Mi mayor placer será ver cómo te hundes en tu propia miseria, mientras me alejo y me descubro a mi misma.
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Si estás con un hombre que piensa que eres demasiado para él, tiene razón.
Obedecer al corazón es de inteligencia pero obedecer a la razón es de sabios.
Villasmillove26
No tengo ganas de explicar mis razones, no quiero exponer mi sentir.
Mejor juzgame, devorame con tus pensamientos.
Critica mi actuar, no olvides mi presencia.
Juzgame, asi tengo la certeza que seguire en tu vida de una forma u otra.

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2046- Si te vas sin una razón, no regreses con una excusa.
"Hoy en día, es normal ver a la gente trabajar desde la mañana hasta la noche y, escoger luego, entre el café, el juego o la plática: una manera de perder el tiempo que les queda por vivir. Sin embargo, hay ciudades donde la gente sospecha que existe otra cosa. Eso no cambia sus vidas, pero, al menos, tienen la sospechas."
~ Albert Camus. (La peste)
E.C.D.
4 de diciembre 2024 - 12am -
Había una vez un alma que escribía cartas al viento, cartas que nunca serían respondidas, pero que llevaban consigo el peso de un océano. Esa alma era mía, y te escribía a ti. Ahora, después de tanto tiempo, mis palabras se han vuelto un río estancado, como si cada gota que intento plasmar en el papel me recordara que ya no sé cómo fluir.
Me siento en medio de un mar infinito, uno que tú mismo creaste al dejarme allí. Era un mar tuyo, tejido con tus promesas rotas y tus silencios, y aunque parecía que querías que me ahogara, me diste la fuerza suficiente para flotar. Eres, sin duda, el veneno que me consume y la cura que me calma, un dilema del que no sé cómo escapar.
Aún puedo recordar aquel día. Ese instante en que el mundo parecía quebrarse bajo mis pies, cuando sentí que mi corazón quería abandonar mi pecho, como si no soportara seguir latiendo. Mis manos temblaban con un deseo de hacerse daño, mi mente se llenó de niebla espesa, mis piernas se negaron a escuchar mis súplicas, y mi pecho ardía con el peso de mil tormentas. No sé por qué ese día quedó tan marcado en mí, como un eco perpetuo, mientras los días que siguieron se desvanecieron en la nada. Quizá fue porque, después de ese momento, todo en mí ardía, como si hubiera sido alcanzada por un incendio imposible de apagar. O quizá fue porque me sentí traicionada por una ráfaga de hachas invisibles que se clavaban en mi espalda. No lo sé, y quizá nunca lo sabré.
Y entonces volviste. Regresaste con esa luz que tanto amaba, esa que iluminaba mis rincones oscuros, pero que al mismo tiempo me hacía odiarme. Decidí, como tantos hacen en historias como esta, intentar una vez más. Me arrodillé entre los escombros de mi ser, recogiendo con cuidado los pedazos que aún quedaban de mí, construyendo una esperanza frágil: que esta vez sí sabrías amarme. Que esta vez el amor no sería solo una palabra, sino algo que pudiéramos sostener juntos.
Pero, como un ciclo maldito, no te quedaste. No luchaste por mí, ni por el amor que yo habría dado hasta mi último aliento. Me dejaste con las manos llenas de un amor que ya no podía darte, y esta vez, no lloré. No porque no doliera, sino porque algo en mí se había roto de una manera que las lágrimas ya no podían remediar.
Te deseo lo mejor, allí donde estés, con quien debas estar. Espero que encuentres la paz que yo no pude darte y que hagas aquello que le da sentido a tu vida. Yo todavía te pienso, aunque ya no de la misma manera. El amor que una vez sentí por ti ha cambiado, pero no se ha extinguido. Y si acaso el destino decide que eres para mí, volveré a esperar, por mucho tiempo que pase, hasta que no quede nada más de esta vida.
Te amo, aún. Te amo de una forma que trasciende lo que fue y lo que podría ser. Si hay algo que permanece en este mar infinito, es que siempre seré esa alma que, entre las olas, sueña con verte regresar.
Y si no vuelves, si decides perderte en caminos donde yo no pueda alcanzarte, entonces aprenderé a vivir con el eco de lo que fuimos. Guardaré cada carta que te escribí al viento, como testigos mudos de un amor que quiso ser eterno pero no supo cómo sostenerse.
No importa cuánto me duela, seguiré flotando en este mar que tú dejaste. Porque al final, aunque nunca aprendiste a amarme, yo aprendí a amarme a través del amor que te di. Y eso, por extraño que parezca, es suficiente para no hundirme.
Adiós, o tal vez hasta siempre. Solo el tiempo sabrá decirlo.