A los bancos centrales les tiemblan las piernas... Durante décadas, los bancos centrales han hablado antes que nadie, diciendo lo que habÃa que hacer... Por eso sorprende tanto la cautela e incuso el mutismo actual... Y ahà no hay mucho margen para el optimismo... La economÃa global está en tensión desde hace tiempo y los precios suben por múltiples factores: aranceles de Trump, concentración de los mercados, restricción crediticia, burbuja de la inteligencia artificial y, últimamente, por la guerra de Irán. Sin embargo, los bancos centrales siguen pensando en utilizar el único instrumento de siempre: los tipos de interés. Y el problema es evidente. Subir tipos enfrÃa la demanda, pero no resuelve cuellos de botella ni abarata la energÃa. Lo que provoca, en cambio, es un efecto claro: encarece la financiación, frena la inversión y debilita la actividad... Y en economÃas deprimidas como la europea que crece al 0,9%, o en la de Estados Unidos afectada por los aranceles, eso podrÃa ser una puntilla definitiva que las frenara en seco. Una vez más, subir ahora los tipos sólo beneficiarÃa a los grandes poseedores de capital y paralizarÃa aún más la actividad económica... La arquitectura de la polÃtica monetaria está mal diseñada y no es útil ante los problemas económicos... los bancos centrales empiezan a ser conscientes de ello... Hay que ampliar su mandato más allá del control de la inflación, incluyendo estabilidad financiera sistémica, prevención de burbujas de activos, sostenibilidad ambiental y objetivos de desarrollo sostenible, evaluando los efectos distributivos de cada decisión. Urge reformar su gobernanza y es fundamental institucionalizar la coordinación de su polÃtica monetaria con la polÃtica fiscal, no como subordinación, sino como arquitectura: protocolos formales, transparentes y sujetos a rendición de cuentas (Juan Torres López) (Juan Torres López)
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