Nos dicen que lo tenemos comprado. Que nos ayudan. Que siempre hay algo atrás.
Y, sinceramente, si alguna vez hubieran pasado la gorra para comprar un Mundial, creo que en Argentina no habría uno solo que no pusiera lo que tiene en el bolsillo.
Porque acá no ganamos caminando. Acá sufrimos. Sufrimos los noventa minutos. El alargue. Los penales. Y si inventaran un tercer tiempo para hacernos sufrir un rato más, también lo jugaríamos.
Nos viven rompiendo hasta el último segundo. Nos hacen creer que está perdido. Nos regalan miles de infartos por partido. Y, aun así, seguimos. Porque eso también es Argentina.
Acá aprendimos que las cosas importantes nunca fueron fáciles. Por eso duele cuando dicen que todo está arreglado. Porque atrás de cada camiseta hay años de sacrificio.
Hay jugadores que dejaron a sus familias para perseguir un sueño. Hay lesiones. Hay críticas. Hay millones de argentinos que frenan su dia para ver un partido con el corazón en la garganta. Nos podrán discutir un resultado. Nos podrán discutir una jugada. Pero nunca el hambre. Nunca las ganas. Nunca la pasión. Y eso es lo que muchos no entienden.
No nos odian porque supuestamente esté comprado. Esa es la excusa. Lo que molesta es que un país que vive tropezando siga encontrando la manera de levantarse. Que, aun con todos nuestros problemas, cuando rueda una pelota aparezca algo que no se puede comprar. El corazón.
El domingo no juega solamente una selección. Juega un país entero. Juegan los que ya no están. Los que crecimos abrazados a una camiseta. Los que lloramos las derrotas y gritamos los goles como si nos fuera la vida en eso.
Así que salgan a jugar como siempre. Con esa entrega que los trajo hasta acá. Nosotros vamos a hacer nuestra parte.
Vamos a alentar. Vamos a sufrir. Vamos a putear. Vamos a creer hasta el último segundo.
Porque si algo aprendimos siendo argentinos es que rendirse nunca fue una opción.
Vamos, Argentina.
El domingo, como siempre, somos millones empujando para el mismo lado sin importar cuantas personas quieran que perdamos, las mismas que son bien recibidas en nuestro país, sigamos demostrando con grandeza lo que nuestra cultura es capaz de generar.
Fer













