Nunca fui hábil para las desconexiones. Una vez en una llamada me comentaste que te gustaba la manera en que cuidaba mis relaciones, ¿cuidar cómo?, te pregunté. Me respondiste que eso me convertía en una persona sana. Ahora que te fuiste la reminiscencia del momento permanece ahí presente, porque lo dijiste como diciéndome que vos no eras así. Me gustó escuchar eso, yo creía que solo lo hacía porque me parecía lo correcto, lo cual sí lo es, por mi nivel de empatía y porque me cuesta sostener un vínculo desde que las primeras semillas germinan cuando no hay reciprocidad de la otra parte. Mi aspiración más personal es encontrar a un compañero con alma de viajero. Yo ya la tengo. Y quiero suponer que lo sabría por la conexión que nace en el primer momento. Leí una vez que estar conectado es una de las cosas más difíciles de la tierra, lo único que se requiere para que un vínculo pueda comenzar a crecer. Al menos para mí, es lo que más me interesa. No quiero estar perdida y sin conexión en Ámsterdam.
— Para mi futuro compañero de viaje.








