Hoy cerré los ojos y escuchaba las horas murmurar el paso del tiempo. Los gritos de los caminantes me volvieron a la realidad. Hoy más que ningún otro día estaba cansada de ser hormiga en un panal, una pieza de rompecabezas en un ludo, un cuadro mal colgado en el techo... me olvidé de lo que estaba haciendo y para donde iba. Comencé a sentirme mal por no recodar y en eso vi una mano en mi hombro. Era diferente su forma, pero también tenía dos ojos, también respiraba agitado, también se le notaba el cansancio. Mientras iba en puntas de pie para no hacer ruido, veía su risa rebotar en las paredes. Me contagió la felicidad e hizo que olvidara que yo estaba intentando descubrir, qué era lo que murmuraban, aquellas que paseaban tan puntuales y me distraje, y me olvidé, y no cumplí, y me atrace, y hoy ya no me anoté, y no mandé ese mail, y fallé, fracasé, ¿Por qué?, ¿Por qué me cuesta tanto?... cuesta... ¿cuánto cuesta?... y no es un problema de dinero, es un problema de tiempo.











