Caminaba con pase apresurado. La noche era fría y el porro que me estaba fumando poco efecto tenía calentándome -creo que me he saltado la parte de mi inicio en el consumo, pero luego la dejaré sentada por escrito- Mi amigo vivía a más de veinte minutos caminando, pero el transporte público es un asco -además de que no me permiten fumar en él- así que decidí usar mis vehículos naturales.
“Te presentaré mis mejores cuadros. Tienes que venir, están de puta madre” fueron sus palabras. No me podía negar, ya conocen mi aprecio hacia el arte. En especial el suyo, que son pinturas llenas de un mundo surrealista y de estructuras poco convencionales. Pero debo admitir que jamás imaginé un cuadro como ese; mucho menos la fuente de inspiración.
Mi amigo estaba en el marco de la puerta cuando llegué, me esperaba. Nos dimos un abrazo y me invitó a pasar; antes de ingresar tiré el cigarro al suelo y lo pisé con la punta de mi zapato. Su lugar era acogedor, luces de iluminación tenue para no cansar la vista y ventanas cerradas para evitar el ruido exterior. Tan pronto como me acomodé en la mesa, mi amigo empezó a hablar.
̶ He hecho el mejor cuadro de todos ̶ dijo ̶ el que me dará dinero y me sacará de este país asqueroso. ¡Y lo compartiré contigo! Porque eres mi hermano, siempre lo has sido.
̶ Muero por verlo ̶ respondí ̶ He sido testigo de grandes cuadros así que no esperes que me sorprenda si no es realmente bueno.
̶ Ya dirás.
Ingresó a su habitación y sacó de ella la pintura. Fue cuando supe que mi amigo había perdido la cabeza.
̶ ¿No es una obra maestra? ̶ preguntó sonriente.
Y lo era, joder. La mujer del dibujo tenía la boca cosida y la cuenca de sus ojos vacías. Eran trazos demasiado realistas y el fondo negro le otorgaba un aspecto macabro al dibujo. Sentí ser observado por el inerte óleo, y no pude evitar formular la pregunta: “¿De dónde lo has sacado?” Admiraba cada detalle en la pintura, sin duda una obra maestra.
̶ ¿Puedo contártelo? ¿Puedo confiar en ti? ¿Puedo?
̶ Sí, sabes que puedes, mierda ̶ respondí ̶ eres el puto amo.
Mi amigo sonrió. Ingresó a la cocina y abrió la puerta que daba al patio ̶ escuché el metal ̶ y tras varios segundos volvió a ingresar. Se paró en el marco de la puerta y con una gran sonrisa dijo: “Te presento a mi modelo. Quien pudo volver realidad mi más grande obra” Y sacó a la chica detrás de él, ¡La mujer con labios cocidos y cuencas vacías! Era su enamorada, maldita sea ¡Su jodida enamorada! Escuché los gemidos detrás de la costura. Mi amigo la sentó junto a mí, en la mesa, y él se sentó al frente. Noté la demencia en su mirada, “Es mi mejor obra, la modelo no podía ser una simple imaginación” dijo.
La chica me miraba, o pretendía a hacerlo, lo cierto es que sus cuencas apuntaban en mi dirección. Yo no paraba de observar el vacío y sus labios cocidos, intentando hablar con sonidos apagados, guturales. En una de esas tomó mi mano. Ahora que lo recuerdo, pienso que vio esperanzas en mí, que yo era la primera persona con quien tenía contacto desde que estaba en ese estado. Que yo era su salvador. E intenté serlo.
Mientras mi amigo charlaba de su gran inspiración y de cómo consiguió cocerle la boca y retirarle los ojos sin matarla, yo saqué mi navaja del bolsillo trasero ̶ como ya saben, mi ciudad en insegura ̶ y se la entregué a la chica con movimientos lentos, aprovechando la cobertura que nos daba el mantel. La dejé encima de sus muslos. Mi idea era que la guardara para después, para cuando se encontrara sola, ¡No que la usara en el momento! Pero así fue, y dos segundos después la chica estaba chillando encima de mi amigo, ¡Se le lanzó con todo! Saltó encima de la mesa para llegar a él. Y ahí estaba, intentando apuñalarlo mientras él me pedía ayuda.
“¡Sácamela de encima, malita sea!” Y fingí hacerlo. Me acerqué a ellos mientras forcejeaban y pretendí tirar de la espalda de la chica, pero entonces mi amigo logró lanzarle un golpe al rostro y empujarla lejos. Sin embargo, la chica no se detuvo y agarró el cuchillo con más fuerza; se puso de pie y sin titubear, se lanzó a mí. ¡La idiota me enterró el cuchillo en el hombro! Se equivocó, falló en su identificación y solo lo notó cuando me escuchó insultarla. Para entonces, mi amigo la agarró de los cabellos y la tiró al suelo; allí no se detuvo, pateó su cabeza sin detenerse. El resultado es muy obvio.
̶ Nos quiso asesinar ̶ dijo, cuando hubo terminado ̶ ¡Nos quiso enterrar esa navaja! Dios sabe de dónde la ha sacado. Lo siento, no debí invitarte con esa loca en casa.
̶ No hay problema ̶ respondí, observando la navaja manchada de sangre en el suelo. Agradecí al destino el no haberle marcado mi nombre como solía hacerlo.
̶ Ya arreglaré este desastre ̶ concluyó ̶ no te preocupes.
Me despidió y salí a caminar de regreso a mi hogar.
Y ahora tengo que comprar una nueva navaja, joder. Nunca debí entregársela. Además de mi herida en el hombro, ¡Que suerte tan mierda! Le pondré mi nombre a la siguiente navaja y no se la tenderé a nadie.
En fin, es todo por hoy. Compartan y sirvan para algo.
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Lo raro de mis días va en aumento. A veces siento que mi cerebro genera drogas por sí solo, para compensar mi falta de consumo de ellas. Porque lo que he visto hoy... ¡Joder! Me niego a creer que es real; aunque las cicatrices de mi piel me dicen lo contrario.
Estuve buscando un lugar que diera rienda suelta a mi inspiración -ya saben, para mis cuentos- y recordé que cerca de la Universidad de mi ciudad hay un sendero de gratos arbustos y sombras refrescantes. Me puse en marcha sin pensarlo dos veces -cosa que debí hacer-
En el lugar, tomé asiento en un columpio que colgaba en medio de un diminuto parque en medio del sendero y ante mi calidad de observador, vi la primera cosa que me extrañó. Las luces de los postes estaban encendidas, a pesar de que la noche no llegaría hasta dentro de cuatro horas. Me pareció algo curioso, pero lo pasé por alto, ¡Eran simples focos dañados!, ¿Quién podría imaginar que la oscuridad los rodeaba, acechante?
Terminaba en mi libreta un cuento pendiente, “Engendros del mañana” -algún día dejaré que lo lean- y cerca de poner el tan anhelado punto final, las luces tintinaron. Un apagón repentino, el humo empezó a salir de los focos y en lugar de ascender y perderse en el aire, las columnas de humo se encaminaron en mi dirección, a gran velocidad, ¡Era una mano densa la que me quería atrapar! Fue muy rápido, no pude cerrar los ojos hasta que noté que el humo se había infiltrado ya por mi iris. Tras restregar con mi mano y recuperar la vista, el mundo alrededor no era el mismo. Estaba sumergido en un denso bosque con nubes de polvo en el cielo; y el rugido se acercaba, ¡Un rugido bestial que no podré borrar de mi memoria! La señal de mi celular estaba muerta, como estaría yo próximamente.
Eché a correr a todas direcciones, pero de alguna manera terminaba siempre en el mismo lugar; y los pasos se acercaban, potentes... los rugidos incrementaron y pronto la bestia apareció. Un ser de cuernos y enormes garras que reía de manera infernal, ¿Cómo podría terminar tan pronto en el infierno? Me rehusaba. Mas al intentar huir, el demonio me atrapó con sus largos brazos y sin darme oportunidad a emitir ruido alguno, clavó sus garras en mi estómago. Vio cómo me desangraba, y él solo reía y reía, una carcajada insoportable que estallaba en mis oídos dolorosamente.
Desperté tirado en el suelo del parque; unos estudiantes me miraban preocupados, pero siguieron sus pasos al ver que despertaba. Mi primera reacción fue palpar mi herida... no tenía nada, no dolía. Levanté mi camiseta y ahí estaba la muy desgraciada herida, una gran cicatriz con la forma de garras de la bestia. Incrédulo, quise repasar lo sucedido; tomé mi celular y al desbloquearlo, me recibió la foto que adjuntaré aquí. Es la imagen de un ser muy parecido al que me encontré en aquella ciudad de nubes negras, pero no es el mismo; porque el verdadero es de un horror indescriptible. Sin embargo, la adaptación es fiel.
No me pregunten de dónde salió la puta foto, no tengo idea. Pero si él reía a carcajadas incrustando sus garras en mí; yo rio ahora al borrar su estúpida imagen y al advertir que no pasen por ese lugar si los focos están encendidos en el día. A ver a quién asesinas ahora, maldito bastardo; te dejaré sin víctimas.
De todas formas, procuraré llevar un puñal conmigo desde ahora; porque la próxima, no sale vivo.