Te diré qué significa el destino si de verdad quieres saberlo. El destino, es el puentes que tú creas hasta la persona que amas.
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Te diré qué significa el destino si de verdad quieres saberlo. El destino, es el puentes que tú creas hasta la persona que amas.
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Espero que tu historia tenga un final feliz y la sabidurĂa para ir a buscarlo.
My Sassy girl
Y en cuanto al tema del destino lo único que sé, es que cuando el destino de verdad quiere hacer algo, no puede hacerlo solo. Aún tienes que ir a ese restaurante, tienes que presentarte. Aún tienes que construir el puente, hacia la persona que amas.
My sassy girl
Si eres muy afortunado una vez en tu vida conocerás a la persona que dividirá tu vida en dos épocas, en antes y después de conocerla.
My sassy girl
Aquello por lo que ella atravesaba, estaba más allá de mi experiencia y más allá de mis habilidades para arreglarlo. No tenĂa derecho a juzgarla. Si elegĂa quedarme con ella... conociendo los riesgos todo lo que podĂa hacer es darle amor y respeto y ver cĂłmo terminarĂa la historia.
My sassy girl

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- Bien, del lado de las razones para dejar de verla, tenemos:
1.-Posible peligro fĂsico
2.-Altas probabilidades de tener un corazĂłn destrozado.
3.-Sabotaje profesional
4.-Está clĂnicamente loca.
5.-Parece disfrutar con mi dolor.
6.-Catorce maletas de Louis Vuitton llenas de desencantos emocionales.
7.-Ni si quiera la he besado aún, ¡Por Dios Santo!
8.-Está arruinando mi vida.
- ¿Y las razones para continuar viéndola?
- Estoy enamorado de ella.
My Sassy girl.
Durante mucho tiempo escribĂ con la esperanza de que alguien se reconociera en mis palabras. EscribĂ esperando que alguien entendiera lo que nunca supe explicar en voz alta. EscribĂ para despedirme, para quedarme, para hacer preguntas que nunca tuvieron respuesta.
Y sin darme cuenta, casi siempre habĂa un "vos" del otro lado. Hoy quiero intentar algo distinto. Quiero escribirle a la Ăşnica persona que estuvo en todas mis historias. A la que llorĂł cada pĂ©rdida, celebrĂł cada logro en silencio, se rompiĂł más veces de las que admite y, aun asĂ, encontrĂł la forma de seguir.
Quiero escribirme a mĂ.
No porque ya tenga todas las respuestas. Al contrario. Porque por primera vez siento que las preguntas correctas no son sobre quién se fue, quién volvió o quién no supo quererme.
Las preguntas son otras. ¿Cómo estás, de verdad? ¿Hace cuánto no te escuchás sin juzgarte? ¿Cuándo fue la última vez que te abrazaste con la misma paciencia con la que abrazás a los demás?
Quizás pasĂ© demasiado tiempo esperando palabras que nunca llegaron, cuando las Ăşnicas que realmente necesitaba eran las mĂas. AsĂ que hoy empiezo de nuevo. No para convertirme en alguien distinto, sino para volver a encontrarme con la mujer que fui dejando en pedacitos mientras intentaba sostener a todo el mundo.
Quiero aprender a hablarme con respeto cuando me equivoque. A tenerme paciencia cuando no pueda. A elegirme incluso los dĂas en que no me sienta suficiente. Porque el amor propio no siempre se parece a una frase linda frente al espejo. A veces se parece más a dejar de abandonarte para perseguir a quien no hace el esfuerzo de encontrarte.
No sĂ© cuánto me va a costar este camino. Pero sĂ sĂ© una cosa. Si voy a escribir el resto de mi vida, quiero que mis palabras tambiĂ©n sean un lugar seguro para mĂ.
Esta vez no escribo para que alguien vuelva. Escribo para no volver a irme de mĂ.
Fer
Soy una persona extremadamente orgullosa. Nunca, jamás, le hablé a un ex. No soy yo la que busca ese tipo de conversaciones. Cuando corto, para mà se termina. Es definitivo.
Pero ayer me encontré llamándote.
Esperando una respuesta. Esperando un quizás. Esperando, aunque fuera mĂnimamente, que del otro lado todavĂa quedara algo que se pareciera a lo que yo sentĂa.
Y sĂ, te hablĂ© yo.
Para mĂ fue una conversaciĂłn tremendamente difĂcil, porque incluso mientras entendĂa que me estabas rechazando, decidĂ no esconderme detrás del orgullo. Me mantuve firme en algo que me costaba muchĂsimo decir: que te extrañaba, que te habĂa querido, que todavĂa te querĂa y que, si existĂa alguna posibilidad, yo querĂa volver a intentarlo con vos.
Quizás para el resto del mundo eso pueda parecer arrastrarse. Quizás incluso para vos pueda haber sonado asĂ. Pero yo sĂ© lo que significĂł para mĂ.
No fue humillarme. Fue poder quedarme parada frente a algo que me estaba doliendo sin salir corriendo. Fue escuchar una respuesta que no querĂa escuchar y, aun asĂ, sostenerme. Fue aceptar que vos no seguĂas parado en el mismo lugar mientras yo sĂ.
Y aunque tu respuesta no fue la que querĂa, esa conversaciĂłn me ayudĂł. Porque pude atravesar el rechazo sin desarmarme, pude escucharlo, pude entenderlo y pude empezar a gestionar algo que antes quizás habrĂa intentado tapar con orgullo, enojo o silencio.
Por eso no me arrepiento. No me arrepiento de haberte dicho que todavĂa te quiero. No me arrepiento de haberte dicho que todavĂa me importás. No me arrepiento de admitir que te extraño. Ni de decirte que todavĂa guardo nuestras cosas, nuestros recuerdos y todas esas pequeñas partes de vos que quedaron mezcladas con mi vida. Porque al menos esta vez no me voy a quedar preguntándome quĂ© habrĂa pasado si hubiera hablado.
Hablé. Te busqué. Te dije la verdad.
Y si la vida me está diciendo que llegĂł el momento de olvidarte, entonces voy a aprender a hacerlo. No porque haya dejado de quererte de un dĂa para otro, ni porque todo lo que sentĂ desaparezca mágicamente, sino porque tambiĂ©n hay que saber reconocer cuándo una historia ya no depende de cuánto amor estĂ© dispuesto a poner uno de los dos.
Yo ya hice mi parte. PeleĂ© contra mi orgullo, contra mi miedo al rechazo y contra todas las razones que tenĂa para no llamarte. Y tambiĂ©n peleĂ©, por Ăşltima vez, por nosotros. Ahora no tengo nada más para decirte. No tengo nada más para demostrarte. No tengo ninguna otra batalla que dar. Ayer peleĂ© la Ăşltima.
Y aunque no te haya recuperado a vos, quizás haya recuperado algo mĂo: la certeza de que, cuando realmente quise a alguien, tuve el coraje de decĂrselo.
Fer
Hiciste que rezara de rodillas, suplicándole a Dios que volvieras. A mĂ, que nunca tuve fe. A mĂ, que jamás supe quĂ© decir en una oraciĂłn. Y aun asĂ me arrodillĂ©, porque ya no sabĂa a quiĂ©n más pedirle una soluciĂłn que yo no encontraba.
AsĂ que no me digas que no te quise.
Porque te quise tanto que, cuando ya no pude hacer nada más con mis propias manos, fui a buscar respuestas a un lugar en el que nunca habĂa creĂdo.
Te quise tanto que, por vos, le pedà un milagro a un Dios del que siempre dudé.
Y quizás nunca entiendas lo que significa eso viniendo de mĂ. Pero yo sĂ. Porque nunca habĂa tenido fe en Dios.
La tuve en la posibilidad de que me devolviera a vos.
Fer
Cada vez que me hablabas de un “siempre”, cada vez que me decĂas que no importaba quĂ© pasara, que querĂas tenerme en tu vida de cualquier manera, yo te repetĂa lo mismo: no me prometas cosas que no sabĂ©s si vas a poder cumplir. No me digas cosas enormes solamente porque las sentĂs enormes en ese momento.
Porque yo me tomo las palabras muy literal. Y porque sabĂa que vos eras una persona volátil. Que podĂas sentir algo con una intensidad inmensa hoy y mañana necesitar alejarte completamente de eso. Y eso no te hace malo. Tampoco significa necesariamente que hayas mentido o que hayas sentido menos. Pero sĂ significa que no sos consistente. Y cuando no sos consistente, tenĂ©s que tener cuidado con las certezas que sembrás en otra persona.
Porque ahora me pasa algo bastante triste: no sé qué hacer con todas las verdades que me dijiste.
Me dijiste que era la mejor mina que podrĂas haber conocido. Que era una mujer increĂble. Me dijiste que me querĂas. Que te estabas enamorando de mĂ. Me hablaste de un siempre. Me dijiste que, pasara lo que pasara entre nosotros, querĂas que siguiera formando parte de tu vida.
Y un mes y medio después no pudiste sostener ni siquiera un “te quiero”. Nada.
Te encontrĂ© parado en un lugar completamente frĂo, diciĂ©ndome prácticamente lo contrario de todo aquello que alguna vez me pediste que creyera. Y entonces no puedo evitar preguntarme quĂ© valor tenĂan aquellas palabras.
No porque crea necesariamente que fueron mentira. Quizás eran verdad cuando las dijiste. Y creo que justamente ahĂ está el problema: una verdad momentánea no deberĂa pronunciarse como una promesa eterna. Porque del otro lado hay alguien que te cree.
Yo te creĂ.
Cuando me dijiste “siempre”, entendĂ siempre. Cuando dijiste “sin importar qué”, entendĂ que realmente existĂa algo capaz de sobrevivir incluso si nosotros no funcionábamos como pareja. No interpretĂ© que significaba “mientras me sienta asĂ”, porque eso nunca fue lo que dijiste.
Por eso, si alguna vez conocés a otra mujer y volvés a sentir todo con esa intensidad que tenés, ojalá te acuerdes de mà antes de prometerle un siempre.
No para que tengas miedo de enamorarte. No para que quieras menos. No para que dejes de decir lo que sentĂs.
Sino para que aprendas la diferencia entre sentir algo y poder sostenerlo. Porque hay palabras que para vos quizás duran exactamente lo mismo que dura una emociĂłn. Pero para la persona que las creyĂł pueden durar muchĂsimo más.
Y después sos vos el que cambia de opinión, pero es el otro el que se queda intentando entender qué mierda hace con todos esos “para siempre” que le dejaste adentro.
Fer, yo siempre elegĂ creerte.

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