La ilusión del refugio
Creí que era amor, lo juro. Me aferré a cada palabra, a cada gesto, como si fueran pruebas irrefutables de un sentimiento verdadero. Pero con el tiempo entendí que lo que buscaba no era un corazón latiendo junto al mío, sino un refugio para la soledad que me estaba consumiendo. No era amor, era la urgencia de sentirme querido, de no escuchar el eco del vacío cada noche. Me convencí de que era amor porque necesitaba creerlo, porque necesitaba volver a sentirme elegido, aunque fuera solo en apariencia.
Al final comprendí: no estaba amando, estaba mendigando cariño disfrazado de pasión. Y la diferencia, aunque dolorosa, lo cambia todo.


















