Reconoció al fin los cabellos oscuros. Seguro obtendría una respuesta de parte de Hestia, porque difícilmente se las callaba; pero, en definitiva, no se esperaba ese tipo de contestación. Lestrange se sintió sorprendido por breves segundos y luego rió. —Impactante —reconoció—: las personas sí cambian —replicó sarcástico. Jones alguna vez le había dicho que no, pero él no estuvo de acuerdo. Vaya prueba.
La reacción de parte de Lestrange sólo consiguió enfurecerla más. Las aletas de la nariz le temblaron de enojo, mientras se alzaba para acercarse a Rabastan y dejar salir todas esas palabras que por tanto tiempo se guardó, porque no eran “educadas”, no eran “adecuadas”, no eran “amables”. ― Sí, y tú te volviste un reverendo imbécil. No sé qué te ocurra, no sé qué te pasó, pero no tienes porque castigar al mundo por eso ―expresó―. Sea lo que sea que pasa por tu cabeza, nadie tiene la culpa de eso. Si tanto odio tienes en tu corazón, aprende a lidiar con él sin lastimar a los demás ―apenas estaba empezando. Tenía tanto que decirle, y ahora parecía al fin salir a la superficie, sin que intentara suprimirlo.














