Ceuta como momento de reflexión: lo que la crisis reveló sobre nuestro mundo... Quienes llegaron a Ceuta no eran un ejército. No portaban armas ni representaban una amenaza organizada. Eran personas cuya única «arma» era su propia vulnerabilidad. Y esta podría ser la paradoja más profunda de nuestro tiempo: los desvalidos se transforman cada vez más en instrumentos de poder, mientras que quienes manipulan su destino permanecen ajenos a las consecuencias de sus decisiones... quizás la lección más inquietante de Ceuta no se refiere solo a por qué la gente se desplaza, sino también a cómo otros utilizan cada vez más su desplazamiento. ¿Estamos presenciando el surgimiento de una nueva categoría de migrantes: no solo refugiados, solicitantes de asilo o migrantes económicos, sino personas que, en la práctica, son «alquiladas» para intereses geopolíticos? Son seres humanos que arriesgan sus vidas, a veces impulsados por la desesperación, a veces por la esperanza, y a veces por ambas. Cruzan mares y fronteras porque no ven otro camino hacia la supervivencia o la dignidad. Sin embargo, su vulnerabilidad puede transformarse en un instrumento estratégico por actores mucho más poderosos que ellos. Detrás de sus viajes pueden esconderse no solo pobreza, guerra y desigualdad, sino también cálculos políticos, presiones diplomáticas y luchas por la influencia... La tragedia reside en que quienes se convierten en instrumentos de estos juegos rara vez son tratados como seres humanos con sus propias historias y aspiraciones. Se les cuenta como números, se les describe como oleadas o invasiones, y se les reduce a problemas de seguridad... Lo que gran parte del mundo occidental (no solo la derecha) comparte, sin embargo, es un profundo temor a las personas. Personas sin armas. Personas sin poder, pero que dan tanto miedo... La crisis de Ceuta, que bien pudo haber sido alentada o incluso explotada por los círculos políticos de Trump, se transformó de inmediato en un instrumento de propaganda. El presidente estadounidense se presentó como defensor del territorio nacional frente a una supuesta «invasión», una masa amenazante de personas retratadas como casi infrahumanas.. Mientras Europa construye su fortaleza, los países del Sur Global ofrecen un ejemplo diferente. Las naciones africanas, a pesar de enfrentar desafíos económicos mucho mayores, han acogido a millones de refugiados durante décadas: solo Uganda acoge a más de 1,5 millones de refugiados de Sudán del Sur, Congo y Ruanda, otorgándoles tierras y el derecho a trabajar... Mientras Occidente levanta muros y externaliza sus problemas migratorios, China propone un enfoque diferente.. ha invertido más de un billón de dólares en proyectos de infraestructura en África, Asia y América Latina. China no busca generar dependencia, sino abordar las causas profundas de la migración: la pobreza, la falta de infraestructura y el subdesarrollo económico (Biljana Vankovska)