A diferencia de otras bandas de la escena de 2004 en Glasgow (Escocia), que solían mirar fijamente al suelo en sus conciertos, Franz Ferdinand quiso hacer música que hiciera bailar, pero también pensar. Su nombre, inspirado en el archiduque cuyo asesinato desencadenó la Primera Guerra Mundial, refleja esa mezcla de cierta superficialidad y profundidad artística.














