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Estados Unidos trabaja desde ya en la secesión de La Guaira - Por: Oscar J. Camero @animalpolis
En el estado La Guaira se gesta una secesión. Puede sonar escandalosamente exagerado, pero habría que responder que exagerado es el cielo, q
EE.UU. ya gobierna en La Guaira. Lo que parece ayuda humanitaria es la punta de lanza de una anexión estratégica. El imperialismo no pide permiso, construye bases.
#Venezuela #LaGuaira #Trump #Geopolítica #Imperio
#USImperialism
Cynthia Híjar: “El feminismo que no entiende de lucha de clases es una herramienta más de opresión”
La autora de ‘El príncipe de Salsipuedesberg’ hace en la novela una profunda crítica al “feminismo comercial” y a la “hipocresía” de los hombres de izquierdas.
Isabel Valdés, Madrid - 08 JUL 2026
Se acuerda “clarito” de que la primera vez que pisó Madrid, se subió a un taxi y el taxista le preguntó de dónde era. Cuando supo que mexicana, “fascinado”, le dio una vuelta para enseñarle Cibeles, la Puerta de Alcalá, la Gran Vía. En medio del repentino tour le dijo “aquí nos encantan los mexicanos porque México es parte de España”. A Cynthia Híjar le cambia la cara al otro lado de la pantalla. Hace una mueca, se ríe y dice que ella, atrás en ese coche, pensó: “No, no, ¿cómo voy a pelearme con este señor?”. También dice que si alguien no entiende por qué ella querría pelearse con ese señor por ese comentario, es porque es parte de esa visión colonialista, imperialista y racista de su país ―y de muchos otros― que existe aún en toda Europa.
Esa cuestión, junto a la “supuesta deconstrucción de los machos europeos”, el “feminismo comercial”, la “hipocresía de las que se dicen amigas y sororas” y la “de los de izquierdas”, son el esqueleto de su libro, El príncipe de Salsipuedesberg, publicado en Yeguas de Troya. Una sátira de parte de la realidad de esta mujer de 37 años que es pedagoga, investigadora, comedianta, cabaretera, escritora y que, entre que se hizo y se publicó esta entrevista, también dio a luz a Paquito, al que decidió traer “a este mundo en amenaza constante”, pensando en “prepararse para lo horroroso, pero esperar lo mejor”.
Pregunta. No es precisamente de lo mejor de la humanidad de lo que habla la novela. ¿De dónde salió?
Respuesta. De 60 cuartillas de puro enojo y pura bilis después de vivir en Alemania, ver que hay machos horribles y violencia como en cualquier parte, y sufrirla, y que las que se dicen expertas en violencia te traten como si estuvieras pidiendo limosnas cuando acudes a ellas. Cuando regresé de Alemania a Ciudad de México, con todo el dolor y todas las cosas que pasaron, aquí me encontré con otras que llevé al libro: amigas que le roban las ideas a la protagonista, el trabajo, que la hacen invisible.
P. Por poner contexto. Chatita Chimal, la protagonista, y una especie de alter ego suya, es una cabaretera chilanga activista y feminista con mucho nervio y también vulnerable. Y Blanca Prieto es, en palabras del libro, güerita y sin carisma, hipócrita y clasista y aprovechada del talento de Chatita y extractivista y ladrona de sus ideas, un personaje que reúne a muchas mujeres que conoció.
R. Eso. Y pienso: ¿La gente que lee el libro se estará dando cuenta que hay sátira a la hipocresía europea y a la de estos activismos aquí en México que aspiran a ser europeos blanquizados? Porque para mí es una herramienta para espejear esas violencias, esas opresiones que se dan no solo fuera, sino dentro del territorio de una.
P. Porque en Europa deja claro en el libro que existe un racismo intrínseco.
R. En mi experiencia, definitivamente sí.
P. ¿Hubo mucha diferencia entre la Europa que imaginaba y la que encontró?
R. Como mexicana, tienes la idea, que es justo lo que critica el libro, de que en Europa todo va a estar mejor porque son conscientes y son los que siempre están regañando a los demás y diciéndoles cómo tienen que ser las cosas. Y llegas allá y te encuentras con que las personas que se dedican a trabajar con migrantes contestan como si les estuvieses pidiendo una limosna. Siento que si llegas diciendo “México es horrible, Latinoamérica es horrible”, entonces eres “pobrecita” y te reciben bien. Pero cuando confrontas y les dices “ustedes también tienen unas cuantas cosas que no están funcionando”, las personas, también las de izquierdas y las feministas, ya no son tan amables. Y pasa algo más con los hombres de izquierdas europeos, bueno, con todos en general.
P. ¿Qué cosa?
R. Eso de exotizar a las latinoamericanas, hipersexualizarnos y creer que vamos a cumplir un papel de amas de casa perfectas. Me he encontrado con que muchas veces a los europeos no les gusta cuando tú no eres “la buena salvaje” o “la refugiada agradecida”. Ahí se empiezan a generar conflictos en las relaciones de pareja; cuando se dan cuenta de que no somos así, comienza a haber un castigo y una relación de violencia.
P. Esa relación la dibuja también en la novela con otras mujeres y feministas.
R. Tengo experiencias como conocer gente española feminista que viene a México y gana muchísimo dinero por trabajos que a nosotras no nos pagan o no nos pagan igual. Todavía están en esta narrativa civilizatoria, esta cosa de “ustedes están superatrasados”. Y ya hace tiempo que hay una resistencia a esa narrativa, y pasa con todo: desde las empresas extractivistas de nuestros recursos naturales a lo simbólico, o sea, cómo se vienen a apropiar de toda nuestra cultura y después nos quieren enseñar sobre ella, y vendérnosla. Hay una narrativa colonialista que se está reinventando siempre, también en el feminismo.
P. ¿En qué momento decide narrar explícitamente esa apropiación del trabajo entre mujeres feministas, o aparentemente feministas?
R. Cuando me doy cuenta de que tenía superromantizada la relación con otras feministas, de hecho mucho más que con los hombres. Porque con los hombres, a veces, ya no esperas nada, pero de las amigas, el feminismo y las redes de apoyo, lo esperas todo. Hasta que pasas por experiencias como trabajar mucho y ser muy explotada por feministas influencers, saqueada en términos de ideas y trabajo.
P. ¿Fue como un duelo?
R. Sí. Cuando empecé a escribir el libro, iba a hablar solamente sobre la hipocresía de los hombres europeos salvando latinas. Pero contar esa otra parte era como un duelo. Y casi nunca podemos hablar de los duelos de las amigas, de lo que implica, si está atravesado por traiciones y despojos en un entorno supuestamente politizado y sororo.
P. En esto, ¿qué feedback ha tenido la novela?
R. Me han escrito chicas diciéndome: “Cerré un ciclo con tu libro porque yo conocí a Blanca Prieto”. Me doy cuenta de que no hubo en ciertos sectores una popularización, sino una comercialización del feminismo. Los partidos políticos, los políticos, las empresas, el neoliberalismo entendieron bien que se podían comer ese enojo para volverlo a su favor.
P. Y el feminismo, según la novela.
R. Ahí es cuando creo que el feminismo que no tiene un componente antirracista, anticolonialista y que no entiende de lucha de clases funciona como una herramienta más de opresión para despojar más a las mujeres de clase trabajadora. Hay mujeres blancas, o políticas, o capitalistas que utilizan el discurso feminista para seguir explotando a otras mujeres y quedan, además, impunes porque cuando son cuestionadas, se escudan en eso, en el feminismo, para seguir siendo corruptas y rateras. Y si confrontas, te dicen que no eres leal.
P. ¿A qué?
R. No sé si al feminismo o a las amigas o a qué. Pero es esta cosa de estar instaladas en la idea gerencial del feminismo. Esta idea disciplinaria de que tú tienes que ir ascendiendo y cuando ya tienes un nivel puedes regañar a las que no tienen tantos seguidores. Y claro, esa que no tiene tantos seguidores todavía se puede dar cuenta de ciertas cuestiones porque no está comprometida a quedar bien con las otras.
P. En España esas personas tienen un nombre.
R. Sí, sí, ¿cuál era?
P. Las repartidoras de carnés.
R. Eso. Y en realidad lo que hacen esas personas no tiene nada que ver con la práctica feminista.
P. ¿Qué guía cree que debería seguir ahora esa práctica feminista?
R. Primero, alejarnos un poco de las certezas que hemos construido desde el feminismo blanco: recetas que esconden mucho racismo, colonialismo, y que sostienen el neoliberalismo y el imperialismo que ahorita están avanzando de forma brutal.
P. Ponga un ejemplo.
R. Hablo de estas fórmulas separatistas, estas ideas binarias que esconden transfobia y racismo y que hacen posible que nos dé miedo pensar en realidades que implican, por ejemplo, a los hombres racializados o a los hombres trans. Que implican a los hombres en la resistencia. Hay que detenerse a cuestionar estas formulitas que de repente son las más exitosas en Internet, como lo de “no todos los hombres matan, pero siempre es un hombre”. Ya sabemos, pero esto ni profundiza ni problematiza nada. Y obvia ciertas cuestiones que tienen que ver con mujeres.
P. ¿A qué se refiere?
R. Creo que hay que empezar a repetir que no todas las mujeres por ser mujeres son feministas y a ver que el feminismo no resuelve por sí mismo la lucha de clases, ni el fascismo ni el imperialismo. El feminismo no puede ser una herramienta contra la opresión si no actúa de forma articulada con la lucha de clases y con el antiimperialismo y el anticolonialismo.
P. ¿Qué propone?
R. Esa articulación conjunta y volver a estudiar esos movimientos sociales que antes que el feminismo ya se opusieron a la opresión, aunque revisando y corrigiendo los tremendos errores que cometieron al no tener perspectiva de género. Y resistir. ¿Qué otra opción queda que no sea la resistencia?
Tomado: Cynthia Híjar: “El feminismo que no entiende de lucha de clases es una herramienta más de opresión” | Sociedad | EL PAÍS
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La "#ayuda humanitaria" de un bicho que quiere #petróleo #soberania #09jul26 #comentarios_politicos
Ahora "algunos" no se quieren ir de #LaGuaira. Quieren "ayudar" eternamente. #sismos #eeuu #09jul26 #comentarios_politicos

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