A veces el ego te cuesta al amor de tu vida. Y el orgullo, a la persona que más te quiso.
Fer, de mi para mi.
EXPECTATIONS

will byers stan first human second
Not today Justin
Cosimo Galluzzi
Cosmic Funnies

❣ Chile in a Photography ❣
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
macklin celebrini has autism
Sade Olutola
wallacepolsom
almost home

PR's Tumblrdome
Keni
we're not kids anymore.
he wasn't even looking at me and he found me
Monterey Bay Aquarium

@theartofmadeline

pixel skylines

seen from United States

seen from Canada

seen from United Kingdom
seen from United States

seen from United States

seen from Malaysia

seen from United States
seen from Germany
seen from United States

seen from Malaysia
seen from Russia

seen from Netherlands
seen from Denmark
seen from France
seen from United States

seen from United Kingdom
seen from Germany
seen from United States

seen from Germany

seen from Russia
@deletrasyarte
A veces el ego te cuesta al amor de tu vida. Y el orgullo, a la persona que más te quiso.
Fer, de mi para mi.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
A veces el ego te cuesta al amor de tu vida. Y el orgullo, a la persona que más te quiso.
Fer, de mi para mi.
Nos dicen que lo tenemos comprado. Que nos ayudan. Que siempre hay algo atrás.
Y, sinceramente, si alguna vez hubieran pasado la gorra para comprar un Mundial, creo que en Argentina no habría uno solo que no pusiera lo que tiene en el bolsillo.
Porque acá no ganamos caminando. Acá sufrimos. Sufrimos los noventa minutos. El alargue. Los penales. Y si inventaran un tercer tiempo para hacernos sufrir un rato más, también lo jugaríamos.
Nos viven rompiendo hasta el último segundo. Nos hacen creer que está perdido. Nos regalan miles de infartos por partido. Y, aun así, seguimos. Porque eso también es Argentina.
Acá aprendimos que las cosas importantes nunca fueron fáciles. Por eso duele cuando dicen que todo está arreglado. Porque atrás de cada camiseta hay años de sacrificio.
Hay jugadores que dejaron a sus familias para perseguir un sueño. Hay lesiones. Hay críticas. Hay millones de argentinos que frenan su dia para ver un partido con el corazón en la garganta. Nos podrán discutir un resultado. Nos podrán discutir una jugada. Pero nunca el hambre. Nunca las ganas. Nunca la pasión. Y eso es lo que muchos no entienden.
No nos odian porque supuestamente esté comprado. Esa es la excusa. Lo que molesta es que un país que vive tropezando siga encontrando la manera de levantarse. Que, aun con todos nuestros problemas, cuando rueda una pelota aparezca algo que no se puede comprar. El corazón.
El domingo no juega solamente una selección. Juega un país entero. Juegan los que ya no están. Los que crecimos abrazados a una camiseta. Los que lloramos las derrotas y gritamos los goles como si nos fuera la vida en eso.
Así que salgan a jugar como siempre. Con esa entrega que los trajo hasta acá. Nosotros vamos a hacer nuestra parte.
Vamos a alentar. Vamos a sufrir. Vamos a putear. Vamos a creer hasta el último segundo.
Porque si algo aprendimos siendo argentinos es que rendirse nunca fue una opción.
Vamos, Argentina.
El domingo, como siempre, somos millones empujando para el mismo lado sin importar cuantas personas quieran que perdamos, las mismas que son bien recibidas en nuestro país, sigamos demostrando con grandeza lo que nuestra cultura es capaz de generar.
Fer
Me acuerdo de la primera vez que te vi. Estaba enojadísima. Habían pasado cinco u ocho minutos desde la hora en la que habíamos quedado. No era mucho. Pero vos me habías dicho tantas veces que eras obsesivamente puntual, que yo, que vivo llegando tarde, había hecho un esfuerzo enorme para llegar a horario. No me contestabas los mensajes. Cuando te llamé, me hablaste bastante mal. Yo ya había decidido que, si tardabas un poco más, me iba.
Y entonces entraste. Lo primero que pensé fue: "Qué lindo que es." Y automáticamente se me pasó el enojo.
Nos pedimos algo y empezamos a hablar. En realidad, hablábamos los dos, pero vos hablabas muchísimo más de lo que yo imaginaba. Por teléfono eras mucho más callado. En persona eras distinto. Yo te escuchaba y pensaba que me gustaba escucharte. Me gustaba tu voz.
También me acuerdo de que mirabas para todos lados. En ese momento pensé que simplemente eras observador. Después entendí que también estabas un poco nervioso, porque con el tiempo dejaste de mirar alrededor y empezaste a mirarme solamente a mí. Qué raro cómo uno puede acordarse de detalles tan chiquitos. Cinco minutos de demora.
Un café que aún tengo el ticket. Tu voz. Tus ojos recorriendo el lugar. Y la tranquilidad que me dio verte entrar.
No sé por qué, pero necesito acordarme siempre de esa primera vez. Capaz porque todavía no aprendí a hacer las paces con la última. Porque cuando me preguntaste si podíamos pasar tu cumple juntos, te dije que no. Y cuando me preguntaste por qué, te respondí que no, que estábamos terminando.
Lo que nunca supiste es que cada "no" que te dije era un "por favor, decime que cambie de idea".
Yo ya había tomado una decisión. Sabía que necesitaba internarme y en consecuencia desaparecer un tiempo. Sabía que no quería que me vieras atravesar ese momento. Y por eso te alejé.
Lo hice convencida de que era lo mejor. Convencida de que era por cuidarnos. Lo que nunca imaginé es que, cuando por fin quisiera volver a buscarte, ya no iba a saber cómo hacerlo.
Fer
A veces el ego te cuesta al amor de tu vida. Y el orgullo, a la persona que más te quiso.
Fer, de mi para mi.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Nos dicen que lo tenemos comprado. Que nos ayudan. Que siempre hay algo atrás.
Y, sinceramente, si alguna vez hubieran pasado la gorra para comprar un Mundial, creo que en Argentina no habría uno solo que no pusiera lo que tiene en el bolsillo.
Porque acá no ganamos caminando. Acá sufrimos. Sufrimos los noventa minutos. El alargue. Los penales. Y si inventaran un tercer tiempo para hacernos sufrir un rato más, también lo jugaríamos.
Nos viven rompiendo hasta el último segundo. Nos hacen creer que está perdido. Nos regalan miles de infartos por partido. Y, aun así, seguimos. Porque eso también es Argentina.
Acá aprendimos que las cosas importantes nunca fueron fáciles. Por eso duele cuando dicen que todo está arreglado. Porque atrás de cada camiseta hay años de sacrificio.
Hay jugadores que dejaron a sus familias para perseguir un sueño. Hay lesiones. Hay críticas. Hay millones de argentinos que frenan su dia para ver un partido con el corazón en la garganta. Nos podrán discutir un resultado. Nos podrán discutir una jugada. Pero nunca el hambre. Nunca las ganas. Nunca la pasión. Y eso es lo que muchos no entienden.
No nos odian porque supuestamente esté comprado. Esa es la excusa. Lo que molesta es que un país que vive tropezando siga encontrando la manera de levantarse. Que, aun con todos nuestros problemas, cuando rueda una pelota aparezca algo que no se puede comprar. El corazón.
El domingo no juega solamente una selección. Juega un país entero. Juegan los que ya no están. Los que crecimos abrazados a una camiseta. Los que lloramos las derrotas y gritamos los goles como si nos fuera la vida en eso.
Así que salgan a jugar como siempre. Con esa entrega que los trajo hasta acá. Nosotros vamos a hacer nuestra parte.
Vamos a alentar. Vamos a sufrir. Vamos a putear. Vamos a creer hasta el último segundo.
Porque si algo aprendimos siendo argentinos es que rendirse nunca fue una opción.
Vamos, Argentina.
El domingo, como siempre, somos millones empujando para el mismo lado sin importar cuantas personas quieran que perdamos, las mismas que son bien recibidas en nuestro país, sigamos demostrando con grandeza lo que nuestra cultura es capaz de generar.
Fer
Me acuerdo de la primera vez que te vi. Estaba enojadísima. Habían pasado cinco u ocho minutos desde la hora en la que habíamos quedado. No era mucho. Pero vos me habías dicho tantas veces que eras obsesivamente puntual, que yo, que vivo llegando tarde, había hecho un esfuerzo enorme para llegar a horario. No me contestabas los mensajes. Cuando te llamé, me hablaste bastante mal. Yo ya había decidido que, si tardabas un poco más, me iba.
Y entonces entraste. Lo primero que pensé fue: "Qué lindo que es." Y automáticamente se me pasó el enojo.
Nos pedimos algo y empezamos a hablar. En realidad, hablábamos los dos, pero vos hablabas muchísimo más de lo que yo imaginaba. Por teléfono eras mucho más callado. En persona eras distinto. Yo te escuchaba y pensaba que me gustaba escucharte. Me gustaba tu voz.
También me acuerdo de que mirabas para todos lados. En ese momento pensé que simplemente eras observador. Después entendí que también estabas un poco nervioso, porque con el tiempo dejaste de mirar alrededor y empezaste a mirarme solamente a mí. Qué raro cómo uno puede acordarse de detalles tan chiquitos. Cinco minutos de demora.
Un café que aún tengo el ticket. Tu voz. Tus ojos recorriendo el lugar. Y la tranquilidad que me dio verte entrar.
No sé por qué, pero necesito acordarme siempre de esa primera vez. Capaz porque todavía no aprendí a hacer las paces con la última. Porque cuando me preguntaste si podíamos pasar tu cumple juntos, te dije que no. Y cuando me preguntaste por qué, te respondí que no, que estábamos terminando.
Lo que nunca supiste es que cada "no" que te dije era un "por favor, decime que cambie de idea".
Yo ya había tomado una decisión. Sabía que necesitaba internarme y en consecuencia desaparecer un tiempo. Sabía que no quería que me vieras atravesar ese momento. Y por eso te alejé.
Lo hice convencida de que era lo mejor. Convencida de que era por cuidarnos. Lo que nunca imaginé es que, cuando por fin quisiera volver a buscarte, ya no iba a saber cómo hacerlo.
Fer