Sin duda una de las cosas que nos legó Borges en varios de sus cuentos fue una reflexión sobre la inutilidad de lo preciso, lo indeterminado y lo absoluto en terrenos de lo meramente humano. ¿En qué me baso para hacer tal afirmación? Son tres, cuatro cuentos en los que advierto lo inútil de lo ilimitado. Â
Advierto, pues, tres momentos principales.Â
Espacios indeterminados.Â
Toda esta reflexión se me despertó cuando recordé aquel cuento ensayÃstico en el que habla de un mapa absurdo con escala 1:1; un hipotético mapa que al desplegarlo cubriera con precisión aquellas cosas que estaba representando. Una enorme sábana que terminarÃa cubriendo caminos, rÃos y ciudades. Aquà nos habla de la inutilidad de lo gráfico puntual como recurso de lo representado. Â
El texto recordado (perteneciente a "Del rigor de la ciencia") lo presento a continuación:Â
...En aquel Imperio, el Arte de la CartografÃa logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio que tenÃa el tamaño del Imperio y coincidÃa puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la CartografÃa, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el PaÃs no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.Â
Por su parte, en el archifamoso cuento El Aleph nos habla ya no de un espacio enorme, va más allá, ahora estamos frente a un verdadero espacio infinito. Asà que continuamos con la inutilidad de la indeterminación de los lÃmites. El famoso artefacto-objeto, en el que puede verse todo (absolutamente todo) al mismo tiempo en realidad está eliminando los lÃmites de espacio en un espacio visiblemente delimitado. LÃmites que son necesarios para la impresión de un libro, la extensión de una obra y los lÃmites de una pintura. La eliminación de la cantidad de páginas del libro (cosa mostrada, por cierto, en su Libro de arena, otro cuento más que apuntala a todo esto que estamos diciendo); el no inicio de una historia, su no final también incluido; la eliminación del marco en la pintura (cosa a la que, al parecer ha optado una buena parte del arte contemporáneo, evidenciando con sus resultados lo absurdo que aquà venimos proponiendo). Todo ello muestra una inutilidad de la que Borges estaba muy claro, al parecer, mostrándonos la inutilidad de lo ilimitado.Â
Para nuestro mundo habitual (el mundo no-Borges, pues) tenemos la ventaja de que el representante (lo simbólico) no corresponde con absoluta precisión con lo representado. Lo simbólico tiene que estar, necesariamente, afeitado de miles de atributos para que nosotros lo podamos manejar mental y convenientemente; de otra forma su utilización serÃa poco menos que imposible.Â
Luego, en Funes, el memorioso, nos habla de la memoria absoluta, que no olvida nada. Tan es asà que Funes puede recordar dÃas enteros enunciando cada evento, cada hoja que se movió, cada sombra proyectada al suelo. Lo absoluto de su memoria llega a grado tal que es capaz de enunciar las formas de una nube segundo a segundo conforme fue moldeada por el viento. Con ello está poblando minuto a minuto los minutos a minutos que pasaron en el dÃa memorado. ¿Qué utilidad tiene todo ello? Aquà nos habla de la inutilidad del no olvido. Y muchos deberÃamos tornar esto en una lección liberadora. Sabemos, la psicologÃa nos lo ha demostrado desde hace años, que al dormir nuestro cerebro olvida buena parte de lo vivido y experimentado. Esto lo hace para dar cabida en la memoria a los nuevos recuerdos que se acumularán gracias a lo significante que estos tengan. Luego de este descubrimiento, nosotros mismos deberÃamos ser más voluntariosos con la facultad de olvidar para lograr la liberación de una carga penosa que muchas de las veces no nos deja avanzar y nos ancla en el dolor.Â
Por último, en El inmortal, nos habla de la inutilidad del no morir. Inutilidad que nos presenta el hastÃo de vivirlo todo. La indiferencia de los inmortales es palpable cuando ellos se dan cuenta de que su inmortalidad les ha permitido vivir todas las posibilidades de vida que todos los mortales tuvieron y tendrán y, por lo tanto, ya no hay posibilidad para la sorpresa, para lo incontrolable y la indeterminación. ¿Resultado? Aburrimiento y hastÃo. Aquà nos habla de la inutilidad de una vida eterna.Â
Respecto de estas dos incapacidades humanas (la memoria absoluta y la inmortalidad), Borges quiere destacarnos, por contraste, las ventajas del olvido y de la muerte. A lo ya señalado como las ventajas del sueño y el olvido, olvidar también es la meta del perdón. No podemos decir que alguien ha perdonado si sigue recordando el hecho oprobioso. Olvidar, pues, nos permite rehacernos de una nueva posibilidad, de una nueva vida. Es por esto que el perdón y el olvido son más benéficos para el ofendido que para el agresor.Â
La muerte, por otro lado, también nos obliga al pensamiento y a la acción. "La muerte es la madre de la filosofÃa", nos lo han repetido todos los filósofos. Si no muriéramos, piénsenlo, qué caso tiene pensar, ¿Para qué pensar? Y si no te vas a morir (lo cual incluye el morirse de hambre, esa otra antesala de la propia muerte) ¿para qué trabajar, para qué hacer algo? El saber que vamos a morir nos impulsa en todos los terrenos y con ello hemos creado la cultura (manifestación de lo espiritual) y la historia (manifestación del tiempo).Â
No puedo parar de hacer un comentario que tal vez a muchos les parezca una reducción vulgar del universo borgiano. Me atrevo a hacer la siguiente afirmación puesto que veo en muchos de mis amigos y conocidos esta incapacidad de la mesura. Creen, no pocos de ellos, que la grandilocuencia tiene mucho que ver con la inteligencia y que optando por la primera están mostrando signos inequÃvocos de la segunda. Entonces creen que la grandilocuencia esta será mostrada por lo indeterminado. He visto repetidas veces que se recurre, según sus posibilidades, al agregado enorme de elementos en lo que están presentando como si fuera un recurso inevitable. Démosles chanza y aceptemos que no se dan cuenta de su desmesura y por ello terminan por hacer obras verdaderamente monstruosas, obras que abarcan tanto lo académico como lo artÃstico. Y ante este desconocimiento es que podemos presentarles de manera didáctica los ejemplos de Borges para invitarlos a la reflexión y a la mesura.Â
Voy a terminar como comencé, pero dándole la vuelta a la tortilla. Borges nos quiere hacer ver la gran bendición que tenemos al vivir este mundo como lo hemos venido construyendo, limitado y significante. Gracias a la conciencia que tenemos de la muerte y de que hemos extraÃdo lo más significativo de los conceptos quedándonos con lo elemental, es que podemos manipular y construir a nuestro antojo y nuestras necesidades. Acertamos, pues, en la edificación de nuestras posibilidades. No creo que esté de más traer el recuerdo del último de los replicantes de la pelÃcula Blade runner. En especial me refiero a aquel momento en que señala todas las maravillas que logró ver con sus propios ojos y que ninguno de nosotros (dadas nuestras limitaciones humanas, fÃsicas y temporales) podrá ver jamás. La queja del replicante es que pronto va a "morir" (se le terminará la baterÃa y ya no tendrá posibilidad de volver a ser cargado) y siente lástima por todo aquello que va a desaparecer y cuyo único registro en el universo lo constituye su propia y única memoria. Una terrible forma de decirnos aprecien las maravillas que perciben a diario ustedes, mortales con suerte. Borges también nos dice eso: somos mortales, gocemos de la vida y hagamos registro de lo vivido o inventado (bueno, este más bien es un consejo que yo saco para todos mis amigos escritores).Â
Tenemos una sola vida y ante la certeza de la muerte tenemos tres grandes herramientas para disfrutar y dejar constancia de nuestro paso por este planeta: el placer, la inteligencia constructiva y el arte como memoria. Nos aplicamos a uno u otro de estos tres puntos de una u otra forma, pero de verdad que no podemos quedar estáticos y pasivos después de la lectura de Borges.Â