No estaba inseguro de lo que sentía, él sabía muy bien que algo le pasaba con Alyssa. San Valentín tuvo que ver con eso, ya que después de ese día muchas cosas se habían cruzado por su cabeza. Sin embargo, no era tan fácil cuando tenía que decirlo en voz alta. Comenzaba a inhibirse suponiendo si algo llegaba a salir mal, y aquello lo hacía preferir quedarse callado. ¿Si arruinaba la amistad entre ellos? Eso lo asustaba. Pero Stub no iba a quedarse en su lugar solo por un simple miedo, él no era así, la cobardía no cabía en su vocabulario. Cada vez que era necesario, le hacía frente a los problemas, los enfrentaba, no los esquivaba. Era de las personas que se hacían cargo de lo que ocurría, y está vez no sería una excepción. Empezó a tomar valor, después de todo podía concluir que no sería algo grave. Antes de hablar, miró hacia sus lados, comprobando que nadie estuviera alrededor. Y entonces, al comprobar que no había moros en la costa, dirigió la mirada hacia ella. Trató de calmarse internamente, pues sino lo hacía, empezaría a tartamudear como un niño pequeño. —Bueno, yo... quizás, tal vez no te importe lo que voy a decirte. O, o quizás sea algo insignificante para ti, pero yo...— se detuvo un momento, relamió sus labios mientras tomaba aire y sin más decidió a seguir. —El día de San Valentín, en la fiesta, estábamos afuera y yo... cuando te besé yo... no... ya no estaba bajo el efecto de la poción— confesó, sin dejar de observarla fijo. Otra vez hizo silencio, buscando como seguir. —Todo pasó demasiado rápido ¿sabes? Pero cuando, cuando estaba muy cerca de ti yo... yo sentí que no había ningún efecto extraño en mi cuerpo. Era yo, yo te besé— aclaró nuevamente, sintiéndose de pronto aliviado. Tener todo eso guardado como un secreto dentro de él, no lo ayudaba en nada. —Solo quería que lo supieras. Pero... pero no tienes que decir nada. Yo... bueno, necesitaba que lo supieras— dijo con sinceridad, sonriendo suave por último, intentando que sus nervios por esperar su reacción no fueran tan evidentes.