El Ăşltimo dĂa de invierno no estarĂ© aquĂ
donde estoy, porquĂ© no hará tan frĂo fuera como hace ahora,
y no me quedaré solo en casa para esperar que el invierno se acabe.
No sé si estaré contigo,
es más probable que tu también estés en otro lugar,
y si habrá algo que me agote - y me conozco y lo habrá -
será que tu tampoco te habrás dado cuenta
que las avenidas de Milano se habrán vuelto rosa y blancas,
porquĂ© todavĂa se sigue creyendo que a Milano le falten los colores,
pero yo te lo juro que, el Ăşltimo dĂa de invierno, los bastiones
- para aquellos que sabrán mirar por los lados asà como por delante -
serán un espectáculo de pura y concreta belleza.
Quizá tu tambĂen te acordarás de mirar hacĂa arriba
el Ăşltimo dĂa de invierno, porquĂ© los árboles en flor
de la subida de Puerta Venezia
es necesario que todos nos paremos a mirarlos por una vez.
Yo tendré mis nuevas canciones listas para ya no ser más solo las nuestras.
Y haré una mala impresión en mi vecino de asiento
después del despegue porqué para saber algo sobre ti
habré echado un vistazo a las paginas de sus revistas;
sobre mi penserá solo que soy un grosero
y no que habré esperado que se acabase el invierno.
Pero de verdad entonces basta, me lo prometo.
Habrán pasado tan muchos dĂas del momento en que te estoy escribiendo
que necesitar de hablar sobre ti, sin hablar contigo,
será solo una deriva criminal empalagosa,
y tal vez si seré bueno, si conseguiré recordarme
que no necesariamente seremos mejores o peores de los que somos hoy,
entonces me pararĂ© ante de ese tormento que todavĂa rompe a travĂ©s de mi corazĂłn.
He entendido que nos llevamos adentro quien no supimos mantener a nuestro lado,
pero eso no podrá seguir siendo la razón
para escuchar siempre la misma ronda infinita de palabras.
No tendremos culpas ni tu ni yo, el Ăşltimo dĂa de invierno.
Sabes que habré aprendido a vestir mejor,
pero eso ya lo hago un poco, es que a mi los suéteres pesados no me convienen.
El Ăşltimo dĂa de invierno me pondrĂ© una elegante chaqueta ligera,
por los zapatos ya veremos.
Familiarizaré con las nuevas ocasiones
y también con nuevas posiciones de guitarra;
me servirán para no echar al mundo mis palabras,
aquellas que no sonarán más tan inoportunas, y para no empezar y terminar
todo de la misma manera.
El Ăşltimo dĂa de invierno.