Claramente que una persona no estuviera enterada para qué funcionaban esos objetos era lo más extraño, situación que se presentó en la extraña mueca de la persona responsable. Su salvación se presentó con Millicent, evitando tener que responder a las cuestiones que a su parecer eran muy evidentes. —Hola, hola —saludó el muchacho, mostrándose igual de animado—. Pues claro que sí, quiero saberlo todo —accedió. Señalando al primer objeto que estaba a su lado. Comenzarín por el más pequeño.
Sonrió ante el saludo animado por parte del pelirrojo e intentó acercarse lo más próximo sin invadir su espacio personal, pero era para que la otra persona no escuchara si tenía que hacer otras referencias. —Estoy casi segura que has visto este, es un reloj, y te ayuda a saber que hora es. Es fácil de llevar, porque lo pones en tu mano así... —lo tomó abrochándoselo, de esa manera enseñándole como se ponía. —A veces no están en la hora, pero utilizas esta rueda para moverlos y poner las manijas en la hora correspondida.
















