Una reflexión sobre la planeación de la enseñanza
La educación se ha definido como una ciencia y un arte, en consecuencia podríamos afirmar que el educador es un científico y un artista. En lo relacionado con el proceso de planeación esta definición cobra mayor relevancia.
La docencia en tanto que es una ciencia requiere precisión metodológica, es decir, llevar una secuencia ordenada, con vistas a la consecución de un fin determinado. Considerando que la finalidad es lograr que los alumnos logren un aprendizaje profundo, habrá que establecer de forma razonada cada uno de los pasos que habrán de darse para conseguir dicha meta. Sólo analizando detenidamente los diferentes momentos que habrán de atravesar tanto alumnos como docente podrán disponerse de los medios, las herramientas y los modos oportunos. Este proceso de reflexión se denomina planeación.
La planeación permite al docente trazar el rumbo que desea tomar; a manera del plano que sirve como base al arquitecto, el plan de trabajo facilita al docente la toma de decisiones, integrar todos los elementos que favorecerán su éxito, hacer los justes necesarios y por qué no, trazar los sueños en los que desea involucrar a sus alumnos.
Tal es la importancia de la planeación que muchos autores, muchos escritos, mucho tiempo se ha dedicado a estudiarla, diseñarla y evaluarla. Por ese motivo es tan importante no reducirla a un mero trámite administrativo o en un papeleo sin sentido con el que se pide al docente el llenado de formatos y documentos para cubrir un requisito, volviendo a la planeación una actividad vacía y desgastante.
Desde la otra cara de la moneda, el docente como artista ve en la planeación su instrumento para la ejecución de una pieza única: “afina las cuerdas” hasta lograr la melodía que espera, sabiendo que cada grupo, cada clase, cada alumno es único. Su plan, aún aplicado de forma puntual y cuidadosa no dará siempre el mismo resultado, ni aún dentro de la misma clase. Por eso sabe que su planeación, si bien será precisa y científica, debe ser al mismo tiempo flexible y respetuosa de las diferencias individuales.
Intentar trabajar con planeaciones elaboradas por un tercero, repetidas año con año sin cambio alguno, hechas con rapidez para entregarse a tiempo son situaciones absurdas en sí mismas, pues alejan al docente de la posibilidad de ser el diseñador de situaciones de aprendizaje únicas; lo dejan fuera de su propi labor al dejarlo ajeno al logro de resultados. En otras palabras anulan su trabajo, que en grados extremos se convierte en un pasar el tiempo hablando, escribiendo o incluso interactuando con sus alumnos, pero sin logar conectar con ellos, con el contenido y sobre todo con el aprendizaje.
La planeación es el primer paso de un camino que desea recorrerse con éxito; es el cimiento del edificio que sostendrá el aprendizaje de los alumnos, por tanto el docente consciente de su labor sabe que en el planear está una clave fundamental para cumplir con calidad su importante labor.













