĂł. Por un lado eso le hizo dar un respiro, volviĂ©ndola mĂĄs humana, una causa con mayor sustento. Jules luce como todo un chico decente, de camisa azul cielo que hace juego con sus ojos y pantalĂłn de mezclilla, asĂ que no es de sorpresa que lo hayan dejado pasar cuando explicĂł que era su amigo. Al cruzar el umbral de la puerta, deja atrĂĄs las explicaciones porque ni siquiera podrĂa comenzar a darlas. Se limitĂł exclusivamente a lo que iba: jalĂł una silla, se sentĂł, cruzĂł las piernas y exclamĂł: âEncontrĂ© esta ediciĂłn del Fantasma de la Ăpera y pensĂ© que pudiera gustarte. AsĂ que se soltĂł una hora hablando. A pesar de que Jules era un tipo callado, la universidad se habĂa hecho cargo de enseñarle a declamar. No podrĂa siquiera pensar en hacer entrevistas en la actualidad si no fuera por las clases del profesor Williamsburg, quien incluso intentĂł reprobarlo tratando de hacer que se abriera al hablar, y por supuesto que habĂa ganado su terror por una mala nota sobre su terror social. Los escenarios de la historia danzaban por el aire y construĂan sĂlaba por sĂlaba al Palacio Garnier.Â
Cuando estaba en la cĂșspide de la lectura, Jules cerrĂł el libro. No supo si decir que se veĂan mañana, porque no estaba seguro de poder hacerlo. Simplemente volteĂł, la mirĂł a los ojos⊠se puso de pie y se fue. TenĂa demasiadas cosas adentro como para poder tomar una decisiĂłn inmediata. No obstante, sus zapatos se sintieron mucho mĂĄs ligeros al salir que al entrar al hospital, como una prueba definitiva de que lo que estaba haciendo iba a poder aliviar algo (aunque no sabe si en Ă©l, en Vesper o en los dos).Â
AsĂ que volviĂł al dĂa siguiente. Y al siguiente. Sus introducciones eran muy breves: âHola Vesper. âPone el tobillo izquierdo sobre el derecho, estirĂĄndose sobre su asiento. Abre las pĂĄginas y pareciera que el olor a hojas nuevas inunda la habitaciĂłn. âCapĂtulo XV: âSingular Actitud de un Imperdibleâ. En el escenario reina un desorden jamĂĄs visto. Artistas, tramoyistas, bailarinasâŠ
No pasa mucho tiempo en darse cuenta de que sus visitas de todos los dĂas en las mañanas tambiĂ©n han actuado como una forma de escape de su propio sufrimiento. No tenĂa que recordarse a sĂ mismo, durante una hora, que era el pobre a quien lo habĂa dejado la novia a quien tanto amaba hacĂa tres semanas. O que tenĂa un asunto pendiente con su hermana adoptiva (uno sin mucho escape para resolver que no fuera el perdĂłn, la vĂa por la que siempre opta, porque el resentimiento es demasiado grande como para soportarlo). Cuando se encontrĂł a sĂ mismo parado en el centro de su apartamento observando en su closet la camiseta que Danielle le regalĂł, se sintiĂł extremadamente culpable consigo mismo, como si se hubiera estado traicionando. En cierto sentido asĂ era. Da un paso, dos. Con la yema de los dedos acaricia la tela, y piensa en lo mucho que la extraña. Ha estado justificando su ausencia con trabajo y montones de pastillas para dormir desde las cinco de la tarde. Pero Ă©l se lo ha dicho y no puede retractarse ahora, necesitan espacio para sanar. Esa frase se la repite un montĂłn de veces, la escribe cada vez que ella viene a su cabeza, mientras se pregunta siquiera en dĂłnde estarĂĄ. Sin duda las esperanzas de volver a Chicago se hacen cada vez mĂĄs pequeñas, no podrĂĄ hacerlo sin pensar en ella, o eso cree.Â
____ Octubre 28, 2025. Boston, Massachussets.Â
No me sorprende que mi madre haya decidido que la mejor manera de recriminarme mi falta de comunicaciĂłn con ella sea por medio de criticar mi ruptura. Me queda claro que todos amaron a Danielle, pero no era necesario que me restregara en el rostro que fui un novio patĂ©tico. No le he contado la historia verdadera, por supuesto, no sĂ© si su reacciĂłn serĂa correr a Bree de esta familia o incluirla en el testamento, ella siempre quiso que uno de nosotros se casara con ella. Aunque no creo que haya pensado jamĂĄs que ese alguien pudiera ser yo, claro, porque la imagen en sĂ misma es ridĂcula.Â
Heldge estĂĄ en la ciudad y ha aprovechado para preguntar por todo el cotilleo de Vesper. Es el tema del momento, supongo que es inevitable. Su comentario despectivo que vino acompañado de un gesto de repulsiĂłn fue el que hizo contenerme de incluir en la conversaciĂłn sobre nuestro limitado club de lectura. Debo admitir que no tendrĂa una buena explicaciĂłn que justifique por quĂ© estĂĄ siendo parcial. TambiĂ©n me ha preguntado por Bree, y resulta que Tyler le ha contado la historia completa (ÂżPor quĂ© me sorprende?) y Ă©l se profesa ser #TeamDanielle (Tampoco me sorprende que hayan hecho equipos). Admito que se me rompiĂł un poco el corazĂłn al explicarle que probablemente esto no tenga remedio. TambiĂ©n admito que pasĂ© la noche en mi vieja habitaciĂłn con la pantalla en el contacto de ella abierto, a un clic de llamarla.Â
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En el camino de regreso a Dover, cuando Jules para a rellenar el tanque, se sorprende a sĂ mismo pensando en Bree y en la bufanda azul que le ha regalado. Añora un poco saber en dĂłnde la ha guardado, y se da cuenta, al tratar de imaginar su casa, que nunca ha estado allĂ dentro, y ella tampoco ha estado nunca en su apartamento. El podcast que viene escuchando a todo volumen, Modern Love del New York Times cuenta la historia de una pareja que se conoce en un club de lectura y casi por la milla 30 para llegar a Dover, Jules se rĂe cuando su mente inquieta converge con una frase de Marius a Cosette en Los Miserables, dando justo en el clavo. Abre el mĂłvil, SMS, y teclea con un ojo en la calle y otro en la pantalla: Hey. ÂżAjedrez? Mi dpto. 6 pm. Enviar.
Era domingo, el dĂa libre de Bree en la universidad, no tenĂa esperanzas de nada. Pero su respuesta le marcĂł una sonrisa en el rostro que no pudo evitar en la intimidad. Cuando se dio cuenta de lo doble cara que se estaba comportando la quitĂł, como si tuviera algo que demostrarse a sĂ mismo, que no podĂa ser humano y payaso. Los pensamientos son la cĂĄrcel del alma. No habĂa nada que fingir cuando se habla con uno mismo, porque lo que brotara era real, no habĂa barreras ni escrĂșpulos, solo emociones que estaban allĂ, por mĂĄs que uno intentara evadirlas. Comienza a comprender que se estĂĄ viendo involucrado en la encrucijada de su vida, combatiendo entre el cariño y la justicia, pero ÂżcĂłmo evitarlo cuando estĂĄs desesperado por atenciĂłn? Claro que Bree jamĂĄs ha sido sinĂłnimo de bienestar en su vida, pero una vez mĂĄs, el ĂĄpice de esperanza que albergaba su pecho se hace presente.Â
Aquella noche, sentados sobre el barandal en el quinto piso de un hotel escocĂ©s, le ha dicho muchas mĂĄs cosas de las que pudiera haber imaginado que alguna vez compartirĂa con ella. Le ha limpiado las lĂĄgrimas, le ha confesado sus temores. Y Ă©l se ha quedado. Sorpresivamente ella tambiĂ©n.Â
La buena noticia de tener comportamientos obsesivos compulsivos es que jamĂĄs encontrarĂĄs su apartamento en mal estado. De hecho, frecuentemente estaba tan pulcro que Morgan le preguntaba de dĂłnde sacaba el tiempo para mantener todo en su lugar. La respuesta era insomnio mas ansiedad, pero se abstiene. No pasaron ni diez minutos antes de que llamaran a la puerta, y una vez mĂĄs, Jules haya tenido que quitar la sonrisa de su rostro.Â
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Noviembre 14, 2025. Dover, Massachusetts.Â
Hoy ha pasado algo.
Me estaba sirviendo un cafĂ© en la sala de espera del hospital, cargando El Fantasma de Canterville en una mano, la ediciĂłn especial que me traje de Boston. PretendĂa obsequiĂĄrselo a Vesper, es el que encontrĂ© en el bazar con una dedicatoria a una tal Patricia. El punto es que mientras buscaba una tapa para el vaso, vi por primera vez que al fondo del pasillo hay una mĂĄquina de jugos, y me acordĂ© de nuestra plĂĄtica en el aeropuerto. PensĂ©: âBueno, no hay mejor lugar para que tome jugo de manzana siendo alĂ©rgica, si estĂĄ rodeada de doctoresâ, se lo dije cuando lleguĂ© al jardĂn (nuestra locaciĂłn del dĂa) y se lo di en la mano. Juro que vi sus ojos dilatarse. AdemĂĄs, cuando abrĂ las primeras pĂĄginas del libro de Oscar Wilde, fingĂ que no la vi llorar.
Siempre he pensado que los sentimientos son totalmente involuntarios. La cabeza jamĂĄs podrĂa dictar al corazĂłn. Cuando me subĂ al auto despuĂ©s de, por primera vez, despedirme con un apretĂłn en la mano, no podĂa sacar de mi cabeza la imagen de Vesper asĂ, tan vulnerable. Me preguntĂ© si yo tambiĂ©n me veĂa asĂ la Ășnica vez en que mi madre me visitĂł, tan frĂĄgil, con los ojos acuosos, los dedos temblorosos, y la fe pendiente de un hilo. No puedo dejar a Vesper sola ahora, mucho menos despuĂ©s de esto. Todos cometemos errores⊠sĂ, unos mĂĄs importantes que otros⊠pero si la redenciĂłn no existiera, nadie podrĂa caminar por la Tierra. Dice la Biblia que tire la primera piedra el que no haya pecado. No quiero decir que ella no merezca pagar por lo que hizo, pero tampoco significa que tenga que crucificar toda su vida, porque es valiosa, muy valiosa. Y a estas alturas, de forma egoĂsta, siento que quisiera seguir yendo a leerle todo el tiempo que pueda.Â
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âUn cafĂ© americano grande, caliente, muy cargado por favor. âÂżAlgo mĂĄs? âSĂ, un matcha en las rocas, grande, Âży sabes quĂ©? Dos croissants. Calientes, por favor. âSi gustas te lo llevo a la mesa. âGracias. âUna sonrisa genuina atraviesa su rostro. TenĂa un paquete en la parte de atrĂĄs del carro que si lo pensaba por un minuto mĂĄs, se incendiarĂa. Cuando se acerca al booth donde lo esperaba Bree, a quien a visto cuatro veces en lo que va la semana, se tiene que forzar a sĂ mismo a quitar la expresiĂłn tonta de su rostro. Hoy era noviembre 16 y significaba algo mĂĄs que un simple viernes: mañana cumpleaños de su compañera de ajedrez. âHay algo que quiero darte. No sĂ© que vas a hacer mañana, asĂ que lo traje hoy. âEl chico de la barra los interrumpe brevemente, trayendo la orden mĂĄs rĂĄpido de lo que creyĂł, y tiene la impresiĂłn de que lo ha visto conectar miradas con ella, entonces aprieta los dientes. Una aguja se postra en su corazĂłn. Cuando se aleja, Jules tiene que evadir el sentimiento carraspeando la garganta.Â
La conversaciĂłn fluye durante dos horas, sin parar, sin respiros, una cosa tras otra. Ella se queja de un par de cosas sobre su jefe, Ă©l le platica sobre la arrogancia del representante del cantante al que le pidieron una entrevista la semana pasada. Y luego llega el tema de Otis, como es inevitable, como ya lo han hablado antes, pero ahora con un enfoque distinto. Bree tambiĂ©n va a visitar a Vesper al hospital. No le pregunta si ella ha hablado sobre sus encuentros, no quiere saber su opiniĂłn. Pero Jules le platica a Bree que han tenido un dĂa de fresas. âDe fresas. âLe reafirma cuando ella vuelve a preguntar, creyendo que no ha escuchado bien. âResulta que Vesper es alĂ©rgica a las manzanas y como yo soy alĂ©rgico a todo lo demĂĄs, pensĂ© que podĂa llevar fresas para almorzar. He tenido que esconderlas en el abrigo, pero fue misiĂłn exitosa.Â
Cuando la lleva a su casa, pregunta si puede pasar, queriendo satisfacer la curiosidad sobre cuĂĄl es su hĂĄbitat natural. Cuando pone un pie dentro no puede evitar reĂrse: era todo lo contrario a lo que se hubiese imaginado, pensando que tal vez era un lugar con menos alma, y le sorprende encontrarse con rincones tan peculiares. Siente que puede compararlo como si una hada anciana viviera allĂ. Cuando externa su opiniĂłn se rĂe de una forma en que no se habĂa permitido hacerlo en mucho tiempo ya, y lo que se suponĂa que iba a ser una risa moderada termina siendo un ataque. Y luego ella se le uniĂł. La Ășltima vez en que la escuchĂł reĂrse de esa manera fue seguramente en su infancia. Cuando eran niños, Bree era un demonio, pero era mĂĄs risueña. Es un sonido muy particular, nasal, seguramente le avergonzaba. Hoy, escucharla hizo que sanara algo que no sabĂa que estaba roto. Seguro los vecinos le habrĂĄn mandado mensajes porque a las nueve de la noche se abriĂł una botella de vino, a las diez sonaba a un volumen mĂĄs alto de lo normal el intro de Twilight, y a las once no podĂan parar de criticar a Jacob casi gritĂĄndole a la pantalla. Cuando se despidiĂł, bajĂł del auto el regalo de cumpleaños. No quiso comprometerla a que le gustara, y por eso mismo no lo envolviĂł, solo lo dejĂł en la caja en la que lo recibiĂł: plana pero grande. âPromĂ©teme que lo vas a abrir mañana mejor, despuĂ©s de que despiertes. En la caja habĂa una funda para su raqueta de tenis, color perlado, marca Saucony, con su nombre bordado en dorado en uno de los extremos. La habĂa mandado a una tienda especializada de tenistas, Jules no sabĂa mucho sobre eso, pero creyĂł que serĂa especial que tuviera una digna de un buen jugador. Tyler le habĂa ayudado a elegirlo, y se habĂa abstenido de hacer preguntas incĂłmodas, aunque seguramente no habĂa nada que Bree no le haya contado antes, de seguro estaba al tanto de su reciente acercamiento. Le da unas palmadas al paquete antes de ver la hora: casi la una de la mañana. DudĂł un poco, pero se acercĂł y le dio un abrazo. Se sintiĂł un poco fuera de sĂ, solo como pudieras sentirte la primera vez que te acercas lo suficiente a una persona para descubrir el olor de su cuello. âFeliz cumpleaños. Al llegar a su casa, tocĂł las sĂĄbanas y cayĂł rendido sin tener que tomar una sola pĂldora. ______ Diciembre 2, 2025. Chicago, Illinois.
Se acaba de ir la Ășltima carga de la mudanza y me he quedado solo, tirado en el piso de mi viejo apartamento escribiendo esta humilde carta de amor a lo que mi vida fue y ya no es.Â
AquĂ mi vida fue esplendorosa. Me levantĂ© de las cenizas, cree una empresa, me enfrentĂ© a mis miedos y triunfĂ©. Todo despuĂ©s de haber pasado por los años mĂĄs tormentosos que un joven universitario pudiera haber atravesado. En este cuarto Morgan y yo pasamos horas de risas, de estrĂ©s y de derrotas en Mario Kart a las cuatro de la mañana con un whisky de gama media y un porro mal hecho. TambiĂ©n en este cuarto pasĂ© las cosas mĂĄs increĂbles con mi primera y mi segunda novia. Hace dos dĂas me ha llegado por correo la invitaciĂłn de Faith para su baby shower, y me he emocionado. Quien dirĂa que quien me iba a hacer feliz una noticia como esa algĂșn dĂa. Supongo que verdaderamente el tiempo pasa y las heridas sanan. No le deseo particularmente un bebĂ© fuera del matrimonio, no por satanizarlo sino por ver un futuro Ăłptimo, pero tal vez un dĂa pueda alegrarme de la misma manera por Dani. QuizĂĄ puedo intentar volver a entablar una conversaciĂłn civilizada con ella y ese serĂa el primer paso. Al final extraño platicar con ella, siempre tenĂa algo que decir de cualquier cosa, es experta en entretener, y yo lo que mĂĄs deseaba era escuchar.Â
Todo lo que pasĂł en Chicago serĂĄ un capĂtulo que del que tengo que desatarme. El departamento de Dover ahora ha cambiado por una casa sobre Paladin St. y tener mucho mĂĄs espacio para guardar mis libros me ha hecho feliz, y me ha recordado al librero improvisado de Malena y Peter. QuizĂĄ ahora puedo construir un hogar como al que han aspirado ellos, cerca de casa, cerca de mis amigos. SĂ© que los tormentos no se han acabado. El CĂrculo se va a cobrar el resto de los demonios que guarda tarde o temprano. La gente que tenga que pagar, va a pagar. No estoy seguro de estar listo pero sĂ© que nadie mĂĄs de los que estamos envueltos en esto lo estĂĄ ni lo estarĂĄ. Mi Ășnico deseo es mantener a salvo a la gente que estĂĄ a mi alrededor, aunque eso a veces se vuelva imposible, como cuidar de Vesper, por ejemplo. No es mi responsabilidad mantener a la gente a salvo sin embargo estĂĄ allĂ, latente. A la mierda lo que Las Moiras tengan que decir sobre todos, ya no se trata de chismes, se trata de realidades. El siguiente golpe que venga deberĂĄ ser lo suficientemente pesado como para derrumbarnos despuĂ©s de lo que sucediĂł hace dos meses. Yo pienso que ya no serĂĄ tan fĂĄcil. Aunque claro, esta gente siempre tiene formas de demostrarme lo contrario.
( @plandry ) ( 029 ). una fiesta de ex-estudiantes en una casa mal iluminada, donde reconocerte fue como respirar por fin.
Reencontrarse con Peter sin duda ha sido el highlight de su noche. Para empezar, Jules ni siquiera querĂa estar ahĂ y habĂa sido vilmente arrastrado por su hermano. Divisar con su viejo amigo fue un salvavidas. Escucharlo hablar sobre las buenas nuevas de su historia es reconfortante. Ha pasado tiempo desde que los dos se ponĂan al dĂa. â Luego que tengas oportunidad, te invito a quedarte en mi apartamento en Chicago. Vivo justo a dos cuadras del downtown, en un edificio fabuloso. Te mentirĂa si te dijera que no vivo feliz allĂ. â Alza los hombros. â Mucho mĂĄs feliz que cuando vivĂa en el campus, sabes. â Cruza los brazos. â ÂżTe haz encontrado a alguien mĂĄs Ășltimamente? Siento que hace siglos no veo a la gente de Pomona. Aunque me entero de muchas cosas. â No sabe cĂłmo pero los chismes de los demĂĄs siempre terminan pasando por sus oĂdos.
( @dolorcs ) ( 029 ). una fiesta de ex-estudiantes en una casa mal iluminada, donde reconocerte fue como respirar por fin.
â Wow. No creĂ que me fueras a reconocer, la verdad. â De hecho no sabĂa que ella siquiera supiera quien es Ă©l. Al principio podrĂa malinterpretarse como si fuera indiferente al hecho, pero en realidad, le agrada. Le encantarĂa escuchar que ha sido de ella. Por lo tanto, tratando de no ser directamente entrometido, quiere romper el hielo: â ÂżQuieres algo de tomar? â

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( @faewlers ) ( 035 ). el estacionamiento vacĂo frente al estadio, la radio sonando bajo un cielo sin estrellas.
â Boo. â Le susurra casi al oĂdo por detrĂĄs. Espera a que ella se de la vuelta para decirle: â Juro que no te estoy siguiendo. â Se inclina para darle un abrazo, cĂĄlido a pesar del frĂo de Dover en invierno, el que solo un buen amigo puede llenar. Reencontrarse con los viejos amigos siempre es grato, y Fae siempre tiene un espacio en su corazĂłn (y en sus mensajes, donde mantienen la mayorĂa de su relaciĂłn en tiempos modernos). â No sabes el gusto que me da verte. â Es sincero. Siente que han pasado dĂ©cadas.
( @sevreias ) ( 001 ). un vagĂłn vacĂo del metro en la lĂnea F, justo antes del amanecer.
â Ja, ja. EstĂĄs loca si crees que te voy a dejar sola a esta hora en el metro. â SonrĂe un poco. En la madrugada se habĂan reencontrado en un pub de Manhattan y entre los tragos y la mĂșsica habĂan brotado interesantes conversaciones y habĂa abarcado gran parte de la noche de Jules. Siempre le es grato volver a ver a las personas a las que las tiene en buen concepto, Sereia no es la excepciĂłn. Les ganaron las horas y terminaron allĂ, solos. â Te voy a acompañar hasta la puerta de donde te estĂ©s quedando âsin chistar. â
( @zacvarias ) ( 005 ). el puente de Manhattan, los pasos compartidos aunque la ciudad se extienda entre los dos.
â Si tu lo dices. â Se despega y camina unos pasos mĂĄs, esperando que contrario lo siga. Por la noche, la vista desde el puente era magnĂfica. Los ojos de Jules no se despegan de ella cuando musita: â âÂżCrees que haya algo abierto para comer a esta hora por aquĂ? Me estoy muriendo de hambre. â
( @jesaiahs ) ( 001 ). un vagĂłn vacĂo del metro en la lĂnea F, justo antes del amanecer.
â Lo mĂĄs curioso de viajar tan temprano â O tan tarde â son las sorpresas que da la vida, como encontrarte a alguien de Pomona en el metro en Nueva York. â SonrĂe. â CuĂ©ntame que ha sido de ti despuĂ©s de tantos años. â Y se acomoda para escuchar atento. La resaca de las bebidas de la madrugada comienza a llegar y piensa en si ya se acerca la hora de que abra alguna cafeterĂa, se conformarĂa incluso con un Starbucks.
( @carmivne ) ( 008 ). el pasillo largo y silencioso del metro en Times Square, los hombros rozĂĄndose sin querer.
Con la mirada en el piso, Jules avanza rĂĄpido. El metro en Times Square se veĂa algo parecido a sus pesadillas, y realmente no tenĂa porquĂ© someterse a eso, pero ÂżcĂłmo mĂĄs iba a concederse la experiencia completa de un turista neoyorkino? su hermano Tyler, al que venĂa a visitar, tendrĂa todo el dĂa ocupado y Ă©l no quiso ser un estorbo en casa, asĂ que por lo menos podrĂa ocupar el dĂa sentĂĄndose en el parque a escribir y garabatear. Enseguida suyo alguien camina a su misma velocidad, justo al lado suyo. Levanta la mirada de reojo y luego la baja. Pero al procesar lo que vio vuelve a levantarla con una ceja arqueada, reconociendo el rostro del contrario.

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( @malevna ) ( 003 ). una azotea en Brooklyn, rodeados de luces y una reuniĂłn de fondo.
Desde un treintavo piso todo podĂa verse lindo. Las luces de la ciudad, la vista ambiente de la velada, podrĂan combinar con cualquier cosa, lucir en cualquier escenario. No habĂa que tirar la casa por la ventana cuando se tiene una locaciĂłn asĂ. Todo eso es lo que piensa recargado en el barandal de ladrillo, apartado de la reuniĂłn, con un vaso de whiskey en la mano. Era su sexto trago, si mal no recuerda, y aunque ha aliviado algo de su ansiedad social, un momento a solas siempre es atractivo. Cuando voltea para ver a la gente reunida a unos metros, puede observar una silueta llamativa. â Magdalena Almaguer. â Le reconoce. â O debo decir, Buchanan. â Claro que la boda no pasarĂa desapercibida a los ojos de nadie, mucho menos de Jules, que siempre peca de saber todos los cotilleos ajenos. Le da un verdadero sentido de alegrĂa encontrarla. â ÂżAcabas de llegar? No te habĂa visto. ÂżCĂłmo has estado? â Se siente mĂĄs parloteador de lo usual.
( @breecxx ) ( 018 ). una antigua casa en Cambridge convertida en librerĂa, donde ambos alcanzamos el mismo libro.
El olor de la casa era inigualable: una mezcla de leña combinada con palo santo y olor a guardado. Cuando toma un libro la hojearlo, otro aroma le inunda, uno a libro nuevo, y eso apretuja su corazĂłn. Regresar a Boston muchas veces podĂa ser agotador, su madre siempre le ponĂa mil y un tareas para hacer (muchas sociales, lo cual resultaba un reto para Ă©l) y cuando coincidĂa con sus hermanos Tyler o Heldge, se volvĂa una total marioneta. Por eso volver a la vieja librerĂa sobre la Main St. significaba un abrazo sin palabras, de Ă©l para Ă©l. En un brazo sostenĂa los que se convertirĂan en su lectura de la semana entrante (ya es viernes, y se ha puesto de meta acabar su libro actual justamente para el domingo, leyendo por primera vez El jugador, de Dostoyevski) y con la otra iba tocando el lomo de nuevas posibilidades que descansaban en el librero. Encuentra algo que llama la atenciĂłn: Una ediciĂłn especial de Cumbres Borrascosas de tapa dura y portada ilustrada, reconoce la versiĂłn con tan solo ver las amapolas rojas del libro rosado, coleccionista de clĂĄsicos, reciĂ©n recolectando Emily BrontĂ«. Cuando sus dedos lo deslizan fuera del librero, un espacio se hace para ver al otro lado y se encuentra con unos ojos marrones que reconocerĂa a kilĂłmetros de distancia. Alza las cejas con sorpresa, y se tarda un momento, pero cuando cruzan miradas exclama: â Hey. â Y reflejando un poco de lo que hay en su mente (paz) levanta las comisuras de sus labios. â EstĂĄs en Boston. â Dice sorprendido. Se da cuenta de que solo destapa lo obvio y acompleta con un simple â No esperaba verte. â