Voy a decir una verdad que jamás te dije.
Yo sà te imaginé en todos mis futuros.
No en los perfectos. No en los de pelĂcula. No en esos donde nadie se equivoca y todo sale bien.
Te imaginé en los reales.
En los dĂas de cansancio. En las discusiones absurdas. En las compras del supermercado. En los domingos sin planes. En las malas noticias y en las buenas tambiĂ©n.
Te imaginé quedándote.
Y quizás ese fue mi error.
Porque mientras vos intentabas averiguar si podĂas quererme, yo ya estaba aprendiendo a hacerte un lugar.
No un lugar en mi cama. No un lugar en mi casa.
Un lugar en mi vida.
Por eso duele tanto.
No porque te hayas ido.
Sino porque me quedé con una historia que nunca llegó a existir.
Porque hay despedidas que no duelen por lo que fueron. Duelen por todo lo que pudieron haber sido.
Y la verdad es que siempre voy a tener curiosidad.
Curiosidad por saber cĂłmo habrĂa sido despertar al lado tuyo dentro de diez años. CĂłmo habrĂa sido verte cumplir tus sueños. CĂłmo habrĂa sido construir algo juntos en lugar de aprender a soltarnos.
Pero el amor también tiene estas cosas.
A veces no alcanza con querer.
A veces dos personas se encuentran en el momento equivocado. O con los miedos equivocados. O con las heridas equivocadas.
Y entonces no queda otra que aceptar que algunas historias terminan antes de empezar.
Pero si alguna vez me preguntan qué fue lo que más me costó dejar atrás, no voy a decir tu sonrisa, ni tus abrazos, ni los recuerdos.
Voy a decir la posibilidad.
La posibilidad de una vida con vos.
Porque, aunque nunca te lo dije, yo sĂ querĂa que fueras vos.
Y creo que una parte de mĂ siempre va a preguntarse quĂ© habrĂa pasado si tambiĂ©n hubieras querido serlo.
Fer













