RIP Maria Niotis and Isabella Salas. They were recently murdered in a hit-and-run committed by a Right-Wing extremist that was infuriated at their criticism of Charlie Kirk.
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RIP Maria Niotis and Isabella Salas. They were recently murdered in a hit-and-run committed by a Right-Wing extremist that was infuriated at their criticism of Charlie Kirk.

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Hoy cuando anunciaron que encontraron a las tres chicas desaparecidas enterradas en bolsas sentí un vacío en el pecho, se sintió como cuando tenia 13 años y aprendí lo que era un femicidio con el caso de Ángeles Rawson.
Una de las chicas que asesinaron tenia 15 años y era victima de violaciones por trata desde los 11.
Todos están hablando del tema en twitter (algunos con opiniones muy de mierda) y me parece importante aclarar algo.
TODAS las mujeres estamos en constante riesgo de ser violadas y asesinadas, pero ese riesgo no es igual para todas. Las mujeres pobres siempre van a correr un riesgo mayor.
Las mujeres de barrios vulnerables lo sabemos muy bien, la crisis económica siempre va a aumentar la prostitución. Porque somos objetos de consumo, porque cuando no tenés para comer, no conseguis trabajo y no tenés a nadie que te ayude siempre va a haber alguien dispuesto a violarte a cambio de unos pesos.
Repito, Lara tenía 15 y 'trabajaba de prostituta' desde los 11! Esto es un problema de falta de políticas de estado. Las tres chicas crecieron ya puestas en una posición de vulnerabilidad frente a la sociedad donde estos temas se trataban como un trabajo más, nadie las ayudó, nadie estuvo con ellas durante su crecimiento. Sus familiares o eran negligentes o sabian lo que le estaba pasando a su hija y no les afectaba lo suficiente para sacarla de ahí. Lara no tenia a nadie.
Es muy fácil opinar cuando la mayoría no tienen la más mínima idea de lo que es crecer en un ambiente así, de lo que es pensar en la prostitución como una opción y lo que te lleva a eso.
Estos debates no van a ir a ningún lado hasta que acepten la interseccionalidad en sus discursos y como las más afectadas siempre son las mismas.
Estoy muy enojada, estoy muy triste. A veces siento que es al pedo todo porque es hablar con una pared.
ojalá cuando me maten
haya podido
haya logrado ser
la puta más puta
la puta más reventada
usada, reusada y tirada
que les de asco hablar de mí
que se avergüencen todos
de decir mi nombre
que les de náuseas
y que su vómito
sea como miel
al lado de mi carne podrida
de tan puta reventada
que haya logrado ser
así cuando maten a las otras
no puedan decir
que eran ligeritas
que vestían lo que vestían
que salían con quien salían
que hacían lo que hacían
que la nena no era tan nena
que la mujer no era tan honrada
que debieron ser más inteligentes
más recatadas
no pasar por ese lugar
a esa hora
no juntarse con
no criarse en
no elegir qué
no ser, ¿no ser qué?
no ser mujeres dignas
que por ser "malas" mujeres
las mataron
- uraniumbunny
NI UNA MENOS
Skinny fat, skinny esto, skinny aquello, skinny blablabla. Hip dips, heroine chic. Que flaca, que alta, que baja, que petit. Muchos anglicismos y siempre lo mismo: hay que quererse, hay que soltar. El cuerpo es maravilloso, no hay que hablar del cuerpo ajeno. Y que “qué es lo saludable, qué no es lo saludable”. Preocupada y perseguida porque: ¿esto es un outfit o es solamente una persona flaca?
Realmente me duele, me mata. Nos mata.
Un amigo dice que no puede creer cómo tantas de sus amigas estamos preocupadas por estas cosas, con lo brillantes y bellas que somos, con el entendimiento amplio que tenemos del mundo. Y yo la verdad que tampoco entiendo cómo tengo tiempo para estar preocupada por esto. Pero en realidad no tengo tiempo para nada, porque estoy bajo la línea de pobreza, por supuesto. Porque mi madre no se va a jubilar, qué sé yo. Puedo llamarme de cualquier manera, pero lo importante es que soy una mujer de casi 29 años en la Argentina, discapacitada, con salud limitada y, por supuesto, pobre. Hablo desde este contexto.
En la Argentina de Milei, en la que se promulgó la Ley de Emergencia en Discapacidad, pero el gobierno todavía no sabe cómo va a financiarla ni cómo va a aplicarla. Y si bien esto tiene cargos penales, todavía nadie de la oposición - esa manga de tibios que te invitan a resistir - se puso un poco las pilas y puso las pelotas sobre la mesa para hacerle juicio político a este sorete.
Y yo, todavía, tengo tiempo para estar pensando en mi cuerpo: festejar si bajo un kilo, cómo me veo, cómo no me veo, que debería ser más flaca para que tal ropa me quede mejor. Tengo casi 30 años y las cosas que me atormentan son más o menos las mismas que a los 15 porque el sistema no descansa, se asimila y se adapta. Antes miraba Fashion TV, ahora entro a Instagram dos segundos y ya tengo 50 defectos nuevos en el cuerpo. ¿Qué carajos son los hip dips? También tengo que pedir disculpas cuando se me mueve la frente porque frunzo el ceño – porque estoy enojada, furiosa, harta – o si se me marcan las patas de gallo cuando lloro porque nos siguen matando como si nada.
En medio de un gobierno cuyo primer mandatario dice que "el feminismo es una distorsión del concepto de igualdad", que a los hombres los matan igual, los roban y los mandan a la guerra… Que bueno, dicho sea de paso: eso será una problemática yanqui, no argentina. Por otro lado, tenés al ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona (si quieren, googleen: Lourdes Di Natale), diciendo que hay que eliminar la figura del femicidio del Código Penal.
Mientras tanto, en Plaza Flores, la policía está bien activa y aceitada para ir a reprimir a la gente que se autoconvocó de forma pacífica para reclamar por tres pibas: Lara, Brenda y Morena.
En un momento en el que algunos siguen fascinados con el pito flácido de Estados Unidos, chochos de que les llenen la cara de leche colonizadora, mientras los “argentinos de bien” repiten lo de siempre. Y las personas que no comen siempre son las mismas. Las personas que comemos menos nos hacemos las boludas y nos cebamos un termo más de mate, mientras siguen hambreando y matando pibas.
En vez de preguntarse por qué carajo tres pibas terminan descuartizadas en una bolsa, dicen: “Bueno, pero eran prostitutas”, “Bueno, pero andaban con la droga”, “Bueno, pero para qué van a una fiesta narco”, “Lo que mal empieza mal acaba”, y yo qué sé, qué sé cuánto. Todos son los paladines de la moral y de las decisiones correctas. Nunca rompieron un plato y eso, de alguna manera, les da alguna especie de autoridad moral, alguna especie de superioridad para decir que quizá estas pibas “se lo buscaron”.
Y yo acá pensando si se me escapa un rollo entre el pantalón y la remera, si se me arruga la frente… mataron a tres pendejas, dos de 20 años y una de 15, porque hay un Estado y un mercado al cual no le interesa en lo absoluto. Pensando en comer menos, cuando en realidad no sé si me queda otra. Los platos son, consciente o inconscientemente, más chicos. Y el mate, el mate, el mate, que me sacia el hambre. Porque a veces tengo para comer, pero a veces no tengo tanto. Y hay que saber racionar.
Mientras tanto, los chetos que tienen fiestas con banquetes de cosas que no comen. Las marcas de alto nivel hacen campañas con comida como símbolo de estatus, donde no comerla indica todavía más estatus. Y quienes no comemos porque no podemos, porque el Estado nos excluye, somos siempre los mismos.
¿Qué futuro tiene la gente?, ¿qué le espera a las mujeres? Todo el mundo las juzga: “que tenían las uñas hechas, que si esto, que si lo otro…” Pero eran tres pibas. Una menor de edad en situaciones vulnerables ejerciendo la prostitución, probablemente romantizando para refugiarse ahí. Porque hay cosas que si no las romantizás o no las contás con humor, te matás o salís a matar a alguno.
Si no lo vivís como una peli tipo Mujer Bonita, es insostenible. Si no te disfrazás de la Emilia Mernes de turno, también. Porque venderse es una cagada, pero todos queremos vivir bien, tener plata, darnos gustos, pagar gastos urgentes.
¿Y eso justifica terminar despedazada en bolsas? ¿Eso justifica vivir como si nada un mundo donde el genocidio al pueblo palestino se transmite en vivo, en 4K, en HD? ¿Justifica que yo tenga que racionar lo que hay en alacena, que no compre carne porque no me alcanza?
En Argentina no como carne. En el país de la carne, nadie puede comer carne porque se la llevan toda. Nos hambrean, y si no, intentan hacernos creer que debemos hambrearnos para vernos lindas. Porque así es, Y2K bebé. Skinny fat, que si ser bonita, que si la cintura, que si la sobriedad, que si ser fina y la pelotudes.
Nos estamos cagando de hambre mientras siempre son los mismos los que hacen banquetes con comida linda, bella, ornamental que nunca comen y que tiran. Y mientras tanto, quienes bandejeamos en esos caterings exclusivos somos siempre las mismas.
Not an isolated case
His name is Pablo Laurta.
He is a founding member of Varones Unidos (@varonesuni2), a Uruguayan "men’s rights" group known for spreading hate under the disguise of defending men and fathers.
For years, Laurta has appeared in political and media spaces giving speeches against feminism, ranting about "gender ideology" and "false accusations that destroy men’s lives."
There are photos of him with Agustín Laje and other figures of the far-right movement across Latin America.
Through both the Varones Unidos account and his own personal social media, Laurta has shared openly misogynistic content — denying gender-based violence and mocking the very idea of femicide.
The same tired narrative as always: portraying men as victims, demonizing women, and calling resentment "equality."
Recently, Pablo Laurta traveled from Uruguay to Córdoba, Argentina.
There, he murdered his ex-partner and her mother, and later kidnapped his son.
It’s also suspected that he set several fires during his escape, although that has not yet been officially confirmed.
Laurta already had previous reports for gender-based violence.
His ex-partner had a panic button issued by authorities, and Laurta was legally forbidden to see his son because of those prior complaints.
_
The Varones Unidos account has since been suspended, but many of its tweets were archived through screenshots, along with posts from Laurta’s personal account.
(I’m not going to translate that garbage — if you don’t speak Spanish and you’re curious, you can use a translator yourself.)
_
Ideologies like masculinism are profoundly dangerous.
They don’t defend the rights of men, children, or fathers.
Their entire purpose is reactionary, to stand in opposition to women’s progress and feminist movements.
That’s why they so often end up embracing misogyny, homophobia, and transphobia.
They don’t fight for equality; they fight to restore male dominance, as if it were some kind of lost right.
And while they attack women and feminists, these groups often connect with other male-dominated, hate-filled spaces:
red pill communities, anti-LGBT+ movements, far-right libertarians, and 'conspiracy' groups.
Varones Unidos is part of that same web, closely tied to figures like Agustín Laje and his colleagues, all equally questionable in their public roles and rhetoric.
Now, those who once shared stages, photos, and causes with Laurta are desperately trying to distance themselves.
They say it’s "an isolated case."
But it isn’t.
It’s not an isolated case when the very ideas you promote feed hatred, dehumanization, and resentment toward women.
It’s no coincidence that these spaces keep producing abusers, stalkers, and murderers.
It’s not "one bad apple." It’s the whole tree that’s rotten.
Groups like Varones Unidos are not "discussion spaces."
They are incubators of violence.
And that violence, sooner or later, becomes real.

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La oscuridad dentro de mí.
—Osvaldo Aguirre.
Sinopsis: Las estadísticas sobre femicidios en la Argentina son abrumadoras. Las historias individuales y aun la trama misma del fenómeno, sin embargo, a veces se desdibujan en la contabilización del registro y la crónica diaria. Los casos se repiten con tal intensidad y frecuencia que los detalles y las circunstancias particulares se pierden de vista, y esa vertiginosa sucesión puede ser un obstáculo para la memoria de las víctimas y la comprensión de los dramas que sufrieron.
En este libro Osvaldo Aguirre reconstruye minuciosamente cinco casos de ese conjunto sobre la base de información de archivo. Los asesinatos de Carla Figueroa en manos de Marcelo Tomaselli, el de Elke Yvars Beck cometido por su marido Claudio Ángel López, el de Claudia Schaefer, asesinada por su esposo Fernando Farré, el de Gabriela Parra, cometido por Alejandro Daniel Bajeneta, y el de Nicole Sessarego Bórquez, por Lucas Azcona, son episodios que patentizan distintos aspectos de la violencia: los preconceptos de la Justicia, las múltiples dificultades de las víctimas para hacerse escuchar, los lugares comunes que naturalizan los malos tratos y legitiman los crímenes, el drama de los hijos de femicidas, las formas de agresión que se encubren bajo estereotipos y cursilerías amorosas. En el centro de esta trama se encuentra la palabra de los femicidas.
Reseña: Cuando éramos chiquitos (y puede que en la actualidad también) probablemente no había cosa más horrible que leer al final o al principio de una película de terror «basado en hechos reales».
Bueno, poco a poco fuimos entendiendo que ese concepto nunca fue literal, sino más bien que cierto factor real pudo haber sido inspiración, o puede que solo un porcentaje de lo narrado haya pasado de verdad.
Lamentablemente, con este libro no pasa. Y no hace ni falta que te lo aclaren.
Cuando me encontré con este título en la estantería lo primero que se me ocurrió fue dar vuelta el libro, esperando una sinopsis de una única historia concreta y concisa. No había demasiado para dejar volar la imaginación sobre qué se trataba, y en los segundos en el que mi muñeca se movía de un lado al otro, jugué solo un poco con mi expectativa: «Hay mínimo un asesinato, ¿desde la perspectiva de quién lo va a contar?». Me esperaba una novela, probablemente inventada, salida de algún concepto quizá no tan alejado de «basado en hechos reales». Pero cuando llegué a la contratapa, antes de prestarle atención a las letras blancas de la descripción, mis ojos se posaron en las cinco fotos hiladas una debajo de la otra de cinco hombres distintos. No me hice ninguna pregunta, creo que no hice a tiempo o es que me dejó demasiado descolocada, pero mi cerebro no había hecho click todavía. Entonces pasé a leer de qué se trataba. Ya la primera frase me chocó de manera diferente y no sé exactamente en qué momento dejé de respirar al leer, como si se tratase de una lista de supermercado, los nombres que pertenecían a chicas, pasaron a ser nombres de casos.
No sé. Ni la peor película de terror con su mejor intento de hacerme creer que todo lo que pasa ahí es real, ni los ruidos que escuché alguna vez en casa de más chiquita me causaron nunca tanto miedo como de repente me causó el darme cuenta de que yo estaba en la librería sola. Y tenía que caminar unas cuantas cuadras hasta la parada del colectivo y volver a casa... sola.
Lo que pasa dentro de esas 190 páginas no es una novela, y empieza fuerte y crudo en el prólogo, cuando uno de los asesinos, listo para la entrevista, llega con comida y desplaza todo sobre la mesa con total meticulosidad, dejando todo a disposición del entrevistador (que parecía más su invitado), comentando educadamente antes de empezar «Para que me conozcas como soy, no por lo que dice la historia mediática».
Cada uno de los cinco casos reconstruye los asesinatos de manera diferente. Entre cámaras de seguridad, llamadas a la policía, testigos vivamente presenciales, fragmentos de los juicios, noticias, las palabras de las familias mismas, tanto de las víctimas como de los femicidas. Y cuenta sobre todo la «lucha» de la justicia, de lo que cuesta hacerla valer, de cómo realmente es una mierda y de cómo, por más denuncia por violencia y perimetral que se ponga, es como si nada. Cómo las condenas son reducidas a tres simples años, cómo se intenta hacer pasar el femicidio por homicidio para modificar los cargos, cómo otros hombres de la justicia (e incluso mujeres) llegan a defender los actos y hasta cómo se intenta hacer responsable a la víctima.
Las declaraciones de los hombres van desde quienes no se arrepienten ni un poquito, hasta los que fingen haberse olvidado todo; a los que no ven nada malo en lo que hicieron porque ni siquiera lo aceptan como conducta suya; quienes, aún con la víctima muerta, la siguen culpando para desligarse; a quienes se autoproclaman víctimas, y a quienes entienden y aceptan la dimensión de sus actos.
Y es durísimo encontrarte línea a línea el relato de lo que ocurre, leer nombres, las relaciones que existen entre víctima y victimario, la falta de escrúpulos a la hora de actuar, leer barrios, leer calles.
Calles.
Yo estaba en el colectivo cuando iba por el caso de Gabriela Parra, cuando una dirección dictaba: Rivadavia 4502. Por inercia levanté la mirada para mirar por la ventana, y, digno de trama de novela con escenas convenientes, me encontré con ese lugar. Me dio un escalofrío por la cantidad de veces que estuve por ahí, justo ahí. Ver las calles que mencionaban, las horas... y pensar en las chicas de mi familia, en sus madres, hermanas... En mis amigas... Pensar en mis amigas. Cuando salimos y llega el momento de separarnos, cómo late con fuerza el corazón cuando en el chat no aparece el mensaje «Llegué», cuando no contestan las llamadas, cuando el WhatsApp tiene solo una tilde. Entré en un pequeño momento de pánico por acordarme en dónde viven, si estuvieron o suelen estar cerca de todas esas calles, o si pasan seguido; y desmoronarme en seguida porque no es que son esas calles, puede ser cualquier calle, puede ser cualquier habitación, puede ser cualquier casa. Su casa.
Tener miedo porque puede ser cualquiera con quien ellas se junten. O tal vez peor, que ni siquiera exista relación. Como en el caso de Lucas Azcona, que salió temprano a trabajar y de paso mató a Nicole Sessarego simplemente porque, como dijo él: «Tenía ganas de matar».
Mi pregunta se contestó sola en el momento en el que empecé a leer:
¿Desde la perspectiva de quién lo va a contar?
La misma de siempre, la de ellos.
Porque ellas ya no están.
El presidente transandino califica el feminismo como una “pelea ridícula y antinatural entre el hombre y la mujer” y, en el marco del proyec
Argentina and the stigmatization of feminism in the Milei era
The trans-Andean president describes feminism as a “ridiculous and unnatural fight between men and women” and, within the framework of the omnibus project, intends to modify the Micaela Law, the norm that since 2019 establishes mandatory training in gender violence for all people who work in public office.
Femicides in Argentina have gradually increased in recent years, despite the fact that the Micaela Law was enacted in 2019 after the femicide of Micaela García, who was 21 years old when she was raped and murdered in 2017 by a criminal who had already served a sentence before. for raping two women in 2010. In 2019 , 327 femicides were recorded , with an estimate of one woman murdered every 24 hours, according to that year's report from “Now that they do see us.”
For Nestor “Yuyo” García , Micaela's father and promoter of the law that bears his name, the increase in femicides is the product of “different actors who are in national politics.” “This generates violence and makes people who have been taking care of themselves identify a context in which they can continue exercising violence as they have been exercising it,” he tells La Tercera.
García points to Milei 's “misogynistic” comments at the Davos Forum , where he attacked feminism and the environment, considering them part of the influence of socialism on Western economic policies. “The first of these new battles was the ridiculous and unnatural fight between man and woman . Libertarianism already establishes equality between the sexes. (...) The only thing that this agenda has resulted in is greater intervention by the State to hinder the economic process,” he said.
March 8: World Women's Day
8 de Marzo: dia mundial de la mujer