⸻ 𝐀𝐌𝐌𝐔 𝐌𝐀𝐍𝐈 [ ella / suya ] es una asistente real nacida en lys y basada en gamri. nació un veinticinco de junio, actualmente tiene treinta años. le gustaría convertirse en consejera real. f.
escrito por bottas [ 28, gmt-3 ].
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⸻ 𝐀𝐌𝐌𝐔 𝐌𝐀𝐍𝐈 [ ella / suya ] es una asistente real nacida en lys y basada en gamri. nació un veinticinco de junio, actualmente tiene treinta años. le gustaría convertirse en consejera real. f.
escrito por bottas [ 28, gmt-3 ].

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la casa de té del alba — un quejido chillón escapa de los labios de la castaña cuando, al dar primer sorbo a su infusión, su alta temperatura quema por completo su lengua. ¡ay, qué desastre! cuando alza la vista es obvio que todes le están viendo, si ni midió el volumen de su gritito. personas de altos cargos, seguro. incluso la anciana de la mesa que está a su lado la observa con desaprobación. yifei tiene que actuar rápido: ‘ ¡es que está riquísimo! vaya, la menta y el jengibre de verdad que hacen una fiesta en mi paladar ahora mismo — ¡no sé si estaba lista para tantas emociones! ’ se esfuerza por sonreír. qué torpeza la suya.
Ammu procedió a seguir bebiendo su té, procurando no mirar en la dirección de la muchacha que hacía de su clara quemadura un espectáculo mal actuado. En el fondo, le causaba gracia.
Tras unos segundos, con disimulo se estiró hacia ella, haciendo una seña para llamar su atención.
"Tienes que soplar primero," le advirtió, con su propia taza mostrando a lo que se refería. "Soplar. Sí, tienes que soplar. Para que se enfríe."
' lo que esa señora estaba queriendo decir es que, uhm, él se parece a ti ' cuando extiende los brazos en dirección contraria, le muestra mejor el gatito que sostiene en sus manos. ✦ refugio de los gatos.
"Eso es lindo, pero mejor no me lo acerques." Podía apreciar el aspecto cultural o espiritual sin tocar a los animales, creía ella. ¿No lo estaba haciendo fenomenal? "Uno intentó morderme y no quisiera tener que inyectarme luego, o... algo por el estilo."
— Una encantadora mañana en El Refugio de los Gatos.
Refugiada tras un pilar cercano a la entrada, la princesa de Hinomaru no pudo evitar ingresar con prisa al recinto, apenas sus ojos se posaron en lo que ahí se protege y venera. "¡No puedo creerlo! Esto es—" Un incontrolable estornudo resuena en el sereno espacio, los tintes de la vergüenza ascendiendo hasta sus mejillas. "¡Es lo más precioso que he visto el día de hoy!" Trata de concluir su oración con cierta dificultad, apenada. Lamentablemente, ni todo el amor que pueda sentir en su corazón por estos preciosos e inteligentes felinos, hará que sus terribles alergias desaparezcan.
Ammu entró distraída, leyendo con cuidado una guía turística. Había llegado ahí bajo la creencia de que la parte de los gatos en el nombre del lugar solo era eso, un nombre, y por ese motivo, no pensó que realmente estuviera llena de felinos. Arrugó la nariz al descubrir la verdad.
"No sé, Alteza. ¿Tiene alergías? Estos animales contraen todo tipo de bichos, no se le ocurra acercarse demasiado..." Los animalitos parecían contentos con ese lugar, tranquilos. Se notaba que, al menos, los trataban bien. Naturalmente habían algunos más asustadizos, pero la mayoría ni se inmutó con la presencia de ninguna. Algunos, incluso, se atrevían a acercarse a pedir algo de comer. "¡O tocarlos! Podrían tener pulgas o... o quién sabe qué más."
📍Puerto de Cristal:
El príncipe se detuvo en seco una vez se topó de frente con el borde marino, comprendiendo por qué había comenzado a sentir ese aroma desde hace un par de metros. —¿Para qué nos dan esta guía si está toda mal hecha? —bufó, su queja ahí sostenida en el aire para que cualquier transeúnte la recogiera.
Ammu reconocería al príncipe hasta viéndolo desde lejos. Estaba tan metida en su papel de asistente-pronto-a-volverse-consejera, que la estadía en ese lugar, rodeada de monarcas extranjeros, era la perfecta oportunidad para conocer más de ellos, directa e indirectamente.
"Alteza," saludó o llamó. Podía ser cualquiera de las dos cuando su mirada caía más bien en la guía que él mencionaba. La tomó por un extremo, y la volteó. Ahora el mar quedaba en la posición que lo veían. "Discúlpeme la intromisión. Debí solo comunicárselo, pero... es doloroso para mí verlo leyéndolo al revés. ¿A dónde quería ir?"

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"Y ahora depende del lugar al que te estuvieras dirigiendo. Porque la habitación del sultán no creo que haya sido tu objetivo." Quizá ha clarificado un poco tarde el lugar en el que desembocaba aquel pasillo, ¿pero lo podían culpar? ¡No esperaba que luciera tan confiada cuando había llegado ese mismo día! "Dime a dónde te dirigías y te puedo llevar. He trabajado aquí un par de meses."
La confianza que cargaba consigo se desvaneció un segundo, y un oh casi se le escapó de los labios. El dormitorio del Sultán (¡claramente!) no era su objetivo.
"¿Meses? ¿Dónde trabajabas antes?" intenta desviar la atención de su error mientras revisa su agenda, aún poco convencida de que haya sido un error suyo... o de quien le dio las indicaciones en primer lugar. "¿Dónde se queda la realeza de Gamri?" preguntó, entonces, pasado varios segundos en los que lentamente acepta su equivocación.
la acusación, ¿o advertencia? eleva los pétalos del príncipe. ‘ sería incapaz, señorita mani ’ la cabeza se menea sútil como si aún quisiera eliminar esas ideas de su cabeza, pero cierto corte de diversión lo condecora.
‘ lo estás pintando atractivo, ¿quién no querría intel de personas que si hablaran el mundo no sería como lo es actualmente? ’ inhala la nicotina y expulsa el humo con una risa, la mirada se pierde a través de las vistas que le da el balcón y, luego, vuelven a la asistente. ‘ todo se acaba sabiendo, quizá dentro de dos o tres siglos, algún historiador de con documentos que no debían ser leídos ’ se encoge de hombros, cree que es ley de vida.
‘ ¿te imaginas que alguien urgara de arriba a abajo en tu diario? ’
"Me cuesta creer que exista algo así, y que no haya sido ya leído por alguien... ¿Quizás alguien reservado que piensa que es mejor que todo se quede como está?" sugirió.
¿Existía tal tipo de persona? Era difícil creer que sí. A menos que ese contenido ---ficticio, de momento--- fuera tan delicado como para mantener en secreto.
¿Se estaba entregando a fantasías sin fundamento?
En fin.
"Si llevara décadas muerta, no podría importarme que lean mi diario, Alteza. Sí sería mortificante que lo hicieran ahora, pero..." Se lo pensó bien y era mejor no decir la palabra nunca. Se le ocurrió que sería una tentación a la suerte. "No importa. ¿El diario de quién querría leer usted? Si se puede saber."
—Mi teoría es que tiene que ver con el hecho de que estamos rodeades de gente anciana —explicó, tomando la conversación como una invitación a sentarse junto a la mujer, mientras sacaba una cajetilla de su bolsillo. —Anciana y verklemmt as fuck, ¿Sabes? ¿Verklemmt? —su nariz arrugándose con desdén y sus manos extendiendo la cajetilla hacia la desconocida, esta vez, iniciando él la invitación.
"Oh," soltó Ammu, pensando en la gente que les rodeaba. ¿Se referiría a la servidumbre local? ¿O...? Porque, si pensaba en el resto de los monarcas... era imposible considerarlos viejos, mucho menos ancianos. "¿Qué significa... esa palabra que me acaba de decir?" ¿Y por qué sonaba como un insulto? ¡Ni siquiera se atrevía a repetirlo frente al príncipe! Así y todo, acabó riendo. Dudó un poco, pero terminó aceptando un cigarrillo. "Así que... usted piensa que debemos culpar a la gente anciana." Parecía estar meditándolo, asintiendo con lentitud. "¿Tiene malas experiencias? Si me permite preguntar."
de pie con ambas manos sosteniendo su bastón, permitió que su mirada se perdieran en el horizonte. el entorno le resultaba completamente indiferente, no había cuestionando a dónde iban. pero sí tenía claro quienes asistirían. voz ajena irrumpe su silenciosa tranquilidad y también el hilo de pensamientos que le acompaña el apellido.
'me encantaría haber estudiado psicología para comprender la profundidad de su mente, señorita mani, pero mis habilidades en ese campo son bastante limitadas' le anunció, apenas ladeando su cabeza para observarla 'cualquiera creería que lo está sobre pensando demasiado'
Cualquiera diría que lo estaba sobrepensando demasiado y probablemente tuvieran razón. Ella había tomado el trabajo con un propósito, ¿sería el motivo que le estaba causando ansiedad? Era una posibilidad.
En fin, suspiró.
"Lo siento, Alteza. Estaba divagando. ¿Le interrumpí?" Que uno de los príncipes a los que atendía entendiera las profundidades de sus pensamientos, parecía una idea salida de sus pesadillas, y prefirió evitar explicaciones innecesarias. "Ha pasado algo de tiempo desde mi último viaje, quizá ya pasé la etapa en la que me emocionaba."
" no sé, yo creo que este aire me está dando alergia" medio se queja, frunciendo la nariz. ¡de hace rato que sentía una picazón molesta! ¿sería el polvillo que medio se levantó en el desfile? " les voy a bajar puntos por eso, muy mal servicio" ahí, niega con la cabeza. " ¿qué haces, a todo esto?" no pudo evitar curiosear un poco al notar el cuaderno abierto. " ¿dibujitos?"
"Eso es terrible," concedió. "¿Probaste yendo al médico? Quizás tengan algo para las alergias."
Más que claro estaba que no reconoció la voz, aunque levemente familiar por sus estudios previos, del príncipe. ¡Y es que tampoco le miró! Su mirada, después, fue a parar en la hoja en blanco, que deslizó con la palma.
"Iba a escribir..." admitió. "Pero la inspiración aún no me llega. Se siente delicado inmortalizar pensamientos en una zona tan cargada de poder, como si todo estuviera bajo un ojo que todo lo ve. ¿No te parece?"

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"Viajar por ocio y viajar por trabajo sólo tienen en común la parte del desplazamiento." No sabe, ni se molesta en preguntarle a su nueva compañía si es que sólo ha vivido la primera. De ser ese el caso, pues qué envidia la que siente. "Los lugares nuevos no son divertidos si no puedes detenerte al menos un momento para apreciarlos."
La voz se le hacía vagamente familiar. Cuando la encaró es que se dio cuenta porqué, y por automático, terminó de pie, dedicándole un ensayado saludo.
"Alteza," destacó, "no podría estar más de acuerdo." Pero esa no era la situación. Muchas veces en el pasado viajó por trabajo, solo que esa vez... suspiró. ¿Cómo explicar que no se sentía como las otras veces? A la princesa no podía compartirle esa inseguridad. "¿Viaja usted por ocio a menudo?"
La curiosidad la había hecho merodear y sin pensarlo ahora estaba ahí, fueron las banderas las que le distrajeron, pero fue voz contraria la que le hizo darse cuenta que no estaba sola, pronto se aclaro la garganta para voltearle a ver " ¿Quizás porque parece salido de un cuento... exótico? " comparte su pensar, pero es cuidadosa con lo que dice " cada lugar tiene su toque especial, seguramente es por eso " suave sonrisa le ilumina el rostro " ¿has viajado mucho? "
"¿Un cuento exótico? ¿Me podría explicar cómo es eso?" llena de curiosidad, buscó saber.
La voz de la menor de Gamri la reconocería hasta en sus sueños. Le dedicó una sonrisa que era a partes iguales educada y amigable.
"Dentro de mis límites, sí. Creo que se podría decir que viajé mucho," admitió. "Durante como... ¿tres años? Cuando era muy joven y temeraria. Después, eché raíces en Gamri." La historia es breve porque nunca aburriría a la princesa con detalles. "¿Le gustaría a usted? No por trabajo o deberes, pero... por gusto, viviendo por allí y por acá en periodos cortos de tiempo."
‘ tal vez es ¿ansiedad? ’ ofrece palabras un tanto insegura. su elocuencia en charlas casuales fuera de su círculo familiar todavía era algo que continuaba en constante aprendizaje. la duquesa podía hablarte de cualquier trabajo de caridad que estuviese sucediendo en los países, podía recitarte poesía y hasta darte su opinión sobre la importancia de las nuevas vacunas desarrolladas, pero se quedaba en un limbo de incertidumbre en las charlas triviales que no le concedieran un profundo conocimiento en la otra persona. ‘ por todo el trabajo que se viene, digo. ’
"Ansiedad," repitió, y en asentimientos se dio cuenta de que estaba de acuerdo. Ansiedad. Sí, eso tenía que ser. ¿Qué más?
Entonces se volteó, y el reconocimiento facial la hizo ponerse de pie de inmediato.
"Duquesa, disculpe. No me di cuenta que era usted." Que tonta. Tenía que hacerse una nota mental de no ser tan descuidada en el futuro. Seguro se encontraría cara a cara con muchas figuras de la realeza que conocía casi exclusivamente por escrito. ¿Volar bajo? ¿A estas alturas? Era un error de novata. "Creo que tiene razón. No le temo al trabajo, así que... no debería sentirme ansiosa al respecto. Pero, tal vez, es algo que viene ligado a la importancia de esta tradición. ¿Se siente cómoda en este lugar?"
las palmas están entrelazadas detrás de su espalda en un intento por esconder los incipientes nervios que el evento le ocasiona. qué sorprendente y traidor su cuerpo, que actúa como si no se hubiese pasado la vida sirviendo a la corona. es un evento como cualquier otro, se repite.
la voz femenina no apacigua su ser, la ve desde la esquina del ojo. ' es ... ¿es por el ambiente? ' se atreve a indagar, pero pronto aprieta los labios. ' quiero decir, ' se aclara la garganta ' serán jornadas de mucho trabajo ' sí, a ver si decirlo en voz alta puede centrar de vuelta a saemi. ' ¿a qué monarcas sirves? ' se le da un poco mal la conversación casual, ¿se nota? ' de todos modos siento que ... los días pasarán rápido '
Pensar en el ambiente de pronto le traía una sensación similar a los escalofríos. ¡Qué tonta! Como si se antepusiera a un inminente desastre, demasiado temprano para saber qué era y muy tarde para echarse para atrás.
"Sí, eso creo," respondió con calma expertamente fingida. "No le temo al trabajo arduo, así que... que venga lo que tenga que venir." Se puso de pie con un suspiro, arreglándose la ropa. "Sirvo a Gamri. ¿Tú?" Le miró, guardándose su agenda en el interior de la chaquetilla. "No quisiera meterte miedo, pero tengo una sensación de que será todo lo contrario: Se nos harán larguísimos los días. ¿No encuentras un poco desastroso juntar a tantos monarcas por más de una tarde en un solo lugar? Habrá que prepararse para todo tipo de habladurías."
"¿Diferente bueno o diferente malo?" Inquiere, sus ojos observan de soslayo a la mujer, sonrisa divertida apareciendo con discreción, pues intenta (con mucha fuerza) mantener las apariencias de etiquetas y porte real, aunque sea unos segundos más. Sin embargo, con la gloriosa entrada de todas las cortes ya finalizada, Nozomi se siente capaz de relajarse un poco. "Opino que se trata de lo ceremonioso e importante que es este evento. No significa que otros dejen de serlo, simplemente— No hay uno que se le equipare, por ahora".
"¿Sería muy místico si dijera que no lo sé?" Se volteó para encontrarse con una figura que solo conocía por escrito. "Princesa," saludó, poniéndose de pie de inmediato, avergonzada por no haberla reconocido antes de abrir la boca la primera vez. "Es verdad. Al menos en cuanto a la importancia. Estoy segura que usted ha asistido a ceremonias más grandes en su propio país, ¿o no es así?" rió con educación. En ese minuto se hizo una nota mental para conocer más de Hinomaru. De su última visita por gusto habían pasado muchos años y, debía admitir, estaba un poco desactualizada con la nación. "¿Qué pensó de este evento cuando la invitaron?— No me responda si estoy siendo impertinente."

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"¿Diferente en qué sentido? ¿Es por la naturaleza del compromiso?" La duda le saltó en forma de palabras, repentinas y sin filtro alguno. Aunque coincidía en que el palacio parecía de ensueño, seguía palideciendo frente al de Yueliang. Y parecía ser la única con dicha perspectiva. "¿De dónde vienes? ¿Cómo te llamas? ¿A qué te dedicas?" Pestañea. "A mí—" mira de nuevo alrededor. Hay una pequeña protuberancia formándose en su labio inferior. "Me parece un poco simplón."
El baño de preguntas la tiró de los pies a la realidad, y cuando su mirada cayó sobre la mujer, fue el reconocimiento lo que la hizo ponerse de pie.
"Alteza." ¿Qué había preguntado? Ah, sí. "Soy Ammu Mani, asistente real de Gamri. Un gusto." Saludo breve, cordial, educado. "¿De verdad le parece simplón? ¿Qué palacios ha recorrido que sean más... cómo decirlo... extravagantes? Igual no me refería a eso. Sino a algo más... de mi propio sentir. Pero no me tome en cuenta, solo divagaba."
Qué difícil era explicarlo. Hacerlo con una monarca... una historia completamente diferente. ¿Cómo le explicaba que se sentía como un mal augurio?
con las manos descansando sutilmente sobre su espalda baja, espera frente a un ventanal en tanto el aroma tenue de café flota desde el comedor principal. con un movimiento discreto, voltea en dirección a una de las puertas abriéndose. ' el desayuno ya está listo ' una breve pero firme reverencia es suficiente para reportarse a su deber, costumbre de pocas palabras. sus ojos se mantienen cerrados por un segundo — cree estar en el lugar correcto, pero la barrera idiomática aún es un problema a eliminar. de lo único que se fía es su intuición.
✶ en el ala de los herederos — previo al desfile de las naciones.
A esas alturas de su vida, debería estar acostumbrada a los protocolos y los papeles de otros en las rutinas de los herederos. Pero Ammu vivía mucho dentro de su cabeza, y a menudo entraba en lugares —como en ese entonces— y se asustaba cuando gatillaba, sin querer, a los guardias, doncellas o mayordomos.
"No, lo siento. Sus Altezas aún no bajan, se están vistiendo. Creo que hubo un problema con las vestimentas de uno, pero ya se está solucionando." Anotó algo en la pequeña ajena que sostenía abierta por la espina, borrando furiosamente otra cosa en la página anterior. "¿Viste si ya lo tenían servido? No quiero que esté todo frío cuando bajen."