Volví a esa noche de invierno, bajo luz cálida de la cocina y con la música haciéndose incomprensible desde el living. Frente a frente, tú sentado y yo parado mirándote, consciente de que la cara de idiota no me la sacaba nadie y de como podías verme así; crudo y desnudo frente a ti. Y no me importaba, ya no me daba miedo que me vieras así. Sha fue. Creo que me acariciaste la mano y te di un beso en la frente y de pronto escuchamos a Celia y María venir hablando de lo rica que estaba la sangría que prepararon. Yo en ese entonces pasaba cada vez menos en el departamento, me quedaba seguido en el tuyo y luego volvía por un día o dos. Nos preguntaron si nos había gustado y dijiste que sí mientras tratabas de acercarte a Helio para jugar con él. El departamento se veía más bonito que nunca y el olor a empanadas se impregnaba en el abrazo latino que parecía abrigarnos con poca ropa. A ratos las luces se derretían y las voces se mezclaban con los parlantes, sin darme cuenta me perdía en el caudal de las conversaciones y simplemente me sentaba a sentir todo. Tratando de sacar fotos mentales, aferrándome a la textura del sillón y del aroma de la gente.
Afuera caía la lluvia con fuerza y el viento mecía las luces callejeras que colgaban de los cables negros y gruesos. Desde la ventana parecía un pueblo fantasma (o una ciudad muy chica) y de vez en cuando pasaba alguien andando en bicicleta, abatido por el frío y las gotas que se convertían en granizo. Sentí pena por el pobre biker y súbitamente una sensación de alivio me recorrió el cuerpo. Estoy adentro, con mis compañeras de piso, el hermano de Celia y su novia y contigo. Sentí todo un poco más real. Estaba en un cuarto piso, en Brobygatan, en Malmo. Suecia. Llegué desde el otro lado del mundo, y después de las fantasías que muchas noches me calmaron los nervios, armé sin darme cuenta una red. Tejí una historia que se me habría ocurrido solo en sueños, una historia que me levantaría todas las mañanas para seguir yendo a ese trabajo de mierda, con ese sueldo de mierda en esa ciudad de mierda para luego caminar, tomar el metro y luego una micro para llegar a esa casa de mierda.
Desde el sillón me mirabas con los ojos brillantes, sonriendo como idiota. Pude sentir el aire que entraba cuando decidiste abrir las puertas y empezaste a resguardar tanto tu corazón escarchado. Yo no busqué enamorarme, no estaba en mis planes. Quise mantener mi cabeza clara y mi corazón ocupado con el ímpetu de un amanecer nuevo, en horizontes distantes y de distintas latitudes. Mantuve mi marcha constante por meses, comía y dormía una incertidumbre desde que me despertaba hasta dormirme, intenté no caer en las latencias que tanto me han quitado y de a poco me abrí a algo nuevo. Los calendarios pasaban de página y Agosto se asomaba por sobre mis hombros. Volver a esa noche de Diciembre en donde las cosas pintaban de forma distinta a lo planeado, en donde encontré el sentimiento de pertenencia que siempre me pareció ajeno, a veces hasta incomprensible.
Volver a esa noche cuando caminábamos de vuelta a tu departamento muertos de frío es volver a sentir el calor en el pecho que ni el viento más frío perturbaba. Volver a caminar en silencio por el cementerio y cruzar el canal. Es volver a llegar a ese monoambiente y acostarnos a ver The Office. Es sentir tu calor otra vez y compartir el sueño. Yo soy re malo para dormir pero contigo yo me desvanecía tan rápido. Volver a cualquier noche en las que salíamos a caminar sin importar el frío, sin importar la hora. Ir al supermercado y hacer los mismos chistes siempre, en las mismas partes, caminar las mismas rutas de vuelta y ser personas aburridas.
Ahora, a 12 mil kilómetros de distancia sólo me queda quedarme soñando despierto en el trabajo, caminando por la calle o antes de dormir. Me queda esperar un mail, una carta, algo. Pero siempre hay algo de que preocuparse. Siempre hay un nuevo cambio de planes, algo nuevo que considerar. De vez en cuando vuelvo a esas noches y veo las cosas con algo de distancia y puedo desprenderme de las corrientes en las que nadábamos y ahora solo quiero saltar al agua de nuevo. Quiero irme por el río y que me lleve a una nueva fantasía. Una nueva aventura. Volveré las veces necesarias para aprender de mis faltas y de lo que hice bien, e inclinaré mi corazón hacia el calor que aún siento al caminar de noche, al acordarme de ti.