Hay un cierto nivel melancolía en esta vista, créanme que si; un reconocimiento de que un capítulo se cierra, de que los días de descanso y descubrimiento están llegando o llegaron a su fin.
Sin embargo, también hay gratitud por todo lo vivido, en familia, con seres amados y muy especiales, por los recuerdos que llevaremos con nosotros a casa, esos recuerdos que son tan duraderos como el recuerdo de cada cual lo permita.
Esta imagen no es solo el rastro de uno de los cruceros mas grandes en este momento en el océano; es la metáfora perfecta de nuestro viaje por la vida.
Dejamos huellas en cada lugar, en cada persona que tocamos, y esas huellas, aunque se desvanezcan con el tiempo, así como la efímera esfera de burbujas en el agua, son lo que nos definen y recuerdan de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Ahora, mientras el horizonte se desdibuja, preparandose para el atardecer, el sol se prepara para descansar, y yo celebro este final, este adiós a un viaje inolvidable, con la certeza de que las huellas que hemos dejado en el agua y en nuestros corazones perdurarán mucho más allá de lo que la vista puede alcanzar.
Agradezco a Dios y mi Familia por eso.













