La autora: Griselda Gambaro
Griselda Gambaro es una importante dramaturga argentina nacida en 1928. Creció viviendo la llamada década infame, un periodo corrupto en la política argentina que comenzó en 1930 y se dio por concluido en 1943. Su literatura está caracterizada por un fuerte componente de conciencia social: Gambaro trata de reflejar las problemáticas sociales y políticas de su época e intenta concienciar a su público de que adopten una postura responsable al respecto.
Aunque su actividad literaria destaca en el género teatral, sus inicios fueron en la narrativa, con novelas como Una felicidad con menos pena (1967), Ganarse la muerte (1976) y Nada que ver con otra historia (1972). Pasó un tiempo viviendo en Italia y tres años exiliada en Barcelona (entre 1977 y 1980), pero regresó a Argentina. A pesar de que Gambaro pasara casi toda su vida en Argentina, sus primeros textos no parecían tener un color nacional, según la crítica:
Cuando estrené mis primeras piezas era muy importante el movimiento de los autores realistas argentinos, como Roberto Cossa, Carlos Gorostiza, Ricardo Halac y Osvaldo Dragún. Me opusieron a este tipo de teatro, designando al mío como teatro del absurdo o de la crueldad. Creo que son etiquetas cómodas para los críticos. En realidad nosotros, los argentinos, estamos muy atentos a lo que pasa en el mundo. (Seoane y Gambaro 1983: 164)
Tanto es así que, aunque se la criticaba al principio de su carrera profesional por no escribir sobre temas sociales candentes, sus obras más destacadas son claras alegorías de situaciones políticas de su país, como se ve en La malasangre y en Antígona furiosa. Sus primeras publicaciones “exploraron las relaciones entre víctima/victimario y la violencia ejercida por un poder ilegítimo” (Featherston 2014: 76).
Sin perder ese foco en las relaciones entre víctima y victimario, la obra de Gambaro puede dividirse en dos etapas: una primera etapa marcada por la dependencia y una segunda etapa donde aparece el componente de la rebelión.
Primera etapa: dependencia
La etapa de la dependencia comprende las obras publicadas entre 1963 y 1973. La influencia más evidente en esta etapa es la de lo absurdo.
En esta estética de lo absurdo, las mayores influencias de Gambaro son el francés Samuel Beckett y el rumano Eugène Ionesco. En cuanto a la crueldad, la otra corriente estética donde la crítica colocaba el teatro de la autora, su influencia principal parece ser Antonin Artaud, también francés.
Segunda etapa: rebeldía
Esta segunda etapa incluye las obras publicadas de 1973 en adelante. La corriente que define esta etapa es la del realismo crítico.
Poco a poco, Gambaro fue dejándose influenciar más por los autores nacionales: “Cuando comencé a escribir estaba bastante aislada, conocí a los autores argentinos tardíamente. Me encontraba y me encuentro más cercana a ellos que a los europeos” (Seoane y Gambaro 1983: 164). La autora concibe su país como configurador de su voz literaria.
Además del realismo crítico, palpitante entre los dramaturgos argentinos de ese momento, aparece en el teatro de Gambaro la estética de lo grotesco. En esa ocasión, su influencia es el argentino Armando Discépolo. Gambaro describe el grotesco en la literatura de esta manera:
[…] es ese género donde se ve llorar la Biblia contra el calefón; desactualiza el drama y, sin empequeñecerlo, lo trae de este lado de las peripecias cotidianas. Donde los hombres fracasan y sufren sin demasiada grandeza. Donde un tropezón desafortunado, un defecto cómico, un resto de fideo colgando del bigote, en un rostro que llora, son capaces de desarticular —con el ridículo— las penas más profundas. (Seoane y Gambaro 1983: 164-165)
La autora utiliza esta estética para reflejar escenarios de su tiempo. Esto lo considera una diferencia con respecto a su referente, Discépolo, que utilizó el grotesco para retratar la época de la inmigración: “Este grotesco que escribimos hoy se emparienta con el otro, pero será, indudablemente, más ácido y más nostálgico” (1983: 165).
En esta etapa donde el elemento protagonista es la rebeldía contra la situación de violencia es donde se sitúa La malasangre, una obra que pinta un cuadro alegórico sobre la represión de la dictadura rosista. La protagonista, Dolores, será el personaje rebelde que dibuje el curso de la historia y descubra las consecuencias de su sublevación.














