Se van alejando los campos de hojas venideras. Los fondos, las olas que descifran lo eterno que es el tiempo en tus ojos. Las caricias mudas que nos regalan las noches de insomnio. Ya no galopan sobre el pasto. Hemos levantado los pies de la tierra. Nos supimos náufragos de lagos azules. Hemos huido, de toda la gravedad y los sueños de amor. Se van alejando, van nadando en el viento, limpios, como la arena de una botella que arrastra su tiempo. Como las llamas verdes y sus cenizas de picor sobre el ombligo. Ya no bailamos sobre el llanto acuífero de peces dorados.