A pesar de que su familia no era el mejor ejemplo, dolía que lo juzgaran como si no tuviera valor alguno. A diferencia de Ted, no podía sentirse orgullo de ambos. Su padre estaba en la cárcel y sus hermanos mayores quizás iban por el mismo camino. Para Stubby su madre era único miembro de su familia que había intentado enseñarle a ser una buena persona y de ella sí podía gritar lo orgulloso que estaba. Siempre había admirado su fuerza, la forma en la que lo sacó adelante, contra todos los problemas que su progenitor les trajo.
Seguían afectándole ese tipo de insultos, pero aún más le dolía cuando un profesor no lo escuchaba y simplemente le daba más importancia al “sangre pura”, eso lo ponía furioso y no podía evitar sentirse un cero a la izquierda. ¿Por qué siempre era él quién terminaba siendo juzgado?
—¿Lo viste todo?— cuestionó, luego resopló y nego con la cabeza. —Me porté como un imbécil. Lo golpeé, pero no considere que había un profesor cerca y que terminaría jugando en mi contra— se descargó, aún con la bronca a flor de piel.
Se sentía orgulloso de ser hijo de los Tonks, pero, en los últimos meses, cuando alguien hacía comentarios hirientes sobre ellos poco le faltaba a Ted para perder el control. No, no le molestaba la frase “sangre sucia”, pero sí le dolía cuando hablaban mal de aquellos individuos que tanto habían hecho por él y que ya no estaban--. Lo vi todo --confirmó, sentándose en la banca que estaba al lado del muchacho--. No creo que imbécil sea la palabra, no mediste tus actos pero al menos lograste tomar justicia por mano propia.















