Partida de rol. "Los vigilantes".
               Cenábamos después del ataque al Imperio. La CofradÃa Indignada no era realmente mejor compañÃa, pero tenÃa... una situación complicada. Algo asà como interrumpir a un roner en medio de una comida, una situación nada buena. Calandra, esa belleza nociva, sabia unos pequeños detallitos mÃos que podÃan llegar a incomodar un poco mi vida cotidiana. Asà que bueno, aquà estoy con la CofradÃa.
               Después de cenar un kurudu que estaba... podrÃa decirse que bien, si uno tiene el paladar de uno de esos Taus salvajes; si ellos supieran las comidas a las que yo estaba acostumbrado de niño. Pero en fin, no lo hacen, ni yo quiero recordarlo. Asà que nada, a dormir.
               Unas horas más tarde me despierta una de mis compañeras de carpa, Aya, una Yleana bastante linda, aunque algo rÃgida. No, no rÃgida: frÃa como sus armas. SÃ, eso suena un poco mejor. En fin, Aya nos despertó a todos, diciéndonos que habÃa escuchado ruido afuera: aunque muchos le respondieron que fuese a lavarse partes que no entiendo como conocen semejantes especÃmenes de su raza, yo la seguÃ.  Aunque antes realice unas preparaciones; gracias a los dioses, mis padres me hicieron un regalo que tiene un valor enorme para mÃ: un hermoso cÃrculo rúnico en mi espalda, el que puede suplir mis fallas y que es una flagrante forma de recordar mi vergüenza, mi incapacidad de no poder hacer esferas como papi y mami. Y después nada, a juntarnos con Aya. Con nosotros venia Palimanio, un Tau de esos que solo saben golpear y que vive para eso, para golpear: al menos reconoce su potencial, je. Por eso somos todos muy amigables con Palimanio: nadie quiere sentir su enorme mano sobre su cabeza, menos aun el de esa linda hacha de doble filo.
               Cuando salimos de la carpa, vimos que los jefes estaban conversando con gente del Imperio. Si, del imperio. ¿Que hacÃan aquÃ? Nos acercamos cautelosamente, aunque con cada paso que daba podÃa notar que, aun cuando parecÃan imperiales, sus armaduras eran distintas. Uno puede notar la diferencia después de matar a uno o dos de los imperiales. ¿Quiénes eran entonces? Primero pensé que eran problemas, tras ver que todos en el campamento caÃan dormidos, salvo nosotros tres. Segundo, cuando miraron hacia nosotros, pensé que era problemas muy grandes. Tercero, cuando nos pidieron parlamentar y vi como Aya y Palimanio se acercaban a ellos, pensé que eran enormes problemas: un grupo de gente, donde al menos uno estaba dotado de dones, y dos compañeros que están acostumbrados a seguir órdenes. ¿A donde Ãbamos a parar? Mis apuestas quedaban en acercarme o en averiguar si podÃa correr dormido. Me acerque.
               Si hago corta la historia, uno de estos señores con capa se nos acerco diciéndonos que era Lebiron, que nos buscaba a nosotros por nuestros poderes, que no podÃa decirnos por que, para que, que tenÃamos que meternos a un portal que estaba haciendo uno de sus subordinados, que después nos explicaban. Aya y Palimanio los siguieron como si nada. PodÃa entenderlo, porque ellos no sabÃan que el "subordinado" estaba haciendo un portal que mantenÃa abierto solo con su voluntad; como si eso se viese todos los dÃas en el Pico. Le dije a Lebiron que yo no podÃa irme, porque Calandra se interponÃa un poco; me dijo que él lo arreglarÃa. Aunque podÃa ser un poco arriesgado, mis posibilidades de escapar de la CofradÃa eran bajas, asà que acepte. Asà que solo quedaba alargar la mano y ver que nos deparaban los dioses.
               ¿Quiénes eran, entonces? Los Vigilantes. Nuestro amigo Lebiron y su subordinado Nedros nos dijeron que ellos buscaban a gente bendecida por los dioses para actuar como un tipo de policÃa mágica. ¿A quienes perseguÃan? Ellos les decÃan demonios, gente que no podÃa controlar sus poderes, que eran peligrosos para todos. Lebiron nos comento que estaba muy agradecido con nosotros por ayudar a detener a Emiral (aunque todo el merito era de Calandra), ya que era un demonio en un puesto muy alto del Imperio y que envenenaba la mente de la Emperatriz. Es más, gracias a la intervención de la CofradÃa Indignada fue que nos encontraron a nosotros.
               ¿Donde estábamos? Según nos dijeron, para organizar a su grupo, habÃan creado estas fortalezas que estaban llenas de cÃrculos rúnicos: aunque no conocÃa más que las runas que mi tÃo puso en mi espalda, podÃa distinguir un cÃrculo rúnico. Me lleve una sorpresa cuando vi que Palimanio también observaba los cÃrculos con entendimiento. Yo sé que hay varios objetos rúnicos dando vuelta por los altos mercados del Imperio, pero ¿por qué un Tau las conocÃa? Todo un misterio. Cuando pregunte a Nedros para qué eran estos cÃrculos, me respondió que eran de defensa y confort. ¿Defensa ante qué? SuponÃa que a la mañana podrÃa preguntarlo, después de una buena noche de descanso.
               El dÃa siguiente fue bastante dinámico. Empezamos con un desayuno en nuestras piezas (estaba tan emocionado de poder tomar un desayuno sin haber tenido que pagar por este que corrà hacia el cuarto de Palimanio para darle la gran noticia; el ya estaba comiendo. Las diferencias entre ser un favorito de la CofradÃa y ser alguien "contratado": volvÃa a alegrarme de haber escapado de Calandra). Nedros nos encontró allà y nos llevo ante Lebiron. Este nos probó, haciendo que sostuviésemos unas piedras que, al tocarlas, brillaban con un color: el mÃo fue azul, el de Aya y Palimanio amarillo. Recordé algunas pinturas en el Pico, de los tres grandes dragones: azul, amarillo y rojo. ¿HabrÃa alguna relación? Si alguna vez volvÃa al Pico, tenÃa que averiguarlo. Pero ahora el Pico quedaba lejos (o quizás muy cerca, no sabÃa dónde estaba) y los Vigilantes estaban aquÃ. Cuando volvà a concentrarme en la conversación, Lebiron nos pedÃa que lo siguiésemos.
               Al final de un largo pasillo, llegamos a lo que parecÃan unas celdas. Lebiron nos hablaba, nos contaba sus crÃmenes, los crÃmenes de los "demonios". Sinceramente, me esperaba algo más... espectacular. Estas eran simples personas tristes y atrapadas. Hasta tenÃan atrapada a una viejita. El único que desencajaba era Garritas, que obviamente llamo mà atención: uno no ve todos los dÃas a una persona cubierta de pelaje, con garras y ojos rojos, golpeando al aire como si se tratase de una pared. Más tarde note que todas las celdas estaban rodeadas por cÃrculos rúnicos. Interesante. Más tarde que temprano, Lebiron nos dejo diciendo que tenÃamos que estar en una hora en el cuarto de armas, para entrenar; nos dijo que podÃamos revisar las instalaciones. Cuando Aya y Palimanio nos dejaron, fui a hablar con Garritas:
-Si, no puedo hacer eso, yo soy un Iniciado. ¿Es usted un demonio?
-¡Claro que no! A mà me atraparon hace 20 años,...
               Aclaro que Garritas parecÃa tener mi misma edad. Más misterios a mi lista.
-... pero si me sueltas, ¡te daré una gran recompensa!
- Si, te daré oro. Te daré poder. ¡Te daré lo que quieras!
- Yo tengo amigos fuera de aquÃ. Si me ayudas a salir...
- Lo pensare. Hasta luego.
               Mi siguiente parada fue La Vieja: asà la llamaban. Según nos conto Lebiron, cuando la trajeron hace un año era una joven de no más de 25 años, pero ahora habÃa envejecido. También nos dijeron que no está prisionera casi no hablaba. Pude comprobar esto luego de unos intentos y vi que tenÃa unos pinceles y hojas dispersas por el piso. Aunque no me contesto si era o no un demonio, no lo parecÃa, al menos.
               Como no tenÃa más tiempo, fui a la sala de armas, donde Nedros nos pregunto en que éramos hábiles y nos pidió demostraciones: aunque les demostré un par de mis habilidades tanto fÃsicas como mágicas, me guarde un par de... "trucos"; uno nunca sabe. Luego de estar un rato con esto, me fije en el resto de las caras. Un hombre llamo mi atención: parecÃa irritado. Me acerque e intente conversar, pero no parecÃa dispuesto a esto: ni su nombre quiso decirme; según el un "simple Iniciado" deberÃa estar entrenando, no perdieron el tiempo. JA, ya le enseñarÃa. Sin embargo, pude sacarle algo de información: ante mi pregunta de si sabia como salir al exterior, ya que estaba aburrido de estar encerrado, me dijo que si sabÃa: por los portales de Nedros. Es decir que no habÃa otra forma de salir. No me quedaba más que esperar, entonces.
               Durante las semanas siguientes, lo único que hacÃa era entrenar, vagar por los corredores (el centro no era muy grande, por lo que no habÃa muchos sitios a donde ir. Además, habÃa un sitio al que tenÃamos prohibido la entrada: la sala de mandos, donde suponÃa que se encontraban las runas madres, las que dirigÃan todo el lugar) y hablar con los prisioneros, aunque los únicos que realmente me interesaban eran Garritas y La Vieja. Del primero me canse rápidamente, ya que esperaba realmente que lo liberase por sus promesas de hacerme Emperador o de darme mapas que me llevarÃan a objetos de una rareza inigualable. La Vieja seguÃa sin dirigir palabra, hasta que un dÃa, de tanto preguntar, empecé a hablar solo. Le conté detalles de mi vida, de mi familia, de su estatus y de cuando me desheredaron. Fue entonces cuando me dijo que ella tenÃa bisnietas, que la esperarÃan en vano en su aldea. Me conto que se llamaba Madria, que ella no sabÃa por que, pero que no envejecÃa y que tenÃa el don de curar a los enfermos y heridos. En su aldea era muy querida y, aunque el dolor de ver a sus hijos y amigos irse antes que ella, estaba agradecida de poder aliviar el sufrimiento de los otros. Ahora que estaba aquà y que la muerte se acercaba, no sabÃa si la felicidad de poder reunirse con los espÃritus era más grande que la tristeza de pensar en los que no se fueron y necesitan de su ayuda. Definitivamente, no era un demonio.
               Por suerte, un dÃa nos dijeron que tenÃamos una misión: en la sala de mandos habÃan encontrado una demostración de magia demoniaca y debÃamos intervenir. Yo también tenÃa una, aunque parecÃa imposible. Realmente no podÃa confiar en nadie, ya que Aya habÃa forjado un fuerte vÃnculo con Nedros y Palimanio no parecÃa ser más que una mole de carne. Por ahora, mi camino era el de tocar el portal y resolver las cosas a su tiempo.
               Ser absorbido por un portal no es una sensación muy agradable: tras colocar una parte del cuerpo en contacto con este, se siente como si jalasen de uno y luego, lo mezclaran todo en un lugar muy reducido, para luego escupirte del otro lado. Asà que se podrán imaginar la sensación de pasar por eso y, además, de pasar de un lugar bajo una montaña, donde todo es bastante frio y terminar cayendo en una selva húmeda, donde el calor se pega en tu piel. Sin embargo, no tuvimos mucho tiempo para pensar en esto, ya que a lo lejos se veÃa una aldea en llamas. Cuando aún no habÃan terminado de salir toda nuestra compañÃa (éramos trece en total: cuatro grupos de tres personas y Nedros), me subà a un árbol para intentar ver mas allá. Sin embargo, el árbol no sostuvo mi peso, rompiéndose y amenazando con caer al vacÃo. Use mi magia para sacar un piso de tierra que impidiese mi caÃda, hecho que no pude corroborar, ya que Nedros me agarro con una proyección mágica de su mente y me trajo con el resto. Aun cuando todos se reÃan de mi, cambie mis ojos por los de un Rensir, esos pájaros que aman los Rainos, y pude ver que la gente de la aldea estaba en caos, aunque no parecÃan huir de un punto en particular. Nos apuramos a bajar.
               Al llegar, algunas personas nos recibieron con pánico, otras con enojo -ya que nos confundÃan con fuerzas del Imperio, creyendo que llegábamos tarde para arreglar el caos.- Nedros nos otorgo a cada grupo una brújula rúnica, que sentirÃa la cercanÃa de cualquier demonio , y una piedra de aviso, la cual si lanzábamos al aire emitirÃa una brillante luz. Aya agarro la primera y yo la segunda. Nos dijo que nos dispersásemos por la aldea, buscando demonios y pidiendo a la gente que se alejase del lugar.
               Mientras hacÃamos estas tareas, raye una de las runas de la piedra con mi manopla de hierro: si encontrábamos a uno de estos "demonios", querÃa interrogarlo antes de que lo capturasen. Lamentablemente -para mÃ- Palimanio me vio haciéndolo y me pregunto por qué lo hacÃa (al menos descubrà un misterio: Palimanio sabia de runas y parecÃa saber también que, de romper una de las runas y acabar con la armonÃa del circulo, el circulo se apagaba). Le dije que la estaba limpiando, aunque noto mi mentira y dijo que la piedra ya no servÃa, tirándola lejos. Aya nos miro primero confundida y luego sospechando, pero no tuvimos tiempo de más, ya que se nos acerco un hombre gritándonos que a donde habÃamos llevado a su hija: Aya intento calmarlo, pero el hombre agarro un hacha y salto a atacarnos. Palimanio fue el más rápido de todos: vi como golpeaba la rodilla del sujeto con el mango de su hacha; hasta yo escuche el sonido de los huesos quebrándose. Sin embargo, el hombre seguÃa moviéndose. Aya le lanzo unas cuerdas hechas de luz, que lo agarraron. Aunque el hombre intento soltarse, no lo logro. Por último, Aya lo desmayo golpeándolo con la empuñadura de su espada y deshizo las cuerdas mágicas.
               Cuando decidÃamos que hacer con este hombre, se nos acerco uno de nuestros compañeros y nos pidió que lo siguiésemos, que habÃa que contener a un demonio poderoso. Como tenÃamos a un cautivo, nos pidieron que uno se quedara con este: Palimanio no dudo en ir con el guerrero y yo pedà quedarme; Aya me miro con suspicacia, pero igual decidió irse. Ni bien se perdieron de vista, prepare una esfera mágica de agua y cure al hombre. Al despertar me pregunto por su hija, pero le dije que no sabÃa nada de esto; antes de que pudiese seguir hablando, le pregunte si era un demonio: me contesto que no sabÃa de que hablaba. Le recomendé que huyese lo más lejos posible, y aunque parecÃa estar realmente preocupado por la hija, siguió mi consejo. Luego fue a reunirme con mi grupo.
               Al llegar, vi que habÃa cinco personas escondidas detrás de escombros, entre los que estaba mi grupo. Solo al verme, Aya empezó a cuestionar que qué hacia ahÃ, que donde estaba el cautivo, que porque no estaba con él. Le dije que habÃa escapado, a lo que me respondió que como lo habÃa hecho si estaba desmayado y con una rodilla rota. Por suerte, una bola de fuego se interpuso en nuestro camino, por lo que pude librarme de Aya y su interrogatorio. Empecé a preparar mi magia, levantando cuatro paredes de un metro alrededor del mago enemigo; aunque note que mis compañeros dudaban de mi y que podrÃan estar pensando que estaba intentando darle una barricada a nuestro rival, yo seguà con lo mÃo. Mientras tanto, Palimanio empezó a correr hacia nuestro enemigo, aprovechando la situación. Aunque él se dispuso a esquivar el próximo proyectil, no tuvo que hacerlo: terminando de lanzar mi hechizo, alce una jaula de tres metros de altura alrededor de nuestro objetivo. Al acercarnos, escuchábamos como el hombre encerrado intentaba derrumbar la pared que daba a nosotros, pero sin éxito. Esperando no excederme, ya que no sabÃa si era o no un demonio, pero si que estaba siendo peligroso, volvà a utilizar mi magia para que una estalactita se proyectase desde la pared de tierra y lo golpease: dejamos de escuchar los intentos de desintegrar mi jaula, por lo que la rompimos y vimos que la estalactita lo habÃa penetrado en un hombro y se habÃa desmayado, aunque seguÃa vivo. HabÃa equilibrado la balanza un poco frente a mis aliados, no obstante sus miradas demostraban recelo.Â
               Cargamos al mago de fuego y buscamos a Nedros, quien nos guio hacia una mansión que habitaba un Conde y su hija,  alejada un poco de la ciudad, y la cual serÃa nuestro centro de operaciones mientras estuviésemos allÃ. Aunque nadie volvió a preguntar sobre nuestro otro cautivo ni escuche que nadie hablase con Nedros en privado, eso no significaba que no me sintiese observado. Nedros se sentÃa orgulloso por la captura de los "infectados" (asà los llamaba el, aunque ya todos nos habÃamos acostumbrado al termino de demonios, utilizado por Lebiron), asà que nos dijo que podÃamos descansar.
               Mientras recorrÃa el lugar y fui a ver a los prisioneros, me encontré con la hija del Conde. Me pregunto que qué hacÃamos ahà y cual era nuestro trabajo, que por qué no estábamos yendo en la búsqueda de los Rainos que habÃan atacado el lugar. Aunque le respondà lo mejor que pude, ella no parecÃa muy interesada en contestar mis preguntas. Lo único que pude sacar de ella fue que se llamaba Kasi y que, aunque parecÃa intrigada por los prisioneros, no parecÃa comportarse como una joven de su edad. No le di demasiada importancia, ya que no conocÃa al lugar (sinceramente no sabÃa ni en que parte del gran Preot me encontraba, lo que parecÃa ser algo bastante común estando con los Vigilantes) ni a sus costumbres, asà que partà a lo que serÃa el cuarto que compartirÃa con algunos de mis compañeros. Luego de meditar y repostar a mi espÃritu con la energÃa gastada, me puse a descansar.
               Como en la última noche con la CofradÃa, me vi despertado por Aya: todavÃa estaba oscuro, pero ella habÃa encontrado la entrada a un túnel que, según creÃan, le daba toda la vuelta a la ciudad. Sin mucho tiempo para despabilarme, la seguÃ. Fuera me encontré con Nedros, Aya, Alro (conocà el nombre de la persona que me habÃa tratado tan descortésmente el primer dÃa en la sala de armas por boca de otro de nuestros compañeros), Sebul, Sirko y Lebu. Partimos, con Aya como guÃa.
               Por fin llegamos a una casa que parecÃa abandonada. Nedros nos dijo que la rodeásemos primero y luego pidió voluntarios para entrar. Alro y yo nos ofrecimos como voluntarios, asà que nos preparamos para entrar. Yo pedà a mi cÃrculo que me dieses dos esferas de energÃa: una era bastante pequeña, la que use para untar mis manos, lo que les dio una apariencia brillante y extraña. La segunda era un poco más grande y la asà con una de mis manos. Tras concentrarme en esta, la esfera me cubrió todo el cuerpo, dándome la misma apariencia que tenÃan mis manos: lo normal hubiese sido que luego la esfera hubiese desaparecido, pero esta volvió a mis manos. Como dije, siempre hay que tener algunos trucos guardados. Y con esto, ya estaba listo.
               Nos acercamos lentamente a la puerta, la cual estaba salida de una de sus bisagras, por lo que se encontraba en diagonal, impidiéndonos el paso. Alro se adelanto y abatió la puerta; rápidamente lo seguÃ. Al entrar, encontramos a dos hombres que nos saltaron encima. Alro intento impactar con su espada a uno, pero no pudo lograrlo. Yo salte hacia otro y le impacte con mi mano libre en la nuca, despidiéndolo hacia atrás, hacia el resto de la compañÃa que se encontraba fuera. El otro hombre impacto su ataque contra mÃ, pero el brillo que rodeaba mi cuerpo detuvo el golpe y, aunque quedando debilitado, absorbió todo el daño. También a este lo golpee en la nuca, quien salió trastabillando hacia atrás. Cuando entro el resto de nuestro grupo, vi que Alro me miraba con odio, por lo que no pude controlar mi lengua y le dije que esperaba que mi servicio como "Iniciado" le hubiese sido de ayuda. Los demás se rieron y me comentaron que Aya habÃa desmayado a los dos hombres ni bien salieron proyectados hacia ellos. Seguimos a nuestra guÃa por la casa, hasta un cuarto donde habÃa una puerta trampa -aunque esta no parecÃa ser necesaria, ya que habÃa un hueco enorme por el que se podÃa pasar- y vimos a un hombre que salto rápidamente hacia el hueco. Aya y yo saltamos rápidamente tras él.
               Al llegar abajo, nos encontramos en una cueva bastante alta y amplia. Vimos como este hombre intentaba alejarse por uno de los pasadizos, pero no se lo permitÃ: concentrándome, levante tres paredes de 2 metros que le impidieron el acceso al túnel. Detrás nuestro llegaron Sebul, Sirko y Lebu. Aunque la batalla parecÃa ganada, el hombre se dio vuelta y sus ojos se pusieron negros y de sus manos salieron garras. Intente distraerlo levantando una nube de polvo que impedÃa la visión, pero él grito y, salvo Aya y Sebul, todos retrocedimos unos pasos: Aya se quedo impasible donde estaba, Sebul huyo despavorido hacia donde la superficie. Ese grito no fue nada natural, ya que nos veÃamos imposibilitados a acercarnos al hombre, como si el terror fuera una pared entre él y nosotros. Un terror que solo Aya podÃa parar.
               Lo que siguió fue una batalla increÃble entre Aya y este demonio, un nombre que por fin encajaba en un hombre. Aya atacaba rápidamente a su enemigo, apuntando a sus extremidades, sin darle descanso con sus dos katanas: a veces resultaba difÃcil poder seguir sus agiles movimientos. Sin embargo, aunque lo herÃa cuatro, seis, diez veces, el hombre no parecÃa sufrir daños. El demonio atacaba a Aya, aunque ella no parecÃa muy preocupada por estos y los esquivaba fácilmente. Como parecÃa una pelea sin final, Aya lanzo sus hilos de luz contra el demonio, que lo atraparon firmemente. Sin embargo, este logro soltarse y atacar a la mujer de nuevo, impactando uno de sus garrazos. Vimos como un poco de sangre se escurrÃa por la armadura de Aya, por lo que ella siguió atacando con reforzadas energÃas hasta que el demonio lanzo un grito, luego de lo cual vimos como Aya pudo realizar dos cortes profundos en su pierna y su pecho. El hombre por fin cayó.
               Aunque la mujer intento cuestionar al hombre, este se encontraba demasiado herido para contestar. Por fin Nedros, Sebul y Alro bajaron con nosotros: mientras estábamos abajo luchando, más de los secuaces de este hombre los atacaron. Todos tenÃan los ojos negros y garras, pero no presentaron un desafÃo demasiado grande: ¿habrá sido que nuestro oponente era demasiado fuerte o que Nedros poseÃa poderes más allá de lo que pensábamos? Tras el relato de la pelea, los hombres cargaron con nuestros enemigos caÃdos y se fueron a la mansión. Yo decidà que era momento de investigar los túneles.
               Pude deducir que lo que Aya y Nedros pensaban acerca de que daban la vuelta a la ciudad era erróneo. Estos túneles se ramificaban hacia adentro y fuera de la ciudad, por lo que se podÃa llegar a cualquier punto de esta por debajo. No obstante, no vi más entrada que por la que accedà a este. Pero no fue lo único que descubrÃ: mientras me adentraba en dirección a la mansión, el piso empezó a sentirse más liso, como si lo hubiesen aplanado a propósito. Seguà por este camino hasta que pude percibir unas voces, en la que pude reconocer a la de Kasi y la de un hombre que no habÃa escuchado antes. Con el fin de poder descifrar sus palabras, cambie mis orejas por las de un kurudu, quienes tienen una audición mucho mejor que la de cualquier raza conocida sobre Preot. Asà fue como me encontré con un misterio aun más grande que todos los demás: al parecer Kasi y su maestro necesitaban gente para un ritual -20 personas, para ser exactos- y que su maestro no estaba para nada contento con Kasi por su comportamiento. Ella parecÃa haber puesto su plan en peligro, lo que parecÃa ser inaceptable. Además, su maestro no estaba contento con los hijos de ella o, mejor dicho, con la decisión que tomaba para "hacerlos". Luego, el hombre empezó a darle ordenes a ella de una forma que parecÃa ritual: "Yo, tu maestro, te ordeno que...". Tras finalizar una lista de órdenes, le dijo que si se sentÃa sola se busque unas mascotas: no parecÃa referirse a animales con esta palabra. En seguida se alejaron de mÃ, por lo que pude seguir mi camino sigilosamente hacia donde deberÃa estar la mansión: ahora estaba seguro de que debÃa haber una entrada cerca de esta, ya que Kasi debÃa poder acceder a este lugar desde algún lado cercano a su casa.
               Al seguà avanzando, llegue a una cueva bastante grande, donde pude ver que, a lo lejos, habÃa otro túnel. Pero lo que llamo mi atención fue una puerta cerrada. Me acerque e intente escuchar del otro lado, pero solo habÃa ruidos de respiración y como si alguien estuviese chocando metales. Entre en un estado de alerta: podrÃa ser un cuarto de guardias, lleno de hombres con ojos negros y garras. Escuche la voz del maestro de Kasi lejos, por el túnel al que se habÃa dirigido, asà que decidà arriesgarme: tire una nube de polvo dentro del cuarto por dos motivos: por un lado, reducirles la percepción si tenÃa que entrar rápidamente, por el otro, querÃa ver si escuchaba voces ante el inesperado ataque, voces que podrÃa reconocer. Sin embargo, lo único que escuche fueron toces. TodavÃa sin saber que hacer (y pensando que porque no habrÃan salido a ver qué pasaba), escuche unos pasos muy suaves acercándose hacia donde estaba, tan suaves como alguien que no quiere hacerse escuchar, por lo que me aventure a través de la puerta.
               Del otro lado me encontré con algo que no hubiese esperado: una cueva llena de celdas. En cada una habÃa como mÃnimo una persona y a todas se las veÃa abatidas. Mientras me acercaba a una de las celdas, una mujer se acerco y me pidió que los sacase; le pedà que hable más bajo y luego le pregunte que si sabia salir de allÃ. Me aseguro que si, asà que le dije que me diese un minuto y ya los sacarÃa. Fui hacia el centro de la habitación y me concentre: del suelo salieron cuatro pilares de tierra que se insertaron en las cerraduras. Cada uno se habÃa acomodado dentro de la cerradura, tomando la forma de una llave de roca solida. Luego de abrir y sacar las cuatro llaves, vi que todas eran la misma, asà que abrà rápidamente todas las celdas. Es asà como pude liberar a diez personas. En total eran doce, pero dos no respondÃan a mi intento de levantarlas, ya que estaban sumidas en una desesperación muy profunda. Por suerte, logre ver que un hombre de entre los diez intentaba huir por la puerta. Lo alcance y me grito que lo dejase ir, que debÃa irse o lo atraparÃan nuevamente. Como no pude hacerlo entrar en razón, lo desmaye con un golpe en la nuca y lo cargue. Le pedà a los demás que me ayudasen a cargar a la gente que no podÃa moverse bien y le ordene a la mujer que nos guiase fuera.
               Ella nos guio por fuera de la puerta y dio una vuelta hacia otro túnel que no habÃa visto antes. Tras subir una rampa inclinada, llegamos a otra puerta que daba a un almacén cercano a la mansión. Le pedà a la gente que esperase ahà y me acerque a la mansión. Kasi me cruzo con el camino y me dirigió una mirada que no pude descifrar, pero no le preste atención; me acerque a un guardia y le dije que habÃa gente en el almacén y que necesitaba que buscase a Nedros. Solo pasaron unos minutos hasta que llegase Nedros con otros guardias, que fueron a buscar a las personas que habÃa dejado en el almacén y a los dos que habÃan quedado en los calabozos. Nedros me pidió mi versión de los hechos, por lo que le comente todo lo sucedido. Todo salvo el hecho de que Kasi estaba involucrada. TodavÃa tenÃa cosas que preguntarle a ella y un favor que pedirle, asà que no podÃa apresurarme. Fui recibido como un héroe, por los Vigilantes y la guardia del Conde, pero lo único que querÃa era descansar, asà que me retire a mi cuarto.
               Como lo esperaba, me despertó una mano en mi cuello. Era Kasi, que me pregunto porque no la habÃa delatado. Le dije que no me habÃa parecido necesario hacerlo. Ante esto me dijo que no se lo contase a nadie y le prometà que no lo harÃa por ahora. Me contesto que ella todavÃa dudaba si debÃa o no matarme, pero luego se fue, dejándome a oscuras, escuchando la respiración de mis compañeros dormidos.
               Lo primero que hice al despertar fue ir a ver a Nedros. Aun cuando habÃa dejado escapar a uno de sus "infectados" y capturado a otro, esperaba que el rescate de los inocentes estuviese a mi favor. Lo encontré en uno de los pasillos del segundo piso. Luego de los saludos adecuados, le dije mi motivo para dirigirme a él: no querÃa ser parte de los Vigilantes. Yo creÃa que sus objetivos no eran los correctos: ni Madria ni los habitantes de esta ciudad eran demonios. Nedros me miro tristemente y me dijo que, aunque mi decisión de irme seria una pérdida importante para ellos y podÃa hacerlo, deberÃan sacarme los recuerdos de los Vigilantes: yo sabÃa demasiado de ellos, de cómo actuaban, de sus fortalezas. Le dije que no podÃan tocar mis recuerdos -mientras lo hacÃa, escondÃa estos recuerdos en un sitio de mi mente al que no podrÃan acceder fácilmente, aunque tarde o temprano podrÃan llegar si lo intentasen por mucho tiempo-, que nada es más sagrado que la memoria. Nedros me dijo que no habÃa otra opción y empezó a entonar un hechizo; pero yo fui más rápido y lo golpee en el hÃgado, desmayándolo. No obstante, ahà se acercaba Aya: habÃa visto como golpeaba a Nedros. Sin pensarlo más, empecé a correr hacia una ventana y Aya me seguÃa, intentando atraparme. Sin embargo yo fui más rápido y logre saltar. En el aire, le dije a mi cÃrculo que me diese una esfera y cubrà mi cuerpo rápidamente para no lastimarme al caer. Al llegar ileso al suelo, salà corriendo lo más rápido posible, escuchando los gritos de los guardias que preguntaban que pasaban. No pasarÃa mucho tiempo hasta que empezaran a buscarme, por lo que me escondà en la jungla rápidamente.
               Los siguientes dÃas fueron una mezcla de huidas y acechos, donde al menos un grupo de seis Vigilantes buscaba mi rastro y yo observaba como mis intentos de despistarlos no funcionaban. No sabÃa que estaba pasando en la aldea, pero sabÃa algo: el maestro de Kasi querÃa veinte sacrificios. De alguna manera necesitaba sacarme de encima a mis perseguidores y avisar en la mansión. Y un dÃa encontré una solución: en una de mis huidas encontré una cueva con las huellas de un koweno. Cualquiera sabe que no hay que acercarse a un koweno en su cueva, asà que borre las pisadas del animal y las intercambie por las mÃas. Solo quedaba esperar.
               No estoy orgulloso de mi método, pero es lo que debÃa hacer. Cuando llegaron mis seis perseguidores y vieron las pisadas, solo uno dijo que era una trampa. Pero no logro convencer a sus compañeros, por lo que uno se mando hacia la cueva. No paso un minuto cuando este salió agarrándose la cara, en gritos, para luego caer. El resto de los guardias empezó a preguntar qué pasaba, pero no paso mucho hasta que ellos también empezaron a caer y agarrarse la cara. Aun cuando yo estaba lejos, empecé a sentir un picor en mis ojos. Los kowenos son famosos por su aliento toxico, pero nunca habÃa pensado que fuese en un rango tan amplio. Aunque no me quede mucho tiempo mas, pude ver como este animal salÃa de la cueva y empezaba con su festÃn.
               Decidido a cumplir con lo que me proponÃa, volvà a acercarme a la aldea y observe las guardias de los Vigilantes: yo sabÃa que de los trece que éramos, solo quedábamos siete: Palimanio, Alro, Sirko, Lebu, Sebul, Nedros, Aya y yo. Por fortuna, solo tres de los Vigilantes hacÃan rondas y todos en solitario. Y mejor que mejor, uno era Alro. Asà que, cuando me decidÃ, empecé a hacer ruidos de pisadas cerca de él. No soy muy bueno haciendo trampas, pero Alro igual cayó en la mÃa: miro hacia donde estaba yo y vi como hacia un chiflido. En respuesta a este, Sirko dejo su guardia camino a la mansión. Tras esto, salà de mi escondite y me mostré ante Alro. Él exigió que me rindiese, diciendo que yo nunca habÃa sido material de Vigilante, pero yo estaba resuelto y no perdà un momento para empezar con mi magia: ante esto vi como me revoleaba un hacha, pero pude esquivarla fácilmente y terminar con mi hechizo; antes de que pudiese bajar su brazo, cuatro paredes lo rodeaban y se cerraban sobre su cabeza. Lo único que quedaba era una rendija desde la cual podÃa hablarle, aunque Alro no paraba de ordenarme que lo soltara. Para calmarlo, volvà en lodo la tierra sobre la que estaba parado, por lo que se resbalo; aproveche este intervalo para decirle que tenÃa un mensaje para Nedros: debÃan irse en breve, o habrÃa problemas. Tras esto empecé a irme y escuche que él no se lo dirÃa, pero yo sabÃa que Nedros tenÃa sus formas de acceder a la mente de las personas.
               Además, tenÃa otro propósito: tras una demostración que no dejaba lugar a dudas de quien habÃa sido el atacante y hacia donde se habÃa ido, algunos me seguirÃan, pero no muchos, ya que la mitad de sus fuerzas seguÃan fuera. Si eran una o dos personas, quizás podrÃa detenerlas para intentar hacerlos entrar en razón y pedirles su ayuda para detener a los Vigilantes. Pero no tuve suerte, ya que nadie me siguió.
               Como no tenÃa demasiado tiempo, me dirigà a mi siguiente punto: yo sabÃa que los túneles que rodeaban la ciudad se ramificaban hacia la jungla, asà que busque el que más se ajustaba a mis necesidades y, con mi magia, me hice lugar para entrar de nuevo a estos. Luego, solo me quedaba una cosa para hacer: dirigirme a las celdas subterráneas y esperar.
               Estuve unas cuantas horas en las celdas, pero por fin escuche la voz que estaba esperando: la de Kasi. Ella me pregunto que qué hacÃa allà y le dije que era porque necesitaba su ayuda: le dije que tenÃa que liberar a los prisioneros y detener a los Vigilantes. Ella me respondió que a ella necesitaba de prisioneros, pero le conteste que no podÃa tener a estos, pero que a cambio ella podÃa quedarse con la gente con dones, con los Vigilantes. Ella empezó a decir que deberÃa matarme, pero antes de poder responder, ella sola se contesto, diciendo que yo no le habÃa contado su secreto a nadie. Asà estuvo unos minutos, discutiendo ella sola sobre mi vida y mi muerte, hasta que decidà interrumpirla y decirle que porque no lo pensaba luego, tras haberme ayudado. Me dijo que ella le dirÃa a su hijo, el Conde, que me brindase la ayuda necesaria, aunque debÃa de prevenir que se metiese en peligro. Le prometà que lo defenderÃa, pero ella resalto que ella lo protegerÃa, yo solo debÃa evitar que no se comprometiese en una situación peligrosa. Acepte el trato y ella me dejo solo.
               Cuando oscurecÃa afuera, salà de la cueva con celdas y me dirigà a ver al conde. Los guardias del Conde no eran un obstáculo y los Vigilantes eran demasiado pocos, por lo que no me costó llegar. Cuando estaba frente al cuarto del Conde, toque la puerta y él me introdujo dentro. Me pregunto qué querÃa y le conté que su madre me habÃa mandado. Frente a mi respuesta, sus ojos se pusieron negros y saco su espada, preguntándome que como sabia yo de esto. Le conté los sucesos que me llevaron a esto y le pedà su ayuda. Solo necesitaba que encontrase una razón para hacer que Nedros abriese un portal y evitar que ni él ni los otros Vigilantes pudiesen tocarlo. Aunque reticente, me dijo que sabÃa como ayudarme. NecesitarÃa unos dÃas, pero no debÃa preocuparme por eso. Otra vez me veÃa esperando, pero cada vez más cerca de algún final, aunque sabrán los dioses si bueno o malo.
               Aunque lentamente, los dÃas pasaron. El Conde no quiso contarme detalles de su plan, pero al llegar a mi escondite desde donde podÃa ver la plaza desde donde Nedros abrirÃa el portal, solo pude ver a Nedros, Aya y Cirko, por lo que esperaba que los demás no hubiesen sufrido un terrible destino. Pero ya no habÃa tiempo para remordimientos: Nedros comenzó a abrir el portal. Primero invocó una esfera de energÃa y luego comenzó a darle la forma de un ovalo. Aunque el Conde seguÃa hablándole y reprendiéndole, Nedros no parecÃa darse cuenta: era una tarea agobiante el abrir y mantener un portal, aun para alguien con la fuerza de Nedros. No obstante, Nedros era alguien muy capaz, y asÃ, el portal estuvo abierto. Era momento de entrar en acción.
               Yo comencé a concentrarme y tanto la tierra frente a Nedros como la que estaba debajo de mi empezó a vibrar. Vi como Aya empezó a moverse hacia Nedros, pero desde la mansión, dos flechas volaron hacia Aya y Cirko. El pobre Cirko no tenia chances contra un ataque sorpresivo, pero Aya logro esquivar la suya a tiempo. Mientras tanto, yo terminaba de lanzar mis hechizos: una plataforma de tierra golpeo a Nedros en el pecho, mientras otra me propulsaba bajo mis pies y me lanzaba hacia el portal.
               Caà del otro lado del portal, en la fortaleza de los Vigilantes. Allà estaba Lebiron, quien me pregunto qué pasaba. Durante estos dÃas que tuve para pensar, sopese la opción de que, si alguien intentaba detenerme cuando llegase, deberÃa matarlo. Pero ya habÃa habido demasiadas muertes y no querÃa seguir ensuciando mis manos con gente que no habÃa amenazado mi vida. Por lo que le dije a Lebiron que debÃa pasar el portal, porque los demás estaban en peligro. A pesar de este intento, Lebiron pudo ver detrás de mi mentira y me ordeno que me quedase donde estaba; sentà como su orden intentaba meterse dentro de mi cabeza, pero pude defenderme y seguà corriendo hacia las celdas. Detrás de mi levante una pequeña pared de tierra y vi como Aya caÃa por el portal, seguido de un guardia del Conde. Bueno, al menos habÃa intentado mantenerla afuera de esto.
               Cuando llegue a las celdas, empecé a liberar a la gente: mis pilares de tierra destruÃan los cÃrculos rúnicos que no les permitÃan salir. Le dije a Garritas que me debÃa un favor y Madria me dijo unas palabras que no entendÃ, pero parecÃan una bendición de su parte. No tardamos mucho en liberar a los treinta cautivos; pero en seguida las runas del techo empezaron a brillas y un campo de energÃa nos impedÃa salir. Aunque empezaron a atacar al campo, nada parecÃa hacer efecto. Garritas atacaba sin parar, pero el campo lo lastimaba. Intente golpear al campo con mis pilares, pero solo logre generarle unas rupturas que se curaban rápidamente. Otras personas empezaron a lanzarle rayos y fuego, pero el campo no caÃa. Por la gracia de los dioses, Madria estaba con nosotros y nos curaba las heridas y el espÃritu, pero nada parecÃa servir. Un hombre se me acerco y me dijo que él tenÃa el poder de tirar el campo y de sacarnos de allÃ, pero Lebiron le habÃa sacado sus poderes para siempre y que, salvo que este muriese, no podrÃa hacer nada; me maldije por no haber intentado matarlo cuando llegue.
               Lo que siguieron no fueron buenas noticias: por fuera del campo vimos como se acercaban unos veinte Vigilantes, aunque sin Lebiron. Les tire una nube de polvo para que no viesen nuestros intentos desesperados de liberarnos, pero no duro lo suficiente. Pasaba el tiempo y nosotros seguÃamos dentro. Y al final, se me ocurrió una solución. Les dije a todos que creÃa como sacarnos de este campo, pero no sabÃa si podrÃamos ganarles a los Vigilantes. Sin embargo, ellos me aseguraron que: la pasión que transmitÃan por ser libres, por vivir, me llevo a tomar mi decisión. Concentrándome, cree unas estalactitas afiladas y las apunte a los cÃrculos rúnicos del techo. Estos tenÃan unas runas que se repetÃan constantemente y, aunque no sabÃa que hacÃan, podÃa imaginarme algo: un solo cÃrculo rúnico no tiene la suficiente energÃa para generar algo tan colosal, asà que habÃa algún tipo de runa que les daba cantidades enormes de energÃa; esperaba que fueran estas.
               Cuando mis ataques impactaron, los cÃrculos empezaron a romperse. Además de atravesar las runas que esperaba, también rayaban otras en su camino. Y aunque el campo no desapareció, vimos como empezaba a debilitarse rápidamente, hasta caer. Los Vigilantes presentes se preparaban para nuestro ataque, que llego primero en forma de niebla y oscuridad; luego, en rayos y fuego. Pude ver como Garritas saltaba gritando hacia nuestros enemigos, seguido por más de nuestros compañeros. Vi como uno de los Vigilantes detenÃa un rayo de fuego y lo enviaba hacia donde me encontraba yo, pero cuando estaba por impactarme, vi como se dividÃa en dos y me pasaba de largo. Aunque no tenÃa idea de que habÃa hecho, recordé la bendición de Madria. Volvà a darle las gracias y empecé a correr a través del campo de batalla. Aunque nosotros éramos más, los Vigilantes estaban mejor entrenados y alimentados; vi como Aya le cortaba los brazos a Garritas, pero no podÃa detenerme: debÃa encontrar a Lebiron e intentar convencerlo de que nos dejara ir. Y si eso no funcionaba, solo me quedarÃa matarlo.
               Sin embargo, eso vendrÃa luego. Primero debÃa atravesar a todos los Vigilantes del pasillo, asà que solo me quedaba correr. Tres Vigilantes intentaron impedirme el paso, pero logre saltarlos sin problema. Detrás mÃo escuche gritos y, luego de unos segundos, vi como uno de los prisioneros venia cargando hacia donde se encontraba el grueso de los Vigilantes; era una persona enorme y estaba usando a un Vigilante como escudo. Cada vez que chocaba contra alguien, esta persona salÃa volando por los aires. Me alegre de que estuviese de nuestro lado.
               Cuando estaba llegando al final del pasillo, empecé a levantar una pared de tierra delante mÃo. Sin embargo, vi como Aya y otro de los Vigilantes lograban saltarla y pasar del otro lado. Era un dos contra uno, pero al menos habÃa detenido a los demás. Pero grande fue mi sorpresa cuando vi a una mujer atravesar mi pared y caer junto a nosotros. Sin perder un instante, le pedà a mi cÃrculo rúnico que me cediese una esfera de energÃa: cambie sus propiedades por la de un rayo y la agarre con mi mano. Aunque esta no podÃa dañarme, sentÃa la energÃa de las tormentas dentro de mi mano. Terminadas las preparaciones, salte hacia Aya; no podÃa perder tiempo con el otro Vigilante, porque conocÃa la letalidad de esta mujer. Intente golpearla y vi como el otro Vigilante intentaba agarrarla al mismo tiempo, pero ninguno de los dos pudo con su velocidad; Aya parecÃa estar bailando al rededor nuestro, esquivándonos sin transpirar. HabÃa escuchado sobre los guerreros del Control, quienes podÃan realizar tareas como esta. Sin perder tiempo, seguimos atacando a Aya, pero ella solo seguÃa esquivando. Pude ver como la otra mujer le lanzaba unas figuras oscuras, pero no lograron impactarle; Aya nos hablaba, pero yo estaba demasiado concentrado para saber que decÃa. Decidà utilizar la tierra a mi favor, pero Aya fue demasiado rápida y se escapo por el corredor que llegaba a la sala de mandos. Concluà que lo mejor serÃa dejarla ir al lado de Lebiron y levante una pared que cubrÃa el acceso a la sala principal, por la que podrÃan llegar refuerzos de los Vigilantes. Sin perder un instante mas, corrà por donde se habÃa ido Aya, junto a la mujer y al Vigilante traidor.
               Llegando a la sala de mandos vi como Aya estaba desenfundando sus armas y se disponÃa a atacar a dos de la guardia de Lebiron. No sabÃa que estaba pasando, pero decidà tomar mi oportunidad. Seguà corriendo y salte sobre uno de los guardias: aunque intentó atacarme, yo era más rápido y logre conectar un golpe en el brazo con el que sostenÃa su arma, desviando su ataque. Vi como los rayos de la esfera que tenÃa en mi mano se metÃan dentro de su brazo y como se desestabilizaba.  Aya le habÃa hecho dos cortes profundos en el brazo y el pecho al otro guardia. No puedo recordar bien quien, pero algo golpeo al guardia a quien le habÃa pegado y este cayo desmayado.
               Aya se acerco a la puerta e intento abrirla, pero esta no lo hacÃa. Agarre al guardia que seguÃa consciente y le pregunte como se abrÃa la puerta. Me contesto que desde dentro pero, al preguntarle más detalles, se rio de mi y dijo que no me lo dirÃa. Lo golpee contra la pared y se desmayo. Sin embargo, la mujer desconocida dijo que ella la abrirÃa y atravesó la pared. No paso mucho hasta que las runas que estaban en la puerta se apagaron, pero la mujer no salió por esta. Sin saber si Lebiron le habÃa hecho algo, entramos.
 SOBRE VICTORIAS Y DERROTAS:
               Al entrar, nos encontramos con un salo cubierto de runas. En el centro, estaba Lebiron rodeado de imágenes, pidiendo refuerzos. Cerca estaba Nedros: ¿cómo habÃa logrado llegar hasta allÃ? ¿Que habrá pasado con el Conde? Eran cosas que pasaban por mi mente, pero no podÃa distraerme. Escuche como Lebiron le decÃa a Nedros que se ocupase su lugar y siguiese pidiendo más refuerzos mientras él se ocupaba de una cosa. Ese era mi momento. Empecé a correr hacia Lebiron a toda velocidad: mi plan de parlamentar no nos servirÃa de nada si los refuerzos ya estaban en camino, debÃamos terminar esto rápido. Al pasar cerca de Nedros, vi como este se percataba de mi presencia y, aunque aun sorprendido, empezó a preparar algún hechizo. Rezando llegar frente a Lebiron antes que Nedros terminase con lo suyo, seguà corriendo; sin embargo, nunca fui alguien muy cercano a los Dioses, por lo que, a pocos pasos de mi objetivo, sentà como una mano apresaba todo mi cuerpo y me levantaba del piso. Luego, otra mano agarro uno de mis brazos, por lo que cada vez tenÃa menos libertad de movimiento. DebÃa actuar rápido, por lo que empecé a concentrarme en la tierra de alrededor y a darle forma. Pero igual de rápido que me capturaron, pude sentir como las manos se desvanecÃa y volvà a caer al piso: Aya se habÃa lanzado sobre Nedros y habÃa interrumpido su magia. Aproveche mi oportunidad y lance una estalactita de tierra contra Lebiron: percibà como salÃan volando algunas gotas de sangre de su hombro, pero no habÃa sido suficiente. Volvà a correr hacia él.
               Pero Lebiron tenÃa otros planes: le ordeno a Aya que nos detuviese y esta dejo a Nedros en el suelo y fue en búsqueda del Vigilante traidor. Yo no estaba seguro de que Lebiron estuviese manejando la mente de Aya o este fuese un plan que solo ella entendÃa, pero no podÃa hacer nada al respecto por ahora.  Seguà corriendo hacia Lebiron y vi como sacaba su espada y cortaba el aire con este. Pronto sentà como un viento cortante intentaba traspasarme, pero al parecer Lebiron no sabÃa todo sobre "sus" Vigilantes: mi capa no era una capa normal, sino que era igual de resistente que cualquier otra armadura. Gracias a su sorpresa, llegue a golpearlo con mi esfera en el hombro: los rayos se metieron por su herida y vi dolor en su rostro. Luego, mientras sus ojos tomaban un color amarillento, sentà como mi cuerpo se empezaba a poner tenso. Pero aun asÃ, logre golpearlo con mi otra mano justo a tiempo. Mientras Lebiron salÃa despedido hacia atrás, mi cuerpo se quedaba rÃgido como la piedra.
               Pensé que era mi final. Lebiron solo debÃa levantarse y mi mente seria suya, ya que este parecÃa tener una fuerza increÃble. Toda la revuelta seria en vano y gente como Madria seguirÃa siendo capturada, con cargos que no podÃan entender y sin posibilidades de salir. Pero Lebiron no se levanto. Al parecer, uno de los Dioses si me sonreÃa, ya que mi último golpe parecÃa haber dejado a Lebiron fuera de combate. Escuche unos pasos cercanos y vi como Aya se acercaba a Lebiron: este último intento darle otra orden a Aya y, aunque en el gesto de ella sobresalÃa el dolor, pudo reunir la suficiente fuerza para mantener las defensas de su mente. Escuche como Lebiron decÃa que no entendÃamos su labor, que habÃa que detener con los demonios y que, aun luego de traicionarlo, al menos matásemos al demonio que se encontraba detrás de la puerta a la que el se dirigÃa. Según sus palabras, este era un ser demasiado poderoso y envenenado para vagar libremente por Pandoris y que, aun poniéndonos del lado de esa escoria, no podÃamos dejarlo salir. Por suerte, Aya pareció entender lo mismo que yo: Lebiron estaba haciendo tiempo, por lo que todo termino cuando esta le corto la cabeza de un solo golpe.
                              Mientras veÃa como el cuerpo de Lebiron se quedaba quieto, empecé a retomar el control del mÃo. Mientras Aya se acercaba a Nedros y al otro Vigilante -ambos inconscientes- , yo me acerque a la puerta que nos habÃa dicho Lebiron. Dentro, habÃa un pequeño campo como el que nos habÃa mantenido cautivos a nosotros. Sin embargo, dentro solo se notaba una profunda oscuridad. Allà se encontraba la otra mujer, la que atravesaba paredes. Me dijo que la ayudase a liberar a su padre, quien estaba cautivo por un "mal comportamiento". Esto me daba una mala sensación, por lo que pensé que lo mejor serÃa alejarme. En ese momento, otro hombre salió por una pared y le pregunto a la mujer que si el Amo ya estaba libre. Aya se acerco a mà y vi desconcierto en su cara. Le dije que nos fuésemos de aquÃ. En mi mente pensaba que solo habÃa dos posibles acciones frente a este problema: o los ayudábamos o no. La primera no me apetecÃa en lo mas mÃnimo y la segunda... querÃa estar lo más lejos posible con el resto de los prisioneros si lograban liberar a este ser. Cuando nos Ãbamos, vimos como el Vigilante traidor se acercaba a estos: esperaba que supiese reconocer el peligro en el que se metÃa, pero no podÃa hacer más sin enfrentarme a las otras dos personas, de lo que no sacarÃa fruto alguno. DebÃa llegar junto a los otros prisioneros y ver cómo salir de allÃ. Quizás Nedros pudiese sacarnos, si lograba la cooperación de Aya en esto.
               Salà al pasillo y empecé a escuchar gritos. Cuando pude entender que estaba pasando, me puse en posición de pelea: los refuerzos habÃa llegado.
               Como Aya aun no estaba a mi lado (y como no podÃa saber todavÃa que fuese a ayudarme contra tantos enemigos), les lance una nube de polvo a mis enemigos: eso me ganarÃa algo de tiempo. Vi como tres magos se fijaban en mà y empezaban a lanzar sus hechizos: sentà como intentaban meterse en mi mente y romper mi conexión con mi magia, pero no lo lograron.  Aunque vi como cuatro guerreros se acercaban a mÃ, debÃa ocuparme de los magos primero: aunque sentà como volvÃan a intentar privarme de mi poder, logre resistirme y contraatacar: del suelo salieron tres lanzas de tierra que perforaron sus gargantas. No obstante, tenÃa a los guerreros encima mÃo. Logre a esquivar a dos, pero los otros dos lograron pasar mis defensas y me hirieron profundamente un brazo y mi pecho. Caà al piso y vi a lo lejos a Aya esquivando a otros cuatro guerreros, pero para mà era tarde. Sentà un porrazo en mi nuca y todo se puso negro.
               Sentà algo fresco en mi cabeza y abrà los ojos. Estaba tirado en el suelo junto a Aya y al Vigilante traidor: este estaba insertando una esfera de agua dentro mÃo, la que curaba mis heridas. Le di las gracias y seguà sus pasos: pedà una esfera a mi cÃrculo y, tras volverla del elemento agua, termine de curarme. No entendÃa que estaba pasando, pero cuando pude concentrarme un poco más, empecé a escuchar gritos y vi como gran parte de la gente, tanto los prisioneros sobrevivientes como los refuerzos de los Vigilantes, corrÃan hacia nosotros en pánico. Detrás vimos como un fuego negro consumÃa todo a su paso: ropa, armas, personas, todo era cubierto por las llamas. Empezamos a correr alejándonos del fuego hasta que llegamos a un callejón sin salida. Ahà estaba Nedros, quien le dijo a Aya que rompiese la pared. Ella empezó a golpearla con su arma y yo intente mover la tierra para ayudarla, pero estaba demasiado débil y no podÃa concentrarme, debido a que el resto de la gente me zarandeaba de aquà para allá, por lo que mis esfuerzos fueron en vano.
               Lo siguiente que sentà fue como alguien me chocaba y me arrastraba, junto a los demás, atravesando la pared. Sentà como caÃa y golpee mi cabeza contra el suelo, desmayándome.
               Cuando abrà los ojos, no podÃa distinguir nada. Lo único que recordaba era que estaba corriendo por un pasillo luego de salvar a los prisioneros, una sombra negra y mucho fuego. Cada vez que intentaba recordar mas detalles de lo que habÃa pasado, mi cabeza empezaba a dolerme con intensidad. Como no podÃa hacer demasiado, me levante y le pedà a mi circulo que me pases una esfera de energÃa. SabÃa que estaba en una cueva, ya que podÃa sentir como la tierra se extendÃa por debajo y encima mÃo. Aun asÃ, no podÃa distinguir más que gritos lejanos, por lo que cambie mis ojos por los de un Rensir y distinguà distintas formas a lo lejos. Decidà ir hacia allÃ.
               Mientras me acercaba, vi a uno de los Vigilantes hacer una esfera de energÃa de un tamaño considerable que irradiaba una luz muy potente en todas direcciones. Estaba desconcertado: ¿por qué los Vigilantes estaban ayudando a los prisioneros? ¿Que hacÃamos en una cueva? No pude encontrar respuestas para mis preguntas, asà que las guarde para después. Cuando estaba cerca del grupo alrededor del Vigilante, escuche el ruido de alguien chocando contra una masa de agua. Pude divisar lago cerca de estos y les grite a los del grupo que habÃa gente en el agua y habÃa que ayudarles. Aunque nadie me seguÃa, me tire al agua y utilice mis poderes para ubicar a la gente que se encontraba en esta: habÃa cinco personas nadando, una persona ahogándose, unas veinte en las cercanÃas de la cueva... y notaba otras presencias más alejadas. No tenÃa tiempo para preocuparme por esto, por lo que me sumergà y busque a la persona que se ahogaba. Por suerte, esta no era muy pesada ni llevaba un equipo considerable, por lo que no me costó mucho llevarlo a la superficie.
               Al salir, reinaba el pánico en la cueva. Donde habÃa habido un grupo de gente buscando la luz de la esfera, ahora habÃa gente tirada en el suelo o corriendo alejándose de... ¿de qué? Vi como el Vigilante se acercaba a una persona caÃda en el piso y como otra persona más le ponÃa las manos en el cuerpo y parecÃa traerla de entre los muertos. También estaba Aya. ¿Qué hacia ella allÃ? ¿PodÃa confiar en ella? Quizás supiese que estaba pasando gracias a sus conexiones con Nedros. No obstante, no me gustaba su presencia.
               El Vigilante dijo que él se llama Ekorfal y que, aunque no sabÃa que estaba pasando, un ser hecho de sombras habÃa aparecido y habÃa empezado a tirarle sombras a la gente, pero cuando él se acerco, el hombre desapareció sin más. Según Ekorfal, las personas impactadas por las sombras no parecÃan heridas, aunque tenÃan el aspecto de encontrarse muertas. El curandero, que dijo llamarse Sael I'nI, nos dijo que aunque no estaban heridas fÃsicamente, algo les habÃa afectado. Mientras ellos seguÃan hablando, me llamaron la atención unas runas en la pared. Me acerque a ellas y sentà como alguien me seguÃa: el hombre a quien habÃa salvado de ahogarse. Me dijo que su nombre era León y que estaba agradecido por mi ayuda. Aunque Ekorfal era un Vigilante y recordaba a Sael como un prisionero, no podÃa ubicar bien a León. Al preguntarle que de donde habÃa venido y que recordaba, me dijo que él trabajaba para los Vigilantes como uno de sus siervos y que no recordaba más que una batalla en un pasillo. No parecÃa resonarle nada acerca de unas sombras y un muro de fuego, asà que no indagué más.
               Al llegar junto a las runas, intente revisarlas y ver si podÃa entender su significado: aunque algunas me resultaban conocidas, otras no las habÃa visto en mi vida. Sael, Aya y Ekorfal se acercaron a nosotros, pero nadie parecÃa saber nada, hasta que León nos dijo que habÃa visto como las runas se iluminaban y que sabÃa donde estaban ubicadas cuatro salidas. Nos dijo que tres estaban cerca de nosotros y que la cuarta se encontraba por arriba, subiendo un pequeño promontorio, donde nos esperarÃa un puente roto. Decidà que ir por el puente serÃa lo más productivo, ya que de algún lado deberÃamos haber caÃdo, asà que nos dirigimos hacia allá.
               Llegamos a donde estaba el puente roto. La otra punta del puente se encontraba a unos cinco metros de distancia y, aunque debajo nuestro se encontraba la laguna, saltar podrÃa haber resultado peligroso. Por lo tanto, decidà hacer un puente de tierra que conectara ambas puntas y aunque tuvimos que cruzar uno por uno, logramos llegar al otro lado. Aquà encontramos el arco de lo que parecÃa ser una antigua puerta, pero en vez de esta vimos un agujero hecho recientemente... en la piedra. Aunque seguÃa sin poder resolver que era lo que habÃa pasado, pase a la próxima habitación.
               Del otro lado nos esperaba un espectáculo impactante: un fuego negro ocupaba toda la sala, desde el piso hasta el techo. Aunque intentamos apagarlo, nada parecÃa ser eficiente contra este. Cambie la esfera de energÃa que tenÃa en la mano por una de fuego, pero esta no reaccionaba con el extraño fuego negro. Mientras intentaba pensar como podÃamos apagarlo, me di cuenta que esta sala pertenecÃa a la fortaleza de los Vigilantes. Recordé que uno de los hombres, cuando nos encontrábamos dentro del campo, me dijo que él podrÃa sacarnos de allÃ. ¿HabÃa sido él el causante de esto? Como no sabÃa bien en que pensar, decidà guardar esta información para mÃ, pero al parecer no fui el único en encontrar la relación entre esta sala y la fortaleza: León también lo habÃa notado y lo estaba comentando con el resto del grupo. Como no habÃa mucho más para hacer aquÃ, decidimos irnos e intentar pasar por otras de las puertas.
               Al volver a la cueva principal, ya no se escuchaba ningún sonido: al parecer, toda la gente habÃa desaparecido por alguna de las puertas tras el ataque del hombre sombra. Por ende, los cinco nos dirigimos hacia las puertas. De las tres, yo recordaba que en dos de las direcciones hacia las que estas apuntaban se encontraban algunos seres que no habÃa podido identificar, pero que eso no los hacÃa menos peligrosos; por ende, me enfile hacia la tercera puerta, con los demás siguiéndome el paso.
               No tuvimos que recorrer más que unos metros para llegar a otro salón, con tres puertas. Estas tenÃan un distintivo en cada una: una tenÃa un sÃmbolo completo, otra un sÃmbolo cortado a la mitad y, la ultimas, no tenÃa nada. Ekorfal nos dijo que el sÃmbolo cortado parecÃa tener un sentido propio, mientras que el sÃmbolo completo era un sinsentido. El y Aya querÃan seguir por la puerta del sÃmbolo cortado, pero a mà me llamaba la puerta a la que le decÃan "absurda": no solo no querÃa confiar en dos Vigilantes, sino que además la aventura solo corre por los caminos menos esperados. Y al parecer no era el único que se sentÃa cómodo con esto, ya que Sael dijo querer venir por la puerta absurda. Aunque León parecÃa un poco indeciso, al final decidió venir con nosotros. Como Ãbamos a separarnos, Ekorfal decidió hacer un vinculo mental con Sael (aunque este no parecÃa muy contento con este hecho) por si debÃamos juntarnos o si encontrábamos algo de interés para lograr salir. Sin más que eso como despedida, tomamos nuestros caminos divergentes.
               No paso mucho tiempo hasta que llegamos a otra sala con tres puertas. Sin embargo, antes de decidir qué hacer (ya que ninguno de nosotros entendÃa bien el significado de los sÃmbolos), escuchamos un aleteo por una de las puertas. Los dioses parecÃan estar guiándonos hacia allÃ, por lo que resolvimos escucharlos.
               PELIGROS EN ALTURA:
               El camino nos llevo a una sala enorme en la que podÃamos ver una grieta que la cruzaba de lado a lado. Al acercarnos a esta, pudimos ver como habÃan otras plataformas similares a la que estábamos tanto arriba como abajo de nosotros... parecÃa como si fuesen distintos pisos de una fortificación, aunque nos encontrábamos dentro de una cueva en la montaña.
               El sonido del aleteo venia desde arriba, pero no sabÃa cómo poder subir: el siguiente piso estaba a unos treinta metros de altura y, aun si con suerte llegaba a subirme a mà mismo con mi dominio sobre la tierra, deberÃa dejar a mis compañeros allà abajo. Como esta última idea no me parecÃa muy segura, decidimos seguir investigando, por lo que nos acercamos a la grieta y nos dirigimos a la izquierda a ver si encontrábamos algún otro camino; León tenÃa dos esferas de energÃa a su alrededor, las que iluminaban lo suficiente para no caer por el precipicio. Sin embargo, llegamos a un punto en donde el piso comenzaba a ensancharse y para seguir debÃamos saltar la grieta, de unos tres metros, para llegar al otro lado.
               Mientras calculaba en mi cabeza la tierra necesaria para aguantar nuestro peso y lograr llevarnos hasta el otro lado, escuchamos como Sael se agitaba y nos decÃa que habÃa un enorme monstruo atrás nuestro. Al girarme, vi una extraña figura volando cerca de nosotros. Era difÃcil diferenciarlo entra la oscuridad que nos rodeaba, ya que su pelaje es totalmente oscuro; no obstante sabÃa que era un Koros, ya que su tupida melena, sus afilados dientes y sus garras curvas no dejaban lugar a duda. Que era lo que hacÃa un Koros famélico volando frente a nosotros no podÃa saberlo, aunque si podÃa notar que tenÃa hambre.
                Aunque Sael intento no enfurecer al animal, el tono de su voz pareció alterarlo, por lo que este salto hacia el curandero y lo mordió en un brazo. Yo le pedà a mi cÃrculo que me pasase una esfera de energÃa, a la que agarre con mi mano y la transforme en una esfera de rayo. Sin embargo, no llegaba a golpearlo, ya que León se interponÃa entre Sael y yo. Aunque no sabÃa si llegarÃa a tiempo, Sael dirigió un fuerte viento contra el animal, el cual choco contra la pared cayó hacia el abismo; por suerte, no se habÃa llevado el brazo consigo. Pero el animal volvió a subir y, esta vez, ataco a León, quien fue lo suficientemente rápido como para proteger su brazo con un escudo hecho a partir de una esfera para mitigar los daños. Aproveche a que el Koros estaba cerca y lo golpee en un costado, insertándole rayos en su cuerpo y haciendo que se aleje de nosotros. Frustrado, el animal volvió al ataque y se abalanzó contra Sael, mordiendo su cabeza. León pareció querer hacer algo con su esfera de energÃa, pero nada paso, asà que salte por delante de este y empuje a la bestia lejos de Sael; aunque no sabÃa si seguÃa vivo, debÃa confiar en que las fuerzas del animal estuviesen debilitadas por su hambre y que su ataque no habÃa sido fatal. Mientras corrÃa hacia el Koros, vi como una flecha pasaba volando por encima mÃo, pero el animal logro esquivarla, dándome a mà el tiempo suficiente para llegar y golpearlo nuevamente: esta vez, los rayos que inserte dentro de su cuerpo fueron lo suficientemente fuertes como para detenerlo y asegurarme que no volverÃa a nuestro acecho.
               Sin perder más tiempo, me acerque a Sael y, cambiando mi esfera de rayo por una de agua, la introduje en las heridas de su cabeza, que parecieron cerrarse en gran medida. Mientras intentaba curarse con su magia, Sael nos comunico que Ekorfal y Aya habÃan encontrado una sala que parecÃa servir como un mapa del lugar y que volviésemos junto a ellos, que él nos guiarÃa. Como no podÃa levantarse, lo alce mientras terminaba de realizar sus curaciones y nos pusimos en camino.
 ENEMIGOS EN LAS SOMBRAS:
               Cuando llegamos a la anterior sala con las tres puertas, Sael nos dijo que Ekorfal nos pedÃa que actuásemos cautelosamente, ya que, al parecer, habÃa un hombre que parecÃa estar desplazándose entre las sombras y que venÃa hacia nosotros, como si conociese nuestra ubicación. Decidimos esperarlo donde estábamos, pero a los pocos minutos Sael nos hizo saber que Aya estaba viniendo para juntarse con nosotros y que, al parecer, el hombre se habÃa escondido entre las sombras y ahora la seguÃa a ella. León preparo dos esferas y yo pedà a mi cÃrculo por otra esfera, a la que volvà de rayo.
               No paso mucho tiempo hasta que llego Aya. Le gritamos que el enemigo estaba detrás de ella y, aunque llego a darse vuelta, una sombra salió disparada hacia su cuerpo y Aya cayó al piso. Aun cuando me atemorizaba enfrentarme con una persona que podÃa derrotar tan fácilmente a una mujer tan mortÃfera como Aya, no podÃa más que intentar acabar con esto rápidamente, por lo que empecé a correr hacia el hombre entre las sombras. Mientras me acercaba, sentà el sonido de una flecha volando hacia su objetivo y vi como impactaba en el hombro de nuestro enemigo: al menos sabÃamos que podÃa ser dañado. Cuando por fin llegue cerca de mi objetivo, vi que estaba concentrándose en las sombras que nos circundaban: recordé que Ekorfal nos habÃa contado que este sujeto habÃa desaparecido fusionándose con las sombras. No me quedaba más opción que golpearlo con todas mis fuerzas y esperar que fuese suficiente; sin embargo no lo fue, ya que aunque logre que los rayos de la esfera se insertaran en su cabeza, el sujeto seguÃa concentrado en su oscura magia. Por suerte, León estaba preparado y lanzo un rayo de energÃa arcana contra él, quien salió volando unos metros y se desmayó. Me acerque hacia él y, asegurándome de que no nos fuese a dar problemas, volvà con el resto del grupo. Sael estaba terminando de curar a Aya y, al terminar, decidimos volver con Ekorfal, aunque a este último nos lo encontramos en el camino.
               Llegamos a un cuarto lleno de runas y de luz. Esto último me parecÃa muy importante, ya que si nuestro enemigo era amigo de las sombras, debÃamos mantenerlo alejado de estas. Allà nos esperaba un sujeto llamado Petrok, a quien recordaba como el mago de fuego a quien detuve en mi misión como Vigilante; a pesar de esto, Petrok no nos ataco -no parecÃa recordar quienes éramos nosotros-, sino que parecÃa haber estado junto a Aya y Ekorfal. El destino parecÃa estarnos jugando una buena broma.
               Mientras los demás comenzaron a explicarle a Petrok lo que habÃa sucedido, yo ataba una cinta al rededor de los ojos de nuestro prisionero y Aya buscaba unas cadenas para apresarlo firmemente. Tras esto, dedique mi atención a entender las luces que estaban en la habitación y entendà como funcionaba este mapa del que hablaban: del techo salÃan unas imágenes de lo que estaba sucediendo en cada sector de la cueva. Además, se veÃan unas escaleras para llegar al siguiente piso, por lo que decidimos ir hacia allÃ. Cargue a nuestro prisionero sobre mi hombro y nos pusimos en camino.
               Tras una corta caminata, llegamos a la escalera que nos llevarÃa al piso siguiente. Aunque estábamos cansados, decidimos subirla primero y luego reposar. No querÃa preocupar al resto, pero sabÃa que si no encontrábamos alguna fuente de agua y de comida pronto, nuestras posibilidades de escape serian nulas, ya que esta montaña parecÃa no tener fin; pero no podÃa hacer nada al respecto en ese momento, por lo que creà que tener un tiempo para descansar y juntar las fuerzas que pudiese serian mas útiles que vagar por el interior de la montaña sin rumbo ni certezas.
                Como tres de nosotros sabÃamos invocar esferas de energÃa, propuse que hiciésemos guardias de a dos para siempre tener luz a nuestro alcance: esto no solo evitarÃa posibles ataques sorpresa por parte de otras bestias o magos de las sombras, sino que también podrÃa llegar a ser como un faro para el resto de las personas que se habÃan perdido con nosotros.
ESTA HISTORIA AUN CONTINUA.