Mar., 29 de oct - Matthieu, Cameron, Catherine y Astrid.
Han pasado tantas cosas en sólo dos o tres días que voy a intentar hacer memoria y compartir este pequeño resumen escrito de dos o tres páginas. Salimos de madrugada el día 26 de octubre del Hotel Shanti, Nueva Delhi. Estaba previsto que la partida fuera a las 4.00 de la mañana pero ya sabes… India funciona de otra manera. Se hacen las 6.00 AM cuando los tres autobuses, hasta los topes de futuros entrenadores Sivananda, salen hacia el que será un viaje interminable hasta los Himalayas indios.
Pasan solamente tres horas cuando estamos comiendo en una majestuosa estación de servicio. Absolutamente pensada para los autobuses de turistas, su diseño trata de imitar las modernas arquitecturas que podemos ver en cualquier autopista europea, con la diferencia fundamental de que ha sido construida enteramente con las manos. Cuatro jóvenes obreros a los que me cuesta poner una edad, almuerzan con nosotros en el descanso de su mañana de trabajo. Ellos están haciendo las funciones de carpinteros, de albañiles, y probablemente también sean los encargados de llevar la luz y el agua a esa nueva nave de la estación.
Aún hacemos tres paradas más en un viaje que llega a durar catorce horas por carreteras que se fueron complicando y convirtiendo en caminos, y después de eso, ni tan siquiera eran otra cosa que el rastro que otros autobuses pudieron dejar al pasar. En mitad de la negra noche nuestro joven guía dice: -“¡Por fin hemos llegado!” Se hace un silencio porque aparentemente todo aquello se ha quedado a oscuras y estamos en mitad de una naturaleza nada o muy poco doméstica. El autobús empieza a dar marcha atrás unos pocos metros y ahí está, a los pies de una de las dos fuentes del río Ganges (Alaknanda y Bhagirathi), el complejo que hará las veces de Ashram para los 47 que venimos de Reino Unido, Francia, Austria, Alemania, Norte América, Argentina, Colombia, Ecuador, Rusia, Sri Lanka y España: “los que no sabemos por qué estamos aquí" pero hemos venido y de echo, aquí estamos.
Para todos, las próximas semanas tienen previsto ser estrictas en cuanto a la disciplina horaria, las dietas, las rutinas físicas y las conferencias. Llevo tres días y me siento cansada pero cabe decir que el ejercicio físico que hacemos es moderado y estamos también algo enclaustrados en el complejo, por lo que en apariencia no puedo estar necesitando mayor energía para funcionar.
A las 5.15AM de la mañana empieza el día con el Karma Yoga (conocido en sánscrito como Seva, el Yoga de la Acción). Una aportación desinteresada a la comunidad de convivencia, basada en los principios de la actitud yóguica según la cual cualquier actividad diaria puede convertirse en un ejercicio de meditación activa. Hacia las 7.50AM terminan la meditación y el Aarti (आरात्रिक -arathi o aratrika), rito devocional de luz o puja al dios que habita en las montañas: Shiva, figura paterna de la destrucción, fundamental por cerrar el equilibrio en el ciclo del nacimiento y la muerte; y a la diosa del río: Maa Ganga o Ganga Devi, néctar de la inmortalidad.
A las 10.00AM tiene lugar la comida principal. La dieta apropiada es la vegetariana (Mitahara), basada en la eliminación de toxinas en el organismo: carnes, cafeína azúcares refinados y otras pequeñas drogas cotidianas. Consistente en arroz, chapati (o alguna otra clase de roti, como papadam) verduras cocinadas y dal (legumbres sin piel). Antes, entre las 8.00AM y las 10.00AM se imparten las Asanas (posturas) ejercicio físico del Yoga. Entre las 12.00PM y las 15.00PM asistimos diariamente a conferencias sobre nutrición, medicina ayurvédica, anatomía, filosofía Vedanta y Bhakti Yoga. Después de una pausa para un té, a las 16.00PM se retoman las clases prácticas. A las 18.00PM se sirve la cena y hasta las 21.30-22.00PM se alarga el día entre lecturas, notas, meditación silenciosa y un nuevo Aarti.
A partir de esa hora todos estamos en los dormitorios y el único sonido es el del cauce del río que si se me permite, me daré el gusto de grabar y subir a esta página. El río Alaknanda es poderoso, lo primero que me dijeron al llegar al Ashram es “tenemos un río que suena como el océano”. También la fauna es la mas exótica jamás imaginada y se despierta por la noche, que es cuando se hace presente el territorio de lo animal.
Todos estos nuevos hábitos y las estrictas normas de convivencia forman parte del camino del Sadhana, donde el Tyaga (abandono, renuncia) es necesario para dejar las ideas de la vida sensual y continuar adelante en el camino hacia la vida espiritual.
Las personas más felices que he conocido me dijeron que somos co-creadores de este mundo, y que todo lo que se desea con suficiente fuerza sucede si hay sinceridad en el corazón. Antes de despedirme, leeré unas pequeñas notas de un Sadhu (monje hindú), que está viniendo esta semana a cantar, y es francamente curioso porque entre cantos nos regala una pequeña metáfora:
"Cada parte del cuerpo humano es emocional."
"Lo que sea inconveniente para mi corazón, es inconveniente para mí."
"Comer debemos comer como come el corazón: el corazón necesita muy poquito para ser feliz."
"Yo soy lo que creo que es la Libertad. La pregunta es, '¿Qué es la Libertad?' La Libertad es probablemente ir detrás de la inquietud, acabar con la inquietud, de ahí la conveniencia de estar atentos a lo que indica el corazón: ¡Se podría decir que la nuestra es una vida guiada!"