Dicen que para los corazones rotos no hay pegamento válido. Se equivocan, yo encontré la cura para el mío. Todo lo que necesité fue asesinar aquel lado de mí que provocó que se rompiera: mi lado romántico.
¿Cómo sabría, pues, cual de todas mis partes era la romántica? Fue muy simple averiguarlo.
Escribí un mensaje a mi ex amada -cuánto aprecio la facilidad de comunicación que existe- y para dejar claras mis intenciones, dije:
̶ Solo quiero hacerte unas preguntas. No pretendo suplicarte que regresemos; pero por favor, responde.
Mi teléfono vibró a los pocos segundos.
̶ Dime ̶ contestó.
̶ ¿Cuál fue la primera cosa que te atrajo de mí? ̶ pregunté ̶ que te pareció algo... romántico.
̶ Uhm... ̶ tardaba en escribir, se lo estaba pensando ̶ la manera en que me hablabas. Decías palabras muy bonitas; todas ellas me llegaban de forma romántica.
̶ Ya veo ̶ respondí.
Entonces tenía que empezar por allí. Para sanar mi corazón roto, necesitaba asegurarme de que no se volvería a dañar. Es decir, alejándome de mi lado romántico; empezando por mis palabras.
Palabras, palabras. La única manera de emitirlas es con mi lengua.
Así que lo hice. Tomé el cuchillo de mi cocina y me rebané la lengua. La agarré entre mis dedos pulgar e índice y procedí a cortarla centímetro a centímetro. El sabor metálico de la sangre inundó mi boca, mas no me detuve hasta haberla arrancado del todo. No había dolor en lo absoluto.
̶ ¿Qué fue lo segundo que te atrajo? ̶ pregunté. Mi lengua se retorcía en el suelo como si contase con vida propia ̶ en forma romántica, quiero decir.
̶ ¿A qué va todo esto?
̶ Responde. Por favor ̶ necesitaba sanarme, ¡joder!
̶ Ash. Está bien... pues... las cartas que me enviabas.
Debí suponerlo. Siempre fui bueno con las palabras; sin duda, mis cartas eran igual de buenas. Tomé el mismo cuchillo. La única manera en que podía escribir era con mi mano derecha, utilizando los dos dedos con que agarraba el bolígrafo. Bien; era momento de deshacerme de las tontas cartas de amor. Coloqué mi mano abierta y de un tajo me volé ambos dedos. Para no gritar, mordí mi camiseta. Aunque el dolor fue casi nulo.
̶ ¿Algo más? ̶ pregunté, escribiendo con la mano izquierda.
̶ Tenías buen gusto musical. Me dedicabas canciones hermosas.
Eso iba a dolerme, ¡Amaba escuchar música! Pero si no quería seguir dedicando canciones, tendría que dejar de escucharlas.
Me enterré la punta del cuchillo en ambos tímpanos. Hilos de sangre chorreaban por mi rostro.
̶ Debe haber más ̶ insistí ̶ dímelo todo.
̶ Sí. Lo que más romántico me parecía era la manera en que me mirabas. Tus ojos verdes eran realmente románticos.
Sostuve el cuchillo y lo coloqué frente a mis ojos. ¿Verdes?
̶ No tengo ojos verdes ̶ repliqué.
̶ ¿Qué?
̶ Mis ojos no son verdes. Son negros.
̶ ¿Quién eres?
̶ Edgar.
̶ Diablos ̶ respondió, con emoticones de vergüenza ̶ te confundí de persona.
̶ Ok.
̶ ¿Edgar? Vete a la mierda si es así. Nunca fuiste ningún romántico. Adiós.
Enterré el cuchillo solo en uno de mis ojos; para que me quedara de escarmiento.
Para no volver a equivocarme nunca de chat... o de ex.
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No tardó en formarse un gran círculo de espectadores alrededor del mago. Las personas que caminaban por el lugar se acercaban por curiosidad y se quedaban por lo grandioso de los trucos. El mago esperaba que más personas se reunieran para el gran truco final.
̶ Acérquense ̶ incitaba ̶ que crezca el círculo y os enseñaré una verdadera desaparición.
En sus manos jugueteaba con dos diminutas pelotas, del tamaño de las utilizadas en ping pong; hacía malabares y tiraba muy alto en el aire.
̶ Como un adelanto, les presento estas dos pequeñas esferas en mi mano. Ambas sufrirán de teletransportaciones. ¡Se irán por agujeros negros!
El mago ajustó su sombrero y sostuvo las esferas en medio de sus dedos índice y pulgar, mostrándolas al público. Extendió una de ellas a un niño que estaba cerca y la dejó en su mano.
̶ Ten esa allí. Y con esta, haremos un verdadero truco de magia.
Cruzó la esfera que se quedó con él hacia su espalda, susurró palabras mágicas a las que agregó “El mago de los agujeros negros te lo pide” mostró entonces su mano derecha, vacía; la volvió a ocultar y mostró la izquierda, vacía; la volvió a ocultar y mostró las dos palmas abiertas frente a él, ambas vacías. Los aplausos estallaron, acompañados de un par de exclamaciones de sorpresa.
̶ No termina aquí ̶ dijo el mago ̶ he dicho que se teletransportarán, y es lo que sucederá.
Acercó sus manos al niño -mostrando una vez más que estaban vacías-y cruzó una de ellas detrás de las orejas del pequeño. Al retirarla, sostenía la pelota entre sus dedos. Los aplausos lo felicitaron una vez más. El mago se inclinó, recibiendo las ovaciones.
̶ ¿Qué tal si lo intentamos con la esfera en tu mano? ̶ preguntó. El niño respondió con una sonrisa.
El mago se acercó al pequeño y agarró su palma, colocándola hacia arriba, con la esfera en el medio.
̶ Desaparecerá de tu mano ̶ anunció.
Colocó su mano sobre la del niño, cubriendo totalmente la esfera. Pronunció las palabras mágicas. “El mago de los agujeros negros te lo pide” La retiró lentamente; la esfera se había ido. El niño saltó emocionado y el público lo enalteció con una gran ronda de aplausos. El mago retiró su sombrero y lo pasó alrededor mientras agradecía la atención. Varias manos depositaron monedas dentro.
̶ Ahora que hay suficientes testigos ̶ exclamó, dejando el sombrero en el suelo ̶ el truco final puede ser llevado a cabo.
Abrió su maletín, que descansaba sobre una pequeña mesa de madera, y extrajo de él un pan Baguette, tan largo como su antebrazo.
̶ Irá desapareciendo de acuerdo a sus aplausos ̶ dijo sosteniendo el pan por sus puntas ̶ ¡Un solo aplauso!
El público emitió un único golpe, fuerte y seco. El pan se redujo dos centímetros.
̶ ¡Otro! ̶ exclamó.
Un aplauso más y el pan se redujo otro par de centímetros. La multitud observaba anonadada.
̶ ¡Lluvia de aplausos! ̶ ordenó con euforia.
La oleada de aplausos estalló. En manos del mago, el pan se reducía poco a poco y sus palmas se acercaban centímetro a centímetro. Cuando el sonido se extinguió, el Baguette había desaparecido por completo. El mago se sacudió las migajas de las palmas y ante el asombro de sus espectadores, se mantuvo inclinado por varios segundos.
Las ovaciones llegaron hasta él poco tiempo después. Las monedas caían a su sombrero, algunas de ellas impactaban en el suelo, muy cerca de encestar.
̶ Gracias, gracias ̶ decía ̶ nos veremos en otra ocasión.
El publico se dispersó y el mago se quedó guardando los materiales en su maletín y contando el dinero ganado.
Antes de marcharse, observó en todas direcciones, cerciorándose de que el único par de ojos en el lugar fuesen los suyos. Retiró entonces un frasco de su chaqueta, lo destapó y dejó caer un poco de contenido en su mano.
̶ Te lo ganaste ̶ susurró.
La boca en su palma se abrió y masticó lo ofrecido con sus grandes colmillos.
̶ En casa tendremos más ̶ agregó. Guardó el frasco y dejó el lugar silbando una melodía alegre.
Hernán, que lo espiaba oculto debajo de un coche, siguió sus pasos con sumo cuidado.
***
El mago llegó hasta el departamento que alquilaba entonces, ubicado en las afueras de la ciudad. Era un lugar barato, una vivienda pequeña con espacio para una sola persona y de paredes viejas, cuya pintura se desmoronaba día a día. No le importaba la calidad de su estadía, se movía constantemente de ciudad en ciudad y gastar dinero en hospedaje no era adecuado. Lo que realmente le importaba era tener espacio personal, un lugar en donde encerrarse y ocultarse tras las cortinas de las ventanas. Un lugar para alimentarse.La puerta se abrió friccionando el suelo debajo. Las bisagras se oxidaban y la puerta caía con su propio peso. Depositó el maletín sobre un mueble de almohadones degastados y se acercó a la mesa de trabajo, en el comedor. Despertó al niño con suaves cachetadas.̶ Ya es tarde ̶ dijo ̶ tendré que ocuparte pronto... ¿Diego? Creo que ese era tu nombre. Como sea.Los ojos de Diego se abrieron con pesadez, rojos y desorbitados. Cuando cobró consciencia, intentó gritar. La cinta en su boca se lo impidió. Se movió espasmódicamente y las cuerdas ofrecieron la resistencia debida.̶ Calma ̶ el mago hablaba desde la cocina ̶ sabes muy bien que no puedes escapar. Limítate a observar. Si te portas bien, pensaré en retirarte la cinta de la boca.Intentó movimientos más fuertes y finalmente se rindió. No había caso, las cuerdas estaban muy bien sujetadas. El mago retiró una funda negra del congelador. Quitó un seguro debajo de la mesa y se dividió en dos; rodó la mitad con el niño encima hacia un lado y sobre la mitad vacía colocó la funda. De ella extrajo el cuerpo congelado de un adolescente; un corte de torso para arriba.̶ Hace hambre ̶ comentó, como justificando su accionar ̶ no es mi intención, pero Maga lo necesita.Fue por el cuchillo y lo utilizó para abrir el cuerpo por la mitad. Un poco de sangre se regó en el proceso; no debía llevar mucho tiempo congelado. Retiró las vísceras y las echó en la funda negra. Cortó la cabeza del adolescente e hizo a un lado el torso. Se dispuso a hacer pedazos pequeños la cabeza, comenzando por la parte del cuello. Diego observaba, incrédulo. ̶ ¿Sabes? la medida tiene que ser exacta; porque los cortes muy grandes no caben en su boca.La palma del mago se abrió y los colmillos relucieron. Una gran lengua salió entre ellos y envolvió uno de los pedazos recién cortados. Al llevarlo a la boca, chocó con sus colmillos y no logró ingresar.̶ Es a lo que me refiero ̶ dijo el mago ̶ pero es muy desesperada.Agarró el pedazo que la boca de su mano sostenía con la lengua y lo cortó por la mitad; de esa manera pudo ingresar finalmente. Se escuchó sus colmillos triturándolo y un sonido gutural al tragarlo. La boca eructó.̶ Modales ̶ exclamó el mago.Los ojos de Diego luchaban por salirse de sus cuencas. No podía creerlo.̶ Y sí, he intentado con otro tipo de carne ̶ comentó el mago, respondiendo a una pregunta nunca planteada ̶ pero ninguna la satisface. Solo la carne humana.Diego volvió a sus intentos por gritar, pero lo único que lograba emitir eran sonidos lastimeros opacados por la cinta en su boca.̶ Me pregunté entonces, ¿cómo conseguir carne humana? y me respondí al instante. ¿Quién notaría la desaparición de un niño callejero? y así he logrado llenar la panza de Maga. La boca sonrió. Su lengua colgaba, babosa, deseosa de devorar los pedazos que el mago cortaba.̶ Lastimosamente es tu turno ahora, Diego. ¡Considéralo un acto de magia!Extrajo los ojos de la cabeza del adolescente decapitado y los echó a un lado. Hizo unos últimos cortes, con movimientos calculados, y culminó elevando su mano.̶ Servido ̶ dijo.La lengua se estiró hasta la carne cortada y uno a uno se llevó los pedazos a la boca, envolviéndolos ágilmente, devorándolos en pocos segundos. El mago observaba con mirada maravillada. Diego divisó la sombra desplazarse bajo la ranura de la puerta.̶ Sigues tú, Dieguito ̶ anunció el mago con una gran sonrisa.Cuando no hubo más pedazos de carne que consumir, la boca restregó su lengua por la mesa, saboreando el residuo de sangre en ella.̶ Te haré desaparecer ̶ agarró el cuchillo y la boca en su mano se saboreó los colmillos. Cortó lentamente la garganta de Diego, una larga raya, de extremo a extremo. La boca lamió la sangre que se derramaba bajo el cuchillo, formando un gran charco. Los ojos de Diego permanecieron abiertos, pero inmóviles. Su respiración se detuvo.El mago desató las cuerdas y se preparó para despedazar el cuerpo del adolescente. Hernán abrió la puerta con violencia.̶ ¡Apártate! ̶ chilló. Sus ropas haraposas tenían múltiples agujeros. Su piel era una cubierta de tierra.Hernán sacó la navaja de su pantalón. El mago rio.̶ Es tarde, niño. Tu amigo ya murió. Y tú serás el siguiente en ocupar mi refrigerador y llenar el estómago de mi Maga. Claro, primero tendré que limpiarte.La lengua de Maga se estiró y envolvió el brazo de Hernán, impidiéndole mover su navaja. El mago se acercó hasta él con el cuchillo en alto y lo enterró en el abdomen del adolescente. El mago soltó una enorme carcajada; y también Hernán.Los gruesos colmillos de Diego se enterraron en el cuello del mago. Con grandes mordidas devoraba la carne de su cabeza, y Maga luchaba por evitarlo, pero nada podía hacer su lengua.̶ Déjame algo ̶ dijo Hernán. Sus ojos se tornaron blancos brillantes y toda su dentadura se transformó en grandes colmillos. Se acercó al mago y se unió al festín.Devoraron hasta su esqueleto.Terminados, dejaron el hogar procurando no ser vistos.Fueron a por otra víctima.-Anjoss
Caminaba con pase apresurado. La noche era fría y el porro que me estaba fumando poco efecto tenía calentándome -creo que me he saltado la parte de mi inicio en el consumo, pero luego la dejaré sentada por escrito- Mi amigo vivía a más de veinte minutos caminando, pero el transporte público es un asco -además de que no me permiten fumar en él- así que decidí usar mis vehículos naturales.
“Te presentaré mis mejores cuadros. Tienes que venir, están de puta madre” fueron sus palabras. No me podía negar, ya conocen mi aprecio hacia el arte. En especial el suyo, que son pinturas llenas de un mundo surrealista y de estructuras poco convencionales. Pero debo admitir que jamás imaginé un cuadro como ese; mucho menos la fuente de inspiración.
Mi amigo estaba en el marco de la puerta cuando llegué, me esperaba. Nos dimos un abrazo y me invitó a pasar; antes de ingresar tiré el cigarro al suelo y lo pisé con la punta de mi zapato. Su lugar era acogedor, luces de iluminación tenue para no cansar la vista y ventanas cerradas para evitar el ruido exterior. Tan pronto como me acomodé en la mesa, mi amigo empezó a hablar.
̶ He hecho el mejor cuadro de todos ̶ dijo ̶ el que me dará dinero y me sacará de este país asqueroso. ¡Y lo compartiré contigo! Porque eres mi hermano, siempre lo has sido.
̶ Muero por verlo ̶ respondí ̶ He sido testigo de grandes cuadros así que no esperes que me sorprenda si no es realmente bueno.
̶ Ya dirás.
Ingresó a su habitación y sacó de ella la pintura. Fue cuando supe que mi amigo había perdido la cabeza.
̶ ¿No es una obra maestra? ̶ preguntó sonriente.
Y lo era, joder. La mujer del dibujo tenía la boca cosida y la cuenca de sus ojos vacías. Eran trazos demasiado realistas y el fondo negro le otorgaba un aspecto macabro al dibujo. Sentí ser observado por el inerte óleo, y no pude evitar formular la pregunta: “¿De dónde lo has sacado?” Admiraba cada detalle en la pintura, sin duda una obra maestra.
̶ ¿Puedo contártelo? ¿Puedo confiar en ti? ¿Puedo?
̶ Sí, sabes que puedes, mierda ̶ respondí ̶ eres el puto amo.
Mi amigo sonrió. Ingresó a la cocina y abrió la puerta que daba al patio ̶ escuché el metal ̶ y tras varios segundos volvió a ingresar. Se paró en el marco de la puerta y con una gran sonrisa dijo: “Te presento a mi modelo. Quien pudo volver realidad mi más grande obra” Y sacó a la chica detrás de él, ¡La mujer con labios cocidos y cuencas vacías! Era su enamorada, maldita sea ¡Su jodida enamorada! Escuché los gemidos detrás de la costura. Mi amigo la sentó junto a mí, en la mesa, y él se sentó al frente. Noté la demencia en su mirada, “Es mi mejor obra, la modelo no podía ser una simple imaginación” dijo.
La chica me miraba, o pretendía a hacerlo, lo cierto es que sus cuencas apuntaban en mi dirección. Yo no paraba de observar el vacío y sus labios cocidos, intentando hablar con sonidos apagados, guturales. En una de esas tomó mi mano. Ahora que lo recuerdo, pienso que vio esperanzas en mí, que yo era la primera persona con quien tenía contacto desde que estaba en ese estado. Que yo era su salvador. E intenté serlo.
Mientras mi amigo charlaba de su gran inspiración y de cómo consiguió cocerle la boca y retirarle los ojos sin matarla, yo saqué mi navaja del bolsillo trasero ̶ como ya saben, mi ciudad en insegura ̶ y se la entregué a la chica con movimientos lentos, aprovechando la cobertura que nos daba el mantel. La dejé encima de sus muslos. Mi idea era que la guardara para después, para cuando se encontrara sola, ¡No que la usara en el momento! Pero así fue, y dos segundos después la chica estaba chillando encima de mi amigo, ¡Se le lanzó con todo! Saltó encima de la mesa para llegar a él. Y ahí estaba, intentando apuñalarlo mientras él me pedía ayuda.
“¡Sácamela de encima, malita sea!” Y fingí hacerlo. Me acerqué a ellos mientras forcejeaban y pretendí tirar de la espalda de la chica, pero entonces mi amigo logró lanzarle un golpe al rostro y empujarla lejos. Sin embargo, la chica no se detuvo y agarró el cuchillo con más fuerza; se puso de pie y sin titubear, se lanzó a mí. ¡La idiota me enterró el cuchillo en el hombro! Se equivocó, falló en su identificación y solo lo notó cuando me escuchó insultarla. Para entonces, mi amigo la agarró de los cabellos y la tiró al suelo; allí no se detuvo, pateó su cabeza sin detenerse. El resultado es muy obvio.
̶ Nos quiso asesinar ̶ dijo, cuando hubo terminado ̶ ¡Nos quiso enterrar esa navaja! Dios sabe de dónde la ha sacado. Lo siento, no debí invitarte con esa loca en casa.
̶ No hay problema ̶ respondí, observando la navaja manchada de sangre en el suelo. Agradecí al destino el no haberle marcado mi nombre como solía hacerlo.
̶ Ya arreglaré este desastre ̶ concluyó ̶ no te preocupes.
Me despidió y salí a caminar de regreso a mi hogar.
Y ahora tengo que comprar una nueva navaja, joder. Nunca debí entregársela. Además de mi herida en el hombro, ¡Que suerte tan mierda! Le pondré mi nombre a la siguiente navaja y no se la tenderé a nadie.
En fin, es todo por hoy. Compartan y sirvan para algo.
Hoy fue mi primera vez. La sensación fue placentera, debo admitirlo; aunque el final no tanto.
Caminaba tranquilamente por la acera de la ciudad – las caminatas me agradan, siento que mi mente se despeja – escuchaba música desde mi celular y mis auriculares reventaban al ritmo de Megadeth. No se si ya les conté -no lo creo- pero vivo cerca de un bosque y para cualquier lugar al que vaya, hay un tramo en donde la calle discurre paralela al gran bosque. En ese tramo el viento sopla fuertemente y en un clima frío como el que hacía, lo que provocaba era piel de gallina y piel helada. Y yo sin mi chaqueta; una mierda.
La chica apareció de la nada. Estaba caminando junto a mí de un segundo a otro y su mirada estaba pegada a mí. “¿Algún problema?” pregunté. La chica negó con su cabeza. Al mirarla con detenimiento, ¡Joder, que hermosa era! No puedo describirla con simples palabras, pero si quieren darse una idea, imaginen a la mujer perfecta en sus cabezas. Así era ella.
Lo más raro de todo, fue el cruce de palabras que tuvimos. “¿Eres de aquí? ¿No? Lo suponía, no te había visto nunca” Mis pasos eran lentos, caminaba a su ritmo; y su ritmo era el de una locomotora atrapa hombres. Las palabras fluyeron y de un momento a otro, la idea surgió. “Vamos al bosque a conversar mejor” Pensamos. Y así lo hicimos.
Nos sentamos en un pequeño espacio ausente de árboles, y los altos troncos y su frondosidad nos cubrían por completo. Ahí, bajo las sombras, decidimos mantener nuestra conversación. No puedo recordar palabra alguna, porque me perdí en sus labios y su perfecta gesticulación de palabras. Pero reímos y reflexionamos de la vida misma. Su mente era un cajón de conocimientos y cuando ella puso su mano sobre mi pierna, no pude negarme a nada más. Lo primero que pensé fue “adiós sesiones de Ouija” y me lancé sobre la esplendorosa chica frente a mí.
No era una experta, pude notarlo, pero tampoco lo era yo. Sin embargo, sus movimientos novatos bastaron para ponerme al cien y los segundos se alargaron junto a nuestras pasionales acciones. “¿Qué esperas?” Susurró. Al consumar el momento, pude comprobar que también era su primera vez. Ambos unidos por la primera experiencia de tan ansiada sensación.
Pero al terminar, la magia se perdió. O se ganó, según lo vean.
Se bajó y a medida que se colocaba sus prendas su cuerpo se encogía y su perfecta piel se estiraba y pecas aparecían en ella. Se volvió de un color grisáceo y su dentadura amarillenta. Sus mejillas se cayeron y pronto tuve frente a mí a una desagradable vieja.
“Lo siento, no podía irme sin hacerlo” dijo, “Pero era yo de joven” y guiñó un ojo.
Se acercó a uno de los árboles y vi como su alma entró en él. El árbol optó su extraña forma y yo, obviamente, lo fotografié para ustedes -después de vomitar-
Mi primera vez con el fantasma de una vieja bruja. ¿Se puede ser más desgraciado? Espero olvidarlo pronto. O al menos, esa última parte.
No se acerquen a este árbol; seguro busca más víctimas para sus deseos. Compartan y evítenlo.
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Lo raro de mis días va en aumento. A veces siento que mi cerebro genera drogas por sí solo, para compensar mi falta de consumo de ellas. Porque lo que he visto hoy... ¡Joder! Me niego a creer que es real; aunque las cicatrices de mi piel me dicen lo contrario.
Estuve buscando un lugar que diera rienda suelta a mi inspiración -ya saben, para mis cuentos- y recordé que cerca de la Universidad de mi ciudad hay un sendero de gratos arbustos y sombras refrescantes. Me puse en marcha sin pensarlo dos veces -cosa que debí hacer-
En el lugar, tomé asiento en un columpio que colgaba en medio de un diminuto parque en medio del sendero y ante mi calidad de observador, vi la primera cosa que me extrañó. Las luces de los postes estaban encendidas, a pesar de que la noche no llegaría hasta dentro de cuatro horas. Me pareció algo curioso, pero lo pasé por alto, ¡Eran simples focos dañados!, ¿Quién podría imaginar que la oscuridad los rodeaba, acechante?
Terminaba en mi libreta un cuento pendiente, “Engendros del mañana” -algún día dejaré que lo lean- y cerca de poner el tan anhelado punto final, las luces tintinaron. Un apagón repentino, el humo empezó a salir de los focos y en lugar de ascender y perderse en el aire, las columnas de humo se encaminaron en mi dirección, a gran velocidad, ¡Era una mano densa la que me quería atrapar! Fue muy rápido, no pude cerrar los ojos hasta que noté que el humo se había infiltrado ya por mi iris. Tras restregar con mi mano y recuperar la vista, el mundo alrededor no era el mismo. Estaba sumergido en un denso bosque con nubes de polvo en el cielo; y el rugido se acercaba, ¡Un rugido bestial que no podré borrar de mi memoria! La señal de mi celular estaba muerta, como estaría yo próximamente.
Eché a correr a todas direcciones, pero de alguna manera terminaba siempre en el mismo lugar; y los pasos se acercaban, potentes... los rugidos incrementaron y pronto la bestia apareció. Un ser de cuernos y enormes garras que reía de manera infernal, ¿Cómo podría terminar tan pronto en el infierno? Me rehusaba. Mas al intentar huir, el demonio me atrapó con sus largos brazos y sin darme oportunidad a emitir ruido alguno, clavó sus garras en mi estómago. Vio cómo me desangraba, y él solo reía y reía, una carcajada insoportable que estallaba en mis oídos dolorosamente.
Desperté tirado en el suelo del parque; unos estudiantes me miraban preocupados, pero siguieron sus pasos al ver que despertaba. Mi primera reacción fue palpar mi herida... no tenía nada, no dolía. Levanté mi camiseta y ahí estaba la muy desgraciada herida, una gran cicatriz con la forma de garras de la bestia. Incrédulo, quise repasar lo sucedido; tomé mi celular y al desbloquearlo, me recibió la foto que adjuntaré aquí. Es la imagen de un ser muy parecido al que me encontré en aquella ciudad de nubes negras, pero no es el mismo; porque el verdadero es de un horror indescriptible. Sin embargo, la adaptación es fiel.
No me pregunten de dónde salió la puta foto, no tengo idea. Pero si él reía a carcajadas incrustando sus garras en mí; yo rio ahora al borrar su estúpida imagen y al advertir que no pasen por ese lugar si los focos están encendidos en el día. A ver a quién asesinas ahora, maldito bastardo; te dejaré sin víctimas.
De todas formas, procuraré llevar un puñal conmigo desde ahora; porque la próxima, no sale vivo.
Hoy no salí de casa, decidí quedarme leyendo un poco y escuchando Pearl Jam. Y joder, no puedo dejar de pensar en ella; la veo en todos lados, la escucho en las letras de las canciones y su rostro se dibuja en cada silueta que mire. ¿Es normal? ¿Aunque lleve dos años muerta?
Esta noche su cara apareció de pronto en mi ventana, justo cuando decidí ir a dormir; me susurró como siempre y me sacó la lengua. Antes era un gesto sensual, pero ahora me provoca repudio, su lengua es morada y su cara se descompone en pedazos.
¿Es normal que su espíritu me acose? Justo ahora me ve mientras escribo esto. Mierda, creo que apagaré la luz e iré a dormir.
La tarde de hoy salí a dar una caminata aprovechando el clima nublado y la ventisca refrescante – mi ciudad es un horno en el infierno – y mientras avanzaba a pasos lentos, titubeando una de mis canciones favoritas, buscaba con la mirada un buen lugar para descansar e inspirarme. Mis ojos de pronto chocaron con una casa de arquitectura tétrica. Carecía de puertas y ventanas y la pintura era color marrón. La primera impresión que te llevas es: “La casa está abandonada” y en efecto, lo estaba. La segunda impresión es: “El puto demonio la habita” porque el ambiente pesado y gélido es palpable desde las afueras de ella. Aun así, la casa era un verdadero imán. O yo una grandísima brújula de espacios sombríos; lo cierto, es que la construcción me atraía de una manera única, como una mano invisible tirando de una cuerda atada a mi cintura. No solo quería ir hacia ella; lo necesitaba.
Antes de ingresar observé el interior, mi mente ya me acusaba de grandísimo estúpido por hacerlo -tal vez no se equivoca – y cuando finalmente entré, me recibió en medio de la sala un cráneo. Específicamente, un hueso del cráneo. Al tomarlo identifiqué que era el hueso frontal -la anatomía no es mi fuerte, pero quién no lo sabría- lo agarré y lo llevé conmigo. Un tesoro descubierto.
Le daba vueltas en mi mano hasta que encontré un parque agradable en el que ubicarme. Saqué mi cuaderno de cuentos -Sí, escribo cuentos; algún día dejaré que lean alguno- y me dispuse a observar el hueso, buscando inspiración. Fue cuando la extraña presencia apareció. Un anciano de gran joroba se acercaba a la distancia. Lo miré por un segundo y bajé la vista a mi escrito; al levantarla, el anciano ya estaba frente a mí. “Devuélvelo” dijo. Pensé que era un viejo demente, hasta que sus ojos cayeron al suelo y su mandíbula se desarticuló. De pronto tenía frente a mí un extraño ser de color negro, que, a juzgar por su olor, era su carne putrefacta.
“Devuélvelo” repitió, amenazante. Bastó echar un vistazo a mi alrededor para notar que más de esas figuras – cuerpos – putrefactos, emergían de la nada, como materializados a partir del aire. Se acercaban, poco a poco, rodeándome en un gran círculo. El anciano sujetó mi brazo y con una mirada furiosa ordenó: “El cementerio central, sabrás donde depositarlo” Al soltarme, una mancha negra se extendía en mi piel. Mi brazo se estaba pudriendo. ¡Anciano de mierda! Se esparcía con rapidez y en un abrir y cerrar de ojos la putrefacción había llegado hasta mi hombro, y joder, ¡cuánto apestaba! Eché a correr sin dudarlo.
El cementerio quedaba a varias cuadras y yo me había convertido en todo un atleta. Sentí mi brazo caerse pedazo a pedazo, dedo por dedo, y la puta mancha se extendió a mi torso y pierna derecha. Mi piel se abría como tela y al llegar al cementerio ya cojeaba con mi pie derecho. No mucho después perdí mi rodilla. Reconocer el lugar fue sencillo, intuición, no sé por qué, pero lo sabía. El nicho expedía una energía oscura muy singular. Deposité el frontal frente a él y como evidencia, saqué mi celular para tomar una fotografía. Lo logré a tiempo; porque segundo después el hueso se volvió cenizas que formaron un remolino y se desintegraron en el aire. Mi piel volvió a la normalidad, como una maldita ilusión y recuperé mi brazo perdido. Al regresar a mi hogar, la casa maligna no se encontraba más allí y lo último que vi fue al anciano carcajeando desde un columpio antes de desaparecer en la nada.
El único recuerdo que tengo del hermoso frontal es la foto que con suerte logré tomar. Se las adjuntaré aquí.
Puto anciano, la próxima vez que encuentre un cráneo procuraré llevarlo directo a casa, ¡era mío! Y ahora, sin cráneo, sin novia contactada. Puta vida.
Hoy fui al cementerio a intentar contactar con mi fallecida novia. Al principio, cuando coloqué la Ouija en el suelo, parecía que todo marcharía normalmente. Encendí las velas alrededor y posé el vaso en la posición adecuada. El ambiente era fresco e inspiraba el ser una sesión cálida, con buenos resultados. Al empezar pude sentir claramente como una fuerza superior movía el cristal, yo intentaba sostenerlo y sin embargo, se movía aun bajo la presión de mi mano.
No conozco mucho sobre esa clase de juegos, pero sucedió algo raro que no he escuchado en otras experiencias. Una voz empezó a susurrar en mis oídos; la voz de mi novia, la reconocí al instante.
Me contó que desde que se marchó del plano terrenal ha pasado su vida en un ambiente oscuro, lleno de tinieblas y en donde la angustia es desayuno diario. Aseguró que escucha almas atormentadas, gritando desesperadamente por ser liberadas de ese lugar de torturas, en donde lo más cercano a la paz son los pocos segundos que los demás callan sus llantos. Segundos muy escasos.
Le pregunté cómo podría ayudarla, a lo que contestó que la única manera, era acceder a que entrara en mí. “Será como nuestras noches de BDSM” dijo. Accedí, era mi novia después de todo. O eso creía.
En cuanto abrí mi voluntad a su paso, mi cuerpo reaccionó abruptamente descendiendo su temperatura varios grados, sentí un frío polar que se veía reflejado en el humo expulsado por mi boca.
De rodillas, un dolor infernal dominó mi cuello. Mis músculos se tensaron al punto en que ya no era capaz de moverlos. El dolor ascendía y el humo salía por mi boca en mayor cantidad. La sustancia finalmente apareció.
Una extraña y viscosa masa de color negro, de consistencia gaseosa, era expelida por mi boca, junto a la gran cantidad de humo que la rodeaba.
Fuera, en el aire, adoptó una forma monstruosa cuyo rostro prefiero olvidar. He intentado olvidar también su horrorosa voz, pero me es imposible, se quedó grabada en lo profundo de mi alma. “Gracias” fue lo único que dijo, con su voz inhumana. Luego, se marchó.
No sé a qué demonio dejé libre tras ser engañado con sus sucias artimañas; pero no fue mi intención.
Arruinó mi sesión. Ahora tendré que volver a intentarlo otro día.
Lyda gusta de los paseos nocturnos, y cuando discutimos muy fuerte -gritos, insultos e incluso empujones- como sucedió la tarde de hoy; para arreglar las cosas y recuperar la paz, suelo invitarla a cenar o a contemplar la ciudad desde el mirador. Ambos somos amantes de la arquitectura lumínica de nuestra Perla Del Pacífico.
Vamos en autobús, porque nuestra situación económica no nos permite más; mudarnos solos a una edad joven fue un reto, pero no me arrepiento. Los paseos en transportes públicos son gratificantes con la compañía correcta.
Decido que nos sentemos al final, evitando cualquier molestia o interrupción de nuestros momentos cariñosos. Lyda va a la ventana, es su lugar favorito. Yo me apego mucho a ella y tomo su mano, la presiono con delicadeza y la llevo a mi boca. Su piel es tan suave que no besarla debe ser considerado pecado. Paso a sus labios y degusto sus húmedos besos. Perfección pura.
Noto que una señora, de pie, no deja de mirarnos fijamente. Le pongo mala cara, "No te daré mi asiento, vieja" pienso. Seguro eso es lo que está buscando. ¡Cuanto quisiera decírselo! Pero me controlo, por Lyda. Tiene que ser una velada especial.
Un hombre solicita parada y antes de bajar del autobús me dice "Joven, debería dejar que la dama se siente" Lo observo con desprecio ¿Qué demonios se cree? Ambos pagamos pasaje. La Perla anda fuera de sus cabales esta noche.
El autobús gira por el malecón y nos ponemos de pie, nuestra parada se acerca. La vieja ni siquiera permite que Lyda salga del todo y ocupa velozmente mi asiento.
- No se lo van a robar, ridícula - le espeto. La señora masculla unas palabras pero prefiero ignorarla.
Bajamos cerca de la rueda moscovita y caminamos hasta la entrada de Las Peñas. En el trayecto voy jugueteando con ella, que sonríe y me lanza miradas de complicidad. ¡Es una diosa hecha mujer! Sentir su mano sobre la mía me llena de orgullo; algo que nunca experimentará ella, un ser celestial, conmigo un simple mortal.
Iniciamos el ascenso por los cuatrocientos cuarenta y cuatro escalones de Las Peñas, sin parar de reír o conversar por un segundo -una hazaña, dirían algunos- Un artesano de los países del centro se nos acerca, ofreciendo sus productos colgados en una tabla de madera.
Lyda me compra una pulsera y sé entonces que todo ha quedado perdonado. La sonrisa que emerge de mis labios es imposible de disimularla. Aceleramos el paso, nuestras almas pasionales no pueden esperar más.
En la cima, frente a la resplandeciente visión de la ciudad, llena de sus luces y edificios de colores, agarro a Lyda de la cintura y la acerco a mí. Ella sonríe y nos fundimos en un beso pasional que capta la mirada de todos. El momento mágico de la noche.
Al alejarnos, reparo en los curiosos que aún me observan. ¿Nunca han dado un beso? Sus rostros de extrema sorpresa me hacen pensar que protagonicé una escena porno. ¡Fue un puto beso!
Agarro a Lyda fuertemente entre mis brazos y lo repetimos. Entre el choque de nuestros labios, susurro cuánto la quiero.
- No volverá a suceder - digo. Y me alegra que no saliera con su "siempre dices lo mismo" porque esa frase me sacaba de quicios. ¡Lo intento, joder! Odio que me reclamen.
Pero esta noche no es así, esta noche es perfecta... Descartando a los curiosos de mierda que mantienen su mirada pegada en nosotros, como acosadores enfermos. ¿Qué sucede con la gente esta noche? La Perla ha ganado adeptos imbéciles.
Nos marchamos. Toda buena velada termina entre las sombras de las sábanas, sin más miradas que la de la propia luna.
Nos envolvemos en olas de pasión, cubiertos con nuestros cuerpos despojados de toda tela ajena a la piel natural. Sus caderas se acoplan perfectamente con los movimientos de las mías y nuestras miradas y sollozos bastan para comunicar nuestros sentimientos.
Culminamos juntos con la noche, abrazados en una conexión infinita.
Despierto por la molesta luz del sol sobre mi rostro y el constante golpe a la puerta. Lyda no está a mi lado, ¿Por qué no abre ella? ¿Quién golpea?
Me tiro encima una toalla y salgo a atender el llamado. Los golpes son insistentes.
-¡Señor Centeno! - exclaman, desesperadamente - ¡Abra la puerta!
Retiro el seguro y la visión del cuerpo policial cargado de armas de fuego que apuntan a mi cabeza desmorona mi realidad. Extrañas visiones invaden mi mente. Un cuello... una mano...
- Queda arrestado bajo el delito de asesinado a la señorita Lyda Rocío. Contra la pared.
El frío mental presiona mis muñecas y me trae recuerdos de un tacto frío... una discusión helada la tarde ayer que terminó en...¡Dios mío! ... ¡Terminó en un cuerpo frío! ¡Terminó en un cadáver!... ¡Cuellos, manos, sangre!... ¡Lyda, mi querida Lyda!
El cuerpo policial me transporta a su patrulla. Yo siento mi ser desvanecerse.
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Siempre tuve problemas de control; mis noches eran un constante viaje turístico por los diferentes bares de la ciudad. Entre mis incontables adicciones, figuraban el alcohol, las putas y el dinero - ¿Cómo iba a tener las otras dos sin este? - Pero nunca fue de mi agrado la carne humana, mucho menos la caliente sangre que chorreaba al consumirla. Sin embargo, esa noche me volví un adicto a su sabor.
Todo comenzó desde mi decisión nada impropia de dirigirme a un bar después del cansado día de oficina.
Ingresé y tomé el asiento de siempre: El de la esquina, frente a la barra. Bebí el mismo whisky de cada noche y fumé la típica marca de tabacos, a los que mis labios recibían como un beso, y joder, que había pasado tiempo desde que di el último. Mi mente divagaba, preparándose para la fuerte resaca de la mañana siguiente. Entonces la vi ahí, tan delicada y firme a la vez. Su cabellera rojiza destelló ante mi vista como un reflector en medio de la penumbra. Su sonrisa provocó una ligera curvatura en mis labios, ¿Estaba sonriendo yo? No lo creía posible, sonreír era algo que mi cerebro no procesaba más.
- ¿Desea un trago? - Me vi preguntando, presuroso.
"¿Qué haces, imbécil? Le estás hablando a una mujer sin que lo desee, invades su espacio, aléjate"
- Me gustaría - Respondió, con su dulce sonrisa.
Esa sonrisa que llenaba mi ser, que dilataba mis pupilas y que terminaría por desatar mi demonio interno.
- Nunca te había visto por aquí - Comenté - ¿Nueva en el sector?
- Algo así. Me han hablado de que puedo conseguir diversión por estos lares.
- Puede, claro que sí. Y se ha encontrado con el hombre capaz de satisfacer sus ansias... de diversión, por supuesto.
No me cabía en la cabeza lo que estaba logrando. Coqueteaba con una mujer de manera fluida y manteniendo el diálogo; una habilidad de mis días de antaño que daba por perdida.
- Me interesa su propuesta - Agregó - ¿Qué me ofrece para divertirme?
La manera de pronunciar esas palabras bastó para ponerme la polla dura. Mi contacto con mujeres era entablado por dinero, sin juegos previos ni coqueteos disimulados. Ver unos labios tan sensuales como los de aquella mujer me encendieron al tope.
No recuerdo cómo lo logré, pero supe llevar la charla con sutileza y caballerosidad. En menos de una hora, estábamos follando en mi apartamento.
Su cuerpo conoció cada rincón de mi sala y su boca probó mi semilla, tal como yo probé la suya.
Al terminar, su verdadera naturaleza salió a flote.
- Muérdeme - Dijo.
- ¿Qué? - Pregunté, creyendo escuchar mal.
- Muérdeme
Acercó su dedo a mi boca y lo introdujo entre mis dientes. Agarró mis testículos y repitió:
- Muérdeme. O juro que te devoro yo. Libérame de esta miseria de monstruo que soy.
Hice ademán de levantarme, y presionó allí abajo, donde me agarraba con firmeza.
- Muérdeme o te reviento las bolas.
¡En qué jodido juego me metí!
Accedí a morderla. Un mordisco suave que me obligó a intensificar torturando mis pelotas. Al entrar en razón... había mutilado su dedo.
La sangre chorreaba por mi boca con un sabor a óxido. Pero ella reía, reía en medio de lágrimas de dolor.
Lo más extraño, eran las lágrimas que de sus ojos brotaban... lloraba sangre. Y así, vuelta una mezcla de líquido rojo, quejidos de dolor y lágrimas carmesí, suplicaba ser devorada. Y ante mi vista, ese estado inhumano la volvía más sexy. La devoré por completo. El único rastro que de ella quedó fue una enorme mancha de sangre que retiré de mi sábana con esfuerzo.
Desde entonces, vivo de bar en bar, de antro en antro, y de puta en puta; con la aparente ilusión de que todo sigue igual, de que nada ha cambiado. Pero la verdad es que todo es diferente, y lo que me impulsa ahora a este estilo de vida, es el deseo de encontrar una vez más el mismo dulce sabor que encontré en la carne de ella, el néctar de su sangre. No lo he encontrado, pero seguiré probando hasta entonces; hasta ser yo devorado por aquellos que lloran sangre.
VERÓNICA - El verdadero caso detrás de la película.
Breve reseña para esta noche de domingo
"Verónica" es como se nombró a la película dirigida por Paco Plaza y estrenada en el 2017. Pero lo curioso, es que fue inspirada en un caso de la vida real.
La historia toma lugar en el Madrid de los años 90, en donde un grupo de adolescentes, entre ellas Estefanía Gutiérrez, deciden jugar a la Ouija para lograr contactar con el novio fallecido de una de las amigas.
La práctica se llevó a cabo en el colegio, ocultas en aquellos rincones oscuros que posee toda institución educativa, por los que poco o nada frecuentan las autoridades del plantel. Contactaron con la puerta del mundo de lo inmaterial, en donde las energías lo gobiernan todo. Desafortunadamente, la energía que captaría su llamado sería de una entidad blasfema.
Una de las maestras las descubrió en medio de su macabro juego y por lo que aseguran, en el momento de la interrupción, un vaso cayó al suelo, volviéndose añicos, expidiendo de él un extraño humo negro que fue inhalado por Estefanía. Desde ese momento, un prolongado martirio se apoderaría de ella.
Las horas siguientes Estefanía ya presentaba cambios y comportamientos inusuales. Con el paso de los días, la adolescente presentó episodios de convulsiones y refería ver hombres en la noche, alrededor de su cama, pidiendo que se fuera con ellos, en un tono de voz aterrador e inhumano.
Su actitud cambiante se reflejó en su manera de tratar con sus hermanos, perdiendo un día el control y atacando a uno de ellos. Estefanía fue internada en el hospital Gregorio Marañón de Madrid tras ese episodio y falleció horas después. Se dice que el informe forense dicta “Muerte súbita y sospechosa”
Pero el caso no culmina allí. Tras el deceso de Estefanía, su familia empezó a experimentar situaciones horrorosas en su hogar. Cosas que se movían, objetos caídos e incluso que fueron testigos de cómo una fotografía de Estefanía se incineraba hasta las cenizas, sin ninguna causa lógica.
Fue una noche en que padecían de estos fenómenos poltergeist cuando la familia decide llamar a la policía, porque aseguraban que los crucifijos de la casa se movían sin control y una enorme figura oscura, de anatomía atroz les vigilaba desde el pasillo.
Los oficiales al acudir al lugar son testigos de inquietantes acontecimientos; entre los oficiales se encontraba el inspector Negri, encargado de relatar el informe de la visita. Negri, sin poder dar gran explicación, cierra el informe como “una situación de misterio y rareza”, en el que “pudieron oir y observar como una puerta de armario perfectamente cerrada, se abrió de forma súbita y totalmente antinatural” y que momentos después, observaron que en la mesita que sostenía el teléfono y el mantel apareció “una mancha color marrón consistente identificada como baba”
Cerrándose así el “Expediente Vallecas”
La información circula por la red, mucha de ella puede ser verdad y gran parte mentira. Lo cierto, es que el acontecimiento es de gran asombro.
Dulces pesadillas. No olvides compartir para alegrarle el sueño a más personas.
PD: Les dejo un link a un reportaje oficial del caso: