¡Qué felicidad cuando encuentras tu ejemplo cotidiano que respalda lo que acabas de leer de algún escritor o filósofo famoso! Tal cosa me ocurrió recientemente al leer un párrafo del libro Imagen y sentido, de César González Ochoa. Podemos leer en la página 10: "Al menos desde Santo Tomás , la visión y la certidumbre están estrechamente relacionadas; el vínculo entre ver y creer se ha convertido en natural". Y aquí vengo con mi ejemplo vulgar desde el cual luego saltaremos a una reflexión un poquito más profunda.
Resulta que hace años (y todavía perdura en nuestro tiempo dicho programa, ahora convertido en una página y, tal vez, en una app) hubo un programa del que no recuerdo su nombre y que en México le llamábamos la ouija (que nada tenía qué ver con la tabla aquella), hoy lo podemos encontrar en una página buscando "Pedro responde". Resulta que el funcionamiento de este juego de texto consiste en que se le hace una pregunta a la vez al tal Pedro para que nos diga lo que ha visto desde el más allá respecto de este mundo, en el que se encuentran los jugadores. He de decirles, sin mentir ni una gotita, que las respuestas del tal Pedro SIEMPRE son acertadas cuando la computadora es manejada por una persona que sabe "comunicarse" con el espíritu.
Los espectadores que quieren comunicarse con las ánimas de los cuerpos muertos, se quedan asoradas al ver lo certero de las respuestas que vienen de un espíritu a través de la pantalla.
El funcionamiento superficial, es el siguiente: una persona se comunica con Pedro y escribe en la computadora que quiere una respuesta del tal Pedro, y la pregunta es hecha (por lo regular es dictada por los asistentes). Luego se deja a la computadora "pensando" un momento y la respuesta puntualmente certera aparece en la pantalla sin que nadie escriba en el teclado.
La audiencia no puede creerlo y siempre terminan maravillados.
El secreto radica en la creencia de la que hablábamos al principio de este escrito: la certeza que hay en lo visto. Todos ven que la persona escribe una oración mágica y luego una pregunta. Eso es todo (luego aparece la respuesta solita). Lo que no ven es que no hay relación alguna entre lo visto y lo escrito. Todos creen que se está escribiendo la oración mágica (¿qué acaso no nos enseñaron que hay una relación directa entre lo visto y lo sucedido?), pero en realidad el programa está recibiendo lo que será la respuesta mientras que parece que en realidad se está escribiendo la oración mágica. Es decir, que por cada tecla oprimida aparece en pantalla una letra que en realidad no es la oprimida, esta última va a conformar la oración de la respuesta que aparecerá al final. Y ahí radica el truco. El engaño está hecho cuando creemos en lo que vemos.
En el mundo real esto se repite de alguna u otra manera, con medios que nos mienten dado que ya "de fábrica" tenemos en nuestra convención esa capacidad de creer lo que se nos diga o lo que vemos directo con nuestros ojos, así nadie puede mentirnos.