Se enojaba por que no comprendía
Hoy llegó a mí esta frase que me permitió ver con otra mirada la actitud de que observé en una chica del día de ayer. Al salir de la escuela su mamá esperaba un saludo después de una mañana de no verse, la hija como respuesta enlistó una gran cantidad de quejas sobre el paseo de la escuela, el lunch de la tarde, las compras del super, el permiso para ir con una amiga y así hasta terminar en una triste y lastimosa conclusión: “todo lo haces mal mamá”
Y quizá así visto, por encimita, se podría afirmar que esa chica es una malcriada y con un muy mal genio. Pero si buscamos más a fondo, su enojo, al igual que muchos de los enojos que día a día sufrimos todos, tienen que ver con la falta de comprensión: de las situaciones, las expectativas, las razones, los motivos, tanto de uno mismo como de los demás.
La queja surge entonces como consecuencia de la ignorancia y ésta a su vez se alimenta de la falta de voluntad. Si madre e hija hubieran cedido para tratar de adentrarse un poco en lo que se hizo y por qué se hizo, la escena sería diferente. Esto mismo aplica a esposos, hermanos, amigos, colaboradores, etc. Porque es más rápido (y aparentemente más fácil) reaccionar que reflexionar, quejarse que comprender y comprenderse.
Algo que hacemos de una manera tan frecuente, muchas veces inconsciente y más de lo deseable como quejarnos, implica más que emitir un punto de vista negativo. Conlleva en el fondo la comodidad de instalarme en mi propia opinión sin considerar a los demás. Pero también provoca una serie de actitudes y sentimientos que pueden destruir poco a poco la convivencia y las relaciones.
Se inicia con una queja, que genera desde incomodidad hasta enojo, este se convierte en ira y si es constante deriva en amargura. ¡¿Quién quiere vivir así?!
Afortunadamente podemos plantear esta misma situación en una forma positiva; no se trata solamente de soportar el mal carácter -mío y de los demás-, es posible iniciar con un ejercicio de querer comprender, de ponerme por un momento en los zapatos del otro y tratar de entender sus motivaciones (lo que no significa necesariamente estar de acuerdo con ellas).
Si hoy te dan ganas de quejarte, por mínima que sea esta queja, intenta encontrar la razón de aquello que te incomoda, para verlo desde otra perspectiva, busca alguna alternativa o lo positivo que pueda eso tener; procura hacerlo más de una vez cada día y quizá te sorprendas a ti mismo disfrutando más de lo que te rodea, queriendo más a los tuyos y siendo más feliz.