Asintió, decidiendo hacer caso. Con las pocas horas de sueño y su mal estado en general, la aparición la hizo sentir más mareada que de costumbre. Parpadeó para ajustar su vista en medio del mareo, viendo a su alrededor– ¿Y qué hacemos aquí?
― Bueno, aquí vengo a veces cuando estoy muy enojado o... Triste.. O ambas ―relató a la contraria, avanzando entre la chatarra―. Por aquí ―dio vuelta entre las hileras de basura, y buscó en un hueco, agachándose―. Ten ―acto seguido le entregó un bate. Lo había encontrado entre toda la basura de aquel lugar, hace mucho. Se puso de pie entonces y exhaló―. Yo... Bueno, romper cosas es mejor que romperle la cara a alguien a veces ―no tendría mayores consecuencias, realmente. Tomó el bate de manos de Emmeline momentáneamente y acto seguido le dio un golpe a la ventana de un carro cercano. Tras un silencio, se lo extendió―: Tu turno.















