II Ruth Gottschalk II
La rubia observaba el reloj de muñeca que llevaba en su zurda, había salido temprano de la universidad aquella noche y su única compañía era aquella carpeta que abrazaba contra su pecho. Ruth no era del tipo de persona que se molestaría en formar amistades en la universidad, aunque siempre era bueno conocer a quienes les rodeaba, suficiente para ella.
Tenía más tiempo del usual para comparar aquel café que tanto disfrutaba, incluso tomarlo con calma de camino a su departamento antes de meterse de lleno en sus deberes y en aquel caso que le había sido asignado, así que dio los pasos necesarios a aquel local cercano donde ya le conocían y saludaban con sonrisas amistosas en la caja.
Una vez con su café en mano, caminó a la puerta que se abrió repentinamente y que por cuestión de centímetros no chocó contra ella provocando un desastre. Casi pudo haber suspirado por ello “No sé quien de los dos debió tener más cuidado” Mencionó, no era un reclamo, por más que su voz pudo haber sonado como un regaño “Así que, ten más cuidado a la próxima” Y aligera el ambiente con un encogimiento de hombros al dar un par de pasos atrás para dar lugar a la entrada de aquella persona.
Iba cargada con libros que quería consultar, con apuntes, folios y libretas... Aunque tenía la suficiente fuerza para sujetarlo todo, se hacía imposible dominar los malabarismos para lograr abrir la puerta de la cafetería que tenía delante suyo. ¿Y cómo iba luego a coger el par de cafés? La coyote puso los ojos en blanco, no lo había pensado detenidamente y racionalmente aquello... Solo se había dejado llevar por tener una excusa para visitar a su esposo en la universidad, trayéndole un café para que pudieran charlar un rato.
A lo mejor debería de volver al recinto universitario a dejar los libros y apuntes... Algún compañero se lo podía vigilar mientras hacía de nuevo el viaje a la cafetería. Caviló posibilidades y al final estuvo casi segura de poder con todo. ¿De qué servía sino tener una fuerza sobrenatural? Empujó la puerta con la mano que sostenía un par de libretas... Y por poco chocó contra la mujer que se disponía a salir. Dio un bote sobresaltada, ¡no la había visto venir!
-Disculpa... Creo que fue mi culpa de hecho. Murmuró sabiendo que si hubiera tenido un poco más de cuidado, aquello no hubiera sucedido. -¿Tu bebida está bien? ¿No se ha derramado nada?









