QUEDARSE PELADA POR LA QUIMIO, COMO FUE PARA MÍ.
Hace ya un tiempo que vengo con ganas de escribir acerca de esto pero por diferentes causas no me terminaba de decidir a hacerlo. Por esas cosas de la vida, en estos días conocí a una persona que me dio el impulso que necesitaba para decidirme a escribir de este tema.
Y es que a todos los que alguna vez nos dijeron: “te tenés que hacer quimio” se nos atraviesa la misma pregunta: “¿SE ME VA A CAER EL PELO? A lo que le siguen otro montón de preguntas que nos van llenando la cabeza: ¿y cuándo se empieza a caer? ¿Voy a tener que usar pañuelos? ¿Cómo seré pelada? ¿Tendré una cabeza deforme llena de chichones? ¿Y si me hago una peluca?
Después vienen otro tipo de pensamientos, nos acordamos de todas las escenas de alguna película en la que el o la protagonista empieza a perder el pelo en mechones en la ducha y nos visualizamos en esa misma situación. Y si, es imposible no angustiarse, algunos más, otros menos, pero a todos en algún punto nos toca. Por todo esto es que decidí compartir como fue para mí el proceso de quedarme pelada por la quimio esperando que a alguien más le pueda servir para atravesar ese momento.
Primero que nada pongámonos en contexto. Dadas las condiciones de mi leucemia era imperativo empezar el tratamiento lo antes posible, es por eso que no había pasado ni una semana de que había entrado a una guardia que ya estaba recibiendo mi primera dosis de quimio. Por otro lado hacia muy poquito había cursado en la facultad farmacología II y tenía muy presente que las drogas con las que me iban a tratar iban a hacer que se me cayera el pelo, no de un día para el otro pero iba a pasar. Si bien en ese momento la verdad es que no tenía el pelo laaaaaaargo como lo había sabido tener en otros tiempos, vino a mi mente esa imagen que les decía antes, yo quedándome con un mechón de pelo en la mano y al instante dije: “NO QUIERO ESO PARA MÍ”.
Entonces la pregunta empezó a ser otra: “¿y qué puedo hacer para pasarlo de la mejor manera posible?” Tampoco me iba a rapar sabiendo que podían pasar semanas hasta que se me empezara a caer…
Ahí fue cuando se me ocurrió: “¿y si me corto el pelo cortito pero con onda? ¿Y si me hago un corte que nunca me hubiera animado a hacerme?”. Esa fue la respuesta, empezar a tomármelo como un juego, como una posibilidad de probar algo distinto, lo peor que podía llegar a pasar era que me quedara mal pero igual se iba a terminar cayendo y por otro lado ¿quién te va a decir que te queda mal el nuevo corte cuando recién te diagnosticaron leucemia?
Así fue como ese viernes que empezaba con la quimio vino una amiga con sus tijeras y transformamos el baño de la habitación en una peluquería. Hubo charla, risas y por sobre todas las cosas liberación de estrés, porque para cuando estaba terminado el corte también había terminado la primera dosis de la tan temida quimio. Fue como una bendición, me divertía mirarme al espejo con ese corte tan raro, tan loco para mí. Sole, una de mis enfermeras de ese momento, con toda su alegría y encanto, me miró y me dijo: “¿Te volviste Miley Cyrus?” y de ahí en más me gané el que iba a ser mi primer apodo en este proceso.
Empezaron a pasar los días y el pelo seguía ahí, pude disfrutar de mi corte unas semanas hasta que llegó ese día. Ese día que durante el baño me empecé a quedar con el pelo en las manos y no se pararaba de caer y caer. Sorprendentemente estaba “preparada” por decirlo de alguna manera, y después de un rato largo de dejar que el agua fuera desprendiendo cada vez más y más pelo y ver como se iba juntando en el piso de la bañadera tomé la segunda decisión, había llegado el momento, no lo quería demorar más, me tenia que rapar.
Pasaron dos o tres dias hasta que pude concertar la nueva sesion de peluqueria. Creo que fueron los mas dificiles, no porque no sabia lo que se venia, sino porque era insoprtable levantar la cabeza de la almohada y ver peliitos por todos lados volando e invadiendo todo, pegados en la ropa, en la piel, en fin por todos lados. Asi fue como empece a incursionar en el uso de los pañuelos para evitar todas estas molestias. Otra vez era viernes, me tocaba una nueva sesion de quimio y ahí estaba sentada en frente del espejo del baño por ser rapada, lista para sacar todo lo que habia quedado y terminar con el asunto de una buena vez.
Nuevamente fue descontracturado, y tratando de reírnos de la situación, me descubrí la verdadera forma de mi cabeza y todas esas imperfecciones que nunca me había dado cuenta porque estaban tapadas (debo confesar que mirando las marcas y chichones hoy por hoy creo que en mi vida obviamente me he dado más golpes en la cabeza de los que recuerdo).
Así fue como entramos en lo que dimos a llamar: La temporada pañuelos Primavera/Verano. Me dedique a buscar videos, tutoriales y cualquier cosita que me diera ideas para poder incursionar en este nuevo mundo desconocido hasta este momento para mí.
Ahí empecé a darme cuenta que no todos los pañuelos son cómodos, y fáciles de usar. Que algunos pueden ser muy lindos pero en definitiva si no estás cómoda no tiene sentido. De a poco fui animándome a probar diferentes estilos y entendí que, como nos pasa a todos (sobre todo a nosotras las minitas, si, si, se viene el comentario minita, porque indefectiblemente esa Belu también existe), hay días que queremos estar diosas y ponernos lo que nos parece que nos queda más lindo y nos saca una sonrisa al mirarnos al espejo, pero también hay otros donde no queremos que nos anden mirando y con unas calzas y un remerón estamos hechas. Bueno algo así me empezó a pasar con todo el temita de los pañuelos. Desde el día uno sabía que no quería peluca, no me interesaba ocultar o hacerme creer a mí misma que no estaba pasando por eso, así de a poco deje darle tanta bola a como me quedaba el pañuelo y si me cubría o no toda la pelada.
Para el momento de esta foto ya me había autobautizado Budha porque entre la pelada y la hinchazón de la cara por los corticoides cada día me asemejaba más y más al gordito simpaticón. Para muchos de mis conocidos fue un shock muy fuerte ver esta foto, donde por primera vez se veía (y no del todo) que no tenía pelo. Coincidía con la última dosis de la primera etapa de quimio, otra vez un viernes. Me acuerdo que estaba con náuseas y la boca lastimada por los efectos de la medicación y decidí que me merecía un premio consuelo que fue ese mágico helado de frutilla al agua que calmo síntomas y angustias en el momento justo.
Después de estar un mes internada, cumpliendo la primera parte del tratamiento salí al mundo y si, ir por la calle era atraer miradas inevitables a mi cabeza, mis pañuelos, mi falta de cejas, pestañas, en fin… pero poco a poco me fui acostumbrando y aprendiendo a convivir con eso y no fue tan terrible.
El paso siguiente, y medio obligada por el calor de nuestro verano en Buenos Aires fue dejar los pañuelos cuando estaba en casa estar con la pelada al aire libre. No tuve el coraje de salir a la calle luciendo mi orgullosa calva, durante el verano de todas formas creo que hubiera sido contraproducente ya que la piel estaba súper sensible y sentía que el mínimo rayo de sol me iba a quemar.
Poco a poco fueron pasando los meses, siguieron los ciclos de quimio y llegamos al invierno, y ahí si entendí la diferencia entre tener y no tener la cabeza cubierta de pelo. Por suerte tenía la excusa perfecta para usar gorros que siempre me gustaron pero nunca me animaba a ponerme. Una vez más esta experiencia me daba la posibilidad de incursionar en algo diferente que en otro momento no hubiera hecho.
Hoy por hoy, a siete meses de mi última dosis de quimio, después de irradiación de cuerpo total y post trasplantada me está volviendo a crecer el pelo. Esta indomable, no sé qué voy a hacer, no parece mi pelo, esta distinto y no tengo idea como me va a quedar, cuánto va a tardar en crecer o si en el medio voy a tener que pasar por otra sesión de quimio y lo voy a volver a perder, pero en definitiva ahí esta y veremos cómo evoluciona.
Como todo en este proceso, que ya lleva más de un año, es un día a día y nunca sé que es lo próximo que puede pasar, pero no queda otra que seguir mirando para adelante y deseando que las cosas se den de la mejor manera posible, aunque a veces eso implique tomarse un tiempo para bajar revoluciones, llorar, enojarse, putear y otras simplemente disfrutar de las pequeñas cosas que si puedo hacer, de los pequeños cambios positivos, de los amigos, mensajes, y muestras de afecto que nunca hubiera esperado.