Me diste el privilegio de conocerte sin dejar detalles pendientes. Me dibujaste todo tu mapa, “soy esto, esto y también esto”: valles, montañas, abismos que se complementaban y contradecían, bosques y mares y personas que te poblaron. No me di cuenta de que esa fue la primera red flag: supe todo de todos, cada felicidad y cada sufrimiento que te causaron. Me honraste con tu confianza y eso no me dejó ver que yo no me veía, no estaba ahí, yo no te poblaba. Me miré en vos y no me encontré. Creí que habitaba tu mundo y en realidad estaba colgado en una pared, sobre la chimenea. O como dijo Onetti en Juntacadáveres: “…sin más destino posible que ser un elemento en la existencia de otro, otros”.
La iniciativa quedaba en tus manos y la impotencia en las mías. ¿Qué pido? Nada. Esto no pretende ser un piquete, un corte de ruta. No busco volver a ninguna X en el mapa, reiniciar nada, ni terminar una mierda ni arreglar un carajo. Te cuento que me adapto como puedo, si puedo. Nunca tengo idea si puedo, con nadie, con nada. Voy y pruebo, a veces me juego más de lo que debería, pero voy, pruebo, veo. Lo que vine a decirte es que ahora estoy ciego. Ya no veo nada, me voy, al tanteo, si me quedo sufro y muero, si me voy probablemente también muera, pero solo eso.
Cuando leas esto es porque ya estoy lejos, además de que es tu prueba tangible de que me fui y ni siquiera de eso te diste cuenta.
“Mi alma está destruida para el porvenir, al menos para el más cercano. Mi pensamiento [...] ya no tiene la fuerza de evocar en una nada única el vacío diseminado en su porosidad” (Mallarmé en una carta de 1867)
(gracias a Joe por leer esto, por funcionar siempre como ingeniera y mecánica haciendo el mantenimiento de mis dramas para que se queden dentro de las fronteras de lo saludable. Gracias a Maru por ser la única en darse cuenta que me fui la última vez que me fui en el 2021 y eso que ni siquiera me fui de ella porque la cosa era con otra persona y en otra parte, gracias por verme cuando nadie miraba para acá)