La nostalgia nos invita a citarnos en algĆŗn atardecer y, de ser posible, lo visitarĆamos sin que faltara algĆŗn destello, grano de arena o aroma. Sin embargo, aun siguiendo aquel ritmo de nuestros pasos con las olas, nunca podrĆamos volver a esa playa: hace tiempo que nuestras almas se disolvieron con el mar.














