Había dejado de fumar hacía dos años. No porque quisiera. Porque no podía. El asma me había convertido cada pitada en una pelea por respirar. Y como nunca había sido una gran fumadora, dejarlo no me costó demasiado.
Hasta que un día volvió.
No el cigarrillo.
Las ganas.
Esa necesidad absurda de sostener algo entre los dedos. De salir cinco minutos. De inhalar profundo aunque supiera que me hacía mal.
Era raro.
No extrañaba la nicotina.
Extrañaba lo que el cigarrillo prometía.
Un descanso.
Un silencio.
Un "ya va a pasar".
Aguanté durante meses.
Hasta que una noche todo me desbordó. Estaba en el cumpleaños de una amiga, fumé un vape con marihuana y sentí algo que hacía mucho no sentía.
Calma.
Y ahí apareció la trampa.
"Un cigarrillo de vez en cuando no le hace mal a nadie."
Qué fácil es negociar con uno mismo cuando estás cansada.
Días después agarré un cigarrillo porque el chico con el que estaba saliendo fumaba en casa y me daba ganas.
Mientras lo prendía, ya sabía que estaba haciendo las cosas mal.
Ademas él me había dicho que lo decepcionaria el verme fumar.
Y yo también sabía que me iba a decepcionar a mí.
Di tres pitadas.
Tres.
Las disfruté muchísimo.
Y me decepcioné todavía más cuando lo tire.
Me prometí que no iba a volver a hacerlo.
Pero al otro día estaba nerviosa.
Después enojada.
Después fastidiosa.
Y el cigarrillo volvió a convertirse en una respuesta para todo.
Hasta que volví a fumar.
Cuando decidí internarme, metí tres cajas de cigarrillos en el bolso. Pensé que iban a ser mi compañía. En una internación sobra tiempo y faltan distracciones.
Pero pasó algo que no esperaba. Había tanto olor a cigarrillo que dejó de darme ganas. Como si de golpe pudiera verlo desde afuera. Como si por primera vez no necesitara convencerme de que fumar me calmaba.
Salí de ahí con una decisión. No quería volver a tocar un cigarrillo. No porque me hiciera mal. No porque tuviera asma. No porque alguien me lo pidiera. Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, sentí ganas de cuidarme.
Y eso fue lo que más me sorprendió. Porque dejar de fumar no fue la victoria.
La victoria fue volver a hacer algo por mi.
Fer









