seen from Australia

seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Netherlands

seen from Netherlands

seen from Germany

seen from Germany
seen from United States

seen from Germany
seen from China

seen from United States

seen from Portugal
seen from China

seen from Japan

seen from United States
seen from Japan
seen from Netherlands
seen from Netherlands

seen from Netherlands
seen from United States

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Gateway to Healing
Puerta de entrada a mi sanación
NUESTRA CARCER DE CRISTAL.
Sé que no soy la única persona que se siente así. También sé que mis problemas no son nada comparados con los de otras personas, pero para mí son muy grandes. No poder dejar de llorar y tener que hacerlo a escondidas duele muchísimo. No quiero que me vean mal, mucho menos mi hijo. Él no tiene la culpa de nada y merece ver a su mamá feliz y fuerte.
Pero hay días en los que me siento rota, en los que siento que no puedo respirar. Necesito hacer un cambio, aunque sé que hoy no puedo hacerlo. Por más que quiera con todas mis fuerzas estar bien, siempre hay algo que no me lo permite.
Sin trabajo, sin casa y sin dinero, ¿cómo voy a hacer sola con él? Quiero poder darle todo lo mejor del mundo, porque el amor no alcanza. Amor jamás le va a faltar, pero ¿y todo lo demás? Es mentira que solo con amor basta. Los hijos necesitan comer, bañarse, educación, salud y bienestar. Y para todo eso se necesita dinero, un sueldo, la seguridad de que mañana van a tener un plato de comida.
Ser mamá es un trabajo de tiempo completo. Muchas veces no tenemos la posibilidad de trabajar ocho o nueve horas, y aun si pudiéramos, no siempre hay trabajo, sobre todo cuando estudiamos y trabajamos al mismo tiempo. Los hijos crean un vínculo de apego que dura, al menos, hasta los tres o cuatro años. Ellos se angustian sin su mamá, y nosotras también nos angustiamos sin ellos.
Y ahí es donde aparece la persona a la que deberíamos poder pedir ayuda: el padre. Pero muchas veces él cree que, por ser quien trae el pan a la mesa, tiene la razón absoluta, que nunca se equivoca y que todo le sale bien. Nosotras no tenemos el privilegio de equivocarnos, porque pareciera que nuestro único trabajo es ser madres y nada más.
Ellos sí pueden echarnos en cara que nos mantienen, que hacen y dan todo económicamente. Muchas de nosotras nos enamoramos siendo muy jóvenes y tuvimos un hijo con la persona que amábamos. Nosotras hicimos una pausa en nuestros planes para brindarle amor y cuidado a nuestro hijo como se merece, mientras ellos continuaron con su ritmo y su vida normal.
Nosotras cambiamos física, mental y emocionalmente. Perdimos muchas veces el privilegio de poder volver a la casa de nuestros padres, y por eso tenemos que soportar muchas cosas por el bien de nuestros hijos. Porque, aunque no nos guste la situación, sabemos que a ellos no les falta nada. Pero si tomamos una decisión pensando en nuestro bienestar, sentimos que terminamos perjudicándolos a ellos.
Por eso aguantamos muchas cosas, demasiadas a veces. Pero con el tiempo vamos a poder solas, y nadie debería juzgarnos por las decisiones que tomamos. Solo hace falta tiempo. Y el tiempo, como sabemos, pasa rápido. Es cuestión de seguir adelante por ellos, porque todo, tarde o temprano, pasa.
1-Champiñones con jamón, 2-Puerros con jamón cocido en salsa verde, 3-Ensalada de granada y aguacate, 4-Bacalao con patatas panadera y pimiento verde, 5-Garbanzos con jamón y huevo, 6-Puré de calabacín con picatostes, 7-Filetes rusos de pollo con pimientos verdes de padrón, 8-Tarta de manzana.
Skinny fat, skinny esto, skinny aquello, skinny blablabla. Hip dips, heroine chic. Que flaca, que alta, que baja, que petit. Muchos anglicismos y siempre lo mismo: hay que quererse, hay que soltar. El cuerpo es maravilloso, no hay que hablar del cuerpo ajeno. Y que “qué es lo saludable, qué no es lo saludable”. Preocupada y perseguida porque: ¿esto es un outfit o es solamente una persona flaca?
Realmente me duele, me mata. Nos mata.
Un amigo dice que no puede creer cómo tantas de sus amigas estamos preocupadas por estas cosas, con lo brillantes y bellas que somos, con el entendimiento amplio que tenemos del mundo. Y yo la verdad que tampoco entiendo cómo tengo tiempo para estar preocupada por esto. Pero en realidad no tengo tiempo para nada, porque estoy bajo la línea de pobreza, por supuesto. Porque mi madre no se va a jubilar, qué sé yo. Puedo llamarme de cualquier manera, pero lo importante es que soy una mujer de casi 29 años en la Argentina, discapacitada, con salud limitada y, por supuesto, pobre. Hablo desde este contexto.
En la Argentina de Milei, en la que se promulgó la Ley de Emergencia en Discapacidad, pero el gobierno todavía no sabe cómo va a financiarla ni cómo va a aplicarla. Y si bien esto tiene cargos penales, todavía nadie de la oposición - esa manga de tibios que te invitan a resistir - se puso un poco las pilas y puso las pelotas sobre la mesa para hacerle juicio político a este sorete.
Y yo, todavía, tengo tiempo para estar pensando en mi cuerpo: festejar si bajo un kilo, cómo me veo, cómo no me veo, que debería ser más flaca para que tal ropa me quede mejor. Tengo casi 30 años y las cosas que me atormentan son más o menos las mismas que a los 15 porque el sistema no descansa, se asimila y se adapta. Antes miraba Fashion TV, ahora entro a Instagram dos segundos y ya tengo 50 defectos nuevos en el cuerpo. ¿Qué carajos son los hip dips? También tengo que pedir disculpas cuando se me mueve la frente porque frunzo el ceño – porque estoy enojada, furiosa, harta – o si se me marcan las patas de gallo cuando lloro porque nos siguen matando como si nada.
En medio de un gobierno cuyo primer mandatario dice que "el feminismo es una distorsión del concepto de igualdad", que a los hombres los matan igual, los roban y los mandan a la guerra… Que bueno, dicho sea de paso: eso será una problemática yanqui, no argentina. Por otro lado, tenés al ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona (si quieren, googleen: Lourdes Di Natale), diciendo que hay que eliminar la figura del femicidio del Código Penal.
Mientras tanto, en Plaza Flores, la policía está bien activa y aceitada para ir a reprimir a la gente que se autoconvocó de forma pacífica para reclamar por tres pibas: Lara, Brenda y Morena.
En un momento en el que algunos siguen fascinados con el pito flácido de Estados Unidos, chochos de que les llenen la cara de leche colonizadora, mientras los “argentinos de bien” repiten lo de siempre. Y las personas que no comen siempre son las mismas. Las personas que comemos menos nos hacemos las boludas y nos cebamos un termo más de mate, mientras siguen hambreando y matando pibas.
En vez de preguntarse por qué carajo tres pibas terminan descuartizadas en una bolsa, dicen: “Bueno, pero eran prostitutas”, “Bueno, pero andaban con la droga”, “Bueno, pero para qué van a una fiesta narco”, “Lo que mal empieza mal acaba”, y yo qué sé, qué sé cuánto. Todos son los paladines de la moral y de las decisiones correctas. Nunca rompieron un plato y eso, de alguna manera, les da alguna especie de autoridad moral, alguna especie de superioridad para decir que quizá estas pibas “se lo buscaron”.
Y yo acá pensando si se me escapa un rollo entre el pantalón y la remera, si se me arruga la frente… mataron a tres pendejas, dos de 20 años y una de 15, porque hay un Estado y un mercado al cual no le interesa en lo absoluto. Pensando en comer menos, cuando en realidad no sé si me queda otra. Los platos son, consciente o inconscientemente, más chicos. Y el mate, el mate, el mate, que me sacia el hambre. Porque a veces tengo para comer, pero a veces no tengo tanto. Y hay que saber racionar.
Mientras tanto, los chetos que tienen fiestas con banquetes de cosas que no comen. Las marcas de alto nivel hacen campañas con comida como símbolo de estatus, donde no comerla indica todavía más estatus. Y quienes no comemos porque no podemos, porque el Estado nos excluye, somos siempre los mismos.
¿Qué futuro tiene la gente?, ¿qué le espera a las mujeres? Todo el mundo las juzga: “que tenían las uñas hechas, que si esto, que si lo otro…” Pero eran tres pibas. Una menor de edad en situaciones vulnerables ejerciendo la prostitución, probablemente romantizando para refugiarse ahí. Porque hay cosas que si no las romantizás o no las contás con humor, te matás o salís a matar a alguno.
Si no lo vivís como una peli tipo Mujer Bonita, es insostenible. Si no te disfrazás de la Emilia Mernes de turno, también. Porque venderse es una cagada, pero todos queremos vivir bien, tener plata, darnos gustos, pagar gastos urgentes.
¿Y eso justifica terminar despedazada en bolsas? ¿Eso justifica vivir como si nada un mundo donde el genocidio al pueblo palestino se transmite en vivo, en 4K, en HD? ¿Justifica que yo tenga que racionar lo que hay en alacena, que no compre carne porque no me alcanza?
En Argentina no como carne. En el país de la carne, nadie puede comer carne porque se la llevan toda. Nos hambrean, y si no, intentan hacernos creer que debemos hambrearnos para vernos lindas. Porque así es, Y2K bebé. Skinny fat, que si ser bonita, que si la cintura, que si la sobriedad, que si ser fina y la pelotudes.
Nos estamos cagando de hambre mientras siempre son los mismos los que hacen banquetes con comida linda, bella, ornamental que nunca comen y que tiran. Y mientras tanto, quienes bandejeamos en esos caterings exclusivos somos siempre las mismas.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Amo correr.
Me parece hermoso eso de cómo nos convertimos en otros incluso en la misma pareja con el paso del tiempo. Porque lo constante en dos que evolucionan es el cambio. Como cuando William Maugham dice: es una suerte que, al cambiar, sigamos amando a una persona cambiada.