Considerando las bajas temperaturas que tenía Illéa en estos momentos, una ducha caliente era una de las mejores opciones para tomar, y más si luego de hacerlo te esperaba una caja de Lady Godivas envidada especialmente por tu madre desde tu ciudad natal. Pero ese no era el caso de Beaumont, ya que éste no encontraba una de las cosas que habían llegado en el paquete que había recibido horas atrás, la famosa caja de chocolates. Más de diez minutos fue el tiempo que invirtió el inglés buscando aquello por todos los rincones de su cuarto, pero fue en vano. Dispuesto a buscar a su ayudante (porque se negaba a decirle doncello), salió de su cuarto con la toalla apoyada en su hombro y vistiendo muy poca ropa teniendo en cuenta que se encontraba en un hogar familiar, y ahí fue cuando dio con la bendita caja, la cual al parecer había dejado en una de las mesas de apoyo que se encontraban frente a la habitación de sus aposentos, junto a un jarrón. “Ahí están” Masculló entre dientes, mientras se acercaba para tomar aquel objeto de deseo, esperando que nadie lo viera en esa situación.










