2966- El pensamiento de Jürgen Habermas
Cuando nos planteamos dilemas morales no estamos solos, podemos comunicarnos con los demás y resolver con ellos estos dilemas. Aristóteles ya decía que el ser humano es un animal social. El diálogo es el verdadero motor de la ilustración. Uno de los factores que permitió superar el Antiguo Régimen fueron los intercambios comerciales, la gente empezó a viajar, a difundir información, noticias, opiniones, lazos de diálogo. Gracias a la comunicación hoy en día el debate social es posible, y esto nos permite defender una ética basada en el diálogo. Jurgen Habermas la llama ética discursiva.
Una norma solo será ética cuando todos los afectados por esta norma participen en el debate y la acepten libremente. Habermas cree que las utopías son un como un modelo al que hay que intentar acercarnos. Propone una razón dialógica, es decir basada en el diálogo. En contraposición a la razón monológica de Kant, donde el individuo es un ser autónomo que piensa en los demás, pero sin los demás.
Todas las acciones comunicativas entre personas deben tener cuatro requisitos:
Inteligibilidad, que se entienda lo que dices.
Veracidad, esperar que quien habla diga lo que piensa.
Verdad, que no se mienta.
Corrección, que nos movamos siempre dentro del marco legislativo.
De estas cuatro condiciones Habermas cree que la que se debe cumplir prioritariamente es la veracidad, que digas lo que piensas. Si otra falla siempre se puede arreglar encontrando puntos de encuentro.
El diálogo necesita de interlocutores válidos para resolver dilemas morales y llegar a puntos de encuentro. Los interlocutores válidos cumplen tres condiciones: Son capaces de usar el lenguaje para poder participar en el discurso. Son capaces de problematizar cualquier afirmación, no se tragan cualquier cosa. Y son capaces de expresar sus opiniones, deseos, necesidades etc.
Si se llega a un acuerdo cumpliendo estas condiciones, deben cumplirse otros dos principios. El principio de universalización, una norma será válida cuando todos sus afectados puedan aceptar libremente sus consecuencias sin intereses partidistas. El principio de la ética discursiva solo es válido, las normas que encuentran aceptación entre todos los afectados que participan en el discurso.
Hay que estar dispuestos a aceptar sin presiones lo que se acabe decidiendo, no valen los razonamientos individuales, la ética de Habermas siempre incluye la necesidad del debate social para llegar a un acuerdo.