Sos la forma más linda que encontró la vida de decirme: Esto es amor.
Era esto lo que estaba buscando.
Y no hablo de tu belleza, aunque podría quedarme mirándote durante horas. Hablo de algo que va mucho más allá de lo que se ve. De esa luz que tenés y que, de alguna manera, siempre termina encontrándome, incluso cuando yo estoy perdida en alguno de mis días grises.
Con vos entendí que hogar nunca fue solamente un lugar.
A veces hogar es una persona. Es una voz que te calma. Un abrazo en el que no necesitás explicar nada. Es mirar a alguien y sentir que, por un rato, el mundo puede hacer todo el ruido que quiera porque ahí adentro estás a salvo.
Y eso me pasa con vos.
Desde que llegaste, hasta el futuro me asusta un poco menos.
No porque crea que todo va a salir bien siempre. Ni porque espere que nunca nos equivoquemos. Sé que vamos a tener días de mierda, que alguna vez no vamos a entendernos y que querernos tampoco nos va a salvar de nuestras propias torpezas.
Pero hay algo que sí quiero: que cuando todo se complique, sigamos recordando que nunca fuimos vos contra mí. Siempre fuimos nosotros contra lo que venga.
Porque después de tantas vueltas, de buscar donde no era y de confundir tantas veces el amor con cosas que se parecían pero no lo eran, apareciste vos.
Y de repente entendí algo. Yo no estaba pidiendo demasiado. Estaba esperando algo que todavía no había encontrado.
A vos.
Y si algún día me olvido de cómo se siente la felicidad, creo que va a alcanzarme con mirarte. Porque quizás la felicidad nunca fue tenerlo todo. Quizás era esto. Encontrarte entre tanta gente y poder pensar:
ah, eras vos.
Fer















