UN AÑO DESPUÉS DE MI TRASPLANTE DE MÉDULA ÓSEA
En dos dĂas se cumple un año de mi trasplante de medula Ăłsea, es increĂble que ya haya pasado un año y por otro lado que largo y difĂcil se me hizo. Hoy, hace un año estaba llena de esperanzas, me sentĂa realmente mal, despuĂ©s de haber recibido mĂşltiples sesiones de rayos en todo el cuerpo y las quimios más fuertes que habĂa tenido que soportar mi cuerpo estaba dĂ©bil y yo sabĂa que se iba a poner peor. AsĂ y todo mi mente, mi alma y mi corazĂłn estaban llenos de esperanza. El gran dĂa se acercaba y todo por lo que habĂa estado resistiendo el sin fin de tratamientos y procedimientos mĂ©dicos se empezaba a sentir a la vuelta de la esquina.
Recuerdo lo ansiosa que estaba por que llegara el dĂa en que colgarĂan esa bolsita con las cĂ©lulas que le iban a extraer a mi hermano para pasármelas a mĂ. Todos los preparativos las ultimas 24 hs previas. La ropa esterilizada, la limpieza especial de la habitaciĂłn, las cosas que me hicieron mandar de vuelta a casa porque no podĂa tenerlas una vez que se hiciera el trasplante y hasta como limpiaron uno por uno mis lápices con alcohol para que pudiera tenerlos y colorear en los dĂas que iban a venir.  Recuerdo el momento en que entraron tantos insumos mĂ©dicos que perdĂ la cuenta. Agujas, jeringas, gasas y ampollas… ampollas de absolutamente todo, pero sobre todo me acuerdo del cartĂłn, el cartĂłn con todas las posibles drogas que se podĂan llegar a necesitar durante el tiempo que estuvieran pasando las cĂ©lulas de esa bolsita a mi cuerpo. No eran una buena predicciĂłn, como buena estudiante de medicina se me pasaron por la cabeza todas las situaciones en las que se podĂan llegar a necesitar esas drogas, y no, no eran buenas.
HabĂa llegado la mañana y con ella la ansiedad aumentaba, intente tomarme todo con la mayor calma posible, dedicarme a hacer las cosas de rutina de un dĂa de internaciĂłn cualquiera pero me resultĂł imposible. AsĂ fue como más temprano de lo de costumbre me habĂa despertado, desayunado, bañado y estaba a la espera de que entrara de una vez alguien para decirme que habĂa salido todo bien con mi hermano, que se habĂan podido recolectar las cĂ©lulas y que en breves iba a empezar el tan esperado proceso. El tiempo se hacĂa cada vez más largo y todavĂa no tenĂa novedades, me empezaba a preocupar por mi hermano, ÂżcĂłmo le estarĂa yendo? Estaba pasando por un procedimiento por el que yo habĂa pasado quizás unas 30 o 40 veces hasta ese momento, pero Ă©l lo hacĂa a voluntad, para ayudarme a mĂ. ÂżY si le pasaba algo? SabĂa que los riesgos eran mĂnimos, casi inexistentes y que Ă©l estaba feliz de poder hacerlo pero de todas maneras no me dejaba tranquila, necesitaba saber que todo iba bien. De repente una de las doctoras entrĂł a la habitaciĂłn y me dijo que todo estaba bien, mi hermano ya estaba de vuelta en su habitaciĂłn y el procedimiento habĂa sido un Ă©xito, habĂan logrado extraer lo necesario para llevar a cabo el trasplante.
Un par de horas más tarde entraban la enfermera y la mĂ©dica que me iban a acompañar durante todo el proceso. Me prepararon, me pusieron los electrodos, el tensiĂłmetro y todo lo necesario para tomar una Ăşltima vez el registro de mis signos vitales previo a empezar. El momento estaba por llegar, entrĂł el de hemoterapia con la tan preciada bolsa que traĂa las cĂ©lulas de mi hermano, la colgĂł en el pie de suero y la conectĂł a mi catĂ©ter. Todo estaba listo, cada uno de los presentes tenĂa un lugar y un rol importante, el mĂo era simplemente mantenerme tranquila mientras entraban esas cĂ©lulas en mi cuerpo y esperar lo mejor. Anotaron la hora en una planilla y abrieron la llave de la vĂa. El trasplante de mĂ©dula Ăłsea habĂa empezado.
En total habrán sido cerca de dos horas las que tardaron en pasar el contenido de dos bolsitas mágicas con las cĂ©lulas de mi hermano. Dos horas durante las que estuve más llena de cables de lo normal. Dos horas durante las que documentaban mi presiĂłn, frecuencia cardĂaca, saturaciĂłn de oxĂgeno y otras cosas cada 10 minutos. Dos horas durante las que no sabĂa si mi cuerpo iba a hacer alguna reacciĂłn no deseada e iban a tener que usar algunas de las tantas drogas que habĂa visto en aquel cartĂłn el dĂa anterior. Dos horas durante las cuales me hicieron reĂr, sentirme aliviada y contenida. La bolsita estaba vacĂa y el momento tan esperado habĂa pasado. Todo habĂa terminado pero lo más difĂcil reciĂ©n estaba por empezar.
Los dĂas que siguieron al trasplante se tornaban cada vez más duros, me sentĂa cada vez más cansada, más dĂ©bil, más dolorida. En la habitaciĂłn de al lado habĂa otro chico que se habĂa trasplantado unos diez dĂas antes que yo y no le estaba yendo mejor. Era algo en lo que no podĂa dejar de pensar, Ă©l tenĂa unos pocos años más que yo y su familia y amigos siempre estaban en el piso asĂ que cada vez que tenĂa oportunidad les pedĂa a mis visitas que hablaran con ellos y me contaran como seguĂa, al mismo tiempo en que me concentraba en mandarle buena energĂa ya que era lo Ăşnico que podĂa hacer por Ă©l. PasĂł una semana, dos, tres. De a poco habĂa ido mejorando, habĂa pasado dĂas malos y otros muy malos pero no habĂa tenido grandes complicaciones. HabĂa sido más afortunada que mi compañero de piso.
El dĂa que se cumplĂa un mes del trasplante los mĂ©dicos decidieron enviarme a casa. Era un viernes, hacia friĂł, mucho y yo salĂ de Fundaleu con más medicamentos de los que nunca hubiera imaginado tener que tomar.  Dos dĂas despuĂ©s serĂa mi cumpleaños nĂşmero veintinueve. Era inevitable comparar aquel dĂa con el que habĂa sido un año atrás, aquel lo habĂa pasado tan llena de energĂa y ávida de nuevas experiencias por vivir. No podĂa decir que no habĂa sido asĂ, la realidad es que ese año transcurrido habĂa estado lleno de nuevas experiencias, solo que no eran del tipo que me habĂa imaginado. Este nuevo cumpleaños llegaba a una Belu totalmente distinta, mi energĂa se habĂa agotado y sentĂa como si estuviera cumpliendo un millĂłn de años. Un dĂa que resplandecĂa de felicidad el año anterior esa vez se volvĂa difĂcil de llevar.
Llego el primer dĂa de control post trasplante, iba a ser el primero de muchos controles en los que los resultados de los análisis no eran lo que esperaba. Otra vez tenĂa que internarme, un virus habĂa decidido reactivarse (algo muy comĂşn en inmunosuprimidos y sobre todo post trasplantados de mĂ©dula) y necesitaba recibir tratamiento, lo peor de todo: ese tratamiento que necesitaba recibir era toxico para las nuevas cĂ©lulas que habitaban mi cuerpo. Me interne, cumplĂ el tratamiento, pero antes de que lo terminara y dado al estado de gran inmunosupresiĂłn que tenĂa otra infecciĂłn se apodero de mi cuerpo, me dieron antibiĂłticos y lograron controlar la infecciĂłn pero entonces sufrĂ por primera vez EICH, las cĂ©lulas de mi hermano habĂan empezado a atacar cĂ©lulas de mi cuerpo, no iba a ser la Ăşnica vez.
Pasaron dos meses y por fin estaba otra vez en casa. Los corticoides habĂan hecho estragos con mi cuerpo, estaba diabĂ©tica, no tenĂa fuerza muscular, se me habĂan hecho cataratas en los ojos, no podĂa dormir ni pensar. AsĂ mismo la mĂ©dula habĂa sido tan golpeada por las drogas que casi no producĂa cĂ©lulas. Estuve asĂ muchos meses, saliendo y entrando de internaciones por infecciones o EICH. Llego un momento en el cual sentĂa que no podĂa soportar más, pero siempre puede haber algo más para soportar. Me tocaba hacerme la punciĂłn biopsia de control a los seis meses del trasplante y una vez más los resultados me iban a sorprender para mal, habĂa vuelto la leucemia. Sin demasiadas opciones y sabiendo que podĂa llevar nuevamente a un EICH me sacaron todo tipo de tratamiento inmunosupresor y esperaron que mi propio cuerpo se encargara de esas cĂ©lulas cancerĂgenas que estaban volviendo a ocupar mi mĂ©dula. El siguiente resultado serĂa mucho más alentador, habĂamos vencido una vez más a la leucemia  aunque esa felicidad duro poco ya que unos dĂas más tarde harĂa el peor cuadro de EICH por el que pasĂ© hasta el momento. Era treinta de diciembre y me iban a permitir ir a pasar la noche de año nuevo con mis seres queridos, pero cuando me fui a dormir no me sentĂa del todo bien. Me tomaron la temperatura y tenĂa unas lĂneas de fiebre, pronto se convertirĂan en mucho más que eso. Llego la madrugada, habĂan intentado por todos los medios bajarme la temperatura y mi cuerpo no paraba de temblar. Tuvieron que recurrir a la morfina y reciĂ©n ahĂ me quede dormida. La siguiente vez que abrĂ los ojos estaba mi mĂ©dico al lado de la cama, me revisĂł y luego de dejar sus indicaciones se fue. Yo sentĂa que mi cuerpo ardĂa, tenĂa la piel más roja de lo que nunca habĂa visto y emanaba calor. Ese dĂa lo pase entre sueños, las perspectivas a futuro no eran buenas pero contra todo pronĂłstico me recupere rápidamente, más que eso, de pronto la medula empezĂł a producir nuevas cĂ©lulas. Fue como si hubieran apretado el botĂłn de reinicio, por primera vez despuĂ©s de siete meses estaba empezando a responder como se habĂa esperado.
 Tampoco duro mucho ese momento de felicidad ya que nuevamente me administraron corticoides y los valores volvieron a bajar, pero habĂan descubierto algo, el no funcionamiento de la mĂ©dula estaba Ăntimamente relacionado con la dosis de corticoides que recibĂa. Decidieron entonces empezar a bajar la dosis siempre temiendo que volviera a tener otro cuadro como el de año nuevo o aun peor, pero no fue asĂ y poco a poco mis glĂłbulos blancos, rojos y plaquetas empezaron a subir y yo empecĂ© a sentirme mejor, a recuperar fuerzas y a poder disfrutar de hacer algunas cosas.
AsĂ llegamos a mayo, once meses habĂan pasado, los controles se habĂan ido espaciando y por fin todo empezaba a tener un poco de sentido otra vez. DespuĂ©s de mucho esperar y desesperar, habĂa empezado a sentir que esas cosas que tanto anhelo poder volver a hacer o poder volver a soñar con hacer se empezaban a acercar, pero no, otra vez volviĂł aquel virus, otra vez siento que me las arrebatan de las manos. SĂ, es verdad, mi cuerpo se siente mucho mejor que antes, estoy empezando a recuperar la fuerza despuĂ©s de haber pasado por momentos en los que no podĂa ni levantarme de una silla sin ayuda, pero mi mente cada vez tiene menos esperanzas, mi corazĂłn no quiere sentir más perdidas y mi alma…
 Se va a cumplir un año. Probablemente el año más difĂcil que me haya tocado vivir hasta ahora, lleno de decepciones y lleno de momentos que preferirĂa olvidar, pero sigue siendo un año que puedo contar. La verdad es que no sĂ© quĂ© me deparara el futuro, la semana que viene me toca la punciĂłn de control anual  post trasplante y soy consciente de que muchos pueden ser los resultados y una gran cantidad de esos pueden ser algo que no quiera escuchar. Como siempre espero el mejor resultado posible pero no voy a decir que no tengo miedo.














