La reacción de Britta no fue lo que esperaba. ¿Dónde estaba la explosión, el drama, el secreto? ¿Y qué tenía él que ver con todo eso? Cuando la tuvo tan cerca como para notar cada una de las arrugas en su frente empezó a caer en cuenta de lo que estaba pasando. ¿Será...?
—Trae —luego de que el papel le había dado un par de veces en el entrecejo, lo arrebató de las manos de su hermana. Tenía que asegurarse. —De cerca te ves pésimo, por cierto. ¿Cuánto has estado durmiendo? —preguntó, medio en serio y medio para provocarla, mientras desdoblaba la lámina. Al revisarla, la reacción ajena le hizo un poco más de sentido. —¡Ey, qué coincidencia! Este es...—La sonrisa en su rostro se desdibujó rápidamente mientras sopesaba las implicancias de decir la verdad y aceptar ser el genio detrás de la jugarreta, siendo que no tenía gana alguna de que luego Britta fuera y lo acusara con su madre y tuviera que explicar y lo terminasen enviando a reuniones y, en fin, se arme toda una cosa.
Mierda, esto sería tan distinto si Ophelia fuese la que se topó con el desgraciado papelito. Seguramente ella sí apreciaría lo profundamente cómico de toda la situación. Seguramente... hm, seguramente, no le importaría defenderlo. Lo había hecho otras veces, ¿por qué ahora sería distinto? —...Justo como el que me mostró Offie —bien, eso debería bastar. Sostuvo la mirada de la mayor mientras sus labios se curvaban nuevamente, esta vez, con extrema satisfacción por haber zafado airoso de su enojo.