Biorritmo · Arnold Krumm-Heller
Este libro refleja muy bien la forma en la que entiendo a los seres humanos.
No como algo fijo ni como una sola identidad, sino como un movimiento constante entre voluntad, alma y espÃritu.
O dicho de otra manera: energÃa masculina, energÃa femenina y una dimensión espiritual que las atraviesa y les da sentido.
Biorritmo, de Arnold Krumm-Heller, no es un libro psicológico ni predictivo.
No habla de estados de ánimo ni de rasgos de personalidad.
Habla de ritmo.
Krumm-Heller parte de algo esencial: el ser humano no es dual, es trino.
Voluntad, alma y espÃritu.
Los biorritmos no miden cómo te sientes, sino qué potencia del ser está más activa en cada momento y cómo se expresa en el tiempo.
Cuando aquà se habla de potencias, no es casual.
Para Krumm-Heller, la voluntad, el alma y el espÃritu no son estados que aparecen y desaparecen, sino capacidades estructurales del ser humano.
La potencia es la capacidad en sÃ: actuar, sentir, comprender.
La energÃa es la forma en que esa potencia se activa rÃtmicamente, sube, baja, entra en reposo o se renueva.
Una disminución de energÃa no es una pérdida, es un cambio de fase.
La energÃa masculina es la capacidad de iniciar.
Es impulso, dirección, decisión.
La fuerza que toma forma en la materia y permite actuar.
Su ritmo es de 23 dÃas.
No es un número estable: el 23 introduce movimiento, ruptura de la inercia, empuje hacia delante.
Por eso este ciclo nunca se mantiene constante: su función no es sostener, sino activar.
Cuando está activa, el cuerpo quiere hacer y avanzar.
Cuando la fuerza disminuye, no es debilidad: es un momento para no forzar, cerrar procesos y canalizar la acción.
En términos alquÃmicos es Azufre; en el lenguaje hermético, Fuego.
Separada del alma y del espÃritu, su sombra es actuar por inercia, el hacer por hacer, el moverse sin saber muy bien para qué.
La energÃa femenina es el alma en movimiento.
No es emoción superficial, sino capacidad de recibir, contener y transformar la experiencia.
Su ritmo es de 28 dÃas, el mismo que el ciclo lunar y los ritmos orgánicos del cuerpo.
Aquà no se empuja la vida: se procesa.
Se procesan los vÃnculos, la memoria emocional y lo que deja huella.
Cuando está alta, todo se siente más intenso.
Cuando la energÃa disminuye, no es tristeza: es limpieza.
Sigue el ritmo de la Luna y de la vida orgánica.
En alquimia es Mercurio; herméticamente, Agua.
Separada de las otras potencias, su sombra es quedarse atrapada en lo emocional o en el pasado.
La energÃa espiritual no habla de religión ni de creencias.
Habla de sentido.
Es la potencia que integra y ordena lo vivido, la que une sin empujar.
Cuando está activa, hay claridad interna.
Cuando la energÃa disminuye, no hay pérdida de fe: hay digestión de conciencia.
Su ritmo, de 33 dÃas, es iniciático: la capacidad de llevar conciencia a la materia sin perder el eje.
En alquimia es Sal; herméticamente, el Centro.
Separada del cuerpo y del alma, su sombra es el espiritualismo desconectado.
Este enfoque no aparece aislado.
Conecta de forma natural con la Ley del Tres, con la dinámica 369 y con sistemas como el Enneagrama.
También con nuestro amigo Paracelso, que ya hablaba de estos tres principios básicos de toda manifestación: azufre, mercurio y sal.
No como sustancias, sino como fuerzas vivas.
Jung también retoma este conocimiento y lo utiliza como lenguaje simbólico del alma, para describir procesos interiores y no teorÃas abstractas.
Y al final, lo más importante, que es esto que uso de mantra repetitivo: hablo de integrar el impulso, la experiencia y el sentido en una vida concreta.
Si hay solo azufre, te quemas. EnergÃa masculina
Si hay solo mercurio, te dispersas. EnergÃa femenina
Si hay solo sal, te quedas rÃgido. EnergÃa espiritual
La vida ocurre cuando los tres dialogan.
La armonÃa no está en uno solo, sino en la relación entre los tres.
Todos describen una misma realidad: la vida manifestándose a través de ritmos, tensiones e integraciones.
La Ley del Tres dice que nada existe ni se transforma sin la interacción de tres fuerzas.
En el lenguaje de nuestro amigo y maestro Gurdjieff, estas fuerzas son la afirmativa, la negativa y la neutralizante.
En Biorritmo, estas mismas fuerzas aparecen encarnadas como potencia masculina, femenina y espiritual. Al igual que en la AstrologÃa Evolutiva y el punto clave que diferencia entre las dos escuelas astrológicas en las que estudié.
No son energÃas opuestas, sino funciones complementarias: una impulsa, otra responde y la tercera integra.
Desde esta perspectiva, el Enneagrama describe cómo se pierde y se recuerda la conciencia a lo largo de un proceso.
El Biorritmo muestra cuándo cada una de estas potencias está más disponible para ese trabajo.
Uno habla del cómo.
El otro del cuándo.
La numerologÃa no aparece aquà como adorno, sino como lenguaje del proceso. Es curioso porque aunque tuviese una asignatura de numerologia, es el recorrido de la experiencia lo que me ha llegado a integrar y comprender estos conocimientos.
El 3 como estructura, el 6 como experiencia vivida, el 9 como integración y sÃntesis.
No para explicar la vida, sino para leerla.
Krumm-Heller no propone equilibrio permanente.
Eso no existe.
Propone aprender a leerse en movimiento.
Porque no todo lo que no se muestra está detenido.
Y vivir, al final, no es evitar el movimiento, sino como muestro en una idea general a lo largo del compartir de mis conocimientos: es aprender a acompañarlo.













