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@tatioswaal
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text: tatiana
Kolleen: ¡Excelente!
Kolleen: No, solo quería despertarla
Kolleen: Estoy practicando para cuando no tenga trabajo y necesite uno
Kolleen: Aunque, ya que insistes, no me vendría mal un chocolate caliente...
Tati: ¿Por qué dice eso? Si me permite opinar, no creo que necesite usted de algún trabajo como doncella o algo parecido...
Tati: Aunque si le sirve de ayuda, su forma de despertarme ha estado maravillosa.
Tati: El chocolate caliente esta en camino a mano de uno de los empleados, por cierto. ¡Esperó que lo disfrute!
sms → tatiana
Samia: dbji haberto hecho csao y no salir hoyu
Samia: Si esthuvierdsa conmigo segu
Samia: seguro**
Samia: Sería másdivertido
Samia: Estásf viendo ls mismas estrelas que yo??/
Samia: Es rolmantico
Tati: ¿Qué sucede Samia? No logro entenderte.
Tati: ¿Has bebido sola?
Tati: ¡SAMIA! Si no respondes rápido te llamaré.
sms — Tatiana O.
Leon: Muy simpática, sí. No tenía idea que ustedes eran tan amigas.
Leon: Me lo repito desde el día en que nací... Aunque a veces como chocolate blanco, mi problema es el cacao.
Leon: Galletas suenan perfecto. Y un café podría ser. Eso sí, ¿podrías acompañarme o tienes mucho que hacer?
Leon: Desde que todos están más pendiente de sus cosas me aburro más de lo que debería.
Tati: No somos taan amigas, pero podría decirse que comparación de otras seleccionadas, es bastante cercana.
Tati: Oh, de acuerdo... ¿Entonces quieres mejor chocolates blancos? Porque aquí hay de todo y sería casi lo mismo. Aunque si prefieres las galletas...
Tati: Respecto al café, concedido. Ya lo tengo conmigo. Mmm, ¿sinceramente? debo de terminar de hacer las compras, pero podría quedarme unos minutos.
Tati: Oh, pobre Leon. ¿No hay mucho que hacer o qué cuidar? Yo creía que ser guardia era un trabajo agotador.
sms — @Abbigail (Seleccionada).
Abbigail: ... fresas, mango y durazno, graciass Tatiana, pero porfavor déjame dormir un poco más
Abbigail: [ ha enviado una imagen: selfieenlacamahaciendounpuchero.jpg ]
Tati: [ selfiefrunciendoelceñoyalzandounacurchara.jpg ]
Tati: De acuerdo, pero sólo cinco minutos. Es lo que demoraré en terminar el desayuno.
Tati: ¡No más!

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( lady margo: )
Desde la partida del príncipe Ezio no había tenido mucho más que hacer mas que simples tareas por aquí y por allá que las jefas de doncellas le iban asignando para mantenerla ocupada. Fue así, que en uno de los momentos de ocio, pretendía dar una vuelta por el jardín helado con hermosas vistas que el palacio le ofrecía y grande fue sus sorpresa cuando notó una figura conocida. Sin pensarlo demasiado se acercó, soltando una risita por lo bajo ante la manera en que fue recibida por su compañera de trabajo—. En realidad, Tatiana… —hizo una pausa en búsqueda de las palabras más correctas para decir lo que deseaba sin sonar tan tonta como predecía iba a parecer. Tras unos segundos no hizo más que encogerse de hombros casualmente mientras esbozaba una sonrisa tranquila—. Digamos que te tengo una envidia sana por ese postre que estás saboreando y antes de proceder a pedirte una porción, debo recordar que no compartir es considerado una ofensa grave que provocará que acabes malita del estómago —exagerada, esa era la mejor palabra para describir todo el discurso que se montó.
Su atención no se ausento del rostro femenino, escuchó cada letra emitida, cada palabra y mientras la blonda más se expresaba, la doncella de labrador gustaba de posar una curva apacible en sus rosáceos fauces. Se encontraba deleitando de forma divertida entonces, la repentina compañía que su sino le obsequio. Aunque repudiase ahora mismo de un amigo o palabras cordiales (su egoísmo deseaba algo de soledad), tampoco podía rechazarla ¡Margo le resultaba terriblemente simpática! Algo que, con anterioridad, ya le había comentado. Por lo tanto, observó su postre con falsa indecisión. —No lo sé... —Hizo un gesto, tal un dolor se apropiara de su cuerpo de tan sólo imaginar convidar un poco de sus exquisitas frutillas. — Las he preparado con mucho esmero y si bien no deseo acabar malita del estomago, es una decisión difícil. —Expresó de forma casi dramática cabizbajo, tras un momento de silencio volvió a ver a la muchacha con un ameno mirar y una sonrisa que delataba cualquier broma que hubiese deseado jugarle. —¡Por supuesto! —Expresó como si fuese evidente que de todos modos le compartiría un poco. Tomó el pote con las frutillas y la crema y lo extendió en dirección a la blonda. — Ten, sírvete lo que gustes. —Le dijo incitándola a probar un poco del único postre que sabia hacer bien.
( lady hela: )
lullaby; the cure.
El sonido de sus pasos era la luz en la oscuridad profunda, una llama que se detuvo segundo a segundo junto a la ligera aceleración de su pulso, su corazón era un tambor comenzando a seguir un ritmo en ascenso. Jamás había sido una temerosa absoluta, pero aquellas ocho patas que se movían peligrosas sobre el mármol cambiaban todo, acortando distancia con el menudo cuerpo que de pronto se llenaba de arrepentimiento por haber abandonado su cama a tales horas en necesidad de un mísero vaso de agua, tomando valentía en la lobreguez de los infinitos pasillos. Pero estaba descalza y una ola helada corría toda su espina dorsal, y aquella era la razón principal de su miedo. Una silueta femenina logró que su mirada se desenfoque, parecía ser un salvavidas en aquel momento donde sus pies se petrificaron sin atreverse a ejercer movimiento alguno— ¡Tatiana! —siseado fue el nombre en búsqueda de tomar la atención de la blonda, realizando un pequeño saludo con su mano derecha — ¿Qué haces despierta a esta hora? —claro era que aquella había sido la interrogante equivocada, negó repetidas veces, apuntando con el dedo índice a la culpable de su cara pálida— Hay una araña gigante ahí, ¿puedes matarla? —pero, para su sorpresa, la maldita había iniciado con su fuga y, al contrario, el alivio se vio más lejano que nunca. @tatioswaal
La voz femenina se abrió paso en la pesada oscuridad de los pasillos, frenando entonces su sigiloso andar que no pretendía más que ser oculto con el resto de los ruidos nocturnos. Pasar desapercibida en aquel velo oscuro había sido un trabajo sencillo hasta que la voz de la doncella exclamó su nombre, se volteó entonces en su dirección y devolvió el saludo al mismo tiempo que se acercaba a su dirección. Al fin y al cabo, ya la había descubierto y nada quedaba por encubrir. — Hela, buenas noches. —Le dijo, mas la cuestión la tomó por sorpresa haciendo que frunciera su ceño, las palabras divagaban en su lengua tanto como en su mente. Un sin fin de ideas que no fueron emitidas, la verdad silenciada con aquella indecisión interna. Mas, apenas si entreabrió sus labios para decir algo, enseguida (y casi como un milagro) la pelinegra le ofrecía un escape perfecto. —Claro, lidiar con los insectos no era un trabajo de hombres en mi casa. — Versificó derrochando autosuficiencia, su madre había sido una sicario de cucarachas, moscas y arañas, la blonda con sus tres años no demoró en seguir sus pasos. — ¿Dónde dices que está? — Indagó tras un momento, no había rastros de aquel ser de ocho patas por dónde mirase, y si bien la escasa luz no ayudaba, aún se podía ver lo suficiente como para apreciar el rosto de su compañera, así mismo cómo cualquier ente pequeñito que anduviese por las paredes. Volvió a ver a Hela entonces, pero su semblante fue absorbido por una expresión de empeño y decisión; no careció de coraje. — Ya la vi. — La picara estaba justo detrás de la cobriza, burlándose de ambas en aquel paredón.
El sol soñoliento anunciaba su despedida, al mismo paso que la luna exclamaba su llegada. Una mezcla divina de colores tenues yacía sobre el edén, decorado por aquellas nubes blanquecinas que la doncella no podía dejar de apreciar. Con la excusa de despejarse por completo de sus deberes aquel día, pasadas las tres de la tarde tomó una manta, su postre favorito y se abrió paso hasta el jardín del inminente castillo con la intención de pasar el resto del día ahí mismo, haciendo nada. Una vez allí por fin, se tendió sobre la tela que la protegía, sutilmente, del pasto. Y entre tanto, disgustaba su paladar con una exquisitez de sabores que le obsequiaba aquel postre que tanto amaba (frutillas a la crema), sus tres placeres favoritos combinados con el atardecer llenaban de una inmensa alegría pura el corazón de la de cabellera dorada, sin embargo escaso fue el momento que tuvo para regocijarse en su propio paraíso. Sus zafiros capturaron la sombra que interrumpía su momento de elixir, una leona que observaba con recelo como uno de los suyos profanaba la más deliciosas de sus presas. — Me encantaría ayudarle con lo que fuese, pero... — ¿Cómo decirlo sin sonar grosera? — Hoy es mi día libre. —Resumió con simple inocencia, ansiando que eso sirva como excusa suficiente para quién había arribado hasta su, ahora, estimado lugar.
sms: Tati 🌟
Chrys: Eh, Tati ❗️❗️❗️
Chrys: No logro dormir...
Chrys: ¿Estás despierta?
Chrys: ¿Sabes cómo hacer del buen chocolate caliente?
Chrys: Mi sobrina siempre dice que me queda muy amargo 👎
Tati: Ahora si lo estoy, Chrys.
Tati: Quizá porque no le pones demasiada azúcar... Aunque, tú eres el chef aquí, ¿no?
Tati: ¿Por qué pregunta?, ¿le apetece un chocolate caliente en medio de la madrugada o sólo es una de esas cuestiones sin respuesta que uno se hace en pleno insomnio?
text: tatiana
Kolleen: Buenos días, Tati
Kolleen: Ya ha amanecido
Kolleen: Y debes despertar
Kolleen: Es hora de que saques tu hermoso rostro de la cama y salgas, que el día está hermoso
Tati: Escuché el móvil la primera vez que sonó, pero no pude hallarlo en mi escritorio hasta recién.
Tati: ¡Ya estoy despierta, Lady Kolleen!
Tati: ¿Le apetece un desayuno?

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sms — Tatiana O.
Leon: La verdad es que no he visto a lady Sapphire últimamente...
Leon: Pero he hablado con Peyton. Aparentemente todo está en orden.
Leon: ¿Por qué preguntas?
Leon: Soy alérgico al chocolate😑 pero puedes traerme otra cosa, ya que insistes.
Tati: Oh, fantástico. Muchas gracias, Leon.
Tati: Por mera curiosidad. Lady Sapphire es muy simpática, sólo quería saber si todo estaba en orden....
Tati: ¿De verdad? Qué maldición corre por tu paladar, entonces Leon. Descuida, no te llevaré chocolates (me los comeré yo), ¿qué me dices de unas galletas?
sms — @zahara (flower child.)
Zahara: No importa, no importa
Zahara: Me habías ilusionado con que fuera para mi igualmente, tengo que decirlo
Zahara: Pero la charla de frutas es lo mío 🌞 así que no te lo dejaré pasar
Zahara: ugh, difícil elección
Zahara: me iría por las manzanas por la época más que nada, los duraznos no suelen estar muy buenos en Enero
Zahara: pero si encontraste unos que valen la pena llévatelos por favor 🙏
Zahara: #duraznostrash🍑
Tati: ¿De verdad? Entonces hagamos de cuenta que no me he confundido *moon emoji*
Tati: ... Tienes razón, las manzanas están mejores. Es más, llevaré rojas y verdes.
Tati: Hay algunos duraznos que están bastante bien, ¿dices que lleve un kilo y un kilo? Luego podríamos hacer unos deliciosos liquidados.
Tati: Hasta podría pedir un cuarto de frutilla... Para hacer frutillas a la crema, ya sabes.
Tati: JAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAJA, de acuerdo. De acuerdo. ¡Llevaré durazno, manzanas y frutillas !
sms — @zahara (flower child.)
Tati: Entonces no sé si comprar manzanas o duraznos.
Tati: Las manzanas son más deliciosas, pero no lo sé ¡Encima el vendedor está mirándome de forma extraña! No es mi culpa que sus frutas sean deliciosas y no sepa cual elegir, ¿qué crees que debería hacer?
Tati: Oh, espera ¡Zahara! Lamento mucho molestarte, me he confundido de número. Lo siento.
Tati: Lo siento.
Tati: Lo siento.
Tati: Lo siento.
sms — @Abbigail (Seleccionada).
Tati: ¡Muy buenos días, Abbigail! ¿Los rayos del sol ya la han despertado?
Tati: ¡Arriba, arriba! Hoy su doncella ha pedido algo de mi ayuda,así que le estoy preparando el desayuno, ¿qué frutas prefiere?
Tati: [ha enviado una imagen: tatianaselfiehaciendoeldesayuno.jpg]
sms — @leon (guardia de Sapp.)
Tati: ¡Hola, Leon! ¿Qué tal te encuentras?
Tati: Lamento incordiarte, pero le he estado enviando mensajes a Peyton (la doncella de Sapphire) y no ha respondido ninguno de mis textos... Sólo quería saber que tal se encontraba tu seleccionada a cargo, si necesita de algo y demás.
Tati: PD: Estoy en una tienda de chocolates, ¿quieres unos? Podría alcanzártelos hasta dónde estas.

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( prince beaumont: )
Considerando las bajas temperaturas que tenía Illéa en estos momentos, una ducha caliente era una de las mejores opciones para tomar, y más si luego de hacerlo te esperaba una caja de Lady Godivas envidada especialmente por tu madre desde tu ciudad natal. Pero ese no era el caso de Beaumont, ya que éste no encontraba una de las cosas que habían llegado en el paquete que había recibido horas atrás, la famosa caja de chocolates. Más de diez minutos fue el tiempo que invirtió el inglés buscando aquello por todos los rincones de su cuarto, pero fue en vano. Dispuesto a buscar a su ayudante (porque se negaba a decirle doncello), salió de su cuarto con la toalla apoyada en su hombro y vistiendo muy poca ropa teniendo en cuenta que se encontraba en un hogar familiar, y ahí fue cuando dio con la bendita caja, la cual al parecer había dejado en una de las mesas de apoyo que se encontraban frente a la habitación de sus aposentos, junto a un jarrón. “Ahí están” Masculló entre dientes, mientras se acercaba para tomar aquel objeto de deseo, esperando que nadie lo viera en esa situación.
Telas de todos los colores yacían sobre los menudos brazos de la doncella oriunda de Labrador. Si bien se trataba de simples hilos, aquello pesaba la cantidad necesaria para hacerle bufar y quejarse internamente durante todo su camino, y es que, a veces creía que ir por telas a una tienda quizá era la peor parte de diseñar. No el momento de coser, ni de imaginarse un vestido en sí, mucho menos el combinar colores y tejidos. No, la peor parte era llevar las telas desde la tienda hasta su dormitorio sin ninguna mano ayuda que brindase un poco de caridad. Sin embargo, se aferraba a la idea de que, probablemente, existirían cosas peores. Irónico resultó el mundo entonces, cuando sin querer consumida en sus pensamientos y demás impactó con el cuerpo del príncipe. Mas la mayor sorpresa se la llevó tras dar su traspié (porque con mucha fuerza de voluntad no dejo caer las telas ni su mismo cuerpo, sólo retrocedió unos pasos) al hallarse con la imagen que, tan campante, le obsequiaba el hombre. — ¡Príncipe! —Exclamó con sabor a reproche, a sabiendas que cada vez que cualquier miembro de la realeza ingresaba al palacio con la cliché frase de “siéntase como en su casa”. No obstante, de reproche no tenía nada; no se sintió avergonzada ni mucho menos, acostumbrada a esas circunstancias se encontraba, mas nada más salió de sus fauces.
( veronika: )
Con la nueva disposición de las seleccionadas viviendo fuera del palacio, podía sentirse más a gusto con su visita a Illéa, no comprendía una situación molesta sobre la optativa moderna del matrimonio arreglado en una línea de mujeres nacidas en el país y, es que, parecía que algunas no sabían como comportarse y eso había generado rechazo en la princesa. Había estado en compañía de una doncella del palacio cuyo nombre olvidó quien amablemente ofreció preparar su té hasta la aparición de su designada doncella illéana. Pero la misma debió marchar antes de realizar su acción, y paciente la espero jugueteando con su celular, enviando fotos a sus amigas cercanas de Bulgaria. Cuando sintió a la joven regresar, sin elevar la mirada dijo “Ya puede servir el té, por favor, no es agradable si está frío, gracias”
Sin dar mucho revuelo prosiguió a dejar la bandeja plateada sobre la mesita de roble al lado que se hallaba la morena, tomó con la delicadeza de una pluma la tetera y prosiguió por verter el liquido esmeralda sobre la taza de porcelana bordeada de doradas lineas y garabatos hermosos. No obstante, una mente distraída podía causar desastres. Y así fue, cuando tras oír un extraño ruido a sus espaldas terminó volcando un poco de té fuera del recipiente correspondiente. Se asesinó mentalmente. No había forma de explicar aquella impotencia que comenzaba a dominarle, se había ofrecido voluntariamente servir a la princesa hasta que las jefas de doncellas decidan quién sería su servidumbre, mas jamás se imaginó que de un día para otro se volvería tan incompetente. — Mil disculpas, princesa Veronika. —Cabizbajo un carmesí se adueñaba de sus mejillas. —Limpiaré esté desastre, ¿desea que le deje el té o le traiga uno nuevo? —Indagó entre tanto sacaba un trapito blanquecino de su delantal, brillante en pulcro, para luego comenzar a despejar el liquido derramado de la bandeja.